CADA
ALMA GUARDA UNA CHISPA DE DIOS
Por el Siervo de
Dios Frank Duff, fundador de la Legión de María
Cuando haya que tratar una familia, no se pierda de vista la posibilidad de hacer de sus miembros militantes de la Legión. Parece que semejante programa fuera irreal, pero a ello hay que apuntar, si se quiere obrar con perfección. Supongamos que el miembro visitado no da muestras de ser futuro candidato legionario. Entonces fácilmente cae el visitante en el paternalismo y en la sensación de superioridad que venimos reprochando. Quizá no lo notaremos nosotros, pero si el visitado. Verá que no se le dice todo porque se le habla de la posibilidad de ser Auxiliar o Patricio o miembro de una asociación, pero nada acerca del servicio activo de la Legión. Estamos creando una radical diferencia entre nuestros visitados y nosotros mismos.
¿Es que actualmente no son todos capaces de ser miembros activos de la Legión? Claro que no todos valen para ciertos trabajos, pero seguramente, en el campo inmenso de la sociedad cristiana hay tareas para todos los gustos y aptitudes, no hay que olvidar que todo cristiano está obligado a ser apóstol según sus fuerzas. Cuidémonos de no juzgar a nadie por las apariencias. Al ojo más perspicaz se le puede escapar verdaderas vocaciones apostólicas tras apariencias nada prometedoras. He aquí un ejemplo de ello.
Es el caso de Miguel Esteban Eking, el primer legionario de Africa. Por supuesto que ninguna señal de su futura posibilidad debió dar cuando, todavía niño de 6 años, llegó a Calaba robado por un comerciante de esclavos allá en la aldea del centro de Africa, traído río abajo y vendido como ayudante de cocina. Pero él luchó por ser útil en la Iglesia. Llegó a ser Presidente de la primera Curia y de inmediato Presidente del primer Comitium. Al principio era como una esmeralda tosca, pero a fuerza de pulirse, llegó a ser algo raro y hermoso. Ahora esa esmeralda está adornando la diadema de Nuestra Señora en los cielos.
Que nunca caiga un legionario en la tentación de juzgar por las apariencias. Trate de descubrir posibilidades semejantes a las de Eking en toda persona que aborde, pues la piedra tosca al ser pulida puede tornarse en un diamante, un alma ruda puede convertirse en un Miguel Esteban Eking. Estemos siempre convencidos de que Dios nunca hace un alma sin esconder en ella una chispa de su propia inmensidad. Nuestra misión es descubrir esta llama y soplarla hasta tornarla en fuego celestial. Foto Frank Duff, 1936.