CAPITULO
I
EN LOS COMIENZOS
La "Legión de María" tuvo su origen en Myra House, en la calle Francis, de Dublín; la casa era propiedad de las Conferencias de San Vicente de Paúl. Era originariamente un centro de recreo de Lord Iveagh; y quedó vacante cuando el actual grandioso Centro de Recreo fue construido en BuIl Road. Antes de ser usada como centro de recreo, esta casa de la calle Francis, había sido una factoría de tocino. La Conferencia de la calle Francis logró la propiedad como regalo de la dueña, la señora Donnelly, siendo presidente, e instrumento en el caso, el Sr. Frank Sweeney. El logro de esta casa fue una preparación inconsciente para la Legión de María. Hablando humanamente, sin el cuarto provisto para la junta, nunca hubiera nacido la "Legión".
Algún tiempo antes de tomar posesión de ella, Myra House había sido prácticamente abandonada. Se habilitó un cuarto como "Club", local de hombres, y en las mañanas de los domingos se prestaba el salón grande a la Conferencia, para que ésta diera desayuno gratuito a los niños.
La llegada del Hermano Frank Sweeney y de otros, cambió de pies a cabeza el local. La cosa empezó a moverse. Nuevos miembros vinieron en gran número; la Conferencia original se desquició y vino a formarse una segunda con el título de S. Patricio.
Poco después se formó una rama de la Asociación de la Templanza en este sector sur de la ciudad. El Padre Toher vino a ser Director Espiritual de ambas, la Conferencia y la Asociación. La Asociación de la Templanza representó un papel importante en el establecimiento de la "Legión"; ya que fue ella el medio principal para introducir mujeres en los trabajos de Myra House. Desde luego, algunas de ellas estaban ligadas a los desayunos domingueros, ayudando en la preparación y distribución de la comida a los niños.
Hablando con los niños en los desayunos, uno de los hermanos vino a dudar con bastante fundamento de que muchos de ellos no tuvieran necesidad, en realidad, del desayuno; con el tiempo se hizo una lista de los nombres y direcciones de los niños que vinieron cierto día y se dedicó un lunes de Pascua a visitar sus casas.
Al cabo del día vino a descubrirse que solamente en un caso estaba justificado el desayuno gratuito. Los padres de los niños eran todos empleados; pero se cuidaban de enviar los niños al desayuno gratuito como a un acto religioso, porque esto significaba que los niños serían bien cuidados y llevados a Misa. La consecuencia del descubrimiento fue resolver no dar más desayunos.
Hubo, sin embargo, gran desconsuelo entre las señoras, cuando se les anunció que iba a terminar el motivo que tenían para permanecer en Myra House. Pero, "nada muere sin que algo comience a ser... "
Se inició la Asociación de la Templanza. Uno de los hermanos recordó a cierta señora no muy joven a quien solía ver cada día camino del Convento de la Adoración en la Plaza Merrión. El verla frecuentemente con delantal le reveló que debía de trabajar por aquellos contornos. Quedó muy impresionado de sus modales y devoción. Así, él se le hizo encontradizo un día en el salón y le preguntó directamente si se ocupaba en algo de lo que hoy llamaríamos Acción Católica. Ella dijo que era un miembro del "Cenidro", en John's Lane, y respondiendo a la indicación que se le hacía, consintió en unirse a la Asociación de la Templanza. Vino y probó ser nada menos que la señora Isabel Kirwan, la primera presidenta de la "Legión de María", que aun hoy (1937), permanece dichosamente entre nosotros. El Centro se abría debidamente cada semana, para recibir nuevos miembros. Cuantos deseaban unirse acudían a escuchar la explicación de las reglas y de los beneficios de los miembros. Se hacía especial hincapié en el ideal de reparación al Sagrado Corazón como la base verdadera de la cualidad de socio.
Se formó después un Consejo que regulara la Asociación de la Templanza, en el cual había algunos socios de San Vicente de Paúl y varias señoritas, la Srta. Donnelly, algunos miembros de la Comisión del desayuno gratuito, la Sra. Kirwan y otros varios. Estas señoras comenzaron a tomarse grande interés por la obra de la Casa; fueron útiles para toda clase de cosas y, entre otras, cuidaban de los casos especiales que requerían servicios femeninos. Sería una injusticia contra la Conferencia de San Vicente de Paúl, concluir de ahí que la "Legión de Maria" es debida a dicha Asociación de la Templanza, lo cual está muy lejos de nuestro caso. Las Conferencias de San Vicente de Paúl fueron, en realidad de verdad, las responsables del nacimiento de la "Legión de María". Pero la Providencia introdujo a las señoras para comenzar por medio del Consejo de la Asociación.
Ya en los comienzos el Consejo cayó en la cuenta de que sus juntas habrían de tener una forma determinada, oraciones definidas y un sistema de información para mantener vivo el interés por la obra. Y se introdujeron ambas cosas. Las preces iniciales se tomaron del formulario de San Vicente de Paúl, añadiendo cinco decenas del Rosario; luego se hizo lectura espiritual.
A continuación, se leía v firmaba el acta de la junta. Había agenda formal; pero como acababan pronto lo, puntos regulares de la Asociación, se introdujo la práctica de exigir a cada uno de los presentes que diera un informe de cualquier clase de trabajo apostólico en que se hubiera ocupado. Todos los del Consejo estaban activamente ocupados en una u otra de las actividades centradas hoy en Myra House. Los hombres se ocupaban en visitar las casas o los hospitales. Las señoras se ocupaban de los casos especiales o en la enseñanza del catecismo u otras materias.
Hoy es sorprendente ver cómo la Providencia iba delimitando el terreno y poniendo los fundamentos de la "Legión de María". Aquellas preces vislumbraban las de la "Legión". Considérese también cómo iba perfilando la idea de la Legión sobre la limitación del tiempo de las juntas y de la Catena.
La junta del Consejo comenzaba a las 4:30 de la tarde. A las 6, sonaba el "Ángelus" en la iglesia, que estaba al otro lado de la calle; sin tener en cuenta el estado en que se hallaban los asuntos, se levantaban todos inmediatamente, se rezaba el "Ángelus", y con esto terminaba la junta. Luego volvían a sentarse los miembros, y las señoras servían el té; durante el cual, tenía lugar una incalculable discusión espontánea, acerca de los métodos y proyectos. Y así pasó el tiempo... 1918, 1919, 1920, 1921.
En estas juntas se discutía toda clase de asuntos. El Padre y la Sra. Kirwan estaban siempre allí, además de la Srta. Murray, que hoy es religiosa de la orden de la Pasión y Cruz; Lily Keogli hoy Hermana de la Asunción; Rosa Donnelly, destinada a suceder más tarde a la Sra. Kirwan en la presidencia del Praesidium, y otras once, cuyos nombres están escritos en el Libro de la Vida Legionaria.
Uno de los temas frecuentes de la discusión era entonces la "Verdadera Devoción a María", de Griñón de Montfort. La idea era entonces algo insólita, de hecho casi desconocida, y no entendida con claridad, aun por aquellos del grupo que con más empeño proponían la devoción. Sin embargo, todos estaban tan profundamente interesados en ello, que se tuvo una junta especial con el propósito dc discutir y hacer que todos captaran bien la idea. Dice uno de estos: "Con frecuencia he tratado de esclarecer este acontecimiento; debió de ser muy poco antes del comienzo de la "Legión", cosa de un mes antes, poco más o menos. Fue algo así como establecer un contacto eléctrico, que inmediatamente ocurre algo. Pasamos la tarde hablando de la Devoción. No digo con esto que acabamos comprendiéndola completamente; pero, por lo menos, quedamos muy encariñados con ella. Deseamos ponerla en práctica. Y entonces, al punto, nació la "Legión".
COMO COMENZO LA OBRA
La "Legión de María" comenzó como pisando los talones de esta pequeña junta.
Un domingo en la acostumbrada junta del Consejo, comenzaron los miembros a contar sus historietas del trabajo hosco; y cuando le tocó el turno a Mateo Murray, actual custodio de Myra House, describió la visita que aquella misma mañana él y otro hermano habían hecho al Unión de Dublín, por extraña coincidencia, un hospital de mujeres; debió de estar lleno del Espíritu Santo, porque es difícil imaginarse una relación más inspiradora, algo sencillamente completo y sumamente conmovedor que produjo un efecto extraordinario
nario en cuantos la oyeron. Siguió la junta hasta el toque del Ángelus. El grupito se puso en pie, sin soñar jamás que cosas grandes, y que habían de conmover al mundo, estaban a punto de ocurrir.
Después del "Ángelus", se sentaron según costumbre y se sirvió el té. Mientras daban la vuelta sirviendo, dos señoritas de las presentes se acercaron a algunos de sus oficiales y dijeron: "¿No podría intentarse un medio para que nosotras hiciéramos algo así como el trabajo que los socios de San Vicente de Paúl realizan en las mañanas de los domingos, visitando el Unión?"
La respuesta fue: "¿Tenéis ayuda? ¿Hay alguna más entre vosotras?" Siguieron adelante y al cabo de un rato, entre el sonar de las tazas, volvieron y dijeron: "Hemos preguntado a unas cuantas y ya tenemos seis". La respuesta fue: "Bien; seis ya es un número para ser tenido en cuenta; y no hay razón para no comenzar". Juntáronse las seis y discutieron el asunto. Quedó fijada una junta para el miércoles siguiente a las ocho de la noche, que era hora conveniente, y en la parte posterior de la casa. Se dijo a todos que divulgaran el hecho entre sus amigos, en espera de ayuda.
Llegó el miércoles por la noche y se reunió la junta. Junto con el Padre Toher había quince señoras y señoritas. GRANDE SORPRESA LA SUYA, CUANDO VIERON QUE ANTE ELLAS ESTABA AQUELLA CUYO NOMBRE HABIAN DE LLEVAR.
Vinieron a la junta dispuestas a servir como soldados bajo su bandera y patrocinio; y, como acontece en todos los ejércitos, allí estaba su Comandante, para recibir su alistamiento. Cuando entraron en el cuarto, la mesa alrededor de la cual se habían de reunir y que ordinariamente estaba limpia y sin nada sobre ella, estaba dispuesta tal como hoy se ve en cualquier junta de un Praesidium. En ella había un lienzo blanco y la imagen de la Inmaculada Concepción, dos vasos con flores, dos candeleros con velas encendidas; el estandarte (vexilIum) no estaba allí; pero, fuera de esto, tenían el ordinario Altar de la "Legión".
LA REINA ESPERABA A SUS SOLDADOS
Ahora bien, nadie sabe quién arregló así las cosas. A nadie se dieron instrucciones con este fin. No queremos decir con esto que fuera cosa de milagro; pero alguien fue inspirado para ello. Comenzó la junta y se usó el formulario de San Vicente de Paúl. Se rezó la invocación y oración al Espíritu Santo, siguieron cinco decenas del Rosario y las jaculatorias: Inmaculado Corazón de María, ruega por nosotros; San José, ruega por nosotros; San Vicente de Paúl, ruega por nosotros, y estas fueron las oraciones dichas por los "legionarios" durante mucho tiempo. La oración final fue la misma de las Conferencias de San Vicente, que se dijo por algún tiempo hasta que se compuso nuestra propia oración. Acabadas las preces iniciales, hubo lectura espiritual. Luego, los presentes se sentaron y, sin darse cuenta realizaron uno de los grandes acontecimientos históricos del mundo: diseñar la "Legión de María".
La primera cuestión que se presentó eran los auspicios bajo los cuales iban a trabajar. La respuesta firme fue que se habían juntado para servir a Nuestra Señora. Decidido esto, lo demás estaba claro, a saber: que iban a celebrar junta semanal y hacer trabajo semanal.
¿ Cuál habría de ser el marco de tal junta? Qué hermoso se presentaba ante ellas el altarcito...; tal habría de ser la disposición en cada junta. ¿Y en cuanto a oraciones?, ¿qué otras sino las que acababan de decir?
¿Cuál habría de ser su trabajo? Visitar el Hospital Unión de Dublín. Esto es lo que las había unido. Este había, por tanto de ser el primer trabajo que habían de acometer, pero no el único. Se acordó que la obligación del trabajo quedaría satisfecha con cualquier obra, activa y sólida; excepto el dar ayuda material. Las conferencias de San Vicente de Paúl se ocupaban de esto, conforme a su espíritu, y lo hacían bien; y así no era menester que ellas se metieran en ese terreno. Todas las demás obras quedaban excluidas por el momento. La obra que ellas habían de hacer, y de manera adecuada, era la visita del Unión de Dublín.
En la primera junta se nombró una secretaria y muy buena, por cierto; ella dio la pauta para todos los secretarios futuros. Se acordó que las visitas se harían de dos en dos, señalando una sala a cada par; y, cuando se vino a señalar la sala del cáncer, casi hubo una riña entre las señoritas, sobre quiénes habían de ser designadas... ¡ todas querían hacerlo!
Hoy la "Legión" está encallecida en el trabajo duro y nada extraordinario representaría en nuestros días tal clase de visitas. Pero en aquel tiempo estas cosas no eran comunes y el solo nombre de "Sala del Cáncer", era sinónimo de horror. Todos los casos eran muy difíciles; pues los pobres se abandonaban a sí mismos antes de ponerse en tratamiento. Sin embargo, por el honor de hacerlo, era por lo que las nuevas "legionarias" se peleaban. De momento fueron dos las designadas y a las restantes se les dio otra ocupación.
Luego, trataron con gran detención, del espíritu con que habían de hacer el trabajo; esto es, habían de mirar en cada uno de los visitados a la persona del Señor. Se tomó, leyó y explicó el capítulo 25 del Evangelio de San Mateo. Siguió la discusión sobre los métodos y disciplina que han forjado a la "Legión", de entonces acá. Finalmente, se les urgió el uso de la Medalla Milagrosa en sus trabajos. La próxima junta quedó convenida para el mismo día y hora de la semana siguiente.
Todas las visitas deberían terminar antes de ese tiempo y habría que dar informes de cada caso.
Se convino en que alguien diera cuenta de todo esto a las Hermanas de la Merced y se lograra su bendición. Respondieron las Hermanas que recibían a las visitantes de todo corazón y prometían que la Comunidad entera ofrecería el domingo siguiente la Misa y Comunión por ellas. Por eso la primera unidad de la "Legión de María" se llamó de "Nuestra Señora de la Merced", en honor de las Hermanas de la Merced, a cuyo Hospital habrían de ir. Sea dicho de paso, la fiesta de Nuestra Señora de la Merced se celebraría el día 24 de ese mes.
Tenemos aquí un hecho extraño; aquellas "legionarias" no se dieron cuenta de la fecha en que se juntaron por primera vez; hasta el plinto de que, años más tarde, cuando estas cosas habían de ponerse en el papel, ninguna de ellas podía recordar la fecha. Todo lo que recordaban, a lo sumo, era el día de la semana. Hubieron de escudriñar el viejo Libro de Actas y consultarlo para dar con la fecha. Resultó ser el día 7 de septiembre; lo cual fue causa de profundo disgusto... Sentían no haberlo pensado con calma y así habrían fijado la junta para el día 8, que era la fecha de la Natividad de Nuestra Señora. ¡Qué día tan hermoso hubiera sido éste! ¡Qué cosa tan admirable sería para la "Legión" haber nacido, como lo seria, con Ella, y con Ella poner de manifiesto al Señor en las almas de la gente que habían de tratar!
Y todo esto se había perdido por no pensar y por un sólo día. Sin embargo, muy pronto ocurrió que, de haber razonado, lo hubieran echado todo a perder; pues, de haberse juntado el día 8, lo hubieran hecho a las 8 de la noche, cuando expiraba la fiesta, siendo así que se reunieron cuando la Iglesia celebraba las primeras vísperas de la Fiesta. Así, la "Legión" vino a esta vida con la primera fragancia de la misma Fiesta; NACIMOS REALMENTE CON MARIA.
Esta es una extraña circunstancia; y tales circunstancias extrañas han ocurrido siempre, durante la vida de la "Legión". La "Legión" no se parece a otras grandes organizaciones de la Iglesia en muchas cosas; pero particularmente en esto de que en su origen no ha sido distinguida con ninguna señal claramente milagrosa, con visiones, apariciones, declaraciones del Cielo, etc., como lo fueron muchas asociaciones. Habremos de complacernos en el hecho de que en la "Legión de María" no ha habido ninguna de estas cosas y en que lo milagroso se ha manifestado de modo más ordinario... Su crecimiento admirable, sus coincidencias interesantes y sus éxitos impresionantes; pero todo ha ocurrido por cauces humanos. Como respuesta a cuantos se han dejado impresionar por el sistema o por sus resultados notables y han sospechado si la "Legión de María" sería tal vez la consecuencia de alguna aparición o intervención milagrosa de cualquier clase, declaramos aquí que éste no es nuestro caso. La "Legión de María" nació de la sencilla y admirable manera que acabamos de describir. Y no es la cosa menos admirable el que desde la primera junta la "Legión de María" se haya manifestado tal como es hoy día. Hubo algunas cosas que por necesidad habían de estar ausentes. No teníamos el nombre de Legión de María, ni el estandarte "Vexillum"; no teníamos oraciones legionarias propiamente tales. Todo esto había de venir más tarde. Pero, en lo que se refiere al sistema, al orden, a la perspectiva devocional, al espíritu y a la atmósfera, la "Legión" en su primera junta estaba tan desarrollada como hoy.
El grupo volvió a juntarse el miércoles siguiente y todo fue como una seda. Como hoy, se dijeron las preces y a cada uno de los miembros se le pidió el informe. El Padre Toher vino a ser el Director Espiritual. La Presidenta fue la Sra. Kirwan, antes mencionada. Entre otras cosas de valor, trajo ella a la Junta la nota de Pobreza; era ella, sin género de duda, la persona más Pobre en aquel cuarto. La Sra. Kirwan fue la causa de que, desde la primera junta, quedara como grabada la nota, la nota real de la "Legión", que es: la ausencia de toda distinción social y humana entre sus miembros.
Demostró la Sra. Kirwan ser una Presidenta admirable. En aquel cuarto, era ella la persona de más edad; pero se granjeó el afecto y confianza de las jóvenes que la rodeaban. Gobernó la "Legión" con vara de hierro; algún tiempo después, introdujo en la junta la lectura mensual de cuatro puntos, que eran esbozos de las Ordenanzas Fijas que hoy se leen en las juntas.
Entonces no se dieron cuenta de que este punto era también parte del sistema. Como la "Legión" comenzó a crecer las presidentas eran escogidas y enviadas a otras partes: y así como muchos lectores han pasado por la experiencia de presentarse a los posteriores presidentes del Concilium, antes de ocupar sus nuevos cargos así entonces, tales "legionarios" eran citados en la casa de Sra. Kirwan. Ella les daba instrucciones y vanos avisos, uno de los cuales era mostrarles el Crucifijo y decirles: "¡ Consérvalo limpio e invoca al Espíritu Santo!"
Y así creció la "Legión", una rama después de otra, y surgieron las dificultades. Se hizo necesario enseñar a los nuevos reclutas lo esencial de su trabajo y de la cualidad de socio, y procurar los medios de tener constantemente ante los ojos del alma esas cosas esenciales. De esta forma comenzaron las que hoy conocemos por "ORDENANZAS FIJAS", cuya lectura se prescribió cada cuatro semanas. A primera vista, esto parecía una innovación; pero no era tal. No era más que volver a la práctica original, conservada todavía en cada Praesidium nacido directamente de Nuestra Señora de la Merced.
Otra cosa, que algunos pensaron ser innovación, fue la Allocutio; pero ésta durante varios años formó parte de cada junta de la "Legión". El Padre Creedon y el Padre Toher llevaron, entre los dos, todas las juntas de la "Legión", y las exhortaciones fueron parte integral de cada junta. Sin embargo, conforme la "Legión se extendía, se celebraron juntas, a las cuales ninguno de ellos ni ningún Director Espiritual se hallaban presentes y en estas juntas no había Allocutio. Su falta se notó en el curso del tiempo y entonces se estableció la costumbre de que alguien hiciera la exhortación. Entonces era regla que la Allocutio se diera al final de la junta y antes de las oraciones finales; porque así se hizo en los primeros tiempos.
Pero la cosa se cambió de la siguiente manera. Cuando yo fui a Roma con Mons. O'Brien, me di cuenta de que cuando describía las juntas, Monseñor acostumbraba a decir que la Allocutio se daba inmediatamente después de la Catena. Pensé yo, de buenas a primeras, que aquello era un error, pues en el Manual se mencionaba de otro modo. Sin embargo, al preguntarle, admitió Monseñor que en esto no seguía la regla, pero sostenía que su método era preferible por dos razones: primera, que los miembros estaban más dispuestos a escuchar en el momento que sigue a la Catena; y segunda, que poner la Allocutio al final, significaba, de ordinario, apresuramiento o faltar a la regla de terminar la junta. La cosa acabó por ser examinada con todo detalle por el Concilium. Y el resultado fue, la opinión unánime de que Monseñor tenía la razón; y que el punto ideal era darla inmediatamente después de la Catena, y así quedó fijado.