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CAPITULO V LAS MASAS EL EVANGELIO SE DIRIGE A TODAS LAS ALMAS El apostolado es una característica
de la Iglesia, algo inseparable del catolicismo; inseparable no simplemente
en la vida de la Iglesia como cuerpo, sino en la vida de cada miembro
en particular de la Iglesia. No podéis ser unos verdaderos católicos
sin ser unos apóstoles. En consecuencia, los legionarios, lejos
de ocupar una elevada posición entre los fieles, no hacen más
que cumplir con su simple deber de cristianos. En verdad se trata de una empresa sobrenatural. Hablamos en términos de lo imposible. Pero pensad que para Dios nada es imposible. Basta con que demos cierta buena orientación a la tarea y que la llevemos a cabo con cierto grado de esfuerzo y de lealtad, para que tenga lugar algo que sobrepase todo lo que humanamente puede esperarse; porque es labor del Señor y no labor nuestra cuanto realizamos. El hecho, además, de que una empresa es superior a nuestras fuerzas no nos da pie para que no la intentemos. Si sólo intentamos lo que podemos llevar a termino, ¿cuándo intervendrá Dios? EL CONTACTO PERSONAL ES DE IMPORTANCIA VITAL La casi imposibilidad de llevar a la práctica el programa antes expuesto de espiritualidad a todo el mundo es debida al hecho de que no podéis espiritualizar a los hombres en conjunto. La base de esta empresa tiene que ser el contacto individual y constante de un alma llena de caridad con otra alma, es decir, simplemente lo que llamamos con el nombre técnico de «contacto". Cada persona constituye un problema aparte y diferente; no obstante, estamos obsesionados por la idea contraria. Continuamente pensamos sobre las líneas de la producción en masa, y consideramos un bello asunto reunir a las personas en forma de masas con el fin de hacer llover sobre ellas material oratorio o impreso. No nos damos cuenta de que en la medida en que el «contacto" personal se debilite, en esa misma medida lo hará la verdadera influencia. Los hombres se nos van escapando conforme se van transformando en masa. He aquí esa verdad expuesta hermosamente por G. K. Chesterton al escribir acerca de San Francisco de Asís: «Vio la imagen de Dios multiplicada pero no monótona. Para San Francisco, un hombre fue siempre un hombre, un individuo; éste no desaparecía entre la masa con mas facilidad que en un desierto." Pero ahí está el mal de hoy día. Permitimos que los hombres desaparezcan en medio de la masa. Permitimos que la masa nos aparte de la persona. A esto me refiero ahora. Quiero hablar acerca de las masas. ¿De qué masas? De cualesquiera. Ya se hallen en la calle, ya agrupadas en cualquier otro lugar. No importa si están pasando, observando o esperando. Deseo simplemente que penséis en las personas congregadas en masas. Los ojos desinteresados fluctúan sobre estas masas irreflexivamente; pero en la mente de San Francisco de Asís o de cualquier otro apóstol, estas masas no son simples masas de caras y de cuerpos; se componen de individuos, cada uno de los cuales lleva consigo un alma de un valor incalculable. LAS MASAS, AGRUPACIONES DE ALMAS En esto, como en otras cosas, los hijos de la luz son menos expertos que los del mundo. El político no repara en la masa. Sólo ve en ella votantes individuales, de cada uno de los cuales tiene que preocuparse. Estudia las características de cada persona, con el propósito de explotarla. ¿Qué hace el que apuesta en las carreras? Sabemos muy bien que tampoco se fija en la masa. Estudia la cara de cada una de las personas que pasan, tratando de hallar algún ingenuo. Para esta persona la multitud ha desaparecido y en su lugar sólo ve a los individuos. De igual modo, para el
católico interesado -para el legionario- ninguna multitud es
sólo una multitud. Es una agrupación de almas, cada una
de las cuales (independientemente de lo que les congrega, e independientemente
de la clase que sean) necesita de protección. Cada una por separado
es un problema, no sólo en el tiempo, sino con relación
a la eternidad. La mayoría de ellas, como podéis observar,
va a la deriva, sin hacer nada de particular, en tanto que muchas de
ellas mismas son mas o menos destructivas. Sin embargo, cada una en
particular es un mundo en sí misma, mayor que el universo
material en que vivimos. Cada una es una obra maestra, porque Dios ha
dado la existencia a las almas directamente mediante un esfuerzo
de su poder creador. De aquí que podamos estar positivamente
ciertos de que ningún alma se parecerá jamás a
cualquiera otra. Pensad que las rugosidades de las yemas de vuestros
dedos son diferentes de las de cualquier otra persona. Ahora bien, si
tal es el proceder de Dios respecto a una cosa como las yemas de los
dedos (que es algo de tan poca trascendencia y que Dios no produjo directamente
sino mediante el concurso de nuestros padres), ¿qué debemos
imaginarnos acerca del alma humana? LAS MASAS SE ALEJAN DE LA IGLESIA Ahí están esas personas componiendo una masa que siente la necesidad vital y perentoria de esa protección de que hablo. Pero, ¿dónde, sí, dónde está el apóstol que quiera establecer con ellas el contacto personal que haga germinar esas semillas y que las estimule a un continuo florecer? Pensad en esas personas, en cualquier multitud; pensad en su falta de desarrollo espiritual. La mayor parte de los individuos que componen las masas no tienen mas instrucción religiosa que la que ha adquirido un niño, y esa medio olvidada. Pues tened presente que a la edad de catorce anos, la gran mayoría de esos individuos cortaron su conexión con el proceso de la educación. Cualquiera que fuera el nivel de cultura religiosa que con tantas fatigas se les había inculcado a aquella edad, para muchos de ellos representó la mayor altura a que podía llegar; y desde entonces ese nivel ha ido siempre descendiendo. ¿Qué es lo que la mayoría de ellos hace en lo que concierne a la religión? Probablemente oír Misa los domingos y comulgar una vez al mes, si son buenos. Si no son buenos, se contentan con Misa sin Comunión mensual. ¿De qué modo oyen esa Misa? La inmensa mayoría asisten a la Santa Misa sin la más ligera idea acerca de lo que significa. Para ellos es una mera ceremonia. A veces, ni siquiera oyen Misa. Puede ser que reciten algunas oraciones breves por la mañana y por la noche. No oyen nunca un sermón; y el hecho de que una Misa vaya acompañada de sermón es causa suficiente para que se vayan a oírla a otra parte. Luego, tras ese "agotador" ejercicio espiritual del domingo, el mundo reina por completo en sus vidas durante el resto de la semana. No leen nunca un libro espiritual. Podéis decir con verdad que están tratando de esquivar a la Iglesia durante la mayor parte de su vida. DE LAS MASAS A LOS INDIVIDUOS Por supuesto que existe un contrapeso, y éste lo constituyen los hogares. Cada miembro de esa masa tiene su vida privada. En ella les llegan ciertas buenas influencias; entre éstas se halla vuestra visita. Pero, ¿cuántos miembros de esa familia se encuentran siempre ausentes cuando se visita su casa? Parece que se encuentren siempre fuera para ir en busca del ejercicio y de la distracción que se han ganado. No están en el hogar cuando el sacerdote va a él, y no están tampoco cuando vais vosotros. Para un gran número de ésos que componen las masas que nosotros hemos estado considerando, sus hogares no son más que simples dormitorios; simples lugares donde duermen. El resto del tiempo se encuentran entre la masa. Mientras se hallan entre esa masa no podemos llegar hasta ellos, y no obstante los asuntos eternos dependen de que establezcamos contacto con los individuos. Cada día el hilo de la vida de alguno de ellos queda cortado. Pasan de este mundo a la eternidad. Creemos que sea a una eternidad feliz; pero la verdad es que esta posee poco de la plenitud que debiera tener, porque la mayoría de ellos no entran en la eternidad como santos. Eso es bien cierto, y la tragedia de ello está (como alguien ha dicho) en que para la mente de Dios, el santo (y no la persona ordinaria) es lo normal. En otras palabras, todo el que no es santo es sub-anormal. El Padre Faber dice que un santo vale tanto como un millón de personas ordinarias. Según esta aritmética, una gran multitud equivale a la milésima parte de lo que Dios consideraría como una persona normal. Ese gran ejército de almas no realiza más que una fracción de sus posibilidades. Cada cual es un mundo en potencia, ¡sin embargo sólo desempeña el papel de un terrón de tierra! El corazón de San Francisco de Asís, o de cualquier otro apóstol, no podría contemplar con indiferencia ese espectáculo de tantísimos que esquivan su destino divino. Y (más que cualquier apóstol) ¡cómo debe contemplar Nuestra Señora a esas masas! Ella es la Madre de cada alma en particular contenida en esas masas. Tiene que hallarse angustiada ante las necesidades de esas almas, y su corazón tiene que suspirar por alguien que le ayude en su oficio de Madre. Estad seguros de esto, de que si alguien se presta voluntariamente a ayudarle de todo corazón, Ella colmará sus esfuerzos con su poder. Ofrezcámonos nosotros de ese modo, es decir, de todo corazón. Estudiemos a esas masas... Pongamos en práctica una técnica que convierta a esas masas en individuos y que por tanto nos permita establecer contacto con sus almas. Consideremos, por ejemplo, la muchedumbre de los que frecuentan el cine. Esta misma noche, si vais a pasear por las calles céntricas, observaréis una larga fila de personas a la entrada de cualquier salón de cine; cualquiera de estos establecimientos se hallará colmado hasta más no poder. Considerad las masas de los que concurren al fútbol, las de quienes gustan del boxeo, de las carreras, de los feriales, de los bailes, las masas de los no católicos. ¿Qué diremos de todas ellas? ¿Qué de las que frecuentan las tabernas; y de las masas de aquéllos que parecen no hacer otra cosa más que holgazanear y callejear, esperando a que se les haga la hora de ir a dormir? IDEANDO METODOS Y MEDIOS Son éstos unos graves
problemas. Pero la solución se halla de algún modo en
vosotros mismos; basta con que penséis y tengáis luego
la suficiente confianza para proponer las ideas que surjan en vuestra
mente. Entre vosotros hay muchos que han contribuido a dar orientaciones
a la Legión de María, porque un día, aunque fuera
con timidez, hicieron alguna sugerencia. Se les dio ánimos, facilidades
y facultades del mismo modo que el suelo suple las deficiencias de la
semilla. Luego, aquella tímida idea echó raíces,
floreció y dio fruto en la proporción del sesenta y del
ciento por uno. Esa ha sido la génesis de casi todas nuestras
grandes empresas. En cierta ocasión, asimismo, los que acudían a la llamada Misión Médica (Los protestantes han establecido Misiones Médicas en Dublín como centros de proselitismo. Los católicos se ven tentados a negar su fe con el fin de obtener medicinas gratuitamente. La Legión desde un principio puso guardia en estas instituciones con notable éxito.) componían una mera masa de individuos. Una masa de católicos traidores, mercenarios y nocivos frecuentaba una de aquellas despreciables instituciones donde comprometían su fe por la consabida ración de menestra, en este caso, de medicina. Un día, unos cuantos legionarios determinaron hacer algo acerca de esto. Estaban convencidos de que sus esfuerzos serian infructuosos, de que nadie les prestaría atención. "Pero, al menos", dijeron, "nos apostaremos allí, y a toda persona que entre le reprocharemos su acción." ¿Sabéis cuál fue el resultado? ¡El número de los que componían aquella masa se redujo a una pequeña fracción de lo que había sido hasta entonces! Pensad lo que esto significó para la salvación de las almas. No obstante, aquel número había constituido anteriormente SOLO UNA MASA, considerada como las demás masas, esto es, como un cuerpo sin alma; pues las masas no tienen alma. Nadie había comprendido su auténtico problema, que era el de las almas de aquéllos que componían la masa. BUSCAD Y HALLAREIS No debéis permitir
que una masa os tenga oculto ese problema. Ni permitáis que os
intimiden con su aparente resistencia ni con su número, aunque
éste sea muy grande en tanto que vosotros sois tan pocos, e incluso
aunque no seáis más que uno solo, si bien lleno de ilusiones.
Las dificultades pueden ser tales que lleguen a hacer la empresa superior
a vuestras fuerzas. Pero tanto mejor. Las palabras, "sin remedio",
no dejan de ser un mero distintivo, si se las considera desde el punto
de vista conveniente. Mediante nuestra pequeña (pero no menos
necesaria) cooperación, Dios manifestara su inagotable inteligencia
y poder. De modo que si llamamos, la puerta de la inspiración
nos será abierta, y si después buscamos un camino, lo
hallaremos. De esto estoy tan cierto como estoy cierto de que Dios quiere
que las infinitas riquezas de su Corazón sean comunicadas en
todas las partes a todas las almas. Caminara con vosotros y colmará
vuestras manos con esos tesoros suyos, con tal que os mostréis
dispuestos a distribuirlos.
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