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CAPITULO VII MATRIMONIO AMISTADES DEL LEGIONARIO Los legionarios deberían
contentarse con la compañía de los demás miembros
de la Legión. Las amistades pueden tener lugar: entre un joven
y otro joven, entre una joven y otra joven, entre un joven y una joven.
Estas amistades deberían ser superiores a las amistades ordinarias,
porque en ellas se halla un elemento mas: el espiritual. Se desarrollan
en un terreno sobrenatural en vez de hacerlo en un terreno puramente
natural. Con mucha frecuencia, asimismo, habían germinado en
ese terreno. El efecto de esta alianza entre los principios naturales
y los sobrenaturales tiene que ser unir un alma con otra alma, poco
menos que fundirlas. Por lo que toda amistad de los legionarios debería
poseer una intensidad y nobleza especiales. Debería ser (como
insiste el Manual) semejante al amor de David y Jonatan, ¡de no
serlo como el de Darby y Joan! DEBEN FOMENTARSE LOS MATRIMONIOS ENTRE LEGIONARIOS Ya a primera vista, semejantes
uniones tienen que dar buen resultado. ¡Si alguna vez deben hallarse
presentes los ingredientes básicos del éxito, sin duda
será en un matrimonio entre legionarios! La naturaleza y la gracia
se combinan armoniosamente para este fin. En primer lugar, os halláis
con dos personas bienintencionadas, serias, abnegadas, de corazón
delicado y que tienen confianza en sí mismas, con un auténtico
hombre y una auténtica mujer. OBSTACULOS PARA CASARSE EN EL TIEMPO OPORTUNO Titubean ante toda una
serie aterradora de obstáculos. Con la economía de palabras
propia de un despacho telegráfico, un diario ha expuesto la situación: ¿QUE ES «DINERO SUFICIENTE PARA CASARSE"? La dificultad crucial es la economía. ¡No hay dinero para casarse! ¡Al año que viene será! Y tras ése, otro y otro año. ¡Muchos años! Se deja que pasen los años de la juventud en espera de llegar a tener dinero suficiente, en espera de esa marea que nunca sube lo suficiente para que el barco se deslice sobre las aguas. Pero el barco está destinado a navegar, esto es, el matrimonio es para la mayoría de los hombres. La consecuencia es obvia, el barco debe ser aligerado; las normas para casarse deben ser revisadas. ¿Qué se entiende
por "dinero suficiente"? Una joven me lo definía hace
poco. (Debo aclarar que yo no le hacía petición alguna
de matrimonio.) ¡Ella calculaba una cantidad de 1000 libras al
año! Pero esto da por completo al traste con la institución
del matrimonio. Por lo tanto, debemos fijar una cifra más pequeña,
mucho más pequeña. FALSAS CONCEPCIONES SABOTEAN EL MATRIMONIO Aquí objetará
alguno: "Es imposible fijar una cifra al azar. El nivel de cada
persona es diferente. Hay que tener en cuenta muchas circunstancias,
incluyendo la de la posición social". ¡Cuán
delicada e ingenua es esta objeción! Parece razonable, sin embargo
es falsa. Puede justificarse en el sentido de que se supone que uno
no puede determinar con exactitud una cantidad suficiente para casarse.
Y no hay duda de que las circunstancias individuales, incluyendo la
posición social, tienen alguna fuerza. Pero por lo que puedo
diagnosticar todo el valor de esta objeción se basa en que toda
joven pareja pretende tener derecho a comenzar al nivel en que le gustaría
hallarse, o en el que sus padres le dejaron. Esta regla sabotearía
el matrimonio. Por lo mismo os doy otra mejor: No será buena norma aquélla que contribuya a hacer del matrimonio un coto privilegiado, o a restringirlo a una categoría menos numerosa que la que constituye a la generalidad de los hombres. Pues por divina disposición el matrimonio constituye una relación corriente entre los hombres. Por lo tanto, aquél que percibe un salario normal y no obstante se abstiene de casarse alegando el "no suficiente", ¿no esta reclamando para sí un tipo de matrimonio más costoso que el que Dios se propuso instituir? ESPERA IMPRUDENTE Protestarán muchos diciendo que sólo esperan a estar en mejor situación. ¿Pero cuándo les va a suceder eso? Dependéis de un salario fijo que sólo aumentará cuando una huelga lo consiga; y esta huelga habrá sido impuesta a su vez por una subida del costo de vida, no saliendo nadie beneficiado cuando ese círculo vicioso haya sido completado. "Pero no", me replicaréis, "dentro de unos pocos anos me hallaré en mejor situación. Percibo una gratificación anual o soy el primero después del jefe a quien tengo que suceder en el cargo." Esos pocos anos pueden ser diez. Pueden ser más; y éstos son los anos constructivos, vitales; de manera que tu matrimonio quizás tenga lugar en tu edad madura y sea un matrimonio sin entusiasmo, "de conveniencia", tal vez sin hijos. Por lo mismo, si no tienes probabilidad alguna de mejorar tu posición dejando pasar el tiempo; si pretendes mejorarla esperando tan sólo a que la suerte llame a tu puerta (lo cual ciertamente ocurre, ¡pero no a ti ni a mí!); o si estás seguro de que la mejorarás únicamente cuando tu juventud (y, lo que es peor, la de tu futura esposa) se haya marchitado; ¿es entonces prudente esperar, incluso desde el punto de vista humano?
¿Por que no apoyarse en Dios, en lugar de hacerlo únicamente en consideraciones humanas? Él obrará algún pequeño milagro en favor de vosotros -o un gran milagro- para lo cual basta con que hagáis un sólido acto de fe en El; lo que supone dar un paso que no os resultara claro. Deseáis embarcaros sobre el popularmente llamado mar del matrimonio, pero en él no hay nave alguna. Por lo mismo, confiad en que Dios os sostendrá, Poned vuestros pies sobre las aguas, y caminad. No debéis esperar un milagro llevado a cabo sin ayuda. Voces de indignación: «¡Un matrimonio temerario, improvisado! ¡Usted condena a esos jóvenes a una vida de penalidades!" Quizás sea así, ¿y qué? ¿Acaso no se induce a otros jóvenes a ingresar en un monasterio, a ir a las misiones, a intentar en la vida empresas heroicas aunque nada productivas, por la causa de un elevado ideal? Se replica: "Pero el matrimonio es diferente. Nos casamos para ser felices." Es verdad, y yo podría añadir: para huir de las burlas, de la monotonía de la oficina o del mostrador, por espíritu de independencia, para mejorar de posición, o por apasionamiento. En una palabra, ¡por egoísmo y sólo por egoísmo!
¿Piensan alguna vez los jóvenes en casarse por Dios? ¿Hay algo de verdad en la frase «Vocación para el matrimonio tan frecuentemente oída? ¿O acaso no es esa expresión más que mera palabrería? Temo que así sea. Pues analizad bien la cuestión y hallaréis que generalmente el acceso al matrimonio viene presidido por una serie de ideas completamente diferentes de los ideales verdaderamente vocacionales. No quiero decir que los esposos no se esfuerzan por llevar una vida santa en el matrimonio. Por supuesto lo intentan. Pero lo mismo hacen el carnicero, el panadero, el fabricante de candeleros y el funcionario público. Mas eso no da forma por sí mismo a esas vocaciones para un oficio o profesión excepto en el sentido convencional de la palabra. Como objetasteis hace un momento (aunque en sentido contrario), el matrimonio es diferente. Se trata de una verdadera vocación en todo el sentido de la palabra, porque constituye un estado sacramental, como el mismo sacerdocio. Por lo mismo, el matrimonio es algo sublime que se eleva sobre los estados meramente profesionales tanto como el Monte Everest se levanta sobre el nivel del suelo. Pero las vocaciones y los sacramentos, para que resulten plenamente eficaces, requieren cooperación; y temo que por lo que respecta al gran sacramento del matrimonio esta condición no se cumpla suficientemente. Se juzga que su gran momento es la boda; después de la cual existe poca o ninguna advertencia respecto a la realidad de una condición sacramental. Si se perciben gracias, ello es más bien porque Dios las otorga libremente y no porque se haga esfuerzo alguno para merecerlas. Pues en la vida cotidiana del matrimonio los factores principales no son ni la fe ni la esperanza ni la caridad, sino las libras, los chelines y los peniques; no aspiraciones santas, sino mundanas; no Dios, sino el puro yo. EL MATRIMONIO COMO ESTADO SACRAMENTAL Siendo un estado sacramental,
el potencial de gracias del matrimonio tiene que ser sencillamente ilimitado,
transformador, presto a intervenir en cualquier circunstancia y a informar
cualquier momento de la vida. Pero sin la idea vocacional y sin la debida
advertencia, esas gracias productoras de maravillas no llegarán
generalmente a madurar. Esta es la causa de todas esas uniones desdichadas
y vulgares -indistinguibles de los matrimonios de otras religiones-
que nos rodean. Vuelvo de nuevo a la carga y digo: «¿Quién de vosotros se ofrecerá al Señor para facilitar al mundo una demostración práctica del verdadero matrimonio, de un matrimonio que no se arrastre por el polvo, que no sea terreno, sino que este' dotado de alas para remontarse al Cielo, de un matrimonio que constituye un estado sacramental, una vocación? «Aquellos cuya vida sirve de modelo para la masa", dice Browning, «valen por sí solos más que toda ella." EL MATRIMONIO COMO MODELO DE FORMACION ESPIRITUAL El matrimonio está planeado por Dios para dar continuidad al mundo; lo cual supone que el matrimonio constituye el modelo para nuestra formación espiritual. Sobre todo, Dios busca que cada hombre se una con una mujer o viceversa, con objeto de que se ayuden mutuamente (en cuanto al cuerpo y en cuanto al alma) durante ese penoso peregrinar por la vida que no está bien lleve a cabo el hombre solo o la mujer sola. Además quiere que los hombres crezcan y se multipliquen, a fin de que la tierra (y luego el Cielo) se pueblen de almas. Mas las normas actualmente en vigor frustran este designio. Esas normas tienden a poner el matrimonio fuera de las posibilidades de la mayor parte de los hombres así como a permitir que el resto de los mismos lo envilezcan. Necesariamente, esas normas son falsas, antisociales, contrarias a Dios. ¿C6mo enmendarías? Sólo existe un medio. Este consiste en colocar ante los ojos del mundo un auténtico modelo de matrimonio, cual es el matrimonio contraído en consciente cooperación con Dios, con la intención y el espíritu de una verdadera vocación. Este debe ser un modelo práctico, esto es, debe ofrecer no una sino muchas parejas abnegadas Además, si ha de servir de desafío a unos principios falseados, debe ofrecer dramáticas lecciones de santidad, de renuncia, de vida sencilla incluso en grado heroico. De nuevo resonaran voces de crítica: «¡Pobreza! ¡Miseria! ¡desdicha!'«; a lo cual replico: No «os manifestéis irreflexivos al decir a gritos «pobreza" o «Miseria«, pues con ello parecéis decir que hay que servir al mismo tiempo a Dios y a las riquezas. Y en cuanto a lo que llamáis «desdicha", no confundáis la verdadera felicidad (que se encuentra en la vocación, en la santidad y en la abnegación) con lo que no es más que una adulteración, a saber, la satisfacción de la sensualidad y del ansia de placeres. «El Creador" ( dice un escritor en el Catholic Digest de mayo de 1940), «hace poco caso del gozo humano. Lo que busca es el crecimiento de la humanidad Tiene una tierra que poblar y un plan que llevar a cabo. Al trabajar por estos fines, no compráis la felicidad. Compráis penas, rebelión, dolores cada vez mayores y un sin fin de contratiempos." ¡Esto es hablar con demasiada claridad! Pero es la respuesta a aquellos que creen que no vivimos mas que para pasarlo bien. LA FE ABRE LAS MANOS DE DIOS Quienes traten de ajustarse a este nuevo modelo de matrimonio tendrán que llevar una vida de sacrificio. Pero aquellos que sacrifiquen de este modo sus vidas, las salvarán, y a muchas otras junto con las suyas propias. Su fe abrirá las manos de Dios para dispensar sus dones con prodigalidad. Incidentalmente, les proveerá El de todo cuanto necesiten incluso del inapreciable don, propio del matrimonio, de un amor que hace de dos almas una sola, de dos corazones un solo corazón. Dice el Señor: "Ningún hombre puede servir a dos señores; porque o tendrá aversi6n al uno y amor al otro, o si se sujeta al primero, mirará con desdén al segundo. No podéis servir a Dios y a las riquezas. "Por esto es digo, no os acongojéis por vuestra vida, acerca de qué comeréis; ni por vuestro cuerpo, acerca de que vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo, cómo no siembran, ni siegan, ni tienen graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Pues no valéis vosotros mucho más sin comparación que ellas? ¿Y quién de vosotros a fuerza de discursos puede añadir un codo a su estatura? "Y acerca del vestido ¿a qué propósito inquietaros? Contemplad los lirios del campo cómo crecen: ellos no labran, ni tampoco hilan. Sin embargo, yo os, digo, que ni Salomón en medio de toda su gloria se vistió como uno de estos lirios. Pues si una hierba del campo, que hoy es y mañana se echa en el horno, Dios así la viste, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? "Así que no vayáis diciendo acongojados: ¿Dónde hallaremos de comer y beber? ¿Dónde hallaremos con qué vestirnos? Como hacen los paganos, los cuales andan tras todas estas cosas; que bien sabe vuestro Padre la necesidad que de ellas tenéis. Así que, buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas las demás cosas se os darán por añadidura" (Mt. 6, 24-33). ¿Temerario? ¿Despreocupado? TOMAD LA PALABRA A LA DIVINA PROVIDENCIA No, no podéis llamar
así al que es la misma Providencia. Debéis tomar la palabra
a la Divina Providencia. La fe toma a la Divina Providencia la palabra.
¿Por qué excluir el matrimonio de las cosas acerca de
las cuales dirigimos súplicas a esa Divina Providencia?
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