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CAPITULO X "DEBO ESTAR EN LAS COSAS DE MI PADRE" -Lc. II, 49. En un punto distante de la costa de Nueva Inglaterra, un submarino se halla hundido y averiado en el fondo del océano, impotente para ascender a la superficie. En su interior cinco hombres aguardan estoicamente a que les sobrevenga la muerte; sus voces dan a entender que están serenos y que no sienten miedo alguno. Su conversación resuena a través del casco metálico que les tiene aprisionados.
Los tres marineros conversan juntos en voz baja. El patrón y el teniente hacen lo mismo durante un par de segundos, a continuación resalta la voz del teniente. Teniente: ... en la fiesta de los jardineros en Nueva
Londres, patrón. Usted tiene que recordarla, llevaba vestido
blanco con adornos de color rojo. ¡Todos tosen y hablan entre dientes, a continuación sucede el silencio.] ¿Cuál es la idea del extraño diálogo
que precede y que tanto desentona de cuanto estáis acostumbrados a leer
en María Legionis? Presenta a cinco hombres dentro de un submarino
hundido en el fondo del océano, esperando a que les venga la muerte
bajo uno de sus aspectos más espantosos. Esta se encuentra cerca: en
realidad se halla con ellos dentro de esa agujereada e inficionada “lata
de conserva". Ya les palpa con sus dedos y busca los puntos vitales
de sus victimas. Se preparan de un modo extraño para la muerte pensando apasionadamente en las mujeres, en el dinero y en la bebida. Diréis: "¡Es sólo un cuento!" No, más que un cuento. Es la proyección sobre el papel del pensamiento del autor que describe a los hombres tal como los ha visto, oído y conocido. Así es como se figura que los hombres de su mundo ocuparían sus últimos breves instantes en la tierra. Admitimos, al menos así desearíamos que fuera, que su descripción resulta exagerada. No refleja nuestro mundo. Pero representa su mundo. Así como el autor representa hasta cierto punto lo típico de una clase de escritores y de hombres, del mismo modo su narración es hasta cierto punto lo típico del mundo real. (No vamos a insistir en esto, pues todos sabemos cómo están las cosas.) Por lo mismo es esa una manera muy extraña de esperar la muerte. Pues si hubiera un leve destello de fe, ésta se inflamaría en aquellos momentos decisivos. Si hubiera en el alma algún temor o amor de Dios, se revelaría entonces. No hay duda de que así ocurriría con la inmensa mayoría de los católicos. Pero he conocido unos pocos que acabaron su vida del mismo modo que la tripulación de ese submarino ¡y aún peor! ALMAS EN PELIGRO Trasladad ahora esa manera de pensar al mundo en general. Pasead los ojos de vuestro entendimiento por las grandes ciudades. En cada una de ellas existen multitudes que viven ESA VIDA; en la cual Dios no tiene parte alguna; a la cual no ilumina rayo alguno de fe ni de esperanza ni de caridad. Han nacido a la gran aventura de la vida y continúan su peregrinación hacia la eternidad. Pero, ¿conforme a qué principios? Conforme a principios que no son nada mejores ni diferentes de los de la polilla frente a una serie de luces encendidas. Las mujeres, el dinero y la bebida es todo cuanto conocen y les preocupa. Luego viene la muerte y llegados aquí debemos abstenernos por caridad de añadir un quinto eslabón más terrible que la misma muerte. ¿Realmente no tendrá alguien la culpa? ¿No es verdad que estamos determinados a hacer de espectadores en ese caos espiritual sin intentar poner remedio, del mismo modo que contemplaríamos las furiosas embestidas del océano? Esas multitudes se hallan representadas por las cinco pobres almas que los párrafos anteriores han puesto en escena ante nosotros. Sus tinieblas espirituales son mas intensas que las del fondo del océano en que aquel submarino yacía hundido. O no se les ha enseñado nunca a conocer a Cristo, o si alguna vez se les enseñó, no se les ha vuelto a hablar de Él ni se han reavivado sus enseñanzas. Si se fuese en su busca, serian completamente diferentes; pues el más ligero toque de la Gracia obra en secreto maravillas, y puede significar la diferencia que hay entre la pérdida de un alma y su salvación. Pero no se les ha buscado con el designio de llevar a cabo esas cosas. Se les ha abandonado, como si no tuvieran remedio, al proceso de acciones, interacciones y reacciones en presencia de otras víctimas o agentes del mal como ellas. ¡Y cuán a fondo actúa ese proceso! EXCUSAS PARA LA INACCION Si el público tuviera noticia de la situación apurada de ese submarino, qué frenéticos esfuerzos se harían por socorrerle. En un instante el mundo entero habría tenido conocimiento de la tragedia y seguiría angustiado el desarrollo de la misma. Se movilizaría toda clase de ayuda material e incalculable número de hombres estarían deseando exponer sus propias vidas en desesperados intentos de rescate. Pero cuando son las almas las que se hallan en peligro, ¡de qué diferente manera se piensa! La mayoría, aun tratándose de buenos cristianos, no parecen experimentar en general ningún sentimiento de la más mínima responsabilidad. O si admiten alguna responsabilidad, proceden entonces a restarle importancia alegando dificultades y circunstancias especiales hasta el extremo de que dicha responsabilidad deja de ser absolutamente real. Naturalmente, la responsabilidad no debe significar nada que sea lo opuesto a la responsabilidad. Ni debe terminar en meros sentimientos, estudios, escritos, lecturas, emisiones de radio, ni en esa especie de "preparación" que nunca llega al eficaz cumplimiento de un cometido. El acercamiento a las almas no debe convertirse en una técnica tan científica que llegue a ser para la generalidad impracticable, ni ser tan indirecto que pase por alto su objetivo, ni tan gradual que nunca llegue a alcanzarlo. Ese acercamiento debe ser nada menos que un ir directamente y en gran escala hacia las almas tal como lo vemos en las páginas del Evangelio. Pues, a pesar de lo que puedan parecer en la superficie, las circunstancias de hoy día puede decirse que son las mismas que las de los tiempos evangélicos, y el Evangelio por otra parte no se halla anticuado. ¿Tiene esto algo que ver con nosotros?
Con palabras que os son muy conocidas, San Juan Crisóstomo afirma que
todo esto tiene relación con nosotros: "Cristianos, daréis cuenta
no sólo de vuestra propia alma, sino de las almas del mundo
entero." ¡Qué sobresalto para nosotros si tuviéramos que tomar
esas palabras en serio! Pues quizás el santo tuvo intención de decir
que había que tomarlas en serio, en cuanto que reflejan la mente del
Señor y constituyen un eco de sus palabras. Pues eso es precisamente lo
que el Evangelio parece decir: que sobre todos y cada uno de los hombres
gravita la responsabilidad por cada una de esas casi infinitamente
numerosas y pobres almas que, como aquellas 5 -o aquellas 40-, pasan
ahora su vida sin preocuparse lo mas mínimo de Dios y que a su debido
tiempo traspasarán los umbrales de la muerte con el espíritu reinante
en aquella "lata de conserva”. ¡Cuánta más pena no le habrá causado a nuestro amable Salvador -que lo vio todo y lo experimentó plenamente- cuando permitió que esa terrible visión le abrumara en el Huerto de los Olivos! “Transcurrió un espacio de tiempo muy apreciable antes de que pudiera dominar aquel instinto de santo horror y someterse El mismo a la voluntad de su Padre. Toda la tragedia de su agonía queda reducida a esta batalla desesperada. El pecado estaba a punto de cerrar con Él. Jesús previo esta espantosa lucha cuerpo a cuerpo, y sintió miedo. Luego, tan pronto como el abominable contacto sea llevado a cabo, la refriega será tan cruel y el esfuerzo para resistir al abrazo del mal tan terrible que sudará gotas de sangre. Después, abatido, rebasado, invadido, empapado hasta la misma medula en el ignominioso torrente, inclinará su cabeza bajo el peso del bochorno y del insoportable tedio por su situación." (Bolo: Tragedia del Calvario.) ¿SOY YO EL GUARDIAN DE MI HERMANO? ¡Suponed ahora que San Juan Crisóstomo -y el Evangelio- tienen razón! Y que nosotros, llegados al tribunal de la Eterna justicia, somos acusados de culpabilidad con relación a la manera desdichada en que esos pobres marineros, y los millones de personas a quienes ellos representan, hicieron uso de sus últimos instantes. ¿Qué vamos a responder a ese aterrador interrogatorio? ¿Nos atreveríamos a eludirlo, diciendo: “Soy yo el guardián de mi hermano?" Este alegato vino bien durante la vida, y cuantos tenían el corazón endurecido hicieron uso de él y lo pusieron en práctica. Pero si nosotros hacemos lo mismo, de nada nos servirá. Pues la respuesta será simplemente, “Sí", privándonos de todo pretexto y defensa y dejándonos sin decir palabra. Sabíamos que nuestro Salvador dependía de nosotros, que le poseíamos para llevarle a aquellos que no le poseían. Sin el ministerio de un hombre, El no se da a otro. Por lo mismo esta indiferencia e inactividad por parte nuestra terminan inevitablemente en esa escena del submarino y en otras parecidas. Pero quizás podamos dar una cuenta más honrosa de nosotros mismos: "Esas cosas constituyen una situación imposible. Lo deploro. ¿Pero qué más puedo hacer acerca de ello? ¡Estoy trabajando por las almas en el lugar que me corresponde, y de este modo gracias al mecanismo del Cuerpo Místico llego hasta las almas que me son inaccesibles!" Esto suena mejor. Se admite responsabilidad y se manifiesta la buena voluntad de asumirla. ¿Pero es suficiente ese grado de cargar con la responsabilidad? ¿Cómo puede serlo? Pues si lo fuera, sancionaría la localización de la y del esfuerzo cristiano en sitios que ya poseen esas cosas. Ello significaría abandonar los lugares más necesitados en el estado en que se encuentran. LA ORACION - PRELUDIO DE LA ACCION Después está esa otra respuesta: "¿Qué puedo hacer si no es rezar por esos desdichados lugares y personas, cosa que ya hago?" Pretendéis que semejante oración os exima completamente de vuestra responsabilidad a causa de la dificultad o, como vosotros diríais, de la imposibilidad de llegar más lejos. Pero os aseguro que no podéis excusaros por dos razones: una práctica y de menor importancia; la otra fundamental. La primera es: ¿Cuanto rezáis? Pues no habléis en absoluto de oración a este respecto a menos que no habléis en serio. Ordinariamente la oración se considera como un medio de eludir un deber. «Oremos" o no, es más que una mera fórmula piadosa, que no significa en modo alguno que en realidad se ore; o bien se trata de una contribución desproporcionada e insignificante. Mas aunque ésta sea valiosa, ¿os exime de vuestra responsabilidad? De no ser que estéis especialmente consagrados a la vida de oración, no creo que os exima. Pues ello, repito, conduce lógicamente a mantenerse
lejos del contacto físico con esos lugares y problemas, actitud
muy diferente de la del Evangelio, que es esencialmente una actitud
de ir y hacer. Nuestra tendencia casi irresistible- es huir de ese contacto
físico porque puede ser tan dificultoso, o como decimos, tan
imposible. ACCION SIMBOLICA ¿Acaso parece esto completamente
ridículo? Posiblemente si. Pero no tanto como parece. Porque nos
librará de lo que de otro modo ocurriría en casi todos los casos, esto
es, de una inacción total y altamente inexcusable. Pues, habiendo
establecido como primer principio que debemos hacer algo, nuestro
sentido de la prudencia y de la economía dará a nuestra acción formas
eficaces; de modo que no tendremos que continuar durante mucho tiempo
esa clase de acción a la que doy el calificativo de “simbólica" ACCION MARIANA Pero existe un elemento de acción que no debo presuponer hasta el punto de que omita el mencionarlo. Pues es esencial; se trata del elemento mariano. Sin éste, es posible actuar devota y enérgicamente, y no obstante no hacer nada de valor. Pues Nuestra Señora es parte del principio de fecundidad. Nuestro Señor no quiso ser fecundo por sí solo. No vino a la tierra sin María. Igualmente insiste en la acción de María como condición para su revolucionaria entrada en las almas. Por consiguiente, sin María los mayores esfuerzos no acabarán más que en la esterilidad. Por otra parte, con Ella, todo esfuerzo producirá el debido fruto; al mismo tiempo que los actos heroicos llevan a cabo algo milagroso y por tanto pueden llegar hasta esas cosas dignas de compasión tales como las ocurridas en aquel submarino, y ponerles remedio. La precedente exposición de áridos principios requiere el refrigerante oasis de un ejemplo real. Por lo mismo os describo una acción, no de tipo simbólico que normalmente no se suele tener tan a mano; y que fue utilizado por la Providencia para implantar la Legión en el nuevo continente. EJEMPLO DE ACCION SIMBOLICA En noviembre de 1930, dos legionarios marcharon a París
en un primer intento de conseguir la por tanto tiempo deseada implantación
de la Legión en esa influyente ciudad. Llegados en vísperas
de la festividad -concretamente del centenario- de la Medalla Milagrosa,
como es natural, fueron derechos al Convento de la Aparición
en Rue du Bac. Aquella noche, y en otras varias ocasiones durante su
estancia, conversaron con Ma Soeur Reeves, religiosa americana, y discutieron
con ella acerca de la Legión. Llegados a este punto hagamos de nuevo la pregunta:
¿Que podríamos esperar que hiciera ahora el Dr. Donovan?
En la inmensa mayoría de los casos, el Manual habría sido
estudiado durante la travesía, y después de haber llegado
al punto de destino, se habría iniciado una correspondencia con
vista a plantear el problema: ¿Realidad o sueño? y la
cuestión igualmente enojosa acerca de la adaptabilidad de la
asociación a las circunstancias de la vida americana. LA ACCION SIMBOLICA LLEVO LA LEGION A AMERICA Cuando el Dr. Donovan estuvo por fin de regreso en Kenrick puso por escrito sus pensamientos y los envió a la American Ecclesiastical Review. Poco después el artículo apareció bajo el título: "¿Es ésta la asociación hace tiempo esperaba en la Iglesia?" Por tercera vez pregunto: "¿Qué acontecería ordinariamente en semejantes casos?" Respondo con otra pregunta: ¿Cuál es el destino que ordinariamente tienen los artículos de revistas? Despertar un poco de interés; ¡y nada más! ¡Os equivocáis de nuevo! El artículo produjo verdadera sensación. Desde muchísimos lugares, muy distantes algunos de ellos (lo que habla en favor de esta revista), llovieron peticiones e información acerca de la Legión. La consecuencia no se hizo esperar; la primera rama de la Legión quedó implantada en el Nuevo Mundo. Tuvo principio en Raton, Nueva Méjico, por obra del Padre Nicolás Schaal. La fecha de aquel importante acontecimiento fue el 27 de noviembre de 1931, festividad de la Medalla Milagrosa, hecho no advertido por aquellos legionarios de Raton. Observad la significativa coincidencia": fue el primer aniversario de la visita de aquellos dos legionarios a Ma Souer Reeves en Rue du Bac; acto que fue simbólico y fútil en el sentido de que debía fracasar en su objetivo que era la implantación de la Legión en Francia; pero no obstante llegó a ser sumamente fecundo. ¿Quién puede dudar de que la "coincidencia" representaba en realidad un delicado cumplido llevado a cabo por la Reina del Cielo para con el Dr. Donovan y los demás miembros de la cadena humana que en conjunto y por separado ACTUARON como debían? ¡Ahora, otra observación respecto a este hecho! Si el Dr. Donovan no hubiera regresado a Dublín y se hubiera contentado con leer y orar en el barco, y luego hubiera escrito aquel mismo artículo para la Ecclesiastical Review, ¿se habría despertado todo aquel gran interés? ¿Habría tenido como consecuencia la implantación de la Legión en Raton y el subsiguiente incremento de la misma en América? Me atrevo a pensar que esas cosas no habrían tenido lugar: en otras palabras, todo ello surgió de la dinámica acción del Dr. Donovan, acción que se había llevado a cabo en contra de un determinado itinerario, a pesar de una fatiga corporal y mental, y contra la tentación de tomar la salida fácil; en otras palabras, contra tal conjunto de naturales repugnancias y fuertes excusas como para constituir lo que los hombres denominarían una imposibilidad.
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