CAPÍTULO XI


SU CAMPO DE ACCIÓN



"Porque Yahvé, tu Dios, te conduce a una tierra excelente; país cuyas piedras son hierro y de cuyas montañas extraerás el cobre.

DEUTERONOMIO, VIII, 7.9


Mombasa es un microcosmos o, mejor dicho, un punto de confluencia de muchos mundos. Recorriendo sus calles, Edel descubre, en esquema, el inmenso campo de acción que le espera. Desde los primeros pasos se encuentra con este problema crucial que en todos los momentos amenazará el éxito de su misión: la mezcla de razas.

La costa oriental, de la que Mombasa es la entrada, perteneció, en otros tiempos, al mundo asiático. En ella atracaban los barcos que venían no sólo del Golfo Pérsico y de las Indias, sino también de China y de Malasia. Los árabes se instalaron allí y se casaron con mujeres indígenas. Sus descendientes son los Swahali de hoy, que han dado su idioma a todo el Este africano, del Nilo al Océano, y desde el río Juba al Rovuma.

Tras los árabes llegaron los portugueses con Vasco de Gama. Cuando éstos fueron expulsados comenzó la decadencia. Una tras otra, las ciudades se fueron separando del centro: esta disgregación arruinó su prestigio. Después de la primera guerra mundial todo el territorio situado entre los ríos Juba y Rovuma por una parte, y entre el océano Indico y los Grandes Lagos, por otra, cavó bajo la vigilancia británica.

Esta región, dividida en cuatro territorios, está gobernada de manera diferente, según los principios empíricos y acomodaticios de la colonización inglesa.

Zanzíbar es un protectorado: el Sultán es siempre, nominalmente, el jefe. Ha conservado varios de sus derechos soberanos, pero ya no dispone de un ejército y no puede declarar la guerra. Le asiste un residente británico.

Uganda es igualmente un protectorado británico, pero el gobierno es más complicado. El antiguo reino de Buganda sobrevive con su rey, su primer ministro, su Parlamento y su sistema de condes y subjefes. En el interior del protectorado se mantienen aún varios Estados minúsculos, de rudimentarias instituciones, hasta el punto de que Uganda es, en realidad, una federación de Estados indígenas de desigual desarrollo. De las cuatro regiones, Uganda es la más próspera. Las escuelas son muy numerosas, los caminos están mejor acondicionados. Este bienestar relativo es debido a la inteligencia de los indígenas, al cultivo del algodón y a la riqueza del suelo.

Tanganika goza de un estatuto especial; es un territorio bajo el mandato. Cuenta con más de 119 tribus diferentes: las costumbres y modos de gobierno varían hasta el infinito, y el apostolado tendrá que multiplicar sus adaptaciones.

Kenya, por fin, el territorio en que Edel empezará su misión, es la única colonia verdadera de la Corona. Por eso está más directamente bajo vigilancia británica. En este inmenso trozo de África, que pasa de los 1,600 kilómetros de Norte a Sur y más de 1,200 de Este a Oeste, habitan unos trece millones de negros, de razas muy diversas.

La superficie de estos cuatro países cubre una extensión más grande que la de Inglaterra, Francia, España e Italia unidas. Este es el principal campo de acción que Edel, la medio-inválida, tiene la misión de recorrer en nombre de la Santísima Virgen. Irá incluso más allá de esos límites, pues trabajará también en Nyassa y pasará algunos meses en la isla Mauricio, en el océano Indico.

* * *

Hela por el momento en las calles de Mombasa observando, con esa mirada suya que no pierde ningún detalle, aquella masa abigarrada y brillante. ¡Extraño espectáculo! Cruza entre árabes barbudos, envueltos en una larga túnica de algodón, el kanzu, llevando chalecos bordados y cinturones de cuero rojo. Son los dominadores de antaño, los descendientes de aquellos opulentos comerciantes de esclavos y marfil. Evocan los tiempos en que el Este africano, desde Mogadishu a Mozambique, pertenecía al Sultán de Muscat. Este pasado ya no existe, pero les queda el aire de cortesía, reservado y aristocrático, y también en los ojos atisbos de fría arrogancia.

Mezclados con esta masa de árabes, están los hindúes. Sus antepasados quizá vinieron de Bombay, pero ellos han nacido aquí. Sus relaciones de familia los vinculan a las Indias; envían dinero a sus parientes, al igual que los italianos de América se acuerdan de la madre patria. Para ellos el océano Indico no es una barrera, todo lo más un lago interior que los separa dos ramas de una familia. Son pacíficos; su espíritu está hecho a los negocios. Para ellos el este africano es un inmenso mercado donde se cambian tejidos baratos y se compran barato maíz, mijo y pieles de animales.

Edel no tendrá un gran contacto con las razas árabes o indias. Su apostolado la orientará principalmente hacia los africanos. Lo que le llama la atención desde el comienzo es su diversidad. Los ve de todas las clases: como si toda la gama de la civilización se ofreciera allí en esbozo. Algunos, poco numerosos en la ciudad, van vestidos aún como en su región de origen: los hombres se cubren con pieles o mantas; las mujeres con capas y pieles de cabra, teñidas en ocre rojo. Al otro extremo de la escala social se encuentran los modernizados, los europeizados, que son la minoría. La masa de africanos entre los que cruza se sitúa entre estos dos extremos. Visten cortos pantalones kaki, camisas de algodón de variados colores y un viejo sombrero de fieltro; llevan los pies desnudos o con sandalias. Entre ellos el contraste físico es más marcado que entre las razas europeas. Un kavirondo es tipo muy diferente de un somalí enturbantado del norte. El primero tiene la cara larga, gordos labios rojos, esqueleto acusado y una sonrisa conciliadora. El somalí, por el contrario, tiene rasgos aquilinos, aire elegante y tez cobriza: es frío, educado y reservado. Será esencial no confundirlos y situar a cada uno en su campo. Edel tendrá que habérselas con los pueblos más diversos, las costumbres más opuestas, las susceptibilidades más opuestas. Irá hacia ellos con el corazón de María; es decir, con un corazón de Madre, ampliamente acogedor para todos sus hijos; con su sonrisa, más elocuente que los dialectos que ignora, y con su fe, que allanará montañas de prejuicios.

* * *

En Mombasa, Edel no hace más que una breve pausa. A las 4 de la tarde, según el deseo de Mons. Heffernan, toma el tren para Nairobi, capital de Kenya. Viaje largo: el tren sube lentamente desde los 50 a los 5,500 pies. Al principio Edel admira el variado paisaje de follaje exuberante. Luego el campo se hace más árido, no ofrece más que llanos desérticos. A medio camino se atraviesa la "Reserva de caza". Edel escribirá a un corresponsal que los únicos animales salvajes que pudo ver en libertad fueron gamos y gacelas. "¡Qué decepción -escribe-. Estoy segura de que en Dublín los profetas de mal agüero estarán decepcionados de unos comienzos tan benignos!".

A las diez y media de la mañana del día siguiente, llega por fin a Nairobi, término de su largo viaje.

Al principio se hospedó en el convento de las Hermanas de Loreto; pero después, como éste está situado en las afueras de la ciudad, se fue a vivir definitivamente al convento de Santa Teresa, Eastleigh, en la misión de las Hermanas de la Preciosa Sangre. Esta residencia está adscrita a la Misión de San Pedro Claver, y el Padre Maher era el Superior. Son 120 las internas indígenas. En el momento de la llegada de Edel, acaban de terminar la iglesia; al lado de la sacristía hay disponible una salita; allí se instala Edel, muy contenta de hallarse tan cerca del Maestro y de habitar bajo el mismo techo.

Nairobi.

¡Cuántas veces aparecerá este nombre en su correspondencia! Nairobi será su puerto de partida y de repliegue durante la primera parte de su actuación, y también la etapa final cuando vuelve allí a morir. Allí pacerá un día el "Senatus" (1) para el África Ecuatorial inglesa.

Nairobi es la mayor ciudad africana entre El Cairo y Johannesburgo.

Llama la atención por sus tejados enmohecidos de palastro galvanizado, desperdigados sobre un llano polvoriento. Macizos verdes rompen la monotonía del paisaje y, sobre todo, la corteza gris-plata de los eucaliptos. Las grandes arterias están espolvoreadas de pétalos de jacarandas malvas. Hoteles modernos de seis pisos junto a bungalows de madera, tiendas indias abarrotadas hasta reventar, y chozas indígenas. Porque Nairobi ha pasado, sin transición, de ser pequeño puesto avanzado de mercado y campamento, a capital comercial y política. Este crecimiento repentino le ha robado toda su gracia, convirtiéndola en una ciudad "champignon" de una actividad febril. La población, de unos 100,000 habitantes, es en sus seis décimas partes africana, en tres décimas partes india, y el resto europea. A pesar de esta desproporción, Nairobi parece una ciudad india, pues es el indio el que posee la mayor parte de las propiedades y de las empresas comerciales, el que trabaja más duramente v con mayor éxito.

Se oye en ella una gran mezcla de idiomas: indostán, gujerati, swahili, inglés, kikuyu y luo y, de vez en cuando, para que haya de todo, alemán, polaco e italiano.

Nairobi, como Mombasa, es una ciudad de contraste: se cruzan en sus calles el europeo más modernizado y el campesino indígena que llega al mercado agobiado por los sacos de granos y de racimos de bananas. Estos visten hoy ropas europeas de pacotilla; hace algunos años lo hacían con pieles de cabra, y lucían espirales de cobre brillante en los brazos y tobillos. En el centro de la ciudad bien pudiera uno creerse en una capital de segunda categoría, pero a pocos kilómetros vagabundean en la más temible libertad leones, cebras y jirafas. Choque de civilizaciones, contraste de paisajes, Nairobi es una ciudad de transición, sin alma propia, de atmósfera pagana, y materializada. Una carta del 23 de noviembre de 1936 da las primeras impresiones de Edel:


"Nairobi parece una ciudad moderna: los monumentos son de estilo más futurista que los nuestros, particularmente los puestos de gasolina (que abundan aquí tanto como entre nosotros)... gracias a la altura, el aire es maravillosamente ligero... Por todas parte hay gran cantidad de flores, de macizos amarillos y rojos, muchos árboles... El crepúsculo comienza a las seis: se oye entonces el cri-cri de los grillos y ensordece el croar de las ranas... El tiempo más caluroso lo tendremos para Navidad".

Algunos días después de su llegada, indican a Edel la lista de las personalidades a quienes conviene ver, y las visitas se suceden. Encuentra a Sir Joseph Sheridan, Presidente de la Asociación católica, y también del Tribunal: el contacto es excelente. "Es un hombre encantador -escribe Edel-. Me ha dicho que esperaba ver un hábito de religiosa y que sólo faltaba que fuese disfrazada, etc. Es miembro auxiliar de la Legión y ya ha reclutado a otro señor. El Padre Howell lo había reclutado él mismo en Uganda... ¡El medio de evitar la Legión!". Visita a otros católicos de calidad que la acogen muy bien, pero no le ocultan... que su causa es desesperada. "Me dicen que esperan que triunfe, pero dándome a entender que no lo haré". Tienen miedo de que se ilusione, y el mismo obispo le dice caritativamente y dándole carta blanca: "No se olvide que no estamos aquí en Dublín ni en Irlanda".

Y en efecto, la vida católica entre los europeos no es nada intensa: el clima, febrilmente comercial, no es muy propicio a la práctica religiosa. Edel recibe sensatos consejos de prudencia y de diplomacia. Querían que reclutara a sus primeros legionarios eventuales entre los católicos miembros ya de otras obras. Se defiende con vivacidad: "Repito incansablemente que la Legión es para todo el mundo, y que limitándose a reclutar las personas que ya pertenecen a otros grupos se corre el riesgo de cerrar las puertas a los demás". La Legión hace cuestión de honor el reclutar sus miembros entre todas las clases sociales y llamar ampliamente a todas las buenas voluntades. Y quiere dar prueba de ello desde el comienzo.

Hay aún algo más grave. Desde el principio tropieza con un grave problema del todo nuevo: la separación y la hostilidad de las razas. Descubra que Nairobi cuenta con distintos centros de vida cristiana, con iglesia propia; la de los europeos, la de los goanos, y la de los africanos. Cada sector es un mundo cerrado. Imposible, dicen, hacer que la Legión sea aceptada a la vez por los europeos y por los goanos. Y, con mayor razón, es absolutamente imposible crear grupos mixtos con los africanos. Hay que escoger. Los goanos son relativamente numerosos en Nairobi y, en general, profundamente religiosos. Están vinculados a Goa, el gran centro de expansión misionero de Oriente desde que San Francisco Javier constituyó en ella su cuartel general. Están a la vez muy cerca y muy lejos de los europeos. Y no es eso todo Nairobi cuenta aún con otro mundo aparte: los Seychellois, que no quieren ser identificados con ningún otro grupo étnico.

¿Será necesario optar por los europeos? Pero éstos están con frecuencia muy dispersos por la ciudad. ¿Podrá reunirlos y acostumbrarlos al trabajo semanal de las visitas? ¿Se encontrará entre ellos la necesaria generosidad?

La correspondencia de Edel está repleta de referencias a esta espinosa cuestión.

El 16 de diciembre de 1936, escribe: 
"Para que se haga Ud. cargo del problema del color que existe aquí voy a contarle lo que me ha ocurrido: Había conseguido, por fin, encontrar en la ciudad una tesorera goana. Mi intención era, entre otras cosas explicarle sus obligaciones. No había un café ni un rincón donde poder retirarme con ella, y de donde no le fueran a invitar a que se marchara. La única solución fue irnos a un hotel cuyo propietario era conocido del presidente y explicarle, a puerta cerrada, la dificultad. Como un favor inaudito, nos cedió su propio despacho en lo más alto del establecimiento".

Este episodio refleja claramente las diferencias interraciales.

Quedan los africanos, que agrupan la parroquia de San Pedro Claver.

¿Cuántos son? Hay, según le dicen, unos 3,000 cristianos fluctuando o de temporada y 1,500 estables. Buen número de ellos sólo pasan en Nairobi dos de cada tres meses, y luego se vuelven al interior a pasar el tercero con los de su tribu. En esas condiciones, ¿puede hablarse de parroquia? La palabra no está muy en consonancia con un contenido tan fluctuante. Además, explican a Edel, esta parroquia flotante no es ni siquiera homogénea: se entrecruzan en ella alrededor de 20 tribus diferentes, y cada una de ellas se enorgullece de sus particularidades y de su aislamiento.

Todas estas dificultades se condensan en una frase que Edel oirá constantemente: "¡Ah!, ¡Ud. no conoce Nairobi!". Que es como decirle: renuncie. Nadie cree, por lo demás, hacer nada malo diciéndoselo claramente. Edel transmite a Dublín estos consejos.

"El término pesimista -escribe- es demasiado moderado para calificar las reacciones cuando se llega a la organización y al trabajo activo. Idéntica frase en todos los sitios: ¡Ud. no conoce Nairobi!". Animándola para que abandone su misión, dejando las cosas como están, incluso le dicen: "Después de todo, también la vida de Nuestro Señor fue un fracaso; no hay, pues, que extrañarse, que la suya también lo sea". Edel hace frente a los pesimistas: "Si no se tratara de la Legión -concluye- y si no hubiera oído ya antes afirmaciones semejantes, no habría más que una salida: retirarse" (carta del 3 de diciembre de 1936).

Es la única solución por la que no optará jamás.

La Legión tiene gran experiencia en materia de "imposibilidades". A cada paso de su historia, los sabios y los prudentes quisieron abatir sus audacias tachándolas de "imposibles": ¿no se predican ejercicios cerrados a street-girls, no se convierte Bentley Place, no se fundan Morning Star y Sancta Maria? Edel conoce una larga serie de imposibilidades... vencidas. Sabía también que la Legión profesa la creencia de que toda imposibilidad mayor es divisible en una serie de posibilidades menores y que siempre puede intentarse dar el primer paso. Aunque sea imposible escalar de un salto la cumbre de una montaña, puede superarse la primera roca que sirve de acceso a una segunda y, así, seguir hacia arriba. Edel procederá, pues, con la prudencia deseada, por intentos sucesivos. Reconocido el terreno y animada por el Obispo en su deseo de unir un primer grupo europeo y no indígenas, desencadena la ofensiva. A causa de la diversidad idiomática, la unión se presenta imposible sobre el plan local. Edel se resigna; pero no desespera en la esperanza de realizarlo en el peldaño superior, en el de la Curia. Guarda para sí ese tan luminoso ideal y se pone a la obra.

Para evitar herir susceptibilidades hablando a un grupo antes que a otro, Edel hace anunciar simultáneamente en la iglesia goana y en la europea que dará una charla de información sobre la Legión de María. Cierto número de curiosos responde a la invitación. Es el primer contacto, la primera entrada en materia. Después de esta doble reunión preliminar, Edel convoca a los voluntarios eventuales a una reunión más restringida para puntualizar algunos detalles. Momento crucial. ¿Responderán a la invitación directa, que es ya casi un semi-compromiso? ¿Aceptarán el intento integral? En el seno de la reunión alguien advierte a Edel que el mismo Manual de la Legión dice que no debe lanzarse la Legión si se carece de una oportunidad razonable de éxito. Se deja que ella saque la conclusión: "¿Ha visto Ud. -escribe- citar al Manual contra sí mismo?". Espera, con el corazón palpitándole aceleradamente. Se ha aprendido casi de memoria el discurso de apertura. Espera... y se encuentra recompensada por su confianza. Ante la sorpresa general, veinticinco personas, entre las cuales se encuentran cinco goanos, acuden a la reunión. Con todo, no se ha ganado aún la partida. Hay que defender la causa de Nuestra Señora y responder a multitud de objeciones y de preguntas. ¡Hay mucho por hacer! Edel oye que le dicen, como a Nuestra Señora en la noche de Navidad: "¡No hay sitio en el mesón!". Alguien cree dar el golpe de gracia decisivo, declarando que no hay ningún trabajo religioso que hacer en Nairobi.

En ese momento Edel recibe un refuerzo que decide la victoria: la señorita Gannon -una compañera de viaje en el Llangibly Castle, presente en la sala- interviene indicando que solamente ella conoce de cerca a 14 niños a los que es necesario enseñar el catecismo. El golpe hace su efecto. Despierta las conciencias embotadas. "¿Hay voluntarios para un primer grupo?", pregunta Edel. Se presentan seis mujeres. El primer "praesidium" de la Legión de María en Kenya estaba fundado. Se le impone nombre, se llamará "Praesidium de la Inmaculada Concepción", porque nace la víspera del 8 de diciembre. No queda más que pasar a la acción. El trabajo comienza con vistas al hospital y, con la clase de catecismo, los domingos. A los seis primeros miembros se unen algunos nuevos voluntarios, de forma que se constituye un "praesidum" en una segunda parroquia. La actividad se va extendiendo: sostenimiento de la iglesia, difusión de la prensa católica de la parroquia. Poco a poco los miembros se envalentonan, puesto que los europeos viven a menudo muy alejados unos de los otros, se vencerá ese obstáculo con elegancia; en caso de necesidad los legionarios harán la visita de dos en dos... en coche.

El domingo, en la octava misma de la Inmaculada Concepción, nace a su vez el primer "praesidium" africano. Edel cuenta así sus comienzos:
"Se explicó primero la Legión a las Hijas de María y a los veteranos de la Misión; sirvió de intérprete un sacerdote. Habría, aproximadamente, unas 100 personas; de ellas 40 mujeres. Siguió una discusión animada; a lo largo de la cual se hicieron muchas preguntas. Se concedió una semana para reflexionar.

El domingo siguiente trece hombres y tres mujeres manifestaron su deseo de ser miembros de la Legión.

El trabajo emprendido por las mujeres fue la enseñanza del catecismo y la visita a la sala de mujeres del hospital. El de los hombres consistía en las visitas domiciliarias, a busca de los cristianos poco fervorosos o no practicantes, la regularización de los matrimonios, el reclutamiento de los catecúmenos y la enseñanza del catecismo a los catecúmenos que se hallaban en la cárcel" (2).

El Padre Maher, Superior de la Misión, pasa a ser director espiritual de este primer grupo de indígenas. Se tradujeron al swahili las oraciones de la Téssera, primer trabajo de este género que luego tuvo que hacer Edel frecuentemente a cada nueva extensión (3).

Anuncia a Dublín la buena nueva de estos comienzos y añade: "Si fracasamos, la culpa será mía... Por lo demás, se ha logrado lo imposible: concedamos crédito a la gracia y a la fe".

Con razón concede una importancia particular a este primer ensayo en el mundo africano: es un "test".

En una carta del 26 de diciembre de 1936, subraya su alcance apologético:

El interés de comenzar la Legión por Kenya estriba en que, en la medida en que he podido percatarme, es la región más atrasada desde el punto de vista religioso. Quiero decir que la religión católica es aún casi nueva aquí, si no me equivoco. En Uganda está bien establecida y la Iglesia es floreciente. Por tanto, si la Legión triunfa en Kenya será un buen aliciente para cuando vaya a los demás sitios. Porque en Uganda se me objetará, probablemente, que en Nigeria (4) la población habla corrientemente el inglés y que no les resulta difícil adoptar la Legión.

Pero ya nada tendrán que alegar ante el hecho de que la Legión se haya aclimatado en África Oriental, donde los habitantes ni hablan inglés ni tienen tradición cristiana.

También será esto valedero para el Bagamyo y Kilimanjaro, que, aunque más antiguos que Zanzíbar, no están tan avanzados como Uganda".

Edel termina su carta describiendo cómo pasó la Navidad entre los africanos; se ve que se ha dado a ellos en cuerpo y alma.

"La noche de Navidad -escribe- fue de lo más simpático". El Padre Maher me había rogado insistentemente que asistiese en la iglesia indígena a Misa de media noche. Por ello tomé una habitación en el hotel para pasar la noche.

Era una Misa mayor. La iglesia estaba abarrotada: según me han dicho había 1,500 personas. Como es lógico se cantó y era delicioso ver evolucionar respetuosamente a los pequeños acólitos, con una disciplina perfecta, sin una sola equivocación. Creo que han comulgado todos los que han asistido, porque los dos sacerdotes han necesitado cerca de medía hora para administrar este sacramento. Espectáculo inolvidable al que no me hubiera gustado faltar por nada de este mundo. Después de la Misa, todos los fieles se fueron a rezar ante el Nacimiento. Son muy respetuosos en la Iglesia y cantan tanto el Credo como el responso en latín, de manera impecable.

En la Misa de seis y media, la parte alta de la iglesia estaba llena de mujeres con sus bebés en los brazos o en la espalda, según la costumbre. Ninguna de ellas había asistido a la Misa de medianoche, porque ésta de la mañana se dice para ellas. Como en las otras misas, también en ésta hubo muchas comuniones. Era realmente fantástico ver a estas madres acercarse al comulgatorio llevando consigo a sus hijos, la mayor parte de ellos dormidos. Pero eso sí, los que estaban despiertos se encargaban de meter ruido por todos. Después de la última Misa he ido a buscar al Padre Maher, que estaba tomando rápidamente su desayuno, pues le esperaban para recibir el bautismo cuarenta catecúmenos adultos".

Esta Navidad en tierra africana será uno de los mejores recuerdos de Edel. La única europea mezclada entre esa masa, su presencia allí era un símbolo: los africanos comprendían instintivamente su significado y su alcance.

Días después de Navidad, Edel visita un barrio de Nairobi. A través de su pintoresca descripción se adivina una naciente amistad que irá creciendo.

"Ayer visité parte del barrio indígena -escribe el 14 de enero a J. Nagle-. Son casas que les alquila el Gobierno. Vale un ojo de la cara, se lo aseguro. Me acompañaron el sacerdote encargado del distrito y el catequista-jefe, que conoce a todo el mundo. Las casas están hechas de adobe, con una especie de techos de cinc. Cada una alberga, aproximadamente, a unas seis familias. Un estrecho corredor divide seis piezas, tres a cada lado. Pero como frescas y ventiladas, esas habitaciones son claramente preferibles a muchas de las buhardillas que visité en Irlanda. También el Padre, con quien he hablado de esto, cree lo mismo. Todo está muy limpio y ordenado; pero claro... como son inspeccionadas hay que mantenerlas convenientemente cuidadas. Esta visita ha sido verdaderamente divertida: llevábamos una escolta como de media docena de niños, a los que un poco más tarde se unió un maestro de escuela de la Misión. Cuando llegamos a las casas de algunas señoras legionarias, ellas engrosaron el grupo. Una de ellas parecía realmente la figura de la Reina de Saba: pañuelo de colores chillones, pendientes, sari de gran efecto y otros trapos de color componían el conjunto; añada Ud. a esto unos modales majestuosos y un agradable y finísimo rostro. A partir de su llegada fue ella la que dirigió la procesión. Ha sido la segunda esposa de un hombre de la tribu Nauchi y madre de siete hijos: ahora está retirada en una respetable viudedad. Al contemplaría, podría creerse que sólo tiene 20 años y ninguna preocupación; pero aunque ya no tiene esa edad, sin embargo carece de preocupaciones. Era muy interesante: muchas mujeres cosían, otras se levantaban de su habitual siesta, otras charlaban... En casi todas las casas tenían un gato... y no hablemos de los niños y bebés. Pasamos allí alrededor de dos horas y tendremos que volver la semana próxima para acabar de visitar a los cristianos que no pudimos ver. Parece ser que los europeos no vienen nunca a este barrio; naturalmente, el Padre mencionó la "Legio Mariae", por donde íbamos entrando si la persona visitada no pertenecía a ella".

Y termina con esta perspectiva, que parece una generosa utopía:
"Me preguntaba si no podríamos celebrar el "Acies" (5) en marzo, con los "praesidia" indígenas y no indígenas. Sería magnífico que lo pudiéramos realizar...".


(1) Ya se sabe que el "Senatus" es el Consejo de la Legión en un país determinado y, a veces, en un territorio más vasto.
(2) Artículo de Edel Quinn en "Vida Católica" 11 febrero 1940), ed. en Port-Louis.
(3) Actualmente el Manual existe en swahili.
(4) La Legión, en este momento, estaba ya muy sólidamente establecida en Nigeria, y este hecho era conocido.
(5) El "Acies" es la gran reunión anual de la Legión donde se renueva, Individual y colectivamente, la consagración a Nuestra Señora.