CAPITULO XII EL HOGAR MISTICO DE NAZARET

Puede hacerse una aplicación particular de la doctrina del Cuerpo Místico para las reuniones de los legionarios, especialmente para la del Praesidium que viene a ser como el corazón del sistema de la Legión.
"Donde dos o tres se hallan reunidos en mi nombre, allí me hallo Yo en medio de ellos" (Mt. XVIII, 20). Estas palabras de Nuestro Señor nos aseguran que su influyente presencia en los miembros de su Cuerpo Místico se intensifica según el número de cuantos se unen para servirle a Él. Especifica el número como condición para el completo despliegue de su poder. Posiblemente esto es una consecuencia de nuestra deficiencia individual, siendo las virtudes de cada cual tan limitadas que sólo permiten a Cristo manifestarse parcialmente a través de cada uno. Una sencilla comparación tomada de la realidad ilustrará cómo puede tener esto lugar. Un cristal de color dejará pasar únicamente el matiz de luz propio de él, impidiendo el paso a todos los demás matices. Pero cuando vidrios de diferentes colores proyectan juntos sus matices, éstos se unen para formar rayos de luz en toda su plenitud. Igualmente, cuando los cristianos reunidos en cierto número combinan en servicio del Señor sus cualidades complementándose las unas con las otras, El queda capacitado para manifestar más plenamente mediante ellos su perfección y su poder.
Por lo mismo, cuando los legionarios se reúnen en el Praesidium en su nombre para trabajar por su causa,

El se halla presente de ese modo tan potente; se ha hecho manifiesto que allí sale de El virtud (Mc. V, 30).

LA JUNTA DE LA LEGION, HOGAR DE NAZARET

Con Jesús se hallan también entre esa pequeña familia de la Legión, su Madre y San José, los cuales tienen para con el Praesidium las mismas relaciones que tenían para con Él; lo que nos permite considerar al Praesidium como una proyección del Hogar de Nazaret, y esto no como mera práctica devota sino como algo basado en la realidad. “Estamos obligados", dice Berulle, “a tratar las cosas y misterios de Jesús no como cosas pasadas y muertas, sino como cosas vivientes y presentes y hasta eternas." Igualmente podemos identificar piadosamente el local y equipo del praesidium con edificio y mobiliario de la Santa Casa, y podemos considerar la conducta de los legionarios con respecto a esos accesorios del Praesidium como una prueba de su apreciación de la verdad de que Cristo vive entre nosotros y trabaja mediante nosotros, sirviéndose necesariamente de las cosas que estamos utilizando.
Este pensamiento proporciona un motivo suave y eficaz al mismo tiempo para que concedamos cuidadosa atención a los objetos que pertenecen al Praesidium y que constituyen su hogar.
Los legionarios pueden tener limitado control del local en que se reúnen, pero otros accesorios de la asamblea están más directamente bajo su cuidado, tales como la mesa, sillas, altar, libros. ¿Cómo facilitarán los legionarios a la Madre del Hogar-Praesidium de Nazaret la reproducción en el de los cuidados domésticos a los que Ella dio comienzo hace ya tanto tiempo en Galilea? La ayuda de ellos es necesaria. Ellos pueden negársela, u otorgársela con negligencia, pervirtiendo de este modo la labor de María en favor del Cuerpo Místico. Teniendo presente esta idea, traten los legionarios de imaginarse cómo María cuidó de su hogar.

MARIA, MODELO DE SOLICITUD

Aquel hogar fue pobre, y su ajuar nada lujoso. Sin embargo tiene que haber sido hermosísimo, pues entre las esposas y madres de todos los tiempos Ella fue única, dotada de gusto y delicadeza exquisitos, lo que no podía menos de reflejarse en todo objeto de su hogar. Cualquier simple detalle debe haber poseído de algún modo su atracción, el objeto más ordinario, su encanto. Pues María amaba -como sólo Ella podía amar- todas aquellas cosas por amor de Aquél que las creó y que ahora hacía, en cuanto hombre, uso de ellas. Cuidaba de ellas y las limpiaba y bruñía y trataba de que parecieran bien; pues tenían que ser enteramente perfectas a su modo. Podemos estar ciertos de que no había ninguna nota discordante en todo aquel domicilio. No podía haberla en modo alguno. Pues aquella casita era distinta de todas las demás. Era la cuna de la Redención, el armazón para el Señor del mundo. Todo cuanto en ella había, servía para moldearle a El que había hecho todas las cosas. Por tanto todo tenía que ser apto para servir a aquel fin; y apto se hallaba todo por el orden, limpieza, brillo y otras cualidades indefinibles que María confería a todo a fuerza de ingeniarse.

A su modo todo objeto que pertenezca al Praesidium juega su papel en el modelado de sus miembros y por lo mismo debe reflejar características del Santo Hogar, del mismo modo que los legionarios deben reflejar a Jesús y María.

Un autor francés ha escrito un libro titulado: "Viaje a través de mi habitación." Haced con todo detenimiento un viaje semejante por vuestro Praesidium y analizad con el mayor espíritu de crítica posible todo cuanto llame la atención de vuestra vista y oído; el suelo, las paredes y ventanas; el ajuar; los componentes del altar, en particular la imagen que representa al eje del hogar, esto es, a la Madre. Sobre todo, observad el comportamiento de los distintos miembros y el modo de celebrar la junta.

Si la suma total de cuanto se ha visto y oído desentona con el Hogar de Nazaret, entonces no es probable que el espíritu de Nazaret habite en ese Praesidium. Pero sin ese espíritu el Praesidium es peor que si estuviera muerto.

DEBERES DE LOS OFICIALES

A veces los oficiales, cual padres indignos, pervierten a los confiados a su cuidado. Casi siempre las deficiencias del Praesidium tienen su origen en los oficiales. Si sus miembros no son puntuales ni regulares en su asis­tencia, llevando a cabo una labor insuficiente y realizándola imperfectamente, no conduciéndose como es debido en la reunión, ello es porque esa defectuosa conducta está siendo imitada de la de los oficiales, porque no se les enseña otra cosa mejor. Están siendo deformados por las enseñanzas que están recibiendo de sus oficiales.

Comparad toda esa imperfección con el Hogar de Nazaret. ¡Imaginaos a Nuestra Señora siendo igualmente negligente respecto a los detalles y al orden, dando esa clase de educación deformadora a su Hijo! ¡Tratad (es difícil, pero tratad) de imaginárosla desaliñada, remisa, indiferente, dejando que la Santa Casa vaya a la deriva y a la ruina, de modo que sea el blanco de los comentarios desfavorables de sus vecinos! Por supuesto, esta idea es absurda. Sin embargo, no pocos oficiales de la Legión permiten vergonzosamente que las cosas vayan a la deriva en el Hogar-Praesidium de Nazaret que ellos profesan estar administrando como verdaderas personificaciones de Nuestra Señora.

Pero si, por el contrario, todos esos objetos por su perfección prueban la devoción del Praesidium, entonces podemos conocer que Nuestro Señor se halla en él con esa plenitud indicada por sus palabras. El espíritu de la Sagrada Familia no se hallaba confinado en la Santa Casa, ni en Nazaret, ni en Judea, ni dentro de ninguna clase de límites. Por lo tanto, tampoco puede estar confinado el espíritu del Praesidium.