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CAPITULO XIX
NUESTRA SEÑORA DE CANA
Caná es el tema de que voy ahora a tratar. Debo discutirlo con vosotros debido a su importancia, que es tal que puedo llamarla arrolladora. El tema tiene particularmente relación con vuestra actuación. La misión de la Legión es llamar la atención de los hombres con respecto a Dios; y sobre todo establecer contacto con los que se hallan fuera del redil y traerlos a él. He estado sosteniendo que para llevar todo esto a cabo debemos tener en cuente dos cosas. La primera es Nuestra Señora, y la segunda los milagros. Y Caná combina a ambos.
MARIA TODAVIA NOS TRAE A CRISTO
Con respecto a Nuestra Señora, no deberíamos olvidar nunca que Nuestro Señor vino mediante Ella, y que no habría venido de otro modo. El gran corifeo y fundador de la herejía, Calvino, dijo algo muy hermoso acerca de Nuestra Señora, a saber, que Dios estaba en deuda con Ella porque le había abierto para venir al mundo un camino que de otro modo no habría sido abierto. Las enseñanzas de la Iglesia van más allá de lo que Calvino habría ido, y dice que no sólo abrió Ella esa puerta, sino que la mantiene abierta. En otras palabras, no solamente da a Nuestro Señor como acción histórica del pasado, sino que continúa dándolo. Sin María, El no hubiera sido dado. Es por tanto un erróneo plan de acción tratar de ganarse a los protestantes restando importancia a María, pensando que prescindiendo de Ella les facilitamos la conversión. María es tan imprescindible que la idea de convertirlos omitiendo un eslabón que es necesario es algo en sí contradictorio. Por lo mismo hay que hablar de Ella y explicarla del modo que se os ha hecho familiar en la Legión.
No sería justo suponer que únicamente los protestantes necesitan que se les instruya de este modo. Muchos católicos tienen necesidad de lo mismo. No hace mucho tiempo estuve en un hogar católico donde la conversación recayó sobre Nuestra Señora, y donde respecto a Ella se habló en puro protestantismo. Hicieron se preguntas como éstas: ¿No podemos obtener
directamente de Cristo cuanto necesitamos? ¿Por qué perdemos tiempo dirigiéndonos a Ella cuando podemos acudir directamente a Él? Ese es un modo de pensar auténticamente antimariano, y causa admiración oír semejantes cosas de labios de personas que serian consideradas como excelentes católicas. Estoy convencido de que como aquellas personas hay otras muchas. Sé que muchísimos católicos no comprenden suficientemente el papel vital de Nuestra Señora.
LOS MILAGROS PRUEBAN LA VERDAD DE LA DOCTRINA DE LA IGLESIA
Respecto a los milagros, estamos inclinados a pasar por alto el papel fundamental que desempeñan en la misión de Nuestro Señor, y después de Él en la Iglesia. Las mentes modernas tienden a apoyarse en sí mismas y a sobre valorar su contribución a la religión. Se emprende la tarea de convertir a una persona de un modo intelectual. Estamos inclinados a presentar la Iglesia como una especie de superuniversidad que enseña todo lo habido y por haber. Damos cita al mundo dentro de los atrios dc dicha Iglesia y luego quedamos sorprendidos de que respondan tan pocos. Sentimos más vergüenza en recurrir a los milagros, como si esto constituyera un argumento pueril. Aquello en que Nuestro Señor confió es menospreciado por nosotros. Y debo hacer aquí la observación de que nuestros métodos están consiguiendo pocas conversiones. No debemos olvidar que la conducta de Nuestro Señor en cualquier aspecto constituye un modelo que debemos imitar. Deberíamos hacer lo que Él hizo, o al menos deberíamos intentarlo. Debo por supuesto explicar que Él recurría a los milagros en el sentido de que los obraba. Esto no se halla dentro de nuestro poder, pero podemos hacer referencia a ellos, y particularmente a los milagros modernos que prueban la verdad de la doctrina de la Iglesia.
No sólo tuvieron los milagros una gran importancia en la misión de Nuestro Señor, sino que en realidad fue un milagro el que la inició. La Iglesia enseña que la misión de Nuestro Señor fue inaugurada con ocasión de las bodas de Caná; que dicha misión en cierto modo tuvo un comienzo prematuro; y que esto fue debido a la intervención de Nuestra Señora. Esto constituye una afirmación interesante en la que vale la pena profundizar.
El pasaje del Evangelio en cuestión dice: "Se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, donde se hallaba la Madre de Jesús." Es esta una frase breve y sencilla y a nosotros nos toca tratar de explayaría haciendo uso de nuestra imaginación. Podemos imaginarnos a aquella amable mujer en aquella ocasión. Se hallaría en medio de aquella barahúnda, con las mangas recogidas, tratando de ayudar en todo y haciéndolo todo con competencia. No era una simple invitada a la fiesta.
El Evangelio sigue diciendo: "Que también convidado a las bodas Jesús con sus discípulos." De esta clase de palabras resulta evidente que Nuestro Señor fue invitado de un modo secundario con respecto a Nuestra Señora, posiblemente tan sólo en atención a Ella. Calvino, a quien ya he mencionado, juntamente con un numero de otros comentaristas protestantes, insiste en que este era el caso; que Nuestro Señor fue invitado sólo en atención a Ella y los discípulos de Nuestro Señor sólo en atención a Él. Esto viene a ser otra ejemplificación de la ley cristiana que nunca deja de tener actualidad. María tiene que estar presente en todo momento en la vida de Nuestro Señor, así como en la vida de la Iglesia, en nuestra propia vida, y en toda conversión.
LA INTERVENCION DE MARIA EN CANA
Faltó el vino. En nuestras circunstancias quizás nos sentiríamos inclinados a chancearnos de semejante incidente, sobre todo debido a que, como han sugerido algunos escritores, fue la llegada de los discípulos de Jesús a la fiesta lo que motivó la escasez con la que por lo visto no se contaba. Pero esto constituía un verdadero desastre para una familia judía. Se hacían ahorros y economías con vistas a estos festejos; todo el prestigio de la familia dependía de que en estas ocasiones no faltase de nada. Un fallo de este aspecto en aquellos momentos representaría una terrible humillación. La mirada atenta de María se dio cuenta de la crisis antes de que ninguno de los huéspedes, incluso antes de que el maestresala se apercibieran de ello. Sin duda sorprendió algún intercambio de miradas que reflejaban angustia. Hasta en aquella ocasión, antes de "su hora", María se nos muestra como la madre de los hombres, deseando (por decirlo así) anticiparse a las necesidades de sus hijos.
María reacciono de un modo extraordinario que el Evangelio nos refiere. Se dirigió a su hijo y le dijo: "No tienen vino." ¡Palabras históricas! Podríamos sentirnos inclinados a decir: ¿por qué no había de dirigirse a quien sabía que era el Creador, el Dueño de la naturaleza, el obrador de milagros? Por otra parte no se dice que Nuestro Señor obrase ningún milagro antes de entonces sí bien se cree comúnmente que había realizado muchos en privado; y los antiguos relatos cristianos abundan en referencia y alusiones a maravillas de ésta clase. Recordad por ejemplo las cosas que se dicen acerca de la Huída a Egipto. Pero en definitiva no había tenido lugar ningún milagro público.
PREJUICIO PROTESTANTE
¿Qué hizo Nuestro Señor al oír estas palabras? He aquí lo que se nos refiere; "Respondióle Jesús: "Mujer, ¿que nos va a mí y a ti? Aún no ha llegado mi hora." Los protestantes llenos de extraños prejuicios contra Nuestra Señora dan a estas palabras un significado erróneo. Algunos de ellos sostienen que Jesús quiso decir:
¿Por qué no te preocupas de tus asuntos? Y otros van más lejos y afirman que las palabras en cuestión quieren decir: ¿Qué tienes que ver conmigo? ¡Y luego apuntan a la palabra "Mujer" como si expresara un insulto, como si fuera una manifestación del bajo concepto en que Jesús le tenía!
Eso no deja de ser una invención de los protestantes que resulta incomprensible. No prueba más que el estado lastimoso a que se puede llegar cuando uno rechaza los cuidados de la Madre Iglesia y se erige en la práctica en Papa de sí mismo. Porque podréis apreciar que en su ánimo de rebajar a María no han vacilado los protestantes en rebajar a Jesús, y en presentarle como faltando al respecto a una Madre tan digna de ser amada como la suya. Debemos recordar que es Él quien ordena honrar padre y madre.
Concretamente esa frase: "¿Qué nos va a mí y a ti?" En realidad es corriente en hebreo. Significa exactamente lo que dice, a saber: "¿Qué tiene esto que ver con nosotros?" ¿Dónde está el insulto ahí? Por el contrario, como muchos santos han señalado, esa frase asocia explícitamente a María con la misión de Jesús. Por tanto el Señor no falta contra el cuarto mandamiento como los protestantes, o al menos algunos de ellos, infieren.
Se observara también que San Juan, que relata este episodio, sólo puede haber tenido conocimiento de la conversación mediante la propia Madre del Señor, porque es claro que dicha conversación tuvo lugar en privado entre Jesús y Maria únicamente. El Espíritu Santo sólo hace sus revelaciones al Evangelista cuando no hay ningún agente humano que hable. Pero Maria se hallaba allí para decirle ésa y otras cosas, y por tanto no había necesidad de ninguna otra clase de revelación.
Además, esa palabra "Mujer" contrariamente a lo que supone esa depreciatoria sugerencia, no tiene significado ni sentido alguno malsonante. En hebreo, como en griego, esa palabra era un tratamiento respetuoso que contenía la idea de "noble señora". Los protestantes eruditos saben esto ni más ni menos tan bien como nosotros; y por tanto, ¿por qué se han de rebajar tanto?
Pero en el uso de esa palabra se hallan en juego muchas más cosas que aun en el tratamiento más respetuoso. Dicha palabra toca infinito numero de cuerdas. He descrito a Caná como un momento trascendental. Hállase relacionado con otros momentos similares. Pensad que en la primera promesa acerca de la Redención se emplea la palabra "Mujer": "Pondré enemistades entre ti y la mujer" (Gén. III, 15). Ahora, en Caná, se emplea de nuevo esa palabra. Representa incuestionablemente una referencia a aquel comienzo de las profecías". Jesús estaba declarando (no tanto en atención a María a quien se estaba dirigiendo, como en atención a la palabra escrita, al Nuevo Testamento, del que Ella seria mas tarde una de las fuentes) que Ella era la Mujer de la profecía, la Mujer que aplastaría la cabeza de la serpiente, y que Él era su descendencia por la cual esa Redención sería llevada a cabo.
Tres años después, esa palabra se hallará con toda propiedad de nuevo en sus labios. Será sobre la cruz, cuando la Redención esté a punto de consumarse: "Mujer, he ahí a tu hijo" (Jn. XIX, 26). ¡He aquí una nueva vinculación de María con la larga cadena de las profecías, y con el plan diseñado en el Edén! Si no se entiende bien el significado de esa palabra se corre el riesgo de comprender mal la misión de María sobre quien Dios se ha complacido en fundamentar sus planes.
"AUN NO HA LLEGADO MI HORA"
Pero ahora nos hallamos ante un sorprendente misterio. Aunque no hay indicio alguno de incorrección en la respuesta de Nuestro Señor, es evidente que se resiste a intervenir. Expone la razón: "Aún no ha llegado mi hora." Por "hora" entendía el tiempo de su misión. Aún no tenía intención de darle comienzo, pero la lección que se desprende de sus palabras es clara: Decididamente el hecho de dar cumplimiento a los deseos de Maria lanzaría al Señor hacia aquella hora, y por lo mismo hacia su Pasión.
María se hallaba a la altura de aquel momento del que dependía la suerte del mundo. No se conducía como una madre cualquiera que se habría dejado llevar simplemente por un noble sentimiento de compasión hacia los convidados que iban a quedar sin vino. María conocía los planes de la Redención y las consecuencias inmediatas de este milagro, considerado como el "comienzo de los milagros", del cual saldrían los demás del mismo modo que el agua brota de su manantial. No obstante, Ella insistió.
Imaginaos al Hijo y a la Madre, ¡los dos seres más nobles que han existido o podrán existir! mirando cada cual a los ojos del otro. Lo que Maria vio en los ojos de su Hijo le dictó cuanto deseaba saber. Volvióse a los criados y les dijo: "Haced lo que El os dirá."
De nuevo pregunto: ¿Dónde está el desdén, o el insultó, o la negativa de que hablan los protestantes? Lo que sucedió fue que Jesús no quería hacer aquel milagro porque, así como un anillo de cadena arrastra a otro, del mismo modo dicho milagro traerá consigo automáticamente toda la serie de sucesos a la que damos el nombre de misión del Señor. La primera manifestación de su poder le llevará irresistiblemente a la cruz y a la sepultura. ¿Preveía Él esa consecuencia? No hay duda de que aquel Hombre tan exquisitamente constituido la preveía. Pero no era esta la razón de su resistencia que fundaba en el hecho de que el tiempo filado por el Padre no había llegado todavía.
¡Qué! ¿Es acaso cuestión de que se modifique el divino decreto para que Jesús acceda al deseo de su Madre? Parecerá sorprendente, pero, ¿por qué no? Ella era un agente misteriosamente responsable de la Redención. Su voluntad tanto en la Anunciación como en el Calvario fue operativa, y es manifiesto que esa misma ley tuvo aplicación en esta ocasión intermedia de las otras dos. Si María hace esa súplica en Caná, ésta precipitará la hora de Jesús. María la formula con la humilde certeza de que será escuchada. Pero de Ella ha salido un ruego más profundo que el que aparece en la superficie de sus palabras. Ella es la mujer de que hablan las profecías y que sabe lo que está pidiendo.
"Sus labios han hablado proféticamente.
Ella le ha señalado el Tabor,
Y le ha despejado los caminos que recorrerán sus pies
Desde este lugar hasta las losas
Del atrio de Pilatos. Anuncia la concentración
De multitudes, el dolor, la gloria, la derrota,
El largo preludio del Calvario,
Que Ella ha anticipado."
Lynch: "La mujer envuelta en silencio" (The Woman Wrapped In Silence).
"LLENAD DE AGUA AQUELLAS HIDRIAS"
Luego tuvo lugar un hecho increíble y aparentemente ridículo. Seis grandes hidrias de piedra o loza en el vestíbulo, cada una de las cuales podía contener dos o tres cántaras de agua para el lavatorio de las manos y los pies de los que llegaban. Esta práctica era obligada debido al hecho de que se usaban sandalias, y de que aquella época era anterior a la de las carreteras de asfalto y los caminos pavimentados, de modo que en el mejor de los casos siempre se cubría uno de polvo y suciedad durante los viajes. Constituyendo al mismo tiempo estas abluciones un ceremonial, era necesario lavarse al llegar. Habían venido ya todos los invitados, y por tanto las hidrias se hallaban vacías o casi vacías.
El Señor señaló hacia estas grandes vasijas y dijo:
"Llenad de agua las hidrias." Notad la prontitud en obedecer esta orden que tan extraña debió sonar en los oídos de aquellos criados. ¿No opondrían resistencia a aquel ridículo mandato? No, no la opusieron. Pero observad también la circunstancia verdaderamente notable de que Nuestra Señora de antemano les había ordenado obedecer.
¿Por qué el Señor no se dirigió directamente a ellos sin esta especie de mediación? ¿Por qué tenía que interponerse María entre Él y los criados como para salir fiadora de su Hijo? Esa es la manera como la Santísima Trinidad dispuso el milagro. Fácilmente se deduce que sin esa orden de María los sirvientes no hubieran obedecido al Señor, juzgando que los procedimientos eran ridículos, ¡cómo realmente habrían sido de no tener en cuenta el resultado! ¿Qué objeto tenía llenar aquellos enormes recipientes, considerando que las abluciones habían tenido ya lugar? Y aunque aquellos hombres hubieran adivinado que se trataba de obtener vino, ¿por qué no utilizar los recipientes de vino ya vacíos en vez de aquellas inadecuadas hidrias que suministrarían unos 675 litros de dicha bebida?
¿Por qué esas santas páginas recogen tan especificadamente esa orden de Nuestro Señor a los criados, si no es para acentuar aún más el hecho de que en este momento clave de la Redención, así como en la Encarnación, María tenía que tomar la iniciativa, tenía que presentar el Señor a los hombres y entregarlo a su misión?
Los criados llenaron las hidrias con agua hasta el borde, como dice el Evangelio. Después Jesús les dijo:
"Sacad ahora de él y llevadlo al maestresala. Hicieron lo así. Apenas probó el maestresala el agua convertida en vino, como él no sabía de dónde era, bien que lo sabían los sirvientes que la habían sacado, llamó al esposo y le dijo: Todos sirven al principio el vino mejor; y cuando los convidados han bebido ya a satisfacción, sacan el más flojo. Tú, al contrario, has reservado el buen vino para lo último." Frase memorable que pasa a través de la historia a nuestro lenguaje común. Pero más tarde habrá aún un vino mejor, ¡El de la Eucaristía!
La Escritura concluye: "Así en Caná de Galilea hizo Jesús el primero de sus milagros, con que manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en Él" (Jn. II, 1-11). ¡Abrumador en cada uno de sus detalles! El Fundador del cristianismo en presencia del colegio apostólico, del germen del cristianismo, manifiesta a sus discípulos su divino poder, hace que crean en Él y logra esto mediante la intercesión de María.
PUESTO VITAL Y CENTRICO DE MARIA
Ahí tenemos un símbolo del puesto vital y céntrico que María debe ocupar en el régimen de la Iglesia. Analizad ese episodio y veréis que María ocupa en Caná una posición exactamente análoga a aquélla en que la Iglesia la coloca para nosotros. Notad el hecho de que el milagro fue prematuro; de que Nuestro Señor opuso resistencia. María fue hecha árbitro absoluto del instante en que el Señor había de comenzar su misión. Pero esto no es nada nuevo. Fue Ella quien trajo a Jesús del Cielo a la tierra; y nadie más que no fuera Ella podía haber hecho esto. Asimismo su presencia y consentimiento serían necesarios en el Calvario para que la Redención se consumase.
¿Por qué? ¿No podía el Señor, como tan reiteradamente afirman los protestantes, hacer todas estas cosas sin ayuda María? No hay duda de que podía, pero no era éste un plan. Ese plan asignaba al hombre el papel de cooperador en la Redención. La cooperación que el hombre no podía llevar a cabo la facilitó Dios. Pero el hombre fue llamado a colaborar en lo que podía. Ahora bien, antes de que el hombre pudiera poseer la gracia necesaria para esa cooperación, tenía que haber alguien que actuase como representante de la humanidad. Dicho representante cargaba con toda la responsabilidad de esa cooperación, quedando de este modo elevada esa persona, que es Nuestra Señora, y con Ella la humanidad, a un nivel más noble, al del consorcio con el Redentor. De este modo, compartiendo la Redención y sus sufrimientos, el hombre compartirá más tarde sus triunfos y su gloria.
Debemos salir afuera a explicar estas cosas a aquellos que no las aprecian y cuya pérdida espiritual es inmensa. Así como el cristiano quedó mutilado al prescindir de María, del mismo modo la vida individual languidece cuando se ve privada de Ella. Que os sirvan de aliento en vuestros esfuerzos las tan a menudo reiteradas enseñanzas del Papa León XIII acerca de que María es la madre de todo el género humano, de que todo hombre es su hijo, y de que en el alma de cada cual se halla el germen del amor hacia Ella.
Pero ese germen debe ser alimentado. Sólo en la medida en que sus hijos la reconozcan puede María hacer de madre para con ellos. Caná ejemplifica su oficio de Madre de un modo dramático y conmovedor. Por lo mismo meditad en sus lecciones y luego marchad y hablad acerca de esos dos importantes temas: María y los milagros.
MARIA, ESLABON VITAL EN EL PLAN DIVINO DE LA GRACIA
Alocución a los Miembros Auxiliares de la Legión de María, tenida en 1936.
Estas grandes concentraciones de legionarios trasladan a uno irresistiblemente con el pensamiento a una tarde de hace muchos años -cerca de quince- en la que tuvo lugar otra especie de asamblea. En aquella reunión habría aproximadamente tantas personas como el número de años que he mencionado, no
obstante, aquella reunión, por muy pobre y pequeña que fuera, constituía un acontecimiento verdaderamente histórico; tratábase de la primera asamblea de la Legión de María. La de esta tarde es una de sus consecuencias.
MOVILIZACION DE LAS HUESTES MARIANAS
Esta tarde hemos escuchado el ruido de pasos marciales así como el de labios que pronunciaban estas palabras: "Soy todo tuyo, Reina mía, Madre mía, y todo cuanto tengo tuyo es"; y esas mismas marchas están teniendo lugar en otros sitios y en otros países, y cada día que pasa contempla cómo ese avanzar de pasos hacia enseñas como ésta aumenta cada vez más y cómo cada vez mayor número de labios dirigen cada día a Maria esas dulces palabras. Ahora bien, aunque la Legión de María y sus miembros auxiliares no persiguieran otro objetivo, ése vale por todos, a saber, el que las multitudes sean movilizadas en estos días en que la religión es objeto de burla en tantos lugares de la tierra; el que esas multitudes prosigan su marcha con orgullo y decisión y pronuncien de lo profundo de sus corazones esas palabras de gratitud hacia María.
DEUDA DE LA LEGION PARA CON SUS AUXILIARES
La alocución que habéis escuchado ya esta tarde abarca una gran extensión de terreno. En gran parte ello impidió que puntualizara bien acerca del tema, por lo que me veo obligado a espigar, a imitación de esas personas que van siguiendo a los segadores. Por lo mismo propongo se preste la máxima atención a esa palabra gratitud" que acaba de ser mencionada.
Tratase de una palabra muy importante, porque, bien entendida, lo comprende todo. La Legión ha contraído una deuda de gratitud con vosotros que constituís un numero de almas generosas que están dando lo más precioso que poseen: sus oraciones, y una gran cantidad de ellas, en servicio de la Legión. Trabajáis por lo menos de 20 a 25 minutos todos los días recitando esas oraciones en calidad de legionarios de María para ayudar a la obra de la Legión. Por ese motivo la Legión os está agradecida, verdaderamente agradecida, porque sabe cuánto necesita de vosotros. Os halláis en la misma situación de quienes fabrican municiones en tiempo de guerra. Fijad esta idea en vuestras mentes; figuraos que estáis contemplando un magnífico ejército, el ejército más magnifico que el mundo haya jamás conocido. Imaginaos batallones y batallones de hombres perfectamente adiestrados, perfectamente equipados, que no cesan de pasar desfilando hasta el punto de que llegáis a creer que no acabarán nunca de pasar. Sus recortados perfiles todos ellos mirando al frente, su natural bravura acrecentada por la férrea disciplina y por el sentido de una noble causa que todo lo preside: todo ello sigue mostrando un poder irresistible. Sin embargo, conforme miréis, reflexionad. Considerad a ese ejército desconectado tan sólo durante unos pocos días, de sus fuentes de aprovisionamiento, de manera que no pueda conseguir ni comida, ni bebida, ni prendas de vestir, ni armamento, ni municiones. No pueden llegar a él ni los médicos ni los servicios sanitarios y no pueden prestar su ayuda. ¿A qué queda reducido ese magnífico ejército? Las enfermedades, el hambre, las heridas y otras cosas semejantes harán estragos en él. Ese ejército se ha convertido en una soldadesca frenética, vil, desmoralizada, en un peligro para su propia causa. Entonces os dais cuenta de que ese ejército dependía continuamente de las numerosas e invencibles huestes de aquellos que los alimentaban, equipaban y cuidaban de su salud. Eso mismo es lo que la Legión os debe a vosotros, sus auxiliares. Vosotros, que tan pocas veces os reunís en asamblea merecéis ser llamados el gran ejército invisible de la Legión. Las fuerzas activas se hallan necesitadas de vosotros, y os están agradecidas por vuestra ayuda.
Pero este cuadro tiene su reverso, y es el siguiente: A la vez debéis estar muy agradecidos a la Legión, porque aunque dais y dais con generosidad, todavía recibís más de lo que dais.
EL AUXILIAR RÉCIBE EL MILLON POR UNO
En cierto modo resulta costoso tratar acerca de este aspecto de las cosas. Os estamos pidiendo que deis de la generosidad de vuestros corazones de modo que nos vemos en una situación embarazosa si luego procedemos a demostraros que os estáis beneficiando de la transacción. Pues en la medida en que hacéis una cosa por la recompensa, en esa misma medida echáis abajo la idea de sacrificio, que es la base de vuestro mérito. Sin embargo debo ingeniarme para mostraros que vuestra calidad de auxiliares constituye una ganancia inmensa para vosotros; que aunque estáis dando generosamente a la Legión, estáis recibiendo en cambio el ciento, el mil, el millón por uno. Quizás preguntéis: "¿Cómo puede ser eso?" Mi respuesta es que LA LEGION OS MUESTRA LA GRANDEZA DE MARIA, OS ALISTA COMO SOLDADOS A SU SERVICIO, Y HACE QUE LA AMEIS ADECUADAMENTE. Todo esto es algo tan grande que palabras como un millón por uno no dan idea de la ganancia. Ello eleva vuestra vida espiritual a un plano mas alto y por lo mismo os asegura una eternidad más feliz.
SOLO MEDIANTE MARIA ENTRAMOS EN CONTACTO CON LAS ALMAS
A veces Maria queda relegada a un segundo plano con el fin de salir al paso de los prejuicios de aquellos que hacen poco caso de Ella. Este método de hacer la doctrina cat6lica más aceptable quizás esté de acuerdo con el modo de razonar de los hombres. Pero no refleja la mente divina. Quienes actúan de esta manera no se dan cuenta de que incluso podrían predicar un cristianismo sin Cristo al ignorar el papel de María en la Redención. Pues Dios mismo ha juzgado conveniente disponer que Jesús no fuera prefigurado, ni traído ni entregado, ni manifestado más que por medio de María.
DESDE EL PRINCIPIO Y ANTES QUE EL MUNDO EXISTIA ELLA EN LA MENTE DE DIOS
Dios mismo fue quien comenzó a hablar de María y a proyectar para Ella un destino incuestionablemente único. Pues toda esa grandeza de María tuvo un principio muy remoto. Comenzó antes de la constitución del mundo. Desde el primer momento, la idea de María se hallaba presente en el Padre Eterno junto con la del Redentor de cuyo destino Ella formaba parte. Por lo mismo hacia ya mucho tiempo que Dios había dado respuesta a esa pregunta de los que dudan: "¿Qué necesidad tiene Dios de la colaboración de María?" Dios pudo haber prescindido de María en absoluto, del mismo modo que podía haber prescindido del mismo Jesús. Pero el plan que le plugo adoptar comprendía a María. Dicho plan colocaba a María al lado del Redentor desde el mismo momento en que el Redentor fue decretado. Fue más allá; ese plan asignaba a María nada menos que el papel de Madre del Redentor y necesariamente, por tanto, de cuantos se hallaban vinculados con Él.
De este modo desde la eternidad María se halló en una situación de enaltecimiento, única entre las criaturas, y sin admitir comparación alguna ni siquiera con las más sublimes de entre ellas, diferente en la idea divina, diferente en la preparación que recibió, y por tanto preferida con todo acierto a todas las demás en la primera profecía acerca de la Redención, dirigida a Satán:
"Pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Ella aplastará tu cabeza" (Gén. III, 15). He aquí la futura Redención bosquejada por el mismo Dios. En conclusión, María se halla dentro de un orden peculiar de Ella; enemiga de Satán ya antes de su nacimiento así como después; inferior al Salvador pero la más próxima a Él, semejante a El (Gén. II, 18), y diferente de todas las demás criaturas. Ningún profeta -ni siquiera San Juan Bautista- se halla tan cerca del Señor, ningún rey ni caudillo, ni apóstol ni evangelista incluidos San Pedro y San Pablo; ni el más grande de los papas y obispos, y doctores; ni santo alguno, ni David, ni Salomón, ni Moisés, ni Abrahán. ¡Ni uno sólo de ellos! De entre todas las criaturas que existen y existirán, Ella es designada por Dios como la cooperadora de la Salvación.
REVELADA CLARA E INEQUÍVOCAMENTE EN LAS PROFECIAS
La serie de profecías continua afirmando constante y repetidamente que una mujer ha de ser un elemento primario de nuestra salvación: "La Virgen", "la Virgen y el Niño", "la Reina sentada a la derecha del Rey". ¿Qué clase de porvenir predicen estas palabras para María? ¿No parece que de ellas se siguen lógicamente las cosas sublimes que pueden decirse de Nuestra Señora? Difícilmente nos damos cuenta de cuán aplastante, de cuán concluyente es la fuerza de las profecías acerca de esta cuestión del puesto de Maria en la religión cristiana. Una profecía es la imagen de algo que ha de venir, una mirada que atraviesa el tiempo en vez del espacio, un pálido bosquejo de un cuadro lejano. Necesariamente una profecía tiene que ser menos clara, menos real que la realidad de que habla. Pero necesariamente, también, debe conservar una armoniosa proporción con esa realidad. La profecía que anunció la Redención como llevada a cabo por una Mujer junto con su Hijo (y ningún otro con ellos dos), que aplastó la cabeza de Satán, se hallaría palmariamente en contradicción con una Redención real que relegase a esa Mujer a la oscuridad. Por lo mismo, si se le puede llamar realmente profecía, y si la Salvación es un actuar de la Encarnación y de la Muerte de Jesucristo durante toda la vida en el edificio del alma humana (y la Santa Iglesia y la Sagrada Escritura así lo afirman unánimes), entonces en el régimen del cristianismo María debe encontrarse con Jesús, unida a El en su obra salvadora, debe ser la Nueva Eva, que depende de El pero que es necesaria a El, esto es, no debe ser otra que la Mediadora de todas las Gracias, como la Iglesia Católica la llama resumiendo sus sublimes funciones. Si lo que la profecía había vislumbrado constituye realmente el plan de Dios, entonces aquellos que empequeñecen a María se oponen a él.
EL ANGEL GABRIEL FUE ENVIADO POR DIOS
Llega el momento cumbre de las profecías; el cumplimiento del destino de María por tanto tiempo anunciado se halla ahora al alcance de la mano.
Considerad el modo maravilloso como se lleva a efecto el misericordioso designio de Dios. Asistid en espíritu a la más sublime Conferencia de Paz que haya jamás tenido lugar. Es una Conferencia de Paz entre Dios y la humanidad, y se llama la Anunciación. En esa Conferencia de Paz con Dios fue representado por uno de sus ángeles de mayor dignidad, y la humanidad se halló representada por Maria en cuyo nombre nos encontramos nosotros reunidos aquí esta tarde. Maria no era más que una humilde doncella aquel día. El Ángel vino con noticias asombrosas. Propuso a María la Encarnación; y por unos instantes, como hemos dicho, la suerte de la humanidad tembló en la balanza. Había llegado el momento anhelado tanto por las generaciones anteriores como por las que habían de venir después. Era el momento critico de todos los tiempos. Hubo una pausa. La doncella no aceptó en seguida; hizo una pregunta, y le fue dada la respuesta. Hubo otra pausa, y a continuación pronunció las palabras: "Hágase en mí según tu palabra"; palabras que trajeron a Dios a la tierra y firmaron el gran Tratado de Paz con la humanidad.
EL PADRE HIZO QUE LA REDENCIÓN DEPENDIERA DE MARIA
Muy pocos son los que se dan cuenta de todo cuanto se sigue de ese consentimiento de María. La generalidad de los católicos no se dan cuenta de la importancia del papel que María desempeñó. Los Doctores de la Iglesia nos dicen que en caso de que esa doncella hubiera rehusado el ofrecimiento de maternidad que le fue hecho, Dios ya no se habría preocupado más de los hombres. No habría ido en busca de otra doncella, la Encarnación no hubiera tenido lugar jamás. ¡Qué cosa tan tremendamente solemne es ésta! Ello quiere decir que María era la única esperanza de la humanidad. Pero puesta en sus manos la suerte nos era favorable. El Redentor vino a María; y no a Ella solamente, sino que mediante Ella vino a nosotros, pobre y desvalida humanidad, en nombre de la cual habló María. Con el Redentor María nos trajo todo cuanto nuestra fe significa, y nuestra fe significa vida para nosotros. Esto es lo único que consideramos de algún valor. Nada más nos importa. Nos hallamos dispuestos a abandonarlo todo a cambio de ella. Estamos dispuestos a hacer cualquier sacrificio por conservarla. Considerad, por tanto, que la fe de todas las generaciones que han pasado hasta el presente, así como la de todos los millones de seres humanos que aún han de nacer, la fe de todos ellos, ha dependido de las palabras de esa doncella.
SIN MARIA NO HAY VERDADERO CRISTIANISMO
A cambio de este inapreciable don, todas las generaciones deben llamar a esa doncella bienaventurada. A María, que trajo el cristianismo a la tierra no se le puede negar un puesto en el culto cristiano. Mas, ¿qué decir del gran número de almas que hacen en este mundo tan poquísimo caso de María, de los muchos que la desdeñan, de los muchos que se comportan todavía peor que los anteriores? ¿Se les ocurre a esas almas pensar alguna vez que todas las gracias que poseen las deben a María? ¿Reflexionan alguna vez en que si hubieran sido excluidas aquella noche de aquellas palabras de aceptación de María la Redención no habría venido jamás a la tierra para ellas? Van por tanto descaminadas. En otras palabras, esas almas no son completamente cristianas, aun cuando exclamen: "Señor, Señor", todo el día y todos los días. Y por otra parte, si realmente son cristianas, y si el don de la vida ha venido a ellas, sólo ha venido porque María lo ha ganado para ellas, porque se hallaban incluidas en su aceptación. En una palabra, el bautismo que hace a una persona hija de Dios la hace simultáneamente hija de María, aunque dicha persona desconozca a María, o aunque incluso (citando palabras de Shakespeare) "se burle y desprecie todos los sacrificios y beneficios de su madre; hasta el punto de que esta llegue a experimentar cuánto más dolor proporciona un hijo desagradecido que el diente de una serpiente."
La gratitud, por tanto -una gratitud práctica- a María debe ser la divisa de todo cristiano. La Redención es un don tanto del Padre Eterno como de María. Por lo mismo junto con las palabras de gratitud al Padre deben elevarse las de acción de gracias a María. Si algún fallo se comete en este aspecto, nos hallamos ante el peor de todos los tipos de seres -ante el hijo desagradecido-más horrible, como dice Shakespeare, que un monstruo marino.
EL HIJO SE HALLA SIEMPRE JUNTO A SU MADRE
Fue voluntad de Dios que el reino de la Gracia no fuera inaugurado sin María. Plugo le que las cosas siguiesen ese mismo orden. Cuando quiso preparar a San Juan Bautista para su misión de ir delante de El, lo santificó con la caritativa visita de su Santísima Madre en la Visitación. La noche de la primera Navidad, aquellos que cerraron a María sus puertas las cerraron asimismo al Señor. No se daban cuenta de que al rechazar a María rechazaron a Aquél a quien esperaban. Cuando los pastores en representación del pueblo escogido hallaron al Prometido de todas las naciones, lo hallaron con Maria. Si se hubieran desviado de Ella, no le habrían encontrado a El. En la Epifanía las razas gentiles del mundo fueron recibidas por Nuestro Señor en las personas de los tres Reyes, pero estos sólo le hallaron a El por que hallaron a Maria. Si hubieran rehusado acercarse a Ella, no habrían llegado hasta El. Y asimismo sabemos por los Santos Padres que Nuestro Señor no dio principio a su vida pública sin el consentimiento de María; del mismo modo, sus ruegos constituyen el comienzo de los milagros, maravillas y hechos portentosos con los que El probó su misión. Cuando sobre el Calvario tuvo lugar la última escena que puso término a todo el doloroso drama de la Redención, María se hallaba al pie de la cruz, no sólo -como se nos enseña- porque era una madre llena de amor, ni tampoco de un modo accidental, sino precisamente con el mismo carácter con que estuvo presente a la Encarnación. Hallábase allí como representante vuestro y mío y de todos sus demás hijos, y Nuestro Señor no se ofreció al Padre sin el consentimiento de María que lo dio en nuestro nombre; la cruz tenía que ser nuestro sacrificio del mismo modo que era su sacrificio. "Pues así como Maria sufrió verdaderamente y casi murió con su Hijo que tanto padeció -estas son las palabras de Benedicto XV- del mismo modo Ella renunció verdaderamente a sus derechos maternales sobre aquel Hijo por causa de nuestra salvación, y lo inmoló en cuanto que se ofreció con El para aplacar la justicia de Dios. De aquí que pude decirse con toda propiedad que María redimió con Cristo al género humano."
EL ESPIRITU SANTO OBRA SIEMPRE MEDIANTE MARIA
Siguiendo un poco más adelante llegamos a la festividad de Pentecostés, aquella trascendental ocasión en que la Iglesia quedó formada mediante el descendimiento del Espíritu Santo. María se hallaba allí; fue mediante el Espíritu Santo que obraba por medio de María como la Iglesia quedó constituida. ¡Qué natural es que esto sea así! ¿Qué es la Iglesia sino el Cuerpo Místico de Nuestro Señor? ¿Qué es Pentecostés sino una especie de nueva Encarnación? Tiene aplicación la misma ley: otra vez desempeña María un papel esencial. Y lo mismo ocurre en definitiva con todas las cosas divinas. Desde aquel tiempo hasta nuestros días y desde el presente hasta que el tiempo se pierda en la eternidad, el plan de Dios sigue siendo el mismo: sin María no se hace nada en el orden de la Gracia. Si María no se halla presente, la gracia no se otorga. Es ésta una verdad muy difícil de ser aceptada. Puede inducir a que se pregunte, "¿Es que no reciben gracias quienes desconocen o insultan a Maria?" Si que reciben gracias, pero, ¡qué modo tan desagradable de recibirlas! ¡Las reciben y se revuelven contra la mano que se las da! ¡Ultrajan a Aquélla por cuya mediación les vienen esas gracias!
¿QUE SUCEDE SI SE PRESCINDE DE MARIA?
Ahora bien, ¿cuál es nuestra posición como legionarios de Maria? Dicha posición consiste en que nosotros debemos ser los primeros e ir a la cabeza de todos los cristianos al tratar de entender estas cosas. Debemos meditar en ellas porque si no penetramos en ellas, estamos estrechando los canales de la gracia y esto constituiría un grave infortunio. Cuanto hagamos durante toda nuestra vida sólo tendrá valor en la medida en que nos compenetremos con los planes de Dios respecto a las cosas. Si trabajamos fuera del camino que Dios nos ha trazado obtendremos el fracaso, aun cuando logremos amontonar gran cantidad de riquezas materiales o perpetuar nuestro nombre en la historia. En la medida en que nos acomodemos al plan de Dios en esa misma medida lograremos éxitos. Si nos adherimos íntimamente al plan de Dios, obtendremos un gran éxito aunque parezcamos las criaturas más pobres que hayan jamás existido; aunque nadie oiga jamás hablar de nosotros. Pero acordaos de que, por mucho que trabajemos, nos esforcemos y recemos, si prescindimos de María, no nos acomodamos al plan de Dios. Las gracias que nos vienen no son más que una fracción de las que deberíamos estar recibiendo. Obtendremos un gran fracaso en cuanto llevemos a cabo en nuestra vida.
Vosotros legionarios, debéis figurar en la vanguardia de aquellos que poseen estos conocimientos acerca de María, que se dan cuenta de su importantísima posición en el plan de Dios. Debéis tratar de incrementar vuestro número y trabajar por inflamar el corazón de los demás en ese amor que tenéis a María, de modo que, cual las ondas del agua de un estanque que llegan hasta las márgenes más distanciadas, este amor vuestro alcance y abrace a todos los pueblos y naciones y les llene de él, de este consciente amor a María. Haced esto por Ella, porque después que a Dios es a Ella a quien lo debéis todo.
¿QUE PUESTO DEBEMOS ASIGNAR A MARIA?
Me estoy dirigiendo a almas generosas y doy por supuesto que os dais cuenta de vuestra gran deuda y que ardéis en deseos de mostrar vuestra gratitud a María. ¿De qué modo hay que manifestar agradecimiento a María? ¿Qué puesto debemos asignarle en nuestras vidas? Algunas personas tendrán dificultades respecto a este punto, dificultades que proceden del hecho de que aplican ideas terrenas a realidades celestiales.
"¿Cómo" -dirán- "debo distribuir mis oraciones entre María, las Divinas Personas y los santos? ¿Cuál es el número exacto -ni muy grande ni muy pequeño- de oraciones que debo ofrecer a María?" Especialmente los protestantes quedan perplejos ante esta cuestión de la devoción a Maria. No la comprenden, y su dificultad tiene lugar como sigue: "¿No me desviare de Dios si dirijo mis plegarias a María?"
Todos estos grados de duda proceden del hecho de que los protestantes piensan respecto al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo, y respecto a María y a los santos, que son otras tantas estatuas, de modo que el dirigirse a una de ellas supone necesariamente el tener que apartarse de las demás. Ahora bien, paréceme que la mejor respuesta a todas estas clases de dificultades se halla en la siguiente recomendación: "Es verdad que debéis dar todo a Dios, pero dádselo todo con María." Pues -aunque parezca extraño- en esta devoción aparentemente exagerada a María no se hallarán ninguna de las perplejidades que la medida y la moderación llevan consigo.
TODA ACCION DEBE SANCIONAR EL "FIAT" DE MARIA
La justificación de este método hay que hallarla en la Anunciación: en ese gran Tratado de Paz de que hablamos anteriormente. En aquel momento todos nosotros nos hallábamos unidos a María, representante nuestra. Sus palabras incluían nuestras palabras, y en cierto modo nos hallábamos incluidos en Ella. Ahora bien, la vida diaria de un cristiano consiste nada menos que en formar a Nuestro Señor en ese miembro de su Cuerpo Místico. Este formar a Cristo no tiene lugar sin María, ni más ni menos que como ocurrió en la autentica Encarnación. Su consentimiento y cooperación son tan necesarios para el diario crecimiento de Cristo en nuestras almas como lo fueron para que se vistiese de carne. ¿Qué consecuencias tiene todo esto para nosotros? Esto tiene muchas consecuencias, que en fin de cuentas conducen a una sola cosa. En primer lugar debemos tener plena conciencia de la posición de María y reconocerla con toda sinceridad como representante nuestra en aquella gran Conferencia de Paz. Debemos ratificar cuanto María llevó entonces a cabo en nombre nuestro, de modo que podamos gozar sin obstáculo alguno de los infinitos beneficios que trajo consigo para nosotros. Y esa ratificación, ¿de que naturaleza ha de ser? ¿Sería suficiente por nuestra parte un acto realizado una sola vez? Tratad de responder a esta pregunta a la luz del hecho de que fue mediante María como todo acto de nuestras vidas se ha convertido en el acto de un cristiano. No es razonable ni conveniente que todo acto lleve igualmente impresa una señal de nuestro recogimiento y gratitud hacia Maria. Por lo tanto la respuesta es la misma que aquella que ya he dado: "Debéis darle todo."
ALABEMOS AL SEÑOR CON MARIA
Tened siempre a Maria en vuestro pensamiento de un modo u otro. Unid vuestra intención y vuestra voluntad a las suyas de tal forma que todo acto que realicéis durante el día, toda oración que recéis, se lleve a cabo con Ella. No la excluyáis de nada. Ya recéis al Padre, ya al Hijo, ya al Espíritu Santo, o a un santo, hacedlo siempre en unión con María. Ella repite las palabras con vosotros. Sus labios y vuestros labios pronuncian esas palabras a la vez, y en todo toma Ella parte. De ahí que María se halla mucho más que a vuestro lado. Es como si se hallara dentro de vosotros: vuestra vida es Ella y vosotros dándolo todo a Dios.
Mediante esta intensa devoción a Maria reconocemos plenamente el papel que María desempeñó y continúa desempeñando diariamente en nuestra salvación. De este modo también nosotros entramos dentro de los planes de Dios, y por tanto nos colocamos en la corriente misma de la Gracia. Asimismo ésta es la devoción más fácil con respecto a María. Resuelve las dudas de aquellos que preguntan "cuanto hay que rezar", y las de aquellos que temen que al dar a Ella están quitando a Dios. Explicad esta devoción a los que se hallan fuera de la Iglesia. La entenderán enseguida, y podrán quedar resueltas las dificultades de muchos de ellos.
EL CONTACTO CON MARIA DA PUREZA Y FECUNDIDAD
Esta devoción se conoce generalmente con el nombre dc Verdadera Devoción a María de San Grignion de Montfort, o con el de Esclavitud Mariana. Nos enseña a darnos a nosotros mismos y todo cuanto nos pertenece, a María, sin reservarnos la más mínima cosa. Nos hacemos a nosotros mismos lo que en el mundo llamarían esclavos de Maria, y ponemos en sus manos y a su disposición nuestras vidas por entero y todos nuestros tesoros espirituales con el fin de que podamos capacitamos mas perfectamente para darnos enteramente con Ella a Dios. Pues recordad esto: al darnos a Dios, todos nuestros pobres esfuerzos quedan enriquecidos mediante Maria. Quedan exentos de toda mancha conforme pasan por sus manos. Nuestras defectuosas intenciones quedan purificadas. Todos nuestros motivos humanos quedan sobrenaturalizados. Nuestras mismas imperfecciones se convierten en perfecciones, si nos unimos a María mediante la práctica de esta hermosa devoción. Pero debemos confiarnos a Ella por completo. Por vuestras mentes seguirán pasando ideas egoístas: "Si lo doy todo a Ella, ¿cómo cumpliré con los deberes de mi estado en la vida; cómo con mi familia y amigos, y con las demás cosas de mi vida por las que estoy absolutamente obligado a rezar?" En cuanto a esto recordad que debéis hacer algún pequeño acto de confianza con respecto a estas cosas. No debéis decir: "Soy todo tuyo, Reina mía, Madre mía, y todo cuanto tengo tuyo es", y después proceder a poner toda una serie de condiciones. Eso seria ni más ni menos que negar cuanto habéis dicho con las palabras anteriores. Recordad que con María todo se halla a salvo. Debéis confiar en Ella. Es María quien guarda todos los tesoros de Dios. Ella es capaz de guardar cuanto os pertenece. Junto a todas vuestras oraciones, obras, sacrificios y todos vuestros bienes, espirituales y temporales, poned todas vuestras obligaciones y deseos, todas vuestras aflicciones y necesidades, dentro de ese grande y sublime Corazón de María, y decidle que haga con todo ello cuanto desee.
DAD Y NO MIREIS CUANTO
Hallaréis que cuanto os pertenece, poco o mucho, no sufrirá detrimento alguno, pero no quiero restar merito a vuestro sacrificio insistiéndoos demasiado en este aspecto. Será suficiente recordar que en cierta ocasión una multitud de diez o doce mil personas se hallaban en un desierto y sintieron hambre. De entre todo aquel gentío solamente unos pocos individuos llevaban alimente consigo. Todo cuanto poseían era cinco panes y dos peces, y se les pidió que los dieran por el bien de todos, lo que hicieron con gusto. Entonces, aquellos pocos panes y peces fueron bendecidos, partidos y distribuidos entre la multitud. Y por fin toda aquella muchedumbre comió hasta que no pudo más; y por lo mismo también aquellos que habían proporcionado los siete artículos alimenticios que habían sido multiplicados. ¡Y lo que quedó aun sirvió para llenar doce canastas hasta sobrarse! Ahora suponed que esos individuos hubieran dicho: "¿Qué bien pueden hacer estos pocos panes y peces a tan gran muchedumbre? Además los necesitamos para nuestras esposas e hijos que se hallan aquí con nosotros oprimidos por el hambre. No los. podemos dar." ¡Pero no! Los entregaron, y fue mucho más lo que ellos y los suyos recibieron de la comida milagrosa que aquello con lo que habían contribuido a la misma. ¡Y no cabe duda de que tenían cierto derecho sobre las doce canastas si deseaban hacerlo valer!
Tal es siempre el modo como Jesús y María se conducen con el alma generosa que entrega sus pobres posesiones sin reservas ni condiciones. Lo dado sirve para satisfacer las necesidades de una gran multitud. Por otra parte, las necesidades e intenciones que uno tenía, quedan satisfechas de sobra, y todavía aparece la generosidad de Dios como desparramada.
Apresurémonos, pues, a dirigirnos a María con nuestros pobres panes y peces, y pongámoslos en sus brazos, de modo que Jesús y Ella puedan multiplicarlos para alimentar a las almas de los millones que padecen hambre en el árido desierto de este mundo.
No es necesario alterar el modo de hacer las oraciones que acostumbramos a rezar como resultado de practicar la Verdadera Devoción a María. Todavía es posible rezar por las intenciones habituales de uno y por todos los fines especiales, pero sometiéndolos en lo sucesivo a lo que María desee hacer con nuestras oraciones.
METODO DE SAN GRIGNION DE MONTFORT ACERCA DE LA CONSAGRACION TOTAL
Si deseáis llevar más lejos la práctica de esta devoción, hallaréis todo ello expuesto en el libro de San Grignion de Montfort titulado "Verdadera Devoción a María". Comenzáis esta práctica con un acto de consagración a Ella. Con dicha consagración dais a María todo cuanto poseéis en este mundo y todo cuanto tengáis en lo sucesivo. Pero notad esto: lo principal no es la recitación de dicho acto, sino el que la idea de la consagración informe vuestras vidas. Las palabras en sí mismas significan poco. El contrato que habéis hecho con María debe tener sus raíces en vuestro corazón, y debe afectar a la marcha diaria de vuestras vidas. Sois propiedad y posesión de María. Después que a Dios, todos vuestros tesoros pertenecen a Ella, y Ella dispone de vosotros y de ellos como cree conveniente; quizás os despoje enteramente de ellos. Si practicáis esta devoción con este espíritu y constancia, veréis como en vuestras vidas os acontecen cosas realmente maravillosas.
SIENDO MARIA NUESTRA MADRE, CRECEMOS MARAVILLOSAMENTE EN CRISTO
Acabamos de hablar de la multiplicación de panes y peces. Al principio hablamos de la multiplicación de seres humanos. Quince de ellos se habían reunidos y colocado bajo el cuidado de esta fecundísima Virgen, y como por arte de magia han quedado multiplicados hasta convertirse en millares y millares de legionarios. Hallaréis que estos milagros de multiplicación se repetirán en vuestras propias vidas si os disponéis para ello del mismo modo. Entregad totalmente vuestras vidas a esta fecunda Virgen, y serán a su vez fecundas, y todo cuanto haya en ellas será utilizado para la mayor gloria de Dios.
¿Y cuán valiosos no serán vuestros esfuerzos para la Legión? Ellos servirán para propagarla por todas partes, llevando con ella a todos los lugares el amor de María, de modo que en el curso de los anos el gran número de aquellos que han tratado con poca cortesía -con toda conciencia y de lo profundo de sus corazones, y respaldando su declaración con las obras de sus vidas- repetirán esas palabras: "Soy todo tuyo, Reina mía, Madre mía, y todo cuanto tengo tuyo es."
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