|
CAPITULO XV
LA ESCUELA CATOLICA
Os proclaman la esperanza
del mundo; confiemos en que no se trata de una esperanza vana, de una
ilusión.
Toda escuela genuinamente católica tiene el poder de influir en el
mundo entero. Sin embargo, nuestros principios y ambiciones han
descendido tanto, que esa afirmación parecerá ridícula. No obstante
en ese sentido voy a seguir hablando.
Mas, primeramente, debemos estar seguros de que cuando hablamos de la
educación católica realmente nos referimos todos a la misma cosa. Es
posible emplear la misma expresión y no obstante querer decir cosas
enteramente diferentes. Comienzo definiendo el objeto de la educación
católica como una forja de cristianos, cada uno de los cuales es un
soldado con el ineludible deber de trabajar y de luchar, no tanto por si
mismo como por los demás. Una segunda nota esencial del cristianismo
debe ser la de conquista, no una mera conservación de cuanto poseemos.
Estas no son expresiones meramente académicas, sino una declaración de
los principios esenciales del cristianismo de cuya puesta en práctica
depende no sólo la posibilidad de influir en el mundo, sino la
supervivencia de la religión en el mundo.
EL FIN DE LA EDUCACION
CATOLICA
Dicho eso, permitidme
formularos la siguiente pregunta elemental: ¿Cuáles son vuestros propósitos
con respecto a vuestros discípulos? ¡Extraño! No sabéis que
contestar. Vuestras mentes no están provistas de una fórmula con la
que responder al instante. No permitiríais que nadie considerase esa
vacilación como una mala señal. Replicaríais que no todos se hallan
dispuestos en el plazo de un segundo a hacer de testigos ante un
tribunal; no todos tienen almacenadas ordenadamente sus ideas como fórmulas
fáciles de manejar. Cierto, no hay duda de que eso es así con respecto
a los detalles secundarios de la vida, pero sin duda no ocurre lo mismo
con relación a los más importantes. ¿Cómo se llama usted? ¿Dónde
vive? ¿Cuál es su profesión? La generalidad de las personas responde
sin tener que ordenar previamente sus pensamientos. Con la misma rapidez
deberían contestar el maestro o la maestra católicos a la pregunta de
primordial importancia para él o ella: ¿A qué aspiras? A este
respecto la vacilación significa que no os habéis propuesto con
claridad a vosotros mismos vuestro objetivo. Eso es fatal. Pues
indudablemente el éxito depende de la energía a su vez depende de la
convicción; y supongo que es una verdad incontestable decir que la
convicción depende de un objetivo visto con nitidez. En una palabra, si
vuestro objetivo es vago, es físicamente imposible aspirar a él, y es
psicológicamente imposible que pongáis en juego vuestras energías.
¿QUE ES UN BUEN
CATOLICO?
Cuanto acabamos de decir
supone que vuestros objetivos no están bien definidos, si bien son
rectos. Mas eso a menudo lleva consigo funestas consecuencias. Vuestros
objetivos pueden ser erróneos, y por lo mismo podéis estar haciendo un
daño positivo a la causa cristiana que tan ardientemente deseáis
promover. Por ejemplo, muchos de vosotros se contentan en la práctica
con hacer lo que ellos llaman "buenos católicos", palabras
que constituyen una difamación para la Iglesia, pues por ellas
entienden los personas que practican la religión pero que por lo demás
permanecen inactivas. ¿Cómo puede aplicarse la palabra
"buenos" a quienes no constituyen un modelo, a quienes
suprimen la nota característica del cristianismo que es la de la
servicialidad, ayuda y acercamiento? Este cristianismo a medias es con
frecuencia designado mediante la frase "cumplimiento del deber
individual", expresión que contiene una peligrosa falsedad, a
saber, suponer que el verdadero deber queda con eso cumplido; lo cual de
hecho no es cierto; en verdad si reflexionáis acerca de ello veréis
que es lo mismo que hablar de comer y no de trabajar. De aplicación
universal es el siguiente comentario que acerca de su país hace un
escritor en el número de mayo de 1945 de la American Ecclesiastical
Review.
"El presente programa educacional, se dice con franqueza, se limita
a inculcar en el estudiante la convicción de que su primordial y prácticamente
única incumbencia, es salvar su propia alma. No se le habla mucho
respecto a su obligación de «santificar a otros como él querría
santificarse a sí mismo». El estudiante termina sus cursos tras habérsele
imbuido profundamente su deber de «amar a Dios sobre todas las cosas»,
pero habiéndosele inculcado poco el de «amar a su prójimo como a sí
mismo», si no es en el sentido de que debe socorrer con dinero o con
otra ayuda material a los pobres. Incluso rara vez se le ocurre pensar
en que posee en su interior esa verdad por la que los hombres están
suspirando, o en que muchos con quienes alterna diariamente no
participarán jamás en su vida de esa verdad si él no se la comunica
aunque sólo sea en pequen a dosis.
''Una amiga nuestra se graduó recientemente con brillante calificación
en un importante colegio católico. Sentía la religión y era sumamente
piadosa. Pero para ella el gran don de la fe era algo meramente privado.
Sólo de un modo muy vago admitía que dicho don pertenecía a los demás
tanto como a ella. Comulgaba diariamente. Pero también en este aspecto
sus miras quedaban restringidas más o menos a «Dios y a mí misma».
Nunca advirtió el hecho de que más de 1.300.000.000 de los seres
humanos que pueblan la tierra no podrán jamás comulgar ni una vez en
su vida sencillamente porque Cristo nunca había sido llevado a ellos
como le había sido llevado a ella."
DEGENERACION DE LOS IDEALES
Multitud de personas
viven en un nivel bajísimo tanto en el aspecto religioso como en
cualquier otro aspecto. Considerad el siguiente experimento.
Recientemente un grupo de personas importantes dedicó cierto tiempo a
tratar de elaborar una fórmula práctica acerca de cultura popular. He
aquí la conclusión a que por fin llegaron: «Debería considerarse
culta la persona que poseyera profundos conocimientos acerca de una
materia cualquiera; que sintiera entusiasmo por ella; que se sirviera de
ella para elevar su vida; y que no careciera de sentimientos
religiosos." Observaréis que no seria necesario ser literato para
estar conforme con esa fórmula; y probablemente se concederá que uno
que no se conforme con ella difícilmente puede comprender que esté
llevando una vida muy superior a la de una simple planta. No obstante un
examen adecuado descubrirá el hecho de que después de una formación
cristiana de siglos la mayoría de los pueblos no se atienen a un
principio que sólo exige que se hallen realmente interesados por algo
que poco a poco les eleve.
¡Todo eso no es tan
bueno! Sin embargo algunas escuelas casi son tan responsables de ese
estado de cosas como si deliberadamente lo hubieran provocado. Pues hay
un punto en el que la irreflexión, la indiferencia, las preocupaciones
por las cosas de este mundo, llegan a ser imputables. De no ser por
casualidad, no vamos a convertirnos en un tipo de persona de vida más
elevada de la que tenemos intención de poseer. Es más, debido al hecho
de que ni siquiera con nuestros mejores esfuerzos conseguimos acercarnos
a nuestros ideales, obtendremos necesariamente resultados inferiores a
los que deseamos; de modo que si sólo pensamos en llegar a ser católicos
que practiquen la religión, el resultado será, generalmente, que
quedaremos más bajos que esa meta tan pobre. Pues este constante ir a
menos continúa de generación en generación, hasta que al fin llegamos
tan abajo en este aspecto que podemos darnos por contentos si la mitad
de los miembros de la Acción Católica (que es, no lo olvidéis, el
APOSTOLADO organizado por los fieles) sigue asistiendo a Misa y acercándose
a recibir los Sacramentos.
Absurdo? No, es la realidad. Así es como en muchos sitios se han
degenerado los principios, de manera que aun los más celosos se rigen
por esos falsos principios y creen que no se puede llevar a cabo nada
que sea más elevado. Una persona muy santa e influyente en cierto,
escrito que ha sido divulgado, considera como algo cómico (por hallarse
tan divorciado de lo práctico): a) la idea del acercamiento religioso,
directo, a los que no practican o a los no creyentes, y la de hablarles
sin rodeos acerca de la Santa Misa y de los Sacramentos así como de las
diferentes devociones de la Iglesia; b) el proponer a los legionarios
una espiritualidad que se aproxima a la del sacerdote o religiosa. Ideas
tales como la a y b, dice la autoridad en cuestión, sólo manifiestan
"cuán radicalmente distinta es la Legión de nuestro movimientos
de Acción Católica; el clima psicológico de cada una de ellas es
totalmente diferente."
Todos cuantos leéis estas páginas os halláis aclimatados a ese
"clima de la Legión" y probablemente veis en los métodos de
la Legión un reflejo del tradicional apostolado cristiano que siempre
habló con valentía acerca de asuntos de religión a aquellos a quienes
se acercaba. Por lo mismo, encontraréis dificultad en simpatizar con el
tipo de apostolado apuntado arriba, y probablemente, incluso en
comprenderlo. Pero ese tipo de apostolado es ordinario en muchos países,
y en ellos prosigue su camino a lo largo de esas líneas extrañas de no
hablar sobre asuntos de religión, de la Misa, de los Sacramentos, de la
Iglesia. Sin embargo no hacen más que hablar de sus esperanzas de
convertir a las masas, suceso que no tiene ni tendrá lugar mediante esa
mentalidad pusilánime, neutralizada y naturalizada, esto es, hasta que
el Evangelio no se convierta en nuestra norma.
¿ESTA LA IGLESIA PERDIENDO TERRENO?
Examinemos ahora la situación del mundo. Frecuentemente el mundo se ha
visto a sí mismo en el pasado al borde de una crisis cuando en realidad
no hacía mas que experimentar las sacudidas y los crecientes dolores de
la vida. Mas ahora parece como si estuviéramos en vísperas de algo
peor comparable, por ejemplo, a la situación en tiempos del
mahometismo, del protestantismo, o de la Revolución Francesa. Al
presente la mayor pesadilla la constituye el comunismo, que comenzó
después de la Primera Guerra Mundial y que ahora parece estarse
internacionalizando por completo. Pero aun sin esta amenaza, el panorama
sería para intimidamos ante la expansión del materialismo a expensas
de la religión. El protestantismo puede decirse que ha venido a menos
como fuerza religiosa, pero no hemos conseguido ninguna ventaja con su
desintegración. La irreligión ha ganado todas las puestas del juego.
Del mismo modo, las religiones paganas de Asia y África están
desembocando en el materialismo. Están surgiendo nuevos vicios que
ponen en peligro a la humanidad. Generalmente los "ismos" están
en auge. En conjunto la Iglesia está perdiendo terreno. Los signos
esperanzadores son escasos.
Esos colores son oscuros, pero uno podría pintar la escena todavía más
oscura y no obstante quedar justificado. Nuestras reacciones
individuales tendrán lugar conforme a la manera de ser de nuestra mente
-esto es, defensivas u ofensivas, y hasta podría decir- pasivas o
activas.
MOVILIZAD AL LAICADO
Quizás se insista en que esta situación tiene su solución en el gran
número de vocaciones para el estado sacerdotal o religioso que en
muchos países esta surgiendo, y en las que muchas escuelas creen hallar
su justificación. De este modo, se espera, el mundo descristianizado
será ganado de nuevo para la fe y ésta llevada hasta los confines del
mundo pagano.
Pero las lecciones que nos da la Historia no alimenta Ia esperanza de
que semejante conquista sea conseguida por un ejército cristiano cuyos
oficiales son los únicos que hacen la guerra en tanto que la tropa se
contenta con vestir el uniforme. Mi opinión es que nunca, nunca serán
convertidos los países paganos ni se reconquistaran los que se han
perdido si se considera que el problema en cuestión se resuelve únicamente
suministrando sacerdotes y religiosas, extranjeros o nativos. Si en esas
regiones inconcebiblemente extensas no se moviliza al laicado para la
obra de la evangelización, entonces esos países no se convertirán jamás.
He ahí a China, donde la obra del Evangelio lleva progresando durante
400 años, donde se ha ganado tan relativamente pocos adeptos. Para
convertir a China, sería necesario convertir anualmente un número
mucho mayor que el de la total población católica de dicho país. Un
acercamiento parcial a la obra de la evangelización tendrá siempre
resultados parciales. Dice Pío XI: "¿Qué habrían hecho aquellos
Doce, perdidos en la inmensidad del mundo, si no hubieran reunido en
torno suyo a hombres y mujeres, a jóvenes y ancianos diciéndoles:
"Llevamos con nosotros el tesoro del Cielo. Ayudadnos a
desparramarlo por el mundo"?"
No es el ardor de los pocos y más selectos, por grande que sea, lo que
va a convertir al mundo. Pues esto requiere la cooperación de los
fieles. Y este principio tiene aplicación lo mismo en nuestros países
que en los de misiones. Si la población en alguna parte es
irresponsable, inactiva (y estos dos términos son permutables entre
si), entonces la Iglesia de ese lugar no se halla sana; está en peligro
y más pronto o más tarde ese peligro hará presa en ella.
RESPONSABILIDAD DE LOS MAESTROS CATOLICOS
¿Tenéis alguna responsabilidad o parte en estas cosas? Creo que la tenéis
en el sentido de que sois vosotros quienes estáis creando ese
enervamiento o no producís material de fermentación o conversión. ¿Qué
están haciendo los millones y millones de jóvenes que todos los anos
lanzáis al mar de la vida? Muy pocos de ellos hacen sentir su presencia
del modo conveniente. He aquí ahora la terrible reflexión que hay que
hacer acerca de eso: Si vuestros ex-alumnos están desempeñando papeles
tan sin relieve dentro de sus propias esferas, a fortiori no desempeñarán
papel alguno en esa cruzada mundial de que hemos estado hablando. Y,
viceversa, si formáis auténticos cristianos, a cada uno de los cuales
el Padre Plus define como aquél a quien Dios ha confiado el cuidado de
su prójimo, entonces estáis contribuyendo a cristianizar el mundo. Si
se aplica este principio a la educación en general, ¿resistirá ésta
la prueba? Debo decir "No." Y no importa cuál sea el número
de sacerdotes y religiosos a que el sistema en cuestión pueda apuntar
con el dedo y con orgullo al mismo tiempo, ello no altera cuanto he
dicho. En primer lugar, el peor sistema de educación católica no puede
menos de fomentar las vocaciones. En segundo lugar, no es del fervor de
los sacerdotes y religiosos de donde depende la conversión del mundo, o
la conservación de la fe, sino de la eficacia del ejército cristiano
del que las personas consagradas son los jefes, y el laicado la tropa.
Los interesados en la educación deberían asimilar y adoptar como
principio básico aquellas axiomáticas palabras de Newman: "En
todos los tiempos el laicado ha representado la medida del espíritu católico."
CONTAD CON LA GRACIA Y ESPERAD MILAGROS
Asimismo observo que se tiene un concepto erróneo respecto a la
naturales de la Gracia. Me parece que en la práctica la Gracia es
considerada meramente como una cualidad que embellece al alma -como por
supuesto hace- pero no como algo que al mismo tiempo encierra dinamismo.
Esto significa que se atribuye valor insuficiente a la Gracia como
factor para tratar con lo difícil o imposible. Por lo que he podido
comprobar, la actitud corriente incluso entre personas muy buenas es la
de determinar la dificultad de una situación simplemente mediante
normas humanas, y la de volver atrás si dicha dificultad se presenta
como demasiado grande. Por lo mismo no se da lugar a que se verifique el
hecho cierto de que la Gracia suplirá lo que el esfuerzo no puede
llevar a cabo. Como consecuencia inevitable retrocedemos ante las tareas
realmente formidables; y por supuesto todo cuanto merece la pena entra
dentro de esta categoría. Si no creemos que una cosa puede hacerse, no
la emprendemos con convicción; y por eso el mundo sigue sin convertirse
y sus problemas sin resolverse.
La Iglesia es una institución que obra milagros, esto es, su fuerte
consiste el hacer frente a lo imposible y superarlo. Su misión consiste
en ir en busca de todos y cada uno de los hombres y hacerles entrega de
la verdad salvadora, en convertir a los inicuos y en dar solución a los
problemas. Todo esto, y más, puede entrar dentro de sus facultades.
Pero notadlo bien: dentro de sus facultades, esto es, en cuanto cuerpo.
Un puñado de personas no llevará a cabo esa gran obra de la Iglesia.
Se necesita una cooperación apropiada. Incuestionablemente, hoy, esa
cooperación en la obra de la Iglesia no la está llevando a cabo el
laicado. Ese desastroso estancamiento tiene que ser remediado. El
ejemplo de la Legión puede dar la solución.
LO QUE LA LEGION HA HECHO
¿Es esto un sueno? Yo digo que no, y os voy a mostrar suficientemente
que mi parecer está justificado. La demostración se basa en cuanto la
Legión de María ha llevado ya a cabo en esta primera época, poco
después de echados sus cimientos. No me refiero a la mera expansión de
esta organización, aunque ha sido considerable. Esto ha sido
infinitamente menos importante que sus conquistas en el terreno de los
principios. Me atrevo a decir que dichas conquistas son de importancia
capital. Estas han dilucidado y hecho populares y prácticas cosas de
las que se podría haber dicho que eran solamente teóricas puesto que
en tan pequeña escala estaban siendo practicadas, ya que no obstante
representaban algo vital para la vida de la Iglesia. He aquí algunas de
ellas: a) La irrefutable demostración de la doctrina acerca de que la
Iglesia es apostólica en sus miembros -no meramente en los más
selectos- sino en los más ordinarios e incluso en los subnormales, los
iletrados, los afligidos y hasta los de mala conducta; b) la mezcla de
razas, clases sociales y toda suerte de supuestas incompatibilidades; c)
las relaciones entre el clero y el laicado en las empresas apostólicas;
d) la popularización de la doctrina del Cuerpo Místico; e) lo mismo
respecto al papel esencial desempeñado por la Santísima Virgen; f) la
solución al problema de la Acción Católica en las misiones; g) su
afortunada intervención en la empresa ordenada por Dios de atender a
los más pequeños", esto es, a las clases inferiores y
abandonadas; h) la elevación de la posición de la mujer en la obra
apostólica, esto es, la Legión no sólo recibe a las mujeres como
colaboradoras lo mismo que a los hombres sino que las enaltece y recibe
con agrado sus directrices. En el campo de las misiones la Legión está
en realidad contribuyendo a la elevación de la mujer de modo análogo a
lo que llevó a cabo el cristianismo en sus primeros tiempos; i) su
afortunado acercamiento a los no católicos; j) en general el hecho de
que trata de inculcar el principio fundamental acerca de que el pastor
no debe permanecer en su moderno redil con la única buena oveja sino
que debe salir en busca de las noventa y nueve que corren el peligro de
perderse para siempre. Hay que ir en busca de toda alma y perseverar en
su evangelización.
No expongo lo que precede con el fin de volver la brisa a favor de las
velas de la Legión. Me veo obligado a ello por la necesidad de aducir
una prueba positiva respecto a que todas las personas pueden ser
movilizadas para el apostolado con la misma eficacia que cuando todo un
pueblo es movilizado para la guerra. Habiendo expuesto cuanto he dicho
acerca de la Legión, ya no volveré a hacerlo de nuevo.
EDUCAD PARA EL APOSTOLADO
Sea por lo que sea, las escuelas en general o no inculcan en absoluto el
deber de hacer apostolado, o bien lo presentan de tal manera que no es
apreciado o comprendido por sus alumnos. Pero quizás ello obedezca a
que cuando estos dejan la escuela, van a parar a ambientes no apropiados
constituidos por sus padres o por la generalidad de sus conciudadanos.
Existe en ellos un punto muerto de inercia. El esfuerzo para lograr que
este principio de responsabilidad se abra paso por entre la multitud es
considerado como si fuera una especie de chifladura; y no deja de
manifestarse desprecio y aun faltas de respeto con relación al apóstol
laico. Todo esto seria bastante grave aunque no se buscase más que la
santificación personal, que requiere llevar a cabo apostolado. Pero se
hace aterrador desde el momento que aquellos en que ya he insistido es
fundamental para nuestros propósitos actuales, esto es, que todo el que
colabora en el apostolado está contribuyendo a la propagación y
mantenimiento de la religión en el mundo; y viceversa. De modo que todo
el que no colabora en este sentido corre el riesgo de escuchar aquellas
palabras condenatorias:
"Apartaos de mí", que resuenan en el capítulo veinticinco
del Evangelio de San Mateo.
Día tras día los niños se Sientan delante de vosotros, bebiendo en lo
que decís. ¿Se empapan de ese sentimiento vital de la responsabilidad
cristiana? ¿Se les propone al menos esa idea? Generalmente no. Marcharán
a un mundo lleno de problemas espantosos, cada uno de los cuales lleva
tantas almas a la perdición o a las tinieblas, pero con respecto a los
cuales ellos no experimentarán sentimiento alguno de responsabilidad
personal.
He aquí un par de esos problemas: la prostitución, el protestantismo,
los hombres y las mujeres abandonadas. ¡Graves males que exigen solución!
No obstante ¿quiénes se sienten responsables de ellos? Os asombraríais
si pudierais comprobar hasta qué extremo estos problemas son totalmente
ignorados o bien dejados en el aire. Admitido que alguien es responsable
de ellos. Pero siempre lo será alguien más. El público echará
despreocupadamente esa responsabilidad sobre la Iglesia, el Estado o las
instituciones benéficas, como si dichos organismos fueran madrinas mágicas
que no tuvieran nada que ver con nosotros. Si por fin se intenta dar
solución a estos problemas, ello es debido generalmente al factor
personal, esto es, a un impulso interior y no a haberlo aprendido en la
escuela. En ese caso la educación no ha servido para nada en este
aspecto.
Junto con la falta de responsabilidad va naturalmente la molicie, la
cobardía, y una actitud generalmente negativa con respecto al mal. La
suprema aspiración en este sentido es denunciar ese mal, urgir la
remoción de la tentación u ocasión. Por lo mismo de nuevo defiendo
aquí ese principio fundamental nuestro: En la medida en que cada cual
deje de contribuir a la solución de esos problemas, estos continuaran
sin resolverse y complicándose cada vez más.
EL APOSTOLADO NO SIEMPRE ES CONSECUENCIA DE LOS CONOCIMIENTOS SOBRE
RELIGION
Podemos seguir un camino fatalmente erróneo si confundimos los
conocimientos sobre religión con el apostolado. El argumento más
corriente es el siguiente: "Si comunicamos a esta persona
conocimientos acerca de religión, éstos serán irradiados del mismo
modo que el calor comunicado al agua se difunde automáticamente por un
edificio." Esa es una analogía sumamente falsa. En primer lugar,
si os contentáis con calentar una caldera sin procuraros al mismo
tiempo un sistema de radiadores, ese calor no saldrá del local donde se
halla la caldera. En segundo lugar, los hombres no irradian automáticamente
los conocimientos que poseen. Esto tiene especial aplicación en lo
referente a los conocimientos sobre religión, debido a la presencia de
la timidez o del respeto humano. En realidad con frecuencia he observado
que cuantos más conocimientos religiosos posee una persona, tanto menos
inclinada es a difundirlos. Por lo tanto estoy convencido -y os rogaría
que meditaseis sobre este punto fundamental de que la enseñanza de la
doctrina cristiana no constituye un medio automático de evangelización.
No es más que como el calor de la caldera de esa planta de calefacción
central. Hay que añadir un sistema de radiadores que difunda el calor.
En el campo del apostolado, ese sistema de radiadores debe estar provisto
de una determinada maquinaria apostólica que asigne el trabajo, lo
controle, y que generalmente encauce los conocimientos y las
convicciones por canales prácticos. Esta idea constituyó el lema del
pontificado de Pío XI. Este Papa insistió en que no era suficiente
enseñar la doctrina cristiana al pueblo y decirle que el verdadero
cristianismo requería llevar a cabo apostolado; era necesario organizar
el apostolado del mismo modo que era preciso organizarse para una
guerra. Esta era la esencia del concepto que el Papa tenía de la Acción
Católica.
EL APOSTOLADO NO SIEMPRE REQUIERE EXTENSOS CONOCIMIENTOS
Una segunda opinión errónea es la que sostiene que el pueblo debe
estar muy bien instruido para que sea capaz de hacer apostolado. Esto
asolaría la Iglesia; pues aunque fuera posible reunir a todas las
personas bien instruidas, estas son pocas en número, lo cual no haría
más que llevarnos de nuevo a repudiar el principio cristiano de que
todos han sido bautizados para el apostolado.
Aquello de que "nadie da lo que no tiene" parece plausible.
Pero es engañoso si sugiere que lo único que hay que hacer es
comunicar conocimientos. Por supuesto, para comunicar conocimientos es
preciso poseer estos. Pero semejante enseñanza constituye solamente una
pequeña porción del apostolado en general. Principalmente éste
consiste en incitar al bien, en inculcar convicciones, en exponer hechos
fundamentales, todo lo cual entra muy bien dentro de la capacidad de la
persona normal y aun de la subnormal.
LA ORACION NO DEBE RESTAR IMPORTANCIA A LA ACCION
No hay que presentar nunca la oración a los niños de tal manera que
parezca excluir o restar importancia a la acción, ni se debe sugerir
que la acción no es una oración. Está bien que se diga que la oración
es el remedio para todo. Pero no permitáis que el pueblo infiera de
esto que su única responsabilidad respecto al mundo de los que sufren y
de las almas necesitadas consiste en rezar unas pocas oraciones. Esto
sería pretender librarnos de una manera muy cómoda de las grandes
fatigas y zozobras mediante las que debemos descargarnos de nuestra
responsabilidad con relación al apostolado. Debemos rezar y trabajar al
mismo tiempo. La verdadera filosofía en esta materia se halla expresada
en aquellas gráficas palabras de Santo Tomás Moro: "Dame, Señor,
la gracia de trabajar por las cosas por las cuales oro."
EL APOSTOLADO Y LA MEDIACION DE MARIA
Otro obstáculo para un mejor cumplimiento de este deber consiste en una
actitud defectuosa para con la Santísima Virgen, a quien la Iglesia nos
presenta como la Madre de la Divina Gracia, la Mediadora de las Gracias.
Lo cual supone que Ella desempeña en el orden de la Gracia una función
análoga a la que la naturaleza cumple por la ley de la gravedad. En
otras palabras, ninguna acción de la Gracia, bien se dirija a Dios,
bien proceda de Dios, tiene lugar más que mediante Ella. Conforme se ha
declarado en una sesión reciente de la Congregación de Ritos, esta
mediación de Nuestra Señora es hoy día defendida por todos los teólogos
en la Iglesia. Habiéndolo Dios dispuesto así, exige asimismo que
reconozcamos esta verdad tratando de comprenderla y haciéndola objeto
de nuestra veneración. Si no hacemos esto, el flujo de la Gracia queda
restringido, quizás a un mero gotear en vez de constituir un autentico
torrente. ¿Es apreciado o tenido en cuenta en la práctica este lugar
estratégico que ocupa Nuestra Señora? ¿Procuran los educadores darlo
a conocer? En general, yo diría que no. Quizás se replique que se
lleva a cabo la enseñanza del catecismo. Pero el catecismo no es más
que un simple esqueleto, que tenéis que revestir de carne.
Respecto a Nuestra Señora las enseñanzas no deben girar simplemente en
torno a sugerir que podemos ser devotos de Ella. El cristianismo es una
religión en que debemos ser devotos de Ella. Además, no debemos
considerarla meramente dentro de la categoría de los santos, ni
siquiera como la principal de todos ellos. No es ésta la categoría de
Nuestra Señora; Ella es la auxiliar de Cristo y semejante a Él, como
el Libro del Génesis dice de Eva con relación a Adán. Es más, su
intercesión no sólo es eficaz y conveniente. Es esencial y universal.
Es obvio que esto debe dar lugar a otro fundamental principio de educación.
Si se facilita al pueblo un conocimiento inadecuado acerca de Nuestra Señora,
se verá privado de algo que es esencial para él. Queda mas o menos
privado de su Madre. Pues María sólo puede ser por completo su Madre
en la medida en que aprecie el papel que Ella desempeña. Los rezos, por
muchos que sean, no sirven de compensación por faltar ese elemento
esencial de la debida apreciación.
Muchos acostumbraban a argumentar que ésta era una doctrina demasiado
elevada, comprensible tan sólo por personas escogidas. Mas en la sesión
de la Congregación de Ritos, ya mencionada, se ha afirmado lo
contrario.
VALUACION DE LA EDUCACION
Naturalmente objetaréis que el excesivo numero de alumnos constituye un
primer obstáculo para poder hacer por ellos cuanto deseáis. Otra
dificultad consiste en el hecho de que los padres insisten en la educación
literaria, ¡al parecer a cualquier precio! Pero yo no pretendo en
absoluto que se dedique más tiempo a la enseñanza de la doctrina
cristiana. No creo que eso influya en cuanto estamos diciendo. Se trata
de comunicar espíritu, no precisamente conocimientos. El mal está en
que la educación suministra doctrina, pero no el espíritu ni el
sentido de una misión religiosa. Está proporcionando conocimientos sin
el sentido de la responsabilidad y del deber con respecto a otras almas,
que es lo mismo que tener un automóvil y carecer de gasolina para el
motor.
Pero si se comunica ese espíritu, entonces no hay ninguna
incompatibilidad ni choque alguno entre la instrucción escolar y el
apostolado. En realidad, ambos se alimentan y crecen juntos. Cuanto
mejor sea el espíritu de un alumno o alumna, tanto más brillantes
resultados obtendrá en sus estudios, aparte del hecho de que seria
propio de impíos no creer que Dios en semejante caso -como hizo en el
de Judit- contribuirá a los éxitos.
El valor de la educación esta en obtener soldados cristianos, esto es,
apóstoles. En la medida en que esa educación no cumpla con este fin,
podréis juzgar de su fracaso. No se pretende que seáis meros
educadores. Ni siquiera sois educadores católicos, esto es, con la
palabra "católicos" como adjetivo. Para vosotros "católicos"
esa palabra no debe ser ningún adjetivo, sino vida auténtica. Para
vosotros, educación debe significar el medio con el que tratáis de
convertir a todo niño en otro Cristo, que cristianizará al mundo y
que, si es preciso, sufrirá y morirá en el cumplimiento de esa misión.
Es envilecer la educación el emplearla para obtener católicos
meramente convencionales cuya energía potencial en el mundo esté
indicada por la cifra 1 -a saber, su salvación- mientras que si
pensamos en el servicio en provecho del mundo, ese potencial debe ser
muchas, muchísimas veces esa cifra 1.
|