CAPITULO XV LA ESCUELA CATOLICA

Os proclaman la esperanza del mundo; confiemos en que no se trata de una esperanza vana, de una ilusión.
Toda escuela genuinamente católica tiene el poder de influir en el mundo entero. Sin embargo, nuestros principios y ambiciones han descendido tanto, que esa afirmación parecerá ridícula. No obstante en ese sentido voy a seguir hablando.
Mas, primeramente, debemos estar seguros de que cuando hablamos de la educación católica realmente nos referimos todos a la misma cosa. Es posible emplear la misma expresión y no obstante querer decir cosas enteramente diferentes. Comienzo definiendo el objeto de la educación católica como una forja de cristianos, cada uno de los cuales es un soldado con el ineludible deber de trabajar y de luchar, no tanto por si mismo como por los demás. Una segunda nota esencial del cristianismo debe ser la de conquista, no una mera conservación de cuanto poseemos. Estas no son expresiones meramente académicas, sino una declaración de los principios esenciales del cristianismo de cuya puesta en práctica depende no sólo la posibilidad de influir en el mundo, sino la supervivencia de la religión en el mundo.

EL FIN DE LA EDUCACION CATOLICA

Dicho eso, permitidme formularos la siguiente pregunta elemental: ¿Cuáles son vuestros propósitos con respecto a vuestros discípulos? ¡Extraño! No sabéis que contestar. Vuestras mentes no están provistas de una fórmula con la que responder al instante. No permitiríais que nadie considerase esa vacilación como una mala señal. Replicaríais que no todos se hallan dispuestos en el plazo de un segundo a hacer de testigos ante un tribunal; no todos tienen almacenadas ordenadamente sus ideas como fórmulas fáciles de manejar. Cierto, no hay duda de que eso es así con respecto a los detalles secundarios de la vida, pero sin duda no ocurre lo mismo con relación a los más importantes. ¿Cómo se llama usted? ¿Dónde vive? ¿Cuál es su profesión? La generalidad de las personas responde sin tener que ordenar previamente sus pensamientos. Con la misma rapidez deberían contestar el maestro o la maestra católicos a la pregunta de primordial importancia para él o ella: ¿A qué aspiras? A este respecto la vacilación significa que no os habéis propuesto con claridad a vosotros mismos vuestro objetivo. Eso es fatal. Pues indudablemente el éxito depende de la energía a su vez depende de la convicción; y supongo que es una verdad incontestable decir que la convicción depende de un objetivo visto con nitidez. En una palabra, si vuestro objetivo es vago, es físicamente imposible aspirar a él, y es psicológicamente imposible que pongáis en juego vuestras energías.

¿QUE ES UN BUEN CATOLICO?

Cuanto acabamos de decir supone que vuestros objetivos no están bien definidos, si bien son rectos. Mas eso a menudo lleva consigo funestas consecuencias. Vuestros objetivos pueden ser erróneos, y por lo mismo podéis estar haciendo un daño positivo a la causa cristiana que tan ardientemente deseáis promover. Por ejemplo, muchos de vosotros se contentan en la práctica con hacer lo que ellos llaman "buenos católicos", palabras que constituyen una difamación para la Iglesia, pues por ellas entienden los personas que practican la religión pero que por lo demás permanecen inactivas. ¿Cómo puede aplicarse la palabra "buenos" a quienes no constituyen un modelo, a quienes suprimen la nota característica del cristianismo que es la de la servicialidad, ayuda y acercamiento? Este cristianismo a medias es con frecuencia designado mediante la frase "cumplimiento del deber individual", expresión que contiene una peligrosa falsedad, a saber, suponer que el verdadero deber queda con eso cumplido; lo cual de hecho no es cierto; en verdad si reflexionáis acerca de ello veréis que es lo mismo que hablar de comer y no de trabajar. De aplicación universal es el siguiente comentario que acerca de su país hace un escritor en el número de mayo de 1945 de la American Ecclesiastical Review.
"El presente programa educacional, se dice con franqueza, se limita a inculcar en el estudiante la convicción de que su primordial y prácticamente única incumbencia, es salvar su propia alma. No se le habla mucho respecto a su obligación de «santificar a otros como él querría santificarse a sí mismo». El estudiante termina sus cursos tras habérsele imbuido profundamente su deber de «amar a Dios sobre todas las cosas», pero habiéndosele inculcado poco el de «amar a su prójimo como a sí mismo», si no es en el sentido de que debe socorrer con dinero o con otra ayuda material a los pobres. Incluso rara vez se le ocurre pensar en que posee en su interior esa verdad por la que los hombres están suspirando, o en que muchos con quienes alterna diariamente no participarán jamás en su vida de esa verdad si él no se la comunica aunque sólo sea en pequen a dosis.
''Una amiga nuestra se graduó recientemente con brillante calificación en un importante colegio católico. Sentía la religión y era sumamente piadosa. Pero para ella el gran don de la fe era algo meramente privado. Sólo de un modo muy vago admitía que dicho don pertenecía a los demás tanto como a ella. Comulgaba diariamente. Pero también en este aspecto sus miras quedaban restringidas más o menos a «Dios y a mí misma». Nunca advirtió el hecho de que más de 1.300.000.000 de los seres humanos que pueblan la tierra no podrán jamás comulgar ni una vez en su vida sencillamente porque Cristo nunca había sido llevado a ellos como le había sido llevado a ella."


DEGENERACION DE LOS IDEALES

Multitud de personas viven en un nivel bajísimo tanto en el aspecto religioso como en cualquier otro aspecto. Considerad el siguiente experimento. Recientemente un grupo de personas importantes dedicó cierto tiempo a tratar de elaborar una fórmula práctica acerca de cultura popular. He aquí la conclusión a que por fin llegaron: «Debería considerarse culta la persona que poseyera profundos conocimientos acerca de una materia cualquiera; que sintiera entusiasmo por ella; que se sirviera de ella para elevar su vida; y que no careciera de sentimientos religiosos." Observaréis que no seria necesario ser literato para estar conforme con esa fórmula; y probablemente se concederá que uno que no se conforme con ella difícilmente puede comprender que esté llevando una vida muy superior a la de una simple planta. No obstante un examen adecuado descubrirá el hecho de que después de una formación cristiana de siglos la mayoría de los pueblos no se atienen a un principio que sólo exige que se hallen realmente interesados por algo que poco a poco les eleve.

¡Todo eso no es tan bueno! Sin embargo algunas escuelas casi son tan responsables de ese estado de cosas como si deliberadamente lo hubieran provocado. Pues hay un punto en el que la irreflexión, la indiferencia, las preocupaciones por las cosas de este mundo, llegan a ser imputables. De no ser por casualidad, no vamos a convertirnos en un tipo de persona de vida más elevada de la que tenemos intención de poseer. Es más, debido al hecho de que ni siquiera con nuestros mejores esfuerzos conseguimos acercarnos a nuestros ideales, obtendremos necesariamente resultados inferiores a los que deseamos; de modo que si sólo pensamos en llegar a ser católicos que practiquen la religión, el resultado será, generalmente, que quedaremos más bajos que esa meta tan pobre. Pues este constante ir a menos continúa de generación en generación, hasta que al fin llegamos tan abajo en este aspecto que podemos darnos por contentos si la mitad de los miembros de la Acción Católica (que es, no lo olvidéis, el APOSTOLADO organizado por los fieles) sigue asistiendo a Misa y acercándose a recibir los Sacramentos.
Absurdo? No, es la realidad. Así es como en muchos sitios se han degenerado los principios, de manera que aun los más celosos se rigen por esos falsos principios y creen que no se puede llevar a cabo nada que sea más elevado. Una persona muy santa e influyente en cierto, escrito que ha sido divulgado, considera como algo cómico (por hallarse tan divorciado de lo práctico): a) la idea del acercamiento religioso, directo, a los que no practican o a los no creyentes, y la de hablarles sin rodeos acerca de la Santa Misa y de los Sacramentos así como de las diferentes devociones de la Iglesia; b) el proponer a los legionarios una espiritualidad que se aproxima a la del sacerdote o religiosa. Ideas tales como la a y b, dice la autoridad en cuestión, sólo manifiestan "cuán radicalmente distinta es la Legión de nuestro movimientos de Acción Católica; el clima psicológico de cada una de ellas es totalmente diferente."
Todos cuantos leéis estas páginas os halláis aclimatados a ese "clima de la Legión" y probablemente veis en los métodos de la Legión un reflejo del tradicional apostolado cristiano que siempre habló con valentía acerca de asuntos de religión a aquellos a quienes se acercaba. Por lo mismo, encontraréis dificultad en simpatizar con el tipo de apostolado apuntado arriba, y probablemente, incluso en comprenderlo. Pero ese tipo de apostolado es ordinario en muchos países, y en ellos prosigue su camino a lo largo de esas líneas extrañas de no hablar sobre asuntos de religión, de la Misa, de los Sacramentos, de la Iglesia. Sin embargo no hacen más que hablar de sus esperanzas de convertir a las masas, suceso que no tiene ni tendrá lugar mediante esa mentalidad pusilánime, neutralizada y naturalizada, esto es, hasta que el Evangelio no se convierta en nuestra norma.

¿ESTA LA IGLESIA PERDIENDO TERRENO?

Examinemos ahora la situación del mundo. Frecuentemente el mundo se ha visto a sí mismo en el pasado al borde de una crisis cuando en realidad no hacía mas que experimentar las sacudidas y los crecientes dolores de la vida. Mas ahora parece como si estuviéramos en vísperas de algo peor comparable, por ejemplo, a la situación en tiempos del mahometismo, del protestantismo, o de la Revolución Francesa. Al presente la mayor pesadilla la constituye el comunismo, que comenzó después de la Primera Guerra Mundial y que ahora parece estarse internacionalizando por completo. Pero aun sin esta amenaza, el panorama sería para intimidamos ante la expansión del materialismo a expensas de la religión. El protestantismo puede decirse que ha venido a menos como fuerza religiosa, pero no hemos conseguido ninguna ventaja con su desintegración. La irreligión ha ganado todas las puestas del juego. Del mismo modo, las religiones paganas de Asia y África están desembocando en el materialismo. Están surgiendo nuevos vicios que ponen en peligro a la humanidad. Generalmente los "ismos" están en auge. En conjunto la Iglesia está perdiendo terreno. Los signos esperanzadores son escasos.
Esos colores son oscuros, pero uno podría pintar la escena todavía más oscura y no obstante quedar justificado. Nuestras reacciones individuales tendrán lugar conforme a la manera de ser de nuestra mente -esto es, defensivas u ofensivas, y hasta podría decir- pasivas o activas.

MOVILIZAD AL LAICADO

Quizás se insista en que esta situación tiene su solución en el gran número de vocaciones para el estado sacerdotal o religioso que en muchos países esta surgiendo, y en las que muchas escuelas creen hallar su justificación. De este modo, se espera, el mundo descristianizado será ganado de nuevo para la fe y ésta llevada hasta los confines del mundo pagano.
Pero las lecciones que nos da la Historia no alimenta Ia esperanza de que semejante conquista sea conseguida por un ejército cristiano cuyos oficiales son los únicos que hacen la guerra en tanto que la tropa se contenta con vestir el uniforme. Mi opinión es que nunca, nunca serán convertidos los países paganos ni se reconquistaran los que se han perdido si se considera que el problema en cuestión se resuelve únicamente suministrando sacerdotes y religiosas, extranjeros o nativos. Si en esas regiones inconcebiblemente extensas no se moviliza al laicado para la obra de la evangelización, entonces esos países no se convertirán jamás. He ahí a China, donde la obra del Evangelio lleva progresando durante 400 años, donde se ha ganado tan relativamente pocos adeptos. Para convertir a China, sería necesario convertir anualmente un número mucho mayor que el de la total población católica de dicho país. Un acercamiento parcial a la obra de la evangelización tendrá siempre resultados parciales. Dice Pío XI: "¿Qué habrían hecho aquellos Doce, perdidos en la inmensidad del mundo, si no hubieran reunido en torno suyo a hombres y mujeres, a jóvenes y ancianos diciéndoles: "Llevamos con nosotros el tesoro del Cielo. Ayudadnos a desparramarlo por el mundo"?"
No es el ardor de los pocos y más selectos, por grande que sea, lo que va a convertir al mundo. Pues esto requiere la cooperación de los fieles. Y este principio tiene aplicación lo mismo en nuestros países que en los de misiones. Si la población en alguna parte es irresponsable, inactiva (y estos dos términos son permutables entre si), entonces la Iglesia de ese lugar no se halla sana; está en peligro y más pronto o más tarde ese peligro hará presa en ella.

RESPONSABILIDAD DE LOS MAESTROS CATOLICOS

¿Tenéis alguna responsabilidad o parte en estas cosas? Creo que la tenéis en el sentido de que sois vosotros quienes estáis creando ese enervamiento o no producís material de fermentación o conversión. ¿Qué están haciendo los millones y millones de jóvenes que todos los anos lanzáis al mar de la vida? Muy pocos de ellos hacen sentir su presencia del modo conveniente. He aquí ahora la terrible reflexión que hay que hacer acerca de eso: Si vuestros ex-alumnos están desempeñando papeles tan sin relieve dentro de sus propias esferas, a fortiori no desempeñarán papel alguno en esa cruzada mundial de que hemos estado hablando. Y, viceversa, si formáis auténticos cristianos, a cada uno de los cuales el Padre Plus define como aquél a quien Dios ha confiado el cuidado de su prójimo, entonces estáis contribuyendo a cristianizar el mundo. Si se aplica este principio a la educación en general, ¿resistirá ésta la prueba? Debo decir "No." Y no importa cuál sea el número de sacerdotes y religiosos a que el sistema en cuestión pueda apuntar con el dedo y con orgullo al mismo tiempo, ello no altera cuanto he dicho. En primer lugar, el peor sistema de educación católica no puede menos de fomentar las vocaciones. En segundo lugar, no es del fervor de los sacerdotes y religiosos de donde depende la conversión del mundo, o la conservación de la fe, sino de la eficacia del ejército cristiano del que las personas consagradas son los jefes, y el laicado la tropa. Los interesados en la educación deberían asimilar y adoptar como principio básico aquellas axiomáticas palabras de Newman: "En todos los tiempos el laicado ha representado la medida del espíritu católico."

CONTAD CON LA GRACIA Y ESPERAD MILAGROS

Asimismo observo que se tiene un concepto erróneo respecto a la naturales de la Gracia. Me parece que en la práctica la Gracia es considerada meramente como una cualidad que embellece al alma -como por supuesto hace- pero no como algo que al mismo tiempo encierra dinamismo. Esto significa que se atribuye valor insuficiente a la Gracia como factor para tratar con lo difícil o imposible. Por lo que he podido comprobar, la actitud corriente incluso entre personas muy buenas es la de determinar la dificultad de una situación simplemente mediante normas humanas, y la de volver atrás si dicha dificultad se presenta como demasiado grande. Por lo mismo no se da lugar a que se verifique el hecho cierto de que la Gracia suplirá lo que el esfuerzo no puede llevar a cabo. Como consecuencia inevitable retrocedemos ante las tareas realmente formidables; y por supuesto todo cuanto merece la pena entra dentro de esta categoría. Si no creemos que una cosa puede hacerse, no la emprendemos con convicción; y por eso el mundo sigue sin convertirse y sus problemas sin resolverse.

La Iglesia es una institución que obra milagros, esto es, su fuerte consiste el hacer frente a lo imposible y superarlo. Su misión consiste en ir en busca de todos y cada uno de los hombres y hacerles entrega de la verdad salvadora, en convertir a los inicuos y en dar solución a los problemas. Todo esto, y más, puede entrar dentro de sus facultades. Pero notadlo bien: dentro de sus facultades, esto es, en cuanto cuerpo. Un puñado de personas no llevará a cabo esa gran obra de la Iglesia. Se necesita una cooperación apropiada. Incuestionablemente, hoy, esa cooperación en la obra de la Iglesia no la está llevando a cabo el laicado. Ese desastroso estancamiento tiene que ser remediado. El ejemplo de la Legión puede dar la solución.

LO QUE LA LEGION HA HECHO

¿Es esto un sueno? Yo digo que no, y os voy a mostrar suficientemente que mi parecer está justificado. La demostración se basa en cuanto la Legión de María ha llevado ya a cabo en esta primera época, poco después de echados sus cimientos. No me refiero a la mera expansión de esta organización, aunque ha sido considerable. Esto ha sido infinitamente menos importante que sus conquistas en el terreno de los principios. Me atrevo a decir que dichas conquistas son de importancia capital. Estas han dilucidado y hecho populares y prácticas cosas de las que se podría haber dicho que eran solamente teóricas puesto que en tan pequeña escala estaban siendo practicadas, ya que no obstante representaban algo vital para la vida de la Iglesia. He aquí algunas de ellas: a) La irrefutable demostración de la doctrina acerca de que la Iglesia es apostólica en sus miembros -no meramente en los más selectos- sino en los más ordinarios e incluso en los subnormales, los iletrados, los afligidos y hasta los de mala conducta; b) la mezcla de razas, clases sociales y toda suerte de supuestas incompatibilidades; c) las relaciones entre el clero y el laicado en las empresas apostólicas; d) la popularización de la doctrina del Cuerpo Místico; e) lo mismo respecto al papel esencial desempeñado por la Santísima Virgen; f) la solución al problema de la Acción Católica en las misiones; g) su afortunada intervención en la empresa ordenada por Dios de atender a los más pequeños", esto es, a las clases inferiores y abandonadas; h) la elevación de la posición de la mujer en la obra apostólica, esto es, la Legión no sólo recibe a las mujeres como colaboradoras lo mismo que a los hombres sino que las enaltece y recibe con agrado sus directrices. En el campo de las misiones la Legión está en realidad contribuyendo a la elevación de la mujer de modo análogo a lo que llevó a cabo el cristianismo en sus primeros tiempos; i) su afortunado acercamiento a los no católicos; j) en general el hecho de que trata de inculcar el principio fundamental acerca de que el pastor no debe permanecer en su moderno redil con la única buena oveja sino que debe salir en busca de las noventa y nueve que corren el peligro de perderse para siempre. Hay que ir en busca de toda alma y perseverar en su evangelización.

No expongo lo que precede con el fin de volver la brisa a favor de las velas de la Legión. Me veo obligado a ello por la necesidad de aducir una prueba positiva respecto a que todas las personas pueden ser movilizadas para el apostolado con la misma eficacia que cuando todo un pueblo es movilizado para la guerra. Habiendo expuesto cuanto he dicho acerca de la Legión, ya no volveré a hacerlo de nuevo.

EDUCAD PARA EL APOSTOLADO

Sea por lo que sea, las escuelas en general o no inculcan en absoluto el deber de hacer apostolado, o bien lo presentan de tal manera que no es apreciado o comprendido por sus alumnos. Pero quizás ello obedezca a que cuando estos dejan la escuela, van a parar a ambientes no apropiados constituidos por sus padres o por la generalidad de sus conciudadanos. Existe en ellos un punto muerto de inercia. El esfuerzo para lograr que este principio de responsabilidad se abra paso por entre la multitud es considerado como si fuera una especie de chifladura; y no deja de manifestarse desprecio y aun faltas de respeto con relación al apóstol laico. Todo esto seria bastante grave aunque no se buscase más que la santificación personal, que requiere llevar a cabo apostolado. Pero se hace aterrador desde el momento que aquellos en que ya he insistido es fundamental para nuestros propósitos actuales, esto es, que todo el que colabora en el apostolado está contribuyendo a la propagación y mantenimiento de la religión en el mundo; y viceversa. De modo que todo el que no colabora en este sentido corre el riesgo de escuchar aquellas palabras condenatorias:
"Apartaos de mí", que resuenan en el capítulo veinticinco del Evangelio de San Mateo.

Día tras día los niños se Sientan delante de vosotros, bebiendo en lo que decís. ¿Se empapan de ese sentimiento vital de la responsabilidad cristiana? ¿Se les propone al menos esa idea? Generalmente no. Marcharán a un mundo lleno de problemas espantosos, cada uno de los cuales lleva tantas almas a la perdición o a las tinieblas, pero con respecto a los cuales ellos no experimentarán sentimiento alguno de responsabilidad personal.

He aquí un par de esos problemas: la prostitución, el protestantismo, los hombres y las mujeres abandonadas. ¡Graves males que exigen solución! No obstante ¿quiénes se sienten responsables de ellos? Os asombraríais si pudierais comprobar hasta qué extremo estos problemas son totalmente ignorados o bien dejados en el aire. Admitido que alguien es responsable de ellos. Pero siempre lo será alguien más. El público echará despreocupadamente esa responsabilidad sobre la Iglesia, el Estado o las instituciones benéficas, como si dichos organismos fueran madrinas mágicas que no tuvieran nada que ver con nosotros. Si por fin se intenta dar solución a estos problemas, ello es debido generalmente al factor personal, esto es, a un impulso interior y no a haberlo aprendido en la escuela. En ese caso la educación no ha servido para nada en este aspecto.

Junto con la falta de responsabilidad va naturalmente la molicie, la cobardía, y una actitud generalmente negativa con respecto al mal. La suprema aspiración en este sentido es denunciar ese mal, urgir la remoción de la tentación u ocasión. Por lo mismo de nuevo defiendo aquí ese principio fundamental nuestro: En la medida en que cada cual deje de contribuir a la solución de esos problemas, estos continuaran sin resolverse y complicándose cada vez más.

EL APOSTOLADO NO SIEMPRE ES CONSECUENCIA DE LOS CONOCIMIENTOS SOBRE RELIGION

Podemos seguir un camino fatalmente erróneo si confundimos los conocimientos sobre religión con el apostolado. El argumento más corriente es el siguiente: "Si comunicamos a esta persona conocimientos acerca de religión, éstos serán irradiados del mismo modo que el calor comunicado al agua se difunde automáticamente por un edificio." Esa es una analogía sumamente falsa. En primer lugar, si os contentáis con calentar una caldera sin procuraros al mismo tiempo un sistema de radiadores, ese calor no saldrá del local donde se halla la caldera. En segundo lugar, los hombres no irradian automáticamente los conocimientos que poseen. Esto tiene especial aplicación en lo referente a los conocimientos sobre religión, debido a la presencia de la timidez o del respeto humano. En realidad con frecuencia he observado que cuantos más conocimientos religiosos posee una persona, tanto menos inclinada es a difundirlos. Por lo tanto estoy convencido -y os rogaría que meditaseis sobre este punto fundamental de que la enseñanza de la doctrina cristiana no constituye un medio automático de evangelización. No es más que como el calor de la caldera de esa planta de calefacción central. Hay que añadir un sistema de radiadores que difunda el calor. En el campo del apostolado, ese sistema de radiadores debe estar pro­visto de una determinada maquinaria apostólica que asigne el trabajo, lo controle, y que generalmente encauce los conocimientos y las convicciones por canales prácticos. Esta idea constituyó el lema del pontificado de Pío XI. Este Papa insistió en que no era suficiente enseñar la doctrina cristiana al pueblo y decirle que el verdadero cristianismo requería llevar a cabo apostolado; era necesario organizar el apostolado del mismo modo que era preciso organizarse para una guerra. Esta era la esencia del concepto que el Papa tenía de la Acción Católica.

EL APOSTOLADO NO SIEMPRE REQUIERE EXTENSOS CONOCIMIENTOS

Una segunda opinión errónea es la que sostiene que el pueblo debe estar muy bien instruido para que sea capaz de hacer apostolado. Esto asolaría la Iglesia; pues aunque fuera posible reunir a todas las personas bien instruidas, estas son pocas en número, lo cual no haría más que llevarnos de nuevo a repudiar el principio cristiano de que todos han sido bautizados para el apostolado.

Aquello de que "nadie da lo que no tiene" parece plausible. Pero es engañoso si sugiere que lo único que hay que hacer es comunicar conocimientos. Por supuesto, para comunicar conocimientos es preciso poseer estos. Pero semejante enseñanza constituye solamente una pequeña porción del apostolado en general. Principalmente éste consiste en incitar al bien, en inculcar convicciones, en exponer hechos fundamentales, todo lo cual entra muy bien dentro de la capacidad de la persona normal y aun de la subnormal.

LA ORACION NO DEBE RESTAR IMPORTANCIA A LA ACCION

No hay que presentar nunca la oración a los niños de tal manera que parezca excluir o restar importancia a la acción, ni se debe sugerir que la acción no es una oración. Está bien que se diga que la oración es el remedio para todo. Pero no permitáis que el pueblo infiera de esto que su única responsabilidad respecto al mundo de los que sufren y de las almas necesitadas consiste en rezar unas pocas oraciones. Esto sería pretender librarnos de una manera muy cómoda de las grandes fatigas y zozobras mediante las que debemos descargarnos de nuestra responsabilidad con relación al apostolado. Debemos rezar y trabajar al mismo tiempo. La verdadera filosofía en esta materia se halla expresada en aquellas gráficas palabras de Santo Tomás Moro: "Dame, Señor, la gracia de trabajar por las cosas por las cuales oro."

EL APOSTOLADO Y LA MEDIACION DE MARIA

Otro obstáculo para un mejor cumplimiento de este deber consiste en una actitud defectuosa para con la Santísima Virgen, a quien la Iglesia nos presenta como la Madre de la Divina Gracia, la Mediadora de las Gracias. Lo cual supone que Ella desempeña en el orden de la Gracia una función análoga a la que la naturaleza cumple por la ley de la gravedad. En otras palabras, ninguna acción de la Gracia, bien se dirija a Dios, bien proceda de Dios, tiene lugar más que mediante Ella. Conforme se ha declarado en una sesión reciente de la Congregación de Ritos, esta mediación de Nuestra Señora es hoy día defendida por todos los teólogos en la Iglesia. Habiéndolo Dios dispuesto así, exige asimismo que reconozcamos esta verdad tratando de comprenderla y haciéndola objeto de nuestra veneración. Si no hacemos esto, el flujo de la Gracia queda restringido, quizás a un mero gotear en vez de constituir un autentico torrente. ¿Es apreciado o tenido en cuenta en la práctica este lugar estratégico que ocupa Nuestra Señora? ¿Procuran los educadores darlo a conocer? En general, yo diría que no. Quizás se replique que se lleva a cabo la enseñanza del catecismo. Pero el catecismo no es más que un simple esqueleto, que tenéis que revestir de carne.

Respecto a Nuestra Señora las enseñanzas no deben girar simplemente en torno a sugerir que podemos ser devotos de Ella. El cristianismo es una religión en que debemos ser devotos de Ella. Además, no debemos considerarla meramente dentro de la categoría de los santos, ni siquiera como la principal de todos ellos. No es ésta la categoría de Nuestra Señora; Ella es la auxiliar de Cristo y semejante a Él, como el Libro del Génesis dice de Eva con relación a Adán. Es más, su intercesión no sólo es eficaz y conveniente. Es esencial y universal.

Es obvio que esto debe dar lugar a otro fundamental principio de educación. Si se facilita al pueblo un conocimiento inadecuado acerca de Nuestra Señora, se verá privado de algo que es esencial para él. Queda mas o menos privado de su Madre. Pues María sólo puede ser por completo su Madre en la medida en que aprecie el papel que Ella desempeña. Los rezos, por muchos que sean, no sirven de compensación por faltar ese elemento esencial de la debida apreciación.

Muchos acostumbraban a argumentar que ésta era una doctrina demasiado elevada, comprensible tan sólo por personas escogidas. Mas en la sesión de la Congregación de Ritos, ya mencionada, se ha afirmado lo contrario.

VALUACION DE LA EDUCACION

Naturalmente objetaréis que el excesivo numero de alumnos constituye un primer obstáculo para poder hacer por ellos cuanto deseáis. Otra dificultad consiste en el hecho de que los padres insisten en la educación literaria, ¡al parecer a cualquier precio! Pero yo no pretendo en absoluto que se dedique más tiempo a la enseñanza de la doctrina cristiana. No creo que eso influya en cuanto estamos diciendo. Se trata de comunicar espíritu, no precisamente conocimientos. El mal está en que la educación suministra doctrina, pero no el espíritu ni el sentido de una misión religiosa. Está proporcionando conocimientos sin el sentido de la responsabilidad y del deber con respecto a otras almas, que es lo mismo que tener un automóvil y carecer de gasolina para el motor.
Pero si se comunica ese espíritu, entonces no hay ninguna incompatibilidad ni choque alguno entre la instrucción escolar y el apostolado. En realidad, ambos se alimentan y crecen juntos. Cuanto mejor sea el espíritu de un alumno o alumna, tanto más brillantes resultados obtendrá en sus estudios, aparte del hecho de que seria propio de impíos no creer que Dios en semejante caso -como hizo en el de Judit- contribuirá a los éxitos.

El valor de la educación esta en obtener soldados cristianos, esto es, apóstoles. En la medida en que esa educación no cumpla con este fin, podréis juzgar de su fracaso. No se pretende que seáis meros educadores. Ni siquiera sois educadores católicos, esto es, con la palabra "católicos" como adjetivo. Para vosotros "católicos" esa palabra no debe ser ningún adjetivo, sino vida auténtica. Para vosotros, educación debe significar el medio con el que tratáis de convertir a todo niño en otro Cristo, que cristianizará al mundo y que, si es preciso, sufrirá y morirá en el cumplimiento de esa misión.

Es envilecer la educación el emplearla para obtener católicos meramente convencionales cuya energía potencial en el mundo esté indicada por la cifra 1 -a saber, su salvación- mientras que si pensamos en el servicio en provecho del mundo, ese potencial debe ser muchas, muchísimas veces esa cifra 1.