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CAPITULO XVII
PERFECCION POR MARIA
La idea característica de la obra de nuestra Legión es la de que constituye un canal para la Maternidad de María. En primer lugar, Ella nos tiene a nosotros como objeto primario de sus cuidados. Nosotros nos sometemos a María y Ella nos forma amorosamente a semejanza de su Hijo. En segundo lugar, hace uso de esos dóciles instrumentos como medio para extender a los demás su influencia maternal. Esas dos operaciones son en realidad una sola; van estrechamente unidas entre sí; de modo que si María no puede obrar mediante nosotros, tampoco obra en nosotros. Líguese de aquí que debemos entregarnos a sus solicitudes maternales tanto como nos sea posible, hasta el punto de que debemos darle carta blanca en el asunto. El Manual insiste en que nuestras obras deberían tener la cualidad de excelencia; y yo diría: de perfección.
DEBEMOS ASPIRAR A LA PERFECCION
La perfección es una palabra que nos intimida. No obstante, Santo Tomás de Aquino afirma que quien no aspira a la perfección, peca. Observad bien que no exige "que se alcance la perfección", sino solamente que se aspire a ella. Y es posible hacer un intento.
Llevarlo a cabo es fundamental para la Legión, cuya propia vida depende del esfuerzo. Si el corazón no lucha convulsivamente e incesantemente por lanzar la sangre a través de las venas nuestra vida seria vacilante, lánguida, ¡suponiendo que se mantuviera en pie!
Por lo mismo debemos aspirar a la perfección. Esta constituye una idea aterradora, pues sugiere que debemos dar a nuestra naturaleza una nueva forma al precio de grandes penalidades y de una lucha sin descanso. Pero no es preciso pagar semejante precio. No escaláis una montaña por la pendiente mas costosa que es la más pronunciada, sino dando rodeos, aunque os cueste más tiempo. Del mismo modo el camino hacia la perfección es cuestión de acondicionamiento mental, por lo cual entiendo que hay que proveer al entendimiento de motivos adecuados, y luego contar con métodos apropiados.
¿QUE ES LA PERFECCION?
El genio ha sido definido como la capacidad infinita de llevar a cabo trabajos. La perfección podría definirse como una constante atención al detalle. Miguel Ángel decía que las menudencias dan lugar a la perfección, pero que la perfección no es ninguna menudencia. ¿Es difícil esa intensa atención al detalle? No puede serlo desde el momento que es la característica de todo buen artífice. Trasladad esa especie de artesanía al plano de lo espiritual, y tendréis al santo. La humanidad viene a ser como un rebaño que obra siempre de un modo uniforme. Tratad de sobresalir no más que un poco por encima de esa uniformidad y el mundo os proclamará "grandes". Haced lo mismo en el orden de lo espiritual y os distinguiréis ante los ojos de Dios.
No hago un juego de palabras si digo que el motivo de esa aspiración a la perfección deben constituirlo nuestros motivos. Si nuestros motivos no están en orden y no son vívidos para nosotros, no es posible ningún esfuerzo continuado. No es suficiente que nuestro motivo sea un vago amor de Dios. Nuestro motivo debe ser toda la doctrina cristiana, en el sentido de que debemos poseer un razonable conocimiento de lo que yo podría llamar los orígenes y aventuras de la gracia divina. Deberíamos tener una noción de cada una de las diferentes Personas Divinas, del Cuerpo Místico, de la Maternidad de Nuestra Señora. Esto es necesario si realmente aspiramos a sobresalir de entre los demás. Pero ese sencillo nivel de conocimientos se halla a nuestro alcance. Por ejemplo, se encuentra en las páginas de vuestro Manual. Asimilad esas ideas y en ellas encontrareis vuestros motivos. Esto es propio de vuestra condición de simples cristianos, prescindiendo en absoluto de que pretendáis la perfección.
Pero, ¿por qué este empleo del nombre de María como si Ella fuera en sí misma un motivo? San Luis María de Montfort dedica muchas páginas a explicar por qué. Yo las resumo y añado algo. Cuando decimos "María" nunca excluimos a Jesús. Seria una operación mentalmente imposible para los católicos imaginar a María prescindiendo de Jesús. Pero es posible decir "Jesús" y excluir la idea de María en diferentes grados, a saber, desde el católico que tiene una deficiente idea del papel que desempeña María hasta el protestante que prescinde de Ella por completo. Hacer esto último es desvirtuar el mensaje cristiano, como miles de sectás tan trágicamente han conseguido llevar esto a cabo. Por lo mismo no está de más que hagamos con frecuencia una digresión para insistir en la presencia de María.
PERFECCION CON MARIA
Dije antes que toda la doctrina cristiana debe ser el motivo de nuestras acciones. María representa admirablemente a toda esa doctrina cristiana. Esto puede resumirse en la simple idea de que estamos continuamente trabajando en unión con María por su Hijo. Nosotros constituimos para Ella un medio para alimentar, servir y dar cualquier cosa a su Hijo. Es claro que si hemos de contribuir a que María desempeñe esa función, debemos compenetramos plenamente con ésta. Debemos esforzarnos por empaparnos del espíritu de María y, por llevar a cabo nuestras labores conforme a su método. Trabajamos conforme a su espíritu, teniéndola al menos indirectamente en nuestro pensamiento en todo tiempo, y directamente algunas veces. Trabajamos conforme a su método tratando de hacer bien todo en la forma en que podríamos imaginarnos que Ella lo haría.
El oficio maternal de María comprende todas las gracias; ocupase aún de la más "microscópica" de ellas. Esto quiere decir que nuestra vida la estamos viviendo ante su mirada, y que está sujeta a su vigilante cuidado, en un grado tal de unión que sobrepasa con mucho a la maternidad humana, y ni siquiera nos la podemos imaginar. Por tanto no es algo que excede a la realidad, sino que se queda muy corto respecto a ella, el describir a María como hallándose con nosotros en todas nuestras ocupaciones, asistiendo con su mente a nuestra mente y con sus manos a nuestras manos, algo así como una madre sostendría las manos de su hijito para que éste pudiera hacer bien las cosas.
Si nos convencemos de que esa acción de María y la nuestra van íntimamente unidas, y que cada una de ellas influye en la otra, es imperioso que la nuestra no falle. En la medida en que esto suceda, la labor de María, por así decirlo, quedaría perjudicada. ¡Pues seria casi lo mismo que si tomásemos sus manos y la forzáramos a obrar negligentemente! ¡Lo cual no debe ser! Por tanto nuestros actos deben ser de una calidad razonablemente buena y ser ejecutados con la intención de hacerlos participar en el cuidado continuo que María tiene de su Hogar Místico y de sus hijos.
Pero, ¿es ese grado de concentración posible, y de serlo, no llevaría consigo un esfuerzo violento de la mente que acabaría por hacerse intolerable? Me atrevo a responder que es posible ese grado de concentración, y que éste no debería suponer un esfuerzo violento si se lleva a cabo como es debido. Repito que el verdadero artífice va de una manera completamente natural tras la perfección de su obra a la que da esos toques adicionales que producen dicha perfección. Por otra parte, no supone ningún esfuerzo para el verdadero artista el ir tras la perfección de su obra.
BUSCAD LA PERFECCION DE VUESTROS ACTOS
Pero surge una objeción. Quizás aleguemos que la perfección no es para nosotros, del mismo modo que no todos los hombres son artistas. Pero aquí debe hacerse una gran distinción; no estamos trabajando de un modo puramente material, ni se nos juzga sólo por la obra que hemos llegado a realizar. Obtenemos ya grandes beneficios por parte de nuestras intenciones si ponemos junto con ellas el debido esfuerzo; de modo que a los ojos de Dios cada uno de nosotros es un artista en potencia.
Por lo mismo trabajemos como haría el auténtico artista. Debemos hacer que todo acto, por simple que sea, llegue a ser perfecto, a fin de que sirva para la fecunda maternidad de María y le habilite para que derrame su magnificencia" sobre nosotros. Y, ¿cuál es esa magnificencia sino el Espíritu Santo que está con María y a quien Ella da?
¿Cómo hay que comunicar la perfección a toda la serie interminable de movimientos que se llevan a cabo a lo largo del día? ¿Cómo cumplir perfectamente con obligaciones tales como el cuidado de la casa, el cultivo del campo, el ejercicio de un arte, el trabajo en una oficina, el de vender en una tienda, el de cuidar de una máquina u otra labor cualquiera que se realice? ¿Acaso esas cosas no entran dentro de un programa de perfección? No tendríais razón para pensar así. Es posible poner en cada una de estas ocupaciones tanto esmero (y quizás mas espíritu) que el que Miguel Ángel puso en sus obras maestras. Externamente sus obras tienen una perfección que las nuestras no tienen. Pero hay que insistir en que la intención la está viendo Dios. Si nuestro grado de esmero fuera igual que el del artista, y si nuestra intención fuera más elevada que la suya, entonces nuestra obra seria más perfecta. ¡Cosa extraña! Pues su obra continuará cautivando siempre la admiración, en tanto que ese esfuerzo nuestro, una vez llevado a cabo, probablemente no habrá dejado recuerdo alguno entre los hombres.
Por tanto existe una especie de técnica. Una vez la hayáis probado durante algún tiempo, quizás podáis emplear otra que os venga mejor a vosotros.
PERFECCION POR MARIA
Conservad viva en vuestra mente de un modo general esa intención de PERFECCION POR MARIA. Aspirad constantemente a hacer bien las cosas, del mismo modo que haría un artífice que quisiera poderse sentir orgulloso de su obra. Después, a cada nuevo descanso o pausa natural o punto de transición, añadid al trabajo algo que sea una expresión consciente y deliberada de vuestro deseo de perfección. Este algo no necesita que sea mas que un pequeño toque que se lleva a cabo en un segundo pero que sea ejecutado con específica advertencia del fin a que se espira. Para hacer que esa advertencia sea concreta y, con el tiempo, habitual, debe ser cristalizada en una frase o hasta en una palabra que repetiréis en vuestro interior cuando deis ese pequeño toque adicional. Sugiero la fórmula: "Perfección por María."
¡Infantil! ¡Sí, si es que la Sicología es infantil! ¿Es el método infantil? ¿Son las jaculatorias infantiles? ¿Es el Ofrecimiento de la Mañana infantil? La fórmula sugerida trata de hacer con intensidad para una serie de acciones lo que el Ofrecimiento de la Mañana hace de un modo más general.
Este sencillo procedimiento simbólico es de importancia. Es un complemento. Hace las veces de ese aditamento que establece la diferencia entre un buen trabajo ordinario y la perfección. Ese signo externo es lo que necesitamos de vez en cuando para acordarnos de nuestra intención y objetivo. De tales signos tenemos necesidad a intervalos regulares para que arraigue en nosotros una intención e influya en nuestra conducta.
LOS PEQUEÑOS DETALLES
¿De qué clase tienen que ser esos pequeños detalles complementarios? Dado que las ocupaciones son sumamente diferentes y los modos de pensar de los hombres todavía más diversos, hay que dejar a la iniciativa individual el método a seguir. Pero os voy a proponer algunos ejemplos a modo de trampolín. Estos pueden consistir en frotar algo más lo que estamos secando, en dar alguna puntada más a la labor, en añadir un nuevo adorno, en sacar algo más de brillo a lo que estamos limpiando, en atar unos cordones sueltos, en dar un poco mas de aceite, en hacer una limpieza final, en un embellecimiento, en un acto de cortesía. O bien en lo que sigue: Después de habernos aseado, sentimos el impulso irresistible de tirar de cualquier manera la toalla y el jabón. Pero así como hemos procurado asearnos bien, debemos tratar de que esa acción acabe asimismo bien. En parte esto se conseguirá dejando la toalla y el jabón como es debido en sus respectivos sitios. ¿Infantil? ¿Acaso María trataría los enseres de su casa de cualquier forma, como suele hacer un escolar? Algunos de nosotros van dejando tras sí las cosas como se supone que las dejan los duendecillos.
El artista daría sus toques complementarios porque juzgaría que constituían los pasos necesarios para alcanzar la meta de la perfección. En vuestro caso es posible que, humanamente hablando, no sean necesarios. Porque paséis una vez más el paño por el plato que estáis secando puede ser que no lo dejéis mas seco de lo que estaba. Pero ello vincula vuestra operación de secar con la solicitud que pone en todo María y la hace participar del mecanismo de la Redención.
¿Resulta esto gravoso para la mente? Una vez más replico que el artífice que busca la perfección no tiene esto por gravoso, sino como un aliciente, un estimulante, un descanso. La recta intención suministra una suave acción impulsora. Para una persona que no tenga interés en nada todo le resulta un esfuerzo violento. En la medida en que vuestro corazón se aplique a la tarea que estáis llevando a cabo, ésta se os hará más fácil, facilidad que ira en aumento hasta que lleguéis a entusiasmaros por esa tarea. Si amamos a Nuestra Señora, y si podemos asociar nuestra labor a la suya y considerarla como de verdadera utilidad para Ella, entonces habremos llegado al momento en que esa labor será para nosotros todo lo contrario de una carga.
CONVERSION DEL TEDIO EN CONSUELO
Estos detalles complementarios aunque exigen mayor esfuerzo, se convierten por otra parte en energía espiritual que hace el trabajo más fácil. Es lo mismo que cuando se añade azúcar a alguna cosa amarga, haciéndola más agradable al paladar, o como cuando se inyecta aceite en una maquinaria que chirría. O mejor todavía, considerad el caso del pájaro y de sus alas. No hay duda de que esas alas añaden peso al del cuerpo del pájaro y por tanto son una carga. Pero esa carga no sólo se levanta ella misma sino asimismo al pájaro con ella, y hace que éste pueda salvar las distancias y remontarse a las alturas; en realidad, da al pájaro su verdadero significado.
Todos nosotros, como ese pájaro, necesitamos alas para alcanzar nuestro destino. Esa monótona sucesión de movimientos pueden pesar mucho en nuestra mente hasta el punto de que a veces consideremos la vida con cierto sentimiento de desesperación. Si no hacemos frente a esa rutina, ésta automáticamente restará brillo a nuestros días, y por fin destruirá nuestro espíritu. O vencemos a la rutina o ella nos vencerá a nosotros.
El principio de la perfección entra aquí en escena saludablemente. En vez de ser una carga más, lleva él la carga. Suministra un motivo para nuestro interés y esfuerzo. Convierte el tedio en consuelo. Da significado a todos los eslabones de esa fuerte cadena que nos aprieta. Abre una ventana por la que deja entrar luz a fin de que el prosaísmo aparezca lleno de color. Nos pone alas a fin de que nos remontemos a las alturas celestiales.
Si logramos alcanzarlas, habremos descubierto al mismo tiempo el secreto de la contemplación. Si la palabra "perfección" suena a algo formidable, la de contemplación aun lo parece más. La cosa en si se nos antoja inaccesible para nosotros, fuera del alcance de nuestra esfera. ¡Y no obstante qué es sino la continuada y más o menos consciente presencia de Dios! Es obvio que si a lo largo de todos los actos del día atendemos a esa nota de perfección en unión con María y por el amor de Dios, estamos prestando a Dios esa fiel atención que se denomina contemplación.
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