DEBEMOS CONOCER
A EDEL QUINN
Por el Siervo de
Dios Frank Duff,
fundador de la Legión de María
En el aniversario de la muerte de Edel Quinn, el hermano Frank Duff dio una conferencia después de una misa especial concelebrada en el Salón del Convento de Loreto, en North Great George's St., Dublin, que estaba totalmente
llena, quedándose muchos sin poder entrar.
Estos desilusionados (entre los que había algunos antiguos compañeros de Edel) expresaron su sentimiento por no poder asistir a la charla y su deseo de poder leerla impresa en el futuro. Es para nosotros ahora un placer el publicarla aquí y así ayudar a conseguir en el extranjero un conocimiento más amplío de esta alma misionera por el éxito de cuya Causa se nos pide que trabajemos y recemos.
A esta charla se le ha dado este título: "Debemos conocer a Edel Quinn". Esto plantea la pregunta: ¿Por qué debernos conocerla? Porque proporciona estímulo espiritual a todo aquel que aprende algo sobre ella. De hecho la gente parece sentirse interesada con sólo mencionar su nombre. Tiene un distintivo propio entre aquellos que han sido proclamados santos. Es difícil apuntar la causa precisa de esta influencia. Si me viese precisado a escoger algo, creo que diría que es su modernidad. En ella resalta este aspecto firmemente, y, con todo, murió en 1944, lo que parece corno si fuese hace un siglo.
Asimismo ejerce una atracción extraordinariamente amplia, algo así como si tuviera un mensaje para muchas clases de personas. Fue una inválida que contrarrestó su enfermedad durante bastantes años como para representar una de las proezas extraordinarias de la historia. Conocí a un médico que ordenó dar a leer su Vida a un paciente que había perdido su capacidad de seguir luchando. EI enfermó leyó el libro y recobró el ánimo. Me atrevería a pensar que Edel pondría en marcha el mismo espíritu en todos los enfermos. La enseñanza parecería ser la de que se les debía dar la misma receta.
¿Qué ha de sentir probablemente todo misionero que estudia a Edel? Considerando el punto de vista de la salud, me parece que seria imposible poner ante ellos un reclamo más alto, de más fuerza, más galvanizador.
Todas las virtudes femeninas brillaron fuertemente en ella. Distaba mucho de ser una mujer varonil, pero fue capaz de enseñar a los hombres en filas que deben ser responsables. Pudo exigirles respeto, entrega y obediencia. Sería aconsejable que las mujeres con autoridad, especialmente en la Legión, donde disfrutan de mucha, analicen a Edel desde este último punto de vista. Cómo ejerció esta notable influencia sin cansar a los hombres y, debemos añadir, a las mujeres también. Es fácil contestar diciendo que se debió a su estilo humilde, pero esa respuesta solamente rozaría la superficie. Y, por supuesto, es un deber que todos los legionarios tienen consigo mismos y como miembros de un grupo legionario intentar descubrir el secreto de ella. Pues fue un fruto total de la Legión, se podría decir que fue la quintaesencia de la misma. Quiero indicar que esta palabra representa un proceso de súper perfeccionamiento. De una forma extraña equivale a la Legión reducida a una persona. Si la entendéis y la imitáis, ciertamente habéis llegado al corazón de la Legión. Y no olvidéis jamás que a la Legión se le ha tributado uno de los cumplidos más delicados. El Papa Juan dijo que presenta el verdadero rostro de la Iglesia Católica.
No hay que ahondar mucho en ella para quedar favorablemente impresionado. Su belleza y encanto se ha presentado inmediatamente ante vosotros de un modo desafiante. Pero aquí tengo que hacer algunas reservas. Su belleza era de una clase exquisita y su encanto no era un mero atractivo; tampoco era un barniz ni el producto de un atento cuidado. No había rastro de artificialidad en ella. Y posiblemente con esto estamos tocando el fundamento, acercándonos a lo que más importancia tenía en ella. Cuándo la teníais ante vosotros, sabíais que no estabais contemplando una irrealidad. No se os iba a invitar a un contacto comercial. Era lo que parecía. Era sincera.
Según sabemos ahora, siempre poseyó ese factor del carácter. Sus padres lo descubrieron en su más temprana edad. Quizá su primer alborear decisivo fue cuando los reveses llegaron a su familia. No se abandonó a ningún lamento infantil por tener que abreviar su educación. Sabía lo que quería hacer. Fue a su casa de Irlanda y consiguió un empleo para obtener el dinero que se necesitaba.
Esto la colocó ante su primera aventura amorosa unilateral. No fue por parte suya, sino por parte de su joven y digno patrono francés, el cual estaba completamente chiflado por ella. Esta podría haberse desarrollado naturalmente, a no ser por el hecho de que su pensamiento estaba ya, por así decir, comprometido. La intención de hacerse clarisa cuando las circunstancias lo permitiesen, se había apoderado ya de ella.
Fue por entonces cuando se le presentó la Legión. Probablemente sabéis la historia, pero debemos repetirla por ser esencial a la visión de los hechos. Se encontró con una amiga de su juventud y la invitó a su casa. La otra no podía acudir la tarde propuesta porque tenía su reunión de la Legión de María.
¡La Legión de María! ¿Qué es eso? Aquellas pocas palabras y la explicación a que dieron lugar cambiaron la vida de Edel y las vidas de muchos; la convirtieron en una fuerza y en una leyenda mundiales. Podemos confiar plenamente que la culminación será el sello de santidad de la Iglesia. El importante oficial Vaticano que lleva la Causa escribió recientemente:
"Nunca trabajo en sus documentos sin levantarme refrescado y como nuevo por la inspiración de su maravillosa vida".
¿Qué es la Legión? Esa pregunta la condujo a su primera reunión de la Legión que, según su propia declaración, puso repentinamente ante sus ojos lo que ella había estado buscando inconscientemente. Pero no advirtió que era el momento más importante de su vida. Se presentaba su destino. Lo aceptó y se adhirió a él con una convicción total. Nunca miró atrás.
Después de algún tiempo nos llegó noticia de esta joven, cuyo espíritu era algo desacostumbrado. No la conocíamos todavía. Mandamos llamarla y charlamos durante una tarde. No mostró ningún reparo y ciertamente justificó el buen informe que se había dado de ella. Nuestro juicio fue: "Extraordinaria". Por entonces mismo se supo que el Praesidium que visitaba las casas de huéspedes de las mujeres de clase baja necesitaba un presidente que tenía que ser "súper engañador" según la frase del momento. Fue enviada allí Edel. Su llegada causó disgusto. Los socios lo ocultaron, pero se juntaron después de la reunión. Luego encargaron a su Director Espiritual, el difunto Dr. Dempsey, que fuera a la Casa Central para protestar contra el hecho de que hubiesen enviado una niña para guiarles. Él lo hizo, y luego informó a su vuelta que no le habían hecho caso; le dijeron que pronto descubrirían cuánta suerte tenían. Y así lo comprobaron al pasar el tiempo.
Entonces como un trueno sobrevino su pérdida de salud, su estancia en el sanatorio, la reanudación del trabajo, su expedición al País de Gales y África. Todo rebosante de interés y enseñanzas. Para éstas os remito al libro del Cardenal Suenens, que es una obra maestra recomendada por los mismos Papas.
Un viaje de mil leguas, dice el refrán, comienza por un solo paso. Ese paso de ingresar en la Legión la lanzó a una peregrinatio por las almas, que alcanzó muchos miles de leguas; la condujo a África; la convirtió en misionero de misioneros; y le capacitó para desarrollarse hasta su dimensión plena. Tampoco fue África sola la que había de beneficiarse. El Cardenal Riberi lo explica cuando dice: Perdida en las profundidades de la jungla africana estaba influyendo en la historia religiosa de China. Ella proporcionó la inspiración que lanzó la más grande tentativa hasta ahora para convertir al país más populoso del mundo.
Por pura fe, valor, paciencia, ánimo, celo, y todas las demás cualidades que se podrían anotar, su viaje a África la coloca al lado de los grandes santos de la historia. Y quizá en medio de esa distinguida compañía ella fue excepcional. No tantos de entre ellos desarrollaron tal multiplicación de energía y actividad de unos recursos físicos tan escasos. Cada paso que daba debió requerir un esfuerzo consciente. No obstante, en un estado de debilidad que era permanente y en un clima extenuante trabajó incesantemente. Aunque comenzaba el día más cansada de lo que la mayoría de la gente lo termina, nada le arredraba; nada arrojaba una sombra en su animoso comportamiento.
Si a intervalos se interrumpía su marcha hacia adelante, era porque su cuerpo no podía responder más a su voluntad. A muchos momentos podrían aplicarse aquellas palabras que ella dijo una vez: "No es que yo no quiera, sino que no puedo".
Como episodio de espantoso valor, recuerdo aquella vez en que su naturaleza se derrumbo y se acostó en la cama sin poder hacer nada. Mas llegó la noticia de que el obispo a quien ella quería ver había vuelto a su territorio. Ella realizó lo imposible. Se levantó y viajó cien millas para verle. Luego volvió a la cama y tuvo un nuevo colapso. Pero, ¿por cuánto tiempo? No demasiado; por el momento la vida comenzó a bullir de nuevo en ella, para que aquella imperiosa marcha se reanudara.
Pero me detengo aquí, pues, a pesar de mi intención, puede que esté dando una falsa imagen de Edel. Esto podría fácilmente sobrevenir de una acentuación excesiva de un aspecto particular con menoscabo de los otros. Quizá puedo haber estado pintándoos la imagen de una mujer de voluntad de hierro, dura consigo misma y con todos los demás, que desafiaba a la naturaleza y arrojaba las montañas de su camino. Esto no sería una interpretación atractiva del tema y estaría muy lejos de la verdad.
No había dureza en Edel, aunque había principios y firmeza. Creo de hecho que se podría decir que no era deliberadamente dura ni consigo misma, e indudablemente no era dura con los demás. Creo que fue por sus ásperos caminos por amor, no por penitencia. Y ese amor que sigue a la fe fue el gran ingrediente que había en ella. Además en la superación de sus deficiencias físicas no tuvo que hacerse tanta violencia como pudiéramos imaginar. Haciendo una conjetura de lo que estaba teniendo lugar, ella era impulsada poderosamente por un conjunto de motivos a los que su voluntad casi había cedido la dirección. Ella quería hacer cosas que otros tienen que forzarse por hacer. Lo que era esperanzador y atractivo para ella podía ser repelente para nosotros. En la generalidad de las personas lo sobrenatural tiene que abrirse paso con esfuerzo para ocupar su lugar. No creo que éste era su caso. Descubría a Dios fácil y claramente. Amaba a Jesús y a María con todas las fibras de su ser y buscaba apasionadamente lo que creía que ellos querían. Es halagador para la Legión y una especie de garantía de la misma el que todo su ser la aceptó desde el primer momento en que la vio. Representaba para ella un código de pensamiento y de acción según el cual Jesús y María querían actuar. Especialmente enseñó las doctrinas del Cuerpo Místico y de la maternidad espiritual de María. Se detuvo en su meditación hasta que se convirtieron en la atmósfera de su alma.
Dirigía a Jesús y María todas las ideas que se le presentaban. Por eso su proceso mental y sus decisiones eran rápidas y seguras. No parecía haber ninguna acumulación de motivos. No se libraba ninguna batalla. Parecía que el egoísmo y el desorden morían de raíz. Pero, si era un pensamiento santo, aun doloroso para la naturaleza, era atractivo para ella. A veces la arrastraba. Esto explica sus supuestas imprudencias.
No parecía existir en ella la influencia del miedo, y es imposible decir si se movía por los gustos y repugnancias normales. Sus emociones debieron ser fuertes a causa de la aguda sensibilidad de su sistema nervioso. Pero todo eso permanecía en su sitio sin crear problemas en cuanto uno podría juzgar. Tenía un gran amor a su familia y a sus amigos; pero, cuando llegaba el momento, dejaba a todos sin intención de volverlos a ver.
Pero ¿por qué? ¿No sería loable hacerles una visita que ellos y ella tanto deseaban? Aquí se presentaba otra consideración. No avanzaba en su salud como nos dejaba entrever. Iba perdiendo terreno constantemente y temía que si hacía aquella visita gozosa a casa, no le dejarían volver a salir. Por eso quitaba de sí esa feliz perspectiva, como si fuera una tentación.
Recordáis la vez en que se agotó la gasolina en la jungla. El chofer tuvo que ir por gasolina. Al volver después de mucho tiempo, debió esperar encontrarla completamente atemorizada. No, estaba trabajando, despachando la correspondencia y le saludó con su sonrisa habitual. Podía haber una explicación para este control que no exigía esfuerzo: Los seres del cielo estaban con ella y no había lugar para los pensamientos débiles.
Alguien podría ver aquí esa nota inhumana que ya he rechazado. Ciertamente habría pocos en la tierra que pudieran mantener tan decididamente una trayectoria. Pero era lo que la brújula de su alma le marcaba, y todo había de doblegarse a aquel mandato.
Un teorizante dijo que mostró desconsideración yendo de un lado para otro durante casi ocho años con los pulmones en el estado que los tenía. La conclusión es que iba llevando la infección a todas partes. En realidad, nunca se ha indicado que alguno de los que estuvieron en contacto con ella contrajera esa enfermedad. Ella misma debió tener alguna iluminación interior sobre este particular; pues, si hubiese creído que era un peligro para los demás, se hubiera retirado al desierto.
Me atrevería a decir que esa consideración con los demás fue algo esencial en ella. Simplemente no me la podría imaginar mostrando el más ligero grado de desconsideración con nadie. En la entrevista que el Cardenal Suenens tuvo con todos los miembros de su familia les preguntó: ¿Cuál era su característica especial? La madre contestó sin dudar: "Su falta de egoísmo". El Cardenal preguntó entonces a qué edad comenzó a manifestarse esta cualidad. La contestación de la madre fue que la tuvo desde su más temprana edad. El Cardenal objetó que los niños muy pequeños eran animalitos egoístas que tenían que aprender a corregir sus criterios de los adultos. A esto toda la familia unida insistió en que nunca habían conocido a Edel ser de otra manera, sino desinteresada.
Hay un hecho que ilustra otro aspecto suyo. Fue antes de ostentar el cargo de enviada, cuando había caído enferma y estaba en el sanatorio. Un enfermo había muerto inesperadamente durante la noche y la joven enfermera responsable acudió corriendo en busca de ayuda a Edel, que estaba dormida, en vez ir a su recurso más natural, la enfermera jefe. Esto tiene un significado extraño. Edel fue el pensamiento que brotó instintivamente en la mente de aquella joven enfermera asustada. Pero lo mismo les ocurría a sus padres, que le pedían consejo en los problemas de la familia.
¿Cómo era en compañía de otros? Sería un error pensar que era una aguafiestas. Era todo lo contrario. Conseguía poner a la gente en forma. Su agradable personalidad se desbordaba y creaba un ambiente grato. No recuerdo ninguna ocasión en que un grupo del que formara parte se hallara abatido o desorientado, quiero decir sin saber qué hacer. Siempre sabían lo que debían hacer y además tendían siempre a estar animados y alegres.
No es que se esforzara en mantener la atención a todo. No era así. Nunca buscó el imponerse. Hablaba poco, quizá menos que ningún otro. Era un caso de personalidad alegre y santa, que brillaba y emitía rayos influyentes.
Creo que se podría decir que no había momento en que el humor desaparecía por completo de ella. Apareció en el que ella creía ser su último momento cuando el Obispo Julien le habló del espléndido funeral que le iba a preparar. Le dejó atónito soltando una carcajada.
Había otra preciosa anécdota de una vaca. Era costumbre suya, al ir de un pueblo a otro, el ofrecerse a llevar en su coche a cualquiera que lo necesitara. Alguien quería mandar una vaca. Una o dos horas se pasaron en coger al ágil animal que fue luego atado en el coche. Al llegar, mientras tomaban una taza de té, Edel explicó al misionero lo que acarreaba el poner en marcha la Legión. Fingiendo consternación, levantó él los brazos al cielo y exclamó: "¿Por qué tenía que venir esa vaca aquí?" "Padre -contestó Edel con su estilo característico-, Ud. se equivoca. No fue la vaca la que me trajo a mí. Yo fui la que traje a la vaca".
Todo el mundo sentía esa irradiación suya. La gente quedaba medio conquistada con sólo verla, antes de que dijera una palabra. Su objetivo y su línea era la conquista. Una parte especialmente práctica de la Vida de Suenens es aquella en la que se enumeran los lugares por los que pasó. Eran muy variados y sin duda los misioneros tenían criterios muy distintos. Así que cada parada suponía un nuevo problema. Pero el resultado era el mismo en todos los casos: La Legión comenzaba a funcionar. Pero ¿a qué precio? Terminaba el agobiante trabajo de hablar y convencer y no había tiempo de descanso. Aguardaba el próximo lugar y la prisa era la nota característica. ¿Por qué? ¿Cuál era el tiempo límite? Ninguna expresión podría ser más rigurosamente apropiada. Pues ella sentía su hora cercana y quería introducirse en unos pocos sitios más. ¿Para cuántos tendría tiempo? No obstante, en ningún lugar observaron que trataban con una persona agotada. Con cada persona mostraba el mismo interés vivo, como si fuese la única.
Claro que eso no podía terminar más que de una manera. Esa lista de lugares terminó en Lilongwe, donde el misionero recibió a la enviada que había oído que venía en aquella dirección. Tenía gran deseo de conocerla. Cumplidos los saludos, ella comenzó a explicar su misión. Pero él, más que escuchar, miraba y miraba con consternación. Su mirada aguda había visto lo que ella trataba de ocultar. "Señorita Quinn -le interrumpió-, ¿no se da cuenta de que está muriéndose? Debería prepararse para ello en vez de andar así".
Tenía razón. Estaba a punto de morir. Como si estas palabras fuesen la señal, se desplomó. Luego vino el extraordinario incidente del Obispo, que, al bajar a decir la misa por ella, le dijo que trataría de que tuviera un funeral digno de la gran apóstol que ella había sido. Sin embargo, sobrevivió para realizar una segunda etapa de su increíble actuación.
Pero una vez más me preocupa el temor de que os he estado presentando una imagen más grande que su dimensión real y que vuestra reacción pueda ser la de pensar que exagero. O, si no, que Edel era una figura sobrehumana que no nos sirve como ejemplo. No creo haber exagerado. Sólo os he contado las cosas que han sido certificadas y que se presentan al examen crítico de Roma. Por lo tanto, son precisas, no hay ningún adorno propio de los cuentos. ¿Indica eso entonces que era una figura sobrehumana?
En esto voy a arriesgarme diciendo que era una persona completamente normal; que estaba adornada desde un principio con el mismo cúmulo de cualidades: que posee cualquier persona bien inclinada, y no más. ¿Hay que concluir que cualquier persona tan entregada como ella podría hacerlo también? Examinemos esta interesante cuestión.
Edel no mostró ninguno de estos extraordinarios aspectos en las primeras etapas de su vida. No afirmaría que era de superior inteligencia o que mostraba cualidades que pudieran inspirar a los que la observaban. Cuando se llegó a valer por sí misma, no se dio a la devoción o a fines más altos. Se entregó a las ocupaciones normales de después del trabajo con la única especial de ayudar en un club de chicas. En ello no había nada que sugiriese algo sobrehumano, y hay que recordar que Mona Tierney, que conoció a la Edel de entonces, juzgó que no llegaría a ser una buena legionaria probablemente. Pero en un abrir y cerrar de ojos adquirió una complexión que después siempre tuvo. La causa fue su entrada en la Legión. Por tanto fue un nuevo conjunto de motivos y no una gran cualidad genial o una capacidad anormal el que posteriormente entró en juego en ella. Lo que sucedió es que se abrió plenamente a lo que la Legión le ofrecía. Entonces la gracia comenzó a actuar. Hubo un proceso de crecimiento visible y aun sensacional.
En ninguna parte puso ella ningún impedimento. Nunca dijo: ¡Basta! Así continuó su marcha hasta que necesariamente alcanzó aquella estatura que podemos llamar sobrehumana, en la que su voluntad, juicio, devoción, inteligencia y todo lo demás suyo parece mayor y más allá de la naturaleza.
Pero ello se traduce en un animoso e ilimitado dar y perseverar hasta el fin. Los demás que igualmente diesen sin restricción, tendrían lo mismo a su disposición. Por eso sería un error fatal apartarla de la categoría normal y llamarla santa, dando a entender con ello que está fuera de nuestro alcance.
Dicho todo esto, queda en pie el hecho de que Edel con su política de no negar nunca nada a Jesús y María realizó lo que parece sobrehumano. Y ciertamente hay que admitir que en su aventura africana Edel alcanzó alturas que nos asombran. No vemos cómo podrían ser superadas. Ya que anduvo incesantemente por las autopistas y los caminos, llegando hasta los extremos de los senderos de la jungla, ¿no podría pensarse que todo lo suyo encajaría en la conducta incluso de la misma Santísima Virgen?
Nuestra Señora fue la morada del Espíritu Santo, pero no transcendió las limitaciones de la situación humana. No llamó la atención, ni tuvo pretensiones. Pero, ahora que está en el cielo, su finalidad es proyectarse a través de los que la sirven, hasta el punto de convertirlos en trasuntos suyos. Las vidas de los santos están llenas de ejemplos en los que se transfiguraron con las apariencias de Jesús y María. Así sería permitido modificar la exclamación de San Pablo y colocarla en labios de Edel: "Trato de dar a Jesús a la gente, no, no yo, es su Madre la que se sirve de mí para darlo a Él".