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DEPORTE ¿SOLUCIÓN?
Por el Club Berendson Deportes, Trujillo, Perú
Actualmente, donde existe un fenómeno en la humanidad, que se agudiza en los países muy desarrollados, como son la pérdida de los valores morales y confusión en la escala de valores, más en la gente joven que en otra de mayor edad; entonces surge una gran incógnita, la solución total a este gran problema de la época.
Hablar de solución total sería muy ambicioso, ya que el problema tiene raíces muy profundas que, se necesitaría igual cantidad de años como se tomó la humanidad para llegar a estas circunstancias; es decir, muchas generaciones.
El deporte, en especial en nuestro medio, es una gran ayuda para la juventud o gente (no necesariamente jóvenes), para lograr un auto control, valorizar las acciones personales y, sobre todo, valorarse a sí mismo. Esto último es el factor, quizá, primordial de todo, si es que una persona no sabe valorarse no puede buscar ni lograr la superación.
Practicar el deporte como un medio de dignificar al hombre, es lo que debe buscar un deportista, al margen de la sed de triunfo y de la búsqueda de figuración factores que conllevan a intentar acciones extra deportistas, aún cuando esas acciones hieran al prójimo causándoles frustraciones, egoísmo y dudas sobre la honradez de la gente que le rodea.
En el hogar, en la escuela y principalmente en la institución deportiva, en este caso, debe existir un clima sano, de compañerismo y sinceridad; confianza no sólo en los compañeros de equipo sino en especial en su entrenador y/o preparador, de ahí que la formación de quienes tendrán a su cargo este grupo humano, donde existe un sinnúmero de diferentes personalidades con sus respectivos problemas y complejos, tiene que ser necesariamente capaz, es decir un profesional en el sentido total de la palabra.
En este mundo cristiano, donde la juventud se está alejando paulatinamente de la religión, debe primar esta frase "Padre Nuestro: que este ejercicio que vamos a realizar, sea nuestra mejor oración"; de tal modo que, el practicante aunque perdió la costumbre de asistir a la iglesia, comulgar o simplemente orar, tome la práctica deportiva como un medio de acercamiento a Dios.
Como es lógico, en deportes colectivos se torna un poco más complejo este asunto, pero existen formas para llegar al grupo, las charlas, los trabajos deportivos o sociales; o simplemente bipersonales, son medios que se pueden utilizar para lograr un buen resultado.
Existen instituciones que adolecen de este tipo de criterios de ahí que los practicantes tarde o temprano emprenden rumbos equivocados, en caso que esto ocurra, para un entrenador o responsable de equipo le será sencillo detectar a tiempo este cambio en el individuo y por lo consiguiente, mayores posibilidades de ayudarlo a superar esa crisis, por así llamarlas.
De lo expuesto, la responsabilidad recae en los dirigentes de aquellas instituciones, cuyas actitudes y acciones serán imitadas por sus dirigidos.
Tenemos la suficiente confianza que en las personas que recaiga la dirigencia de las instituciones deportivas tengan capacidad y conocimiento sobre los valores morales y religiosos, para beneficio de quienes confiaron en ellos, poniendo a su cargo a sus hijos con el deseo de que contribuyan al desarrollo integral como personas de bien en un futuro.
Pero aquí no termina la labor de los dirigentes, porque en las 2, 3, 4 horas que permanecen los jóvenes deportistas en una buena institución deportiva, no sería suficiente para lograr un resultado del todo positivo, si es que no existe colaboración por el lado familiar o escolar, las intenciones o finalidad de las prácticas deportivas quedarían frustraciones en gran parte sin el apoyo de los padres. Pero qué ocurriría si el problema radica en este nivel, una de las soluciones sería incorporarlos a este sano grupo y hacerlos participar de cuanta actividad se lleve a cabo, hacer disfrutar al padre de una buena perfomance de su hijo y también ayudar a superar alguna frustración de éste cuando no alcanzó la meta deseada.
Logrado esto, dará como resultado mayor trato filial y la consiguiente unión familiar, ahora tan deteriorada en algunos hogares. Tratar que los hijos practiquen deporte, es contribuir al bienestar familiar.
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