EDEL QUINN
60 Aniversario de su muerte

Vídeo VHS sobre la Vida de la Venerable Edel Quinn.  El Concilio Vaticano II proclamó el derecho y el deber de cada bautizado a asumir su rol en la Iglesia. En 1921, cuarenta años antes, un laico, Frank Duff, "se adelantó al Concilio" proponiendo a los laicos un apostolado que hasta ese momento estaba reservado casi exclusivamente al clero y los religiosos. "En efecto -decía el Cardenal O'Fiaich- en muchos aspectos la Legión de María había sido promotora de los ideales del Concilio durante las décadas anteriores".

Para desarrollar la Legión a través de todo el mundo, Frank Duff se sirvió de los "Enviados". Edel Mary Quinn "es una joven irlandesa a punto de convertirse en gloria nacional de su país y es una figura legendaria en tierras africanas". Su conmovedora historia pertenece por cierto en mayor parte al África, pues fue allí donde murió como Enviada legionaria.

Nació en Greenane, pequeño pueblo irlandés, el 14 de septiembre de 1907, su vida se desenvolvió dentro de lo habitual, pero en esa monotonía, Dios le señala un camino que transformaría completamente su existencia: se hace legionaria de María.

Había decidido hacerse religiosa de Santa Clara, una tuberculosis la postró por espacio de 18 meses antes de que pudiese entrar en el convento. Pero como nos lo recuerda el Hno. Duff: "El hombre propone y Dios dispone". Para Edel, "el deber del apostolado no es un lujo, sencillamente es un deber de estado", y regresa a su puesto de miembro activo de la Legión, realizando tareas de expansión legionaria en Gran Bretaña, es cuando la Providencia le muestra su verdadera vocación.

La hna. Dennison, pedía insistentemente colaboración para su vastísimo territorio, ella estaba en África Austral. El 30 de octubre de 1936, no obstante su precaria salud, y los reparos que puso el Concilium para enviarla a ese Continente, Edel Quinn parte para el África Central como Enviada de la Legión de María.

"¡Es tan difícil conocer la voluntad de Dios, y es tan corta la vida para permitirse errores!" había escrito. Nairobi, será su base de acción en un territorio de miles de kilómetros. "Ya será usted vieja cuando llegue a cada Misión" le advirtió alguien. Pero Edel afirmaba: "La Virgen Santísima quiere seguir dando a Jesús al mundo. No es cristiano quien no va hacia su hermano para darle a Jesucristo".

Viajó a través de las selvas; por desiertas carreteras, durmió en las puertas de conventos para no despertar a las religiosas cuando llegaba de noche, y llevó el estandarte de la Legión de María a Kenia, Uganda, Tanganyka y Nyasaland, consiguió lo que parecía humanamente imposible, como dice el Cardenal Suenens, "Edel se enfrentó a una tarea sobrehumana: hacer aceptar la Legión, respetando su espíritu y su método, enraizarla, cuidar de su crecimiento y de la perseverancia de sus miembros en un combate continuo. Una verdadera carrera de obstáculos". Fue la encarnación del espíritu legionario.

Murió en Nairobi. después de ocho años de un apostolado intenso y heroico. Cuando subió al Padre el 12 de mayo de 1944, era ya conocida como una heroína del apostolado en tierras misioneras.

"Recordad que sois legionarios de la Virgen Santísima. Estad orgullosos de ello. Es un privilegio ser admitidos para trabajar por nuestra Reina y su Hijo, y debemos procurar dar lo mejor de nosotros pues no puede darse menos en semejante servicio" era su lema, su convicción.

Sobre la sencilla cruz que los legionarios africanos erigieron en su tumba se lee: "Edel Quinn. Enviada de la Legión de María en África Oriental, desde el 30 de octubre de 1936 al 12 de mayo de 1944, día de su muerte en Nairobi. Cumplió esta misión con tanta abnegación y valor que su solo pensamiento hace vibrar el corazón.

La Legión de María y la misma África le deben gratitud eterna. El mismo Santo Padre ha rendido homenaje a los grandes servicios que ella ha prestado a la Iglesia. Que vuestra bondad le de un generoso recuerdo en vuestras oraciones".


En 1958 fue introducida su Causa de Beatificación. Ciertamente Edel es un modelo de ardor apostólico en este tiempo de Nueva Evangelización, no sólo para los legionarios, no sólo para los laicos, sino para todos los bautizados. Que este año más de su muerte, contemplando su vida, podamos crecer como ella, en nuestra vida interior, en nuestro amor a la Iglesia, en nuestro servicio a Jesús y María, en nuestra Santificación personal. Pidámosle a ella esa gracia.

Germán Mazuelo, Enviado del Concilium