El Cenáculo
Por el Siervo de Dios Frank Duff
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1.
Se impone tener una pintura razonablemente completa de los Santos con quienes
vamos a pasar toda una eternidad y que ahora nos guían por nuestro difícil
camino. Es evidente que digo "completa" en un sentido relativo. Porque sería
imposible tener un conocimiento perfecto de Jesús y María; sin embargo nuestro
esfuerzo debe tender a ello. Aquí me refiero a algo que es más que una posesión
de las verdades doctrinales enseñadas por la Iglesia. Habrá que añadir las
meditaciones y reflexiones de los escritores espirituales. Sería incorrecto
mirar este material como meras piadosas conjeturas. No dejan de tener algún
fundamento y razón; su contribución es grande en orden a que una doctrina se
cambie en persona. Si Jesús y María no nos son vivos como personas, nos será
duro amarles de verdad. Ellos fueron personas de carne y hueso que vivieron
nuestra vida ordinaria en un lugar conocido y en una época cierta. Debemos tener
una idea de la clase de vida que fue la suya como también de las cosas entre las
que se movieron y por las que se interesaron. Un conocimiento de detalle ayuda a
la devoción.
2. En este proceso podemos sacar la consecuencia de que nuestros conocimientos
no son tan precisos. Reglas y costumbres dirigían su comportamiento hasta en el
mínimo detalle. Jesús y María debieron ser fieles a este método de vida.
Reuniendo toda esa variada información crearíamos una pintura de Jesús y María
en forma viva y muy conforme con la realidad, lo que nos daría una nueva
dimensión en su conocimiento, con las notas de claridad y familiaridad con que
solemos llevamos entre amigos e íntimamente conocidos.
3. Para lograr un retrato semejante de Jesús y María no podremos apartamos de su
país y de su tiempo. Para los judíos, país y religión eran una sola cosa. Su
historia y usos eran realmente parte de su religión. Para Jesús y María estas
cosas no podían ser en otra forma. No las tomaban como simple ambiente de
relativa importancia, sino como dirigidas y referidas a ellos en valor de
actualidad. El Antiguo Testamento está lleno de pasajes que son tipos, imágenes
y profecías suyas. Y podemos estar seguros que este señalamiento divino se mueve
hacia honduras de detalle cuyas proyecciones de eternidad nunca podrán ser
completamente escudriñadas, a pesar de las luces nuevas que constantemente se
van logrando sobre ello.
4. Por lo mismo, nuestro deber es leer y pensar sobre la Tierra Santa, sobre la
que tanto caminó y actuó Jesús. Sin duda alguna Jesús amó con todas las fibras
de su ser este territorio que su Padre había asignado a su Pueblo escogido. La
imaginación nos ayudará a seguir a Jesús en sus pasos, contemplándole en sus
lugares y paisajes, para apropiamos de sus mismos sentimientos, como San Pablo
nos aconseja hacerlo en todo.
5. Con estas notas introductoras se esperó tal vez una conferencia de viaje a la
Tierra Santa con fotografías. Pero mi propósito es concentrar su atención sobre
una pequeñísima fracción de este territorio. Su extensión es apenas de cien
metros cuadrados. No es una ciudad, sino una casa. Ya no existe ahora. Su
historia fue corta. Y con todo, su resplandor será eterno en los anales
cristianos; la conocemos con el nombre de Cenáculo o el salón alto de Jerusalén,
en el que tuvo lugar la Última Cena.
6. La Pascua, instituida cuando los judíos estuvieron a punto de dejar Egipto,
prefiguraba el sacrificio del Cordero de Dios. Nuestro Señor está ahora a punto
de celebrar su propia Pascua final que convertiría en sustancia la sombra. Como
cosa preliminar dio Jesús un extraño mandato a sus dos discípulos favoritos.
Este mandato está basado evidentemente sobre proyecciones para el futuro e
incorporado en el plan de lo que veía.
7. El Evangelio de San Lucas, en el capítulo 22, versículos del 8 al 13, habla
así: "Entonces Jesús envió a Pedro y a Juan, diciéndoles: "Vayan a preparar lo
necesario para que celebremos la Cena de la Pascua". Ellos le preguntaron:
"¿Dónde quieres que la preparemos?" Jesús contestó: "Cuando entren en la ciudad,
encontrarán a un hombre que lleva un cántaro de agua. Síganlo hasta la casa
donde entre y digan al dueño de la casa: El Maestro manda decirte: ¿Cuál es la
pieza en la que comeré la pascua con mis discípulos? Él les va a mostrar una
pieza grande y amueblada en el segundo piso. Preparen ahí lo necesario. Se
fueron, pues, y hallaron todo tal como les había dicho; y prepararon la Pascua".
8. Esto abrió el estupendo acontecimiento que llamamos la Última Cena, en la que
tuvo lugar la institución de la Eucaristía. Comenzaba el acto final de la
Redención.
9. La palabra cenáculo viene del latín cenare, cenar. El Cenáculo era la sala de
una casa. Esta casa particular estaba situada en el monte Sión, nombre que se
nos ha hecho familiar: Nuestra Señora de Sión.
10. Por los Hechos de los Apóstoles (1, 13), vemos que los Apóstoles continuaron
viviendo en esta casa después de la noche del Jueves Santo, a través de la
desolación del Viernes y Sábado Santos hasta el Jueves de la Ascensión. Al
Cenáculo volvieron luego de haberle visto a Jesús ascender desde el Monte
0livete. Los Hechos describen el Cenáculo como la habitación de los Apóstoles, y
hablan de él como situado a una jornada sabática desde el Monte de los Olivos. O
sea que la casa se hallaba a unos tres cuartos de milla de los muros de la
ciudad y a un cuarto de milla del centro de la ciudad.
11 ¿Quiénes volvieron? Todos los que vieron partir a Nuestro Señor; los
Apóstoles, los discípulos hombres y mujeres, y María. Eran 120 personas. Este
grupo de fervorosos creyentes constituía la Iglesia del momento. Un número
trágicamente pequeño en relación con los muchísimos que escucharon admirados los
discursos de Jesús, que vieron sus milagros y que fueron probablemente
beneficiados por Él.
12. Debemos tratar de hacer viva esta escena con la imaginación. Estas personas
no eran masa ni plebe. Eran los primeros cristianos, nuestros antepasados
espirituales. ¿Volvieron en forma de cuerpo organizado? Probablemente no. Una
cosa semejante no podía pertenecer sino al período pentecostal. Pero ya no
estaban con los desmayos y miedos con que quedaron al momento de ser herido el
Pastor. Ya habían visto bastante como para alentarse en el plano humano. De modo
que podemos imaginárnoslos moviéndose en pequeños grupos durante toda esta
jornada repleta de proyectos, y luego entrando en una reposada alegría. Ellos
volvían para esperar al Paráclito. Esta venida iba a ser un acontecimiento
prodigioso a la par de la Resurrección y de la Ascensión, pero aparentemente en
otro orden. El Espíritu Santo descendería y lo haría todo diferente. Por la
forma con que Jesús habló de este acontecimiento, éste iba a ser una
manifestación con que se inauguraría una nueva era. Los discípulos no tenían
ninguna duda sobre ello, pues veían realizarse todo lo que el Señor había
prometido. También esto se cumpliría. Ellos volvieron para cumplir con la
instrucción del Señor de prepararse para esta Venida.
13. El primer asunto tratado en el cenáculo fue la elección del que debía ocupar
el puesto dejado por el pobre prevaricador Judas. Esto tuvo lugar escogiendo a
dos de los discípulos y echando suertes la elección cayó en Matías, el que desde
entonces fue contado entre los Doce.
14. El Señor había dicho que debían permanecer en la ciudad hasta que el Poder
de lo alto viniera a ellos (San Lucas 24, 49). De modo que debieron seguramente
quedarse en la casa.
15. Sabemos que perseveraban con una sola mente en oración, lo que hace entender
que observaron un estricto Retiro. El número de personas en cuestión nos
parecería demasiado grande como para permitir a todos dormir en la casa. Por eso
podríamos pensar que muchos de ellos se retiraban a sus propias casas a la
noche. Pero en realidad no hubo necesidad de semejante medida, dada la sencillez
del judío en el dormir. Un espacio bajo cubierta, lo suficiente para tenderse, y
una sábana, no se requería más. De modo que este Retiro fue verdaderamente lo
que hoy llamamos "cerrado". Pío XI lo califica de Retiro memorable, primero y
modelo de todos los retiros, tenido en la presencia de la Madre de Dios, y que
perfeccionó y pulió a la Iglesia para su obra apostólica.
16. Se levantaron altares san Pedro dijo su primera Misa, como nos lo aseguran
San Proclo, Patriarca de Constantinopla, y Hesiquio, Patriarca de Jerusalén.
Así, el mismo lugar que vio la institución de la Eucaristía, la Misa anticipada,
abrigó en sus muros la primera Misa rezada. Estos conmovedores detalles nos
muestran las preferencias de Dios por el orden. Estos dos acontecimientos,
unidos en su pensamiento, hizo que se realizasen en el mismo lugar.
17. Y no se terminó su historia con esta vital secuencia. Algo más tenía que
venir. Para su completa importancia aquella casa estaría en el mismo rango que
la de Nazaret. Había entre ellas parentesco de funciones. Jesús tomó carne en la
Casa de Nazaret. En el Cenáculo fue acunado su Cuerpo místico. Una casa pequeña
fue bastante grande para Jesús y sus padres. Para su numerosa familia se
requirió ya toda una mansión.
18. Inspeccionemos esta mansión. Sus detalles nos debería interesar, pues lo que
allí se llevó a cabo no se borrará de la mente de los hombres. Se nos ha dicho
que fue blanca. Los datos son de magnificencia. La sala de cenar tenía 50 por 30
pies, con cabida para 120 personas. Esto indica la rica posición de su dueño.
Era una sala elegante, muy cómoda y probablemente bien adornada. Daba a una
terraza con escalera propia que permitía el acceso desde fuera sin tener que
pasar por la casa.
19. Una sala semejante, aunque no de este tamaño, no faltaba en ninguna casa
confortable. Servía para las recepciones y agasajo de huéspedes, para fiestas,
para oratorio, para comidas de familia, para capilla ardiente.
20. Una tradición le hace dueño del cenáculo a José de Arimatea, pues era un
hombre riquísimo. El Evangelio parecer sugerir lo mismo. Muy parco en
descripciones, es prolijo sin embargo en decir que el Cenáculo estaba
"amueblado".
21. Y creo que es cosa muy conforme con la realidad el pensar que José de
Arimatea, siendo un discípulo y quien regaló su propio sepulcro para el Cuerpo
de Nuestro Señor, regalaría también su casa para la Última Cena, para las
primeras Misas, para la Venida del Espíritu Santo y después para que fuera el
centro de la vida cristiana y la sede de gobierno. ¡Oh dichoso José de Arimatea!
22. Tal vez viene bien una leyenda: que José de Arimatea era el joven rico
referido por San Mateo en el capítulo 19, verso 21 - 22, que fue llamado por
Jesús posiblemente para ser Apóstol, pero que no tuvo el coraje de despojarse de
todo debido a que poseía "muchos bienes". Un aire de tragedia envuelve a ese
hombre rico en nuestros pensamientos de modo que sería consolador el pensar que
después desempeñó papel tan bendito e importante.
23. La casa era bien visible, casi como un punto de referencia. ¿Cuándo se
fijaron los ojos de Jesús sobre ella? Aquí la conjetura se hace interesante. Tal
vez en los misteriosos días aquellos en que estaba "perdido" en Jerusalén se fue
allá a inspeccionarla y quedó entonces en su corazón destinada para sus planes
futuros.
24. Tal era el lugar en que los discípulos esperaban el cumplimiento de la gran
promesa.
25. ¿Y el tiempo? Así como la Pascua fue el tiempo para los sufrimientos de
Nuestro Señor, porque Él era el Cordero Pascual, así también Pentecostés era una
fiesta muy importante para los judíos. Conmemoraba el drama terrible del Monte
Sinaí donde centenares de años antes la Antigua Ley fue entregada al pueblo de
Israel por medio de Moisés, entre tormentas, rayos, relámpagos, con incendio y
humareda del monte hasta los cielos.
26. Pasma el ver que se dan las mismas notas en la formal inauguración de la
Nueva Alianza, pero en forma dulce y mansa. Los discípulos estaban juntos en ese
lugar. Y súbitamente se oyó un gran sonido de los cielos como de viento
impetuoso y llenó toda la casa donde se hallaban sentados. Y se les aparecieron
lenguas como de fuego, que, repartiéndose, se posaban sobre cada uno de ellos. Y
se llenaron todos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en lenguas
diferentes, según que el Espíritu Santo les movía a expresarse. (Hechos 2, 1 -
4).
27. La expresión "repartiéndose" aplicada a las lenguas, parece indicar que
vieron un globo de fuego de fuego que se dividía en lenguas. Esto pudo haber
tenido lugar a cierta altura, pero una constante tradición asegura que el
Espíritu Santo bajó como un globo de fuego sobre la Virgen Santísima que estaba
en el centro de la asamblea, luego se dividió en lenguas que iban a posarse
sobre los demás. Esto vendría a corroborar la eminencia del oficio asignado a
María como Esposa del Espíritu Santo, Madre y Mediadora. Por todos es sabida la
repentina transformación producida en los discípulos, pero no me ocuparé ahora
de ello.
28. El resultado inmediato del Nuevo Poder fue la avalancha de conversiones. Dos
sermones hicieron 8.000 creyentes. Con un crecimiento semejante el Cenáculo ya
no era suficiente. Entonces se debieron reunir en diferentes casas de la ciudad.
Allí, según los Hechos (2, 42) perseveraban asiduamente en la doctrina de los
Apóstoles y en la comunión, en la fracción del pan (esto es la Misa y la santa
Comunión), y en las oraciones. Pero el Cenáculo retenía la primacía. Este fue la
primera sede de Pedro, el primer Vaticano desde aquí Pedro dirigía la
administración de la Iglesia, ejercía la autoridad de Jesucristo, resolvía
dudas, proclamaba infaliblemente.
29. De acuerdo a la costumbre judía en lo concerniente a las reuniones para
deliberar de asuntos, ya podemos imaginamos el ambiente del grupo de las 120
personas. El presidente es San Pedro, y no Nuestra Señora, cuyo oficio no es el
de cabeza administradora. Ella es madre, y como tal no predica ni manda. Pero sí
estaría colocada en un puesto de honor en la asamblea que se disponía en forma
circular mirando todos al centro. Los discípulos ocupan un semicírculo, Nuestra
Señora está al medio teniendo a los hombres a un lado y a las mujeres al otro.
Los Apóstoles forman el otro semicírculo; San Pedro al medio, frente a frente de
la Santísima Virgen. Esta colocación nos hace pensar en nuestros pequeños
Congresos o en las reuniones de Patricios.
30. Los historiadores dicen que la casa de San Juan estaba cerca del Cenáculo,
pero separada, tal vez era una especie de pabellón o casita accesoria de la
misma mansión, puesto a disposición de San Juan y de la Madre de Dios por José
de Arimatea. Extraña repetición de su vida. De muchacha había vivido junto al
Templo, al que servía. Ahora nuevamente vivía junto al centro de adoración
religiosa, ayudando a la Iglesia. Por este tiempo tendría 48 años.
31. María fue dejada en la tierra después de la Ascensión de su Hijo, porque
tenía que alimentar y atender con los primeros cuidados al Cuerpo místico de su
Hijo como lo había hecho con su Cuerpo físico. ¿Pero no hubiera hecho lo mismo
desde el Cielo? No, porque lo que allí se requería era una tarea de madre con su
pequeñito. Ella tenía que ser el punto céntrico del afecto, la testigo de los
primeros y vitales sucesos, la fuente principal de información para los
Evangelistas, el pilar de fe y sabiduría.
32. Aún más, es principio de orden divino que hay que comenzar en la tierra lo
que se ha de continuar en el Cielo. Para ser nuestra Madre perfecta en el Cielo,
Ella tenía que cumplir esta función sobre los hombres en la tierra. Un
florecimiento en los cielos exige raíces en la tierra.
33. Sería muy incorrecto imaginar a María, en esta época de su vida, aislada de
la gente, lamentándose del pasado y afligiéndose con ganas de cielo, o en estado
de contemplación y éxtasis. No, esa no sería la conducta de una madre con sus
hijos, de la Mujer fuerte de la Biblia. Más bien debemos representárnosla como
se la vio en Caná, esto es, moviéndose entre los fieles, toda ella atareada y
entregada a su deber, sus ojos observándolo todo, sin suplantar a otros en sus
empleos, pero supliendo con discreción, llenando lagunas, alentando,
fortificando.
34. Y aunque se portaba con San Pedro como una de sus ovejas, y el soporte de su
autoridad, podemos estar seguros de que en privado San Pedro se comportaba como
un niño con Ella, se apoyaba en Ella, poniéndole precisamente lo que Ella podía
darle.
35. En ese tiempo había 480 sinagogas en la ciudad. Perdido entre ellas el
cenáculo escapaba a las miradas y a los daños de los judíos. Más tarde, en el
año 70, cuando los romanos sitiaron y destruyeron Jerusalén, su ataque principal
fue al Norte. El centro de la ciudad, donde estaba el Cenáculo, no sufrió mucho.
Desde entonces, no teniendo los cristianos ya nada que temer de parte de los
judíos transformaron el edificio en iglesia. Después, cuando Adriano arrasó
completamente la ciudad, el Cenáculo fue el único edificio que quedó en pie,
según testimonio de San Epifanio.
36. Aquí está precisamente un simbolismo. Así como Nuestra Señora de Sión estuvo
de pie al pie de la Cruz de Jesús, así la majestuosa casa blanca de Sión
permaneció en pie cuando todo lo demás fue demolido. Y de todo ese montón de
ruinas debía brotar una renovación de vida que superaría todo lo que fue.