"EL EVANGELIO A TODA CRIATURA" DIJO CRISTO
(San Marcos 16, 15)
¿CÓMO?
Por el Siervo de Dios Frank Duff, fundador de la Legión de María

Siervo de Dios Frank Duff. Para usar una frase Patricia, el mundo está preparado para escuchar y para aprender. ¿Estamos nosotros preparados para dar al mundo lo que poseemos?.

El año pasado Suecia y Estados Unidos fueron los escenarios de ambiciosas aventuras de Peregrinatio y ambos países fueron testimonio de éxito de la realización de la frase antedicha, es decir, aprendieron lo que fuimos capaces de enseñar. Los resultados afectarán vitalmente a la vida religiosa de estas Naciones, y en una forma como para hacer notar la diferencia que hay entre inactividad y actividad, o mejor, entre la muerte y la vida. Porque lugar que carece de evangelización llegará a rol no practicante, o cosa peor, en la próxima generación.

Habría que hacer idénticas experiencias en todos los demás países. Es posible una pregunta: El mismo éxito obtenido en Suecia y Norteamérica ¿no podría lograrse en otras áreas legionarias, valiéndose de María Legionis, etc.? Entonces se las vería proceder a la acción inmediata. Pero no responde esto a la realidad. En primer lugar, muchos de los lugares no se preocupan por leer "Maria Legionis", que es el vínculo de simpatía y conocimiento que une a los legionarios. Una gran área senatorial de habla inglesa no recibe ningún ejemplar, y así está arrancada de las arterias de la vida de la Legión.

Y aunque todos los lugares conocieran íntimamente lo que se realiza en otras partes, no sería todavía suficiente. Esta es la extraña lección que nos ha tocado aprender a través de los años. Quién no sabe el dicho del poeta: paredes de piedra no hacen una prisión, ni barras de hierro hacen un calabozo. Asimismo las solas palabras no hacen enseñanza por sensibles y detalladas que sean. La importancia de este hecho es extremo, pues ha venido rigiendo la creencia contraria, con un dominio especial en el campo religioso. La antigua Acción Católica era excesivamente un asunto de plataformas y de clases. Se creía que una vez que la gente se percatara de su deber, se pondría de inmediato a realizarlo. Esta suposición errónea malogró el apostolado y golpeó fuertemente a la Iglesia, porque el apostolado y la fe constituyen la vida realizadas con empeño y vigor, pero no fueron lo de la Iglesia. Las plataformas y las clases fueron suficientemente seguidas. Mas tarde como los resultados prometidos no sobrevinieron al primer plan de operaciones, la Acción Católica tendió a emprender en política. La política tiene su propia esfera, y los católicos no se podrían mantener apartados de ella. Es vital hacer un gobierno claro y, puro, porque los pueblos son susceptibles de elevación o degradación. Pero sería desastroso pensar que la sociedad pueda reformarse por sólo aquellos medios. La Política por cierto no va a cristianizar al mundo. A lo más sólo puede crear una atmósfera favorable al bien moral y a la religión.

La confianza ha de ponerse en apostolado ordinario pastoral, que se destruiría al mezclarse con la política. Si la Legión se equivocara mezclándose con la política, perdería por lo menos la mitad de sus miembros, porque su pensamiento político es diverso. Sin embargo, esto no quiere decir que la Legión no se preocupe de las complejas necesidades del mundo. Pero su consigna es: "Buscad primero el Reino de Dios y su justicia y todas las demás cosas se os darán por añadidura" (S. Mateo 6, 33).

Y el plan de campaña de la Legión es la Verdadera Devoción a la Nación, que pone lo divino y lo humano en la debida proporción; estructura, motivos y medios en un tomo; y se consume en deseos de ser útil a todos los sectores y partidos sin afiliarse a ninguno.

Respecto a dar un paso más adelante dudo de que las mentes estén debidamente orientadas. Por cuanto en el Apostolado Seglar se ven demasiadas ideas de la antigua Acción Católica. Por ejemplo (a) la inclinación a la política; (b) una concentración en los problemas más que en las personas; (c) una impaciencia por el control eclesiástico -lo que sería fatal, porque el Cuerpo Místico debe trabajar como un todo.

Daría una fea impresión si la Legión pareciera ir sola y obrar en lo pasado. Por eso mi sugerencia es que los legionarios se entreguen a su tarea con redoblada convicción, poniendo el corazón en todo cuanto se les asigne, tratando de mover a otros a la actividad, los mismos que a su vez empujarían a otros y así indefinidamente. Si se lograra realizar este proceso aunque fuera en pequeña escala, todo el mundo quedaría envuelto en una red de trabajo apostólico. ¿Sería esto posible?

Acercarse a los demás con el fin de persuadirlos a entrar en el propio sendero no es un proceso del todo sencillo. Eso depende no sólo de uno sino también de las demás personas. Aun más, depende del instrumento por el que se quiere efectuar el apostolado. El Concilio, al decir de los Papas ha insistido en que en la práctica se hace indispensable una organización para llevar a cabo el trabajo individual. Pero no cualquier organización. Una organización inapropiada no lleva nunca a la acción. El Obispo Fulton Sheen ha hablado sobre este aspecto en términos que no pueden ser más vigorosos.

Ni siquiera basta presentar a la Legión y sus obras a otros lugares por la palabra o por los escritos. Debe darse una presentación física. La Legión sólo puede ser presentada eficazmente con el ejemplo. Es el método de hacer la obra en compañía con el novicio, la enseñanza del novicio por medio del precepto y de la acción. En otras palabras, volver al sistema del maestro y del aprendiz.

Durante años hemos vendo urgiendo respecto a Suecia que la gente debe ser buscada en su ambiente y que hay que proponerle el catolicismo. Nuestras palabras no tuvieron fruto. Nuestros argumentos chocaron con el de que Suecia era única; que los métodos de otras partes no podrían ser aplicados allí. Y así quedaron las cosas hasta que la reciente gran expedición probó que nuestros métodos eran aplicables y que acercarse a la gente para hablarle de religión en las casas y en las calles era cosa fácil y prometedora. Tal vez ahora se ha anunciado una nueva era en ese país.

Caso igual ha sido Norteamérica. Todas las recomendaciones para abordar en grande a la población en busca de conversiones, yendo tras la gente mala y de clases apocadas, produjeron poco efecto. Porque en los corazones de aquellos a quienes nos dirigimos había la creencia de que sus circunstancias eran diferentes. Ahora se les ha demostrado que el acercamiento de la Legión es tan fácil (o si se quiere, no más difícil) que en otros lugares. Esto quiere decir que la misma demostración debe producirse en el mundo entero.

Es indudable que cada territorio tiene sus dificultades especiales. Pero también cada uno tiene sus propias ventajas. ¿Por qué no ver más que lo negativo? Esa es una perversa manera de ver. Tal como Dios está en todas partes, así también la Iglesia debe ser apta para todos los lugares. Por lo mismo el apostolado o el acercamiento a las almas debe ser posible en todos los lugares.

Después de venir trabajando en una docena de años en lo que podría llamarse ocupaciones de casa, la Peregrinatio se encuentra ahora frente a frente da amplios horizontes y de dramáticas posibilidades. Parece haberse logrado una nueva etapa en su evolución... probando su valor y necesidad por encima de todo sí y no. Hasta ahora esta tarea ha sido como un núcleo más o menos confinado a un solo sitio, a partir de Irlanda. ¿No habremos llegado al punto en que el núcleo debe dividirse y propagarse, para seguir así el desarrollo original de la Legión? ¿No debemos asociarnos como perfectos compañeros en los países que han venido trabajando hasta ahora?

El primer paso de este proceso podría consistir en empresas de conjunto. La próxima etapa seria constituirse cada empresa en núcleo que viva de sus propios recursos, investido de responsabilidades individuales y con misión propia a otras tierras. Si esto adquiere mayor fuerza de expansión -¿y por qué no?- entonces habremos entrado en la llamada progresión geométrica que nos lleva lejos; y extremadamente rápido.

En consideración a quienes no son tan listos en matemáticas explicaré esta progresión. Si se da una duplicación en cada paso, esto es si uno se hace dos y dos se hace cuatro, y cuatro se hace ocho, y así sucesivamente se hace posible un desarrollo sencillamente colosal. Repito la historia del emperador oriental que fue curado de una enfermedad desesperada y que preguntó a su médico sobre sus honorarios. El doctor señaló un tablero de ajedrez que estaba frente al monarca y dijo: un grano de trigo para la primera casilla, dos para la segunda y así hasta acabar con las sesenta y cuatro casillas del tablero. El emperador se rió de ello y dijo que era recompensa demasiado miserable. Pruébelo dijo el doctor. Fueron llamados los matemáticos y descubrieron que todo el reino no sería suficiente para pagar los honorarios pedidos por el doctor.

Aquí está demostrado el poder fantástico de la razón geométrica. Este es el principio que debemos tener muy presente en nuestra causa, no como medida de perfección sino como pura necesidad. Porque si no se hace pronto algo drástico, la Iglesia acabará por ser solo el 5 por ciento de la población del mundo del fin de este siglo para el que faltan solo treinta y dos años.

Aún más, de ese 5 por ciento sólo el 1 por ciento sería, según la presente base de cosas, prácticamente; de modo que se daría una condición de casi extinción. Esta expectación estadística representa una horrible muestra, al revés, de la actitud de conquista con la que los primeros cristianos enfrentaban al mundo. Por eso recientemente comenzamos talvez a darnos cuenta por qué Dios produjo la Legión al debido tiempo y la hizo baluarte en esta crisis. Y como la emergencia es extrema, debe ser también un tiempo de gracia sobreabundante. Esta es la base de nuestra esperanza.

Pero una esperanza de bases sobrenaturales no es suficiente. Como lo señala el Manual, la Legión debe ser ayudada y dirigida por la autoridad eclesiástica. Un control sin una ayuda efectiva se convierte en prisión. Igualmente debe haber una sana cooperación de nuestra parte. De otra manera, todo nuestro idealismo no sería más que humo que se escapa. Señalo algunos otros requisitos que se imponen. El primero es la ortodoxia. Me refiero al mantenimiento de la común fe católica en la que nos hemos educado, pero que está amenazada ahora por algo que es incómodamente parecido a ser primo hermano del protestantismo. Hasta los artículos supremos de la fe están siendo asaltados. Ahí está, por ejemplo, uno que nos concierne sobremanera y que es de modo particular el sujeto de debilitamiento. Se trata de la Santísima Virgen. Es casi común creencia que el Concilio la ha rebajado y hecho poco caso. No podía decirse cosa más equivocada. Lo que de verdad revela una afirmación semejante es la poca gente que ha reflexionado sobre el asunto y hasta dónde puede llegar un grito de papagayo.

Doy la posición en pocas palabras. En toda la historia de la Iglesia no se ha dado una promulgación previa sobre el oficio de María con respecto a la gracia. Todo cuanto se ha venido proclamando en el pasado dedicado a sus privilegios. Ahora en cambio se ha dado un Decreto conciliar que describe su oficio, su maternidad de la gracia. ¿Puede ser débil un documento semejante? ¿Es esto rebajamiento de la Santísima Virgen? Es lo mismo que ha venido afirmando el Manual hasta creer algunas personas que ha sido una paráfrasis del Manual. ¿Es por ventura débil el Manual al tratar de Nuestra Señora? El Decreto no dice ni más ni menos que el Manual. Se citan mutuamente. Siendo así las cosas, ¿qué persona ponderada puede decir que el Concilio le ha rebajado a la Santísima Virgen? ¿Consecuencia? Pues clavar la fe mariana a lo dicho en el Manual, el que se halla hoy sostenido totalmente por la legislación del Concilio.

El legionario sabe lo insistente que es la Legión en recordarnos que María es la Madre de cada alma. Esta es una verdad que acaba de sellar el Concilio con su autoridad. Su atención maternal no está confinada a los que viven en su regazo. La Virgen es para todos, aún para los que no la conocen y se vuelven contra ella. Todo el mundo debería hablar algo de María. Así propiamente tendría lugar una presentación de cada hombre a María, provocando en Ella un derroche de cuidados maternales sobre cada uno, cuidados que consisten ante todo en dar a Cristo. No ha sufrido cambio el antiguo orden; ella se ha hecho necesaria hoy como lo fue desde el principio.

Aquí está la razón clara para un acercamiento universal y ajeno a toda discriminación a la gente. Como cosa primera deberíamos al menos esforzarnos por presentarle todas las almas.

Ninguna alma debería quedar privada de este beneficio. Sería inconcebible que un encuentro entre María y uno de sus hijos lo echara Ella a perder. Como dice Chesterton: "¿A quién la Virgen ha saludado y no le ha agraciado al saludarle? ¿Con quién la Virgen se ha puesto en contacto y no le ha traspasado su paz?".

Así mismo yo doy más importancia a la fe que a la razón, al alma más que a su ambiente, a la gracia más que a la habilidad mundana, a los Sacramentos más que a la economía y a la política, al esfuerzo humano pleno más que a los datos rápidos proporcionados por la electrónica y por una máquina de linotipo.

Hay que adherirse fuertemente a la fe católica común por lo mismo que está amenazada por el modernismo. Este último es la calamidad del día. No nos equivoquemos sobre él. Él representa en el mejor de los casos el menosprecio de lo sobrenatural, y en el peor la contradicción de lo sobrenatural. Téngase muy en cuenta que muchos de aquellos que hablan muy ruidosamente sobre la Escritura son propiamente gente que no tiene ninguna fe en la Escritura. Notase, por ejemplo, su actitud para con los Ángeles, el papado, los milagros, aún la misma Eucaristía.

Uno de los regalos que la Legión tiene en abastecimiento para sus miembros es uno muy grande: una fe sencilla. En su reciente pronunciamiento muy deliberado ante el Concilium, el Arzobispo Bafile dijo que la Legión era preeminente entre las sociedades del mundo por su fe y su obediencia.

En este marco de sencillo, común catolicismo, subrayo la clave de todo ello -el contacto mantenido con toda clase de personas. La insistencia del Manual en decir "toda alma" no es sino la repetición de la última voluntad y del Testamento del Señor, su mandamiento global: Id a todo el mundo y entregadle a cada uno mi Evangelio. Y a todos los que lo recibieren, bautizadlos. Es Nuestro Señor mismo quien así lo declaró. Que ningún falso razonamiento ni ninguna debilidad de fe extinga su fuerza.

Un aspecto especial de la Peregrinatio se apoya en este mandato, pues trata de hacer contactos en la más amplia escala posible, y especialmente entre aquellos que de otra manera escaparían al alcance de la Iglesia. Todo está en hacer el primer contacto, porque sin él no se daría un contacto subsiguiente, y son pocas las almas que se convierten en el primer contacto. Un proceso de conversión tiene que comenzar en el primer contacto. Es el mismo proceso natural de la semilla que germina y se desarrolla. Vista así, la Peregrinatio adquiere una nueva dimensión. En forma consciente y a gran escala va esparciendo las semillas y gérmenes que le dan a Dios las oportunidades que Él viene buscando. Naturalmente, mientras más numerosas mejor. No todas germinarán por cierto, pero como lo sugiere el Manual, se dará cierta proporción entre el número de los contactos iniciales y los frutos eventuales.

Pese a todos los esfuerzos y a la gran fe de parte de los legionarios, la germinación no tendrá lugar en muchos de los abordados, por no darse en ellos las cualidades requeridas para la conversión. Pero con toda seguridad algún bien se realizará en todos los casos. Un reclamo se le habrá hecho a María y Ella se habrá sentido irresistiblemente impulsada a cumplir con su maternidad. Esa maternidad es única, y se define como una extensión de su Maternidad divina a toda la humanidad. Es la intervención de la Santísima Trinidad para ayudar a las almas. Mediante ella el Espíritu Santo lleva a cabo su misión entre los hombres. Por eso su mano no puede posarse, aunque fuera momentáneamente, sobre una persona sin dejarle impresión de gracia.

La gracia produce gracia. Una gracia respondida trae otra, de modo que un primer contacto prepararía y exigiría un segundo, y así indefinidamente. Lo que da la imagen de una cadena, donde un eslabón exige otro. Esta imagen natural retrata inadecuadamente la realidad sobrenatural, ya que (a) la cadena ordinaria puede romperse, y (b) puede ser que no haya nada en su extremo. En el orden más alto la cadena no se romperá en parte alguna y en su extremo hay el infinito. Si el primer contacto se ha realizado con fe y esfuerzo, necesariamente ha de producir un desarrollo en el orden sobrenatural en la misma forma en que la semilla echada en la tierra tiende a un desarrollo en el orden natural. Sin embargo esa semilla debe encontrarse con condiciones favorables, y lo mismo puede decirse para el contacto.

Al hacer los planes, no hay que pararse en las dificultades del primer paso, sino sólo cuando el propio pensamiento haya tomado una forma sólida. Un ideal en la primera etapa es algo así como una burbuja. Si se la golpea, se disuelve. Por lo mismo, sólo cuando se esté grandemente convencido respecto a la necesidad de un esquema hay lugar para un justo confrontamiento con sus dificultades. Además no hay que razonar como si no existiese la gracia. La obra está edificada sobre el hecho de la existencia de la gracia. Precisamente ahora estamos haciendo planes de inmensa envergadura, pero que le harían pensar al "hombre práctico" en no dar un solo paso y en creerlo todo imposible. De acuerdo al principio enunciado, no deberíamos considerar absolutamente las dificultades en el primer momento. Al hacerlo, los grandes proyectos en flor se marchitarían y morirían.

Se ha pensado en una gran empresa para la Peregrinatio: que en este año debería movilizarse hacia el África Central. Una visita semejante de legionarios de estas tierras sorprendería la imaginación de los legionarios africanos como ninguna otra cosa podría hacerlo. Si además pudiéramos persuadirles a recibirles en sus casas como huéspedes, sería la coronación de la gestión y el sello de la fraternidad y del apostolado.

La necesidad de África en el presente es de veras inmensa. Varias de las nuevas naciones africanas han expulsado ya a los Misioneros Católicos, y es seguro que otras seguirán esta línea de desgracia. Uno de los estadistas más grandes de África declaró hace poco que el cristianismo es solamente un residuo del colonialismo; que los cristianos están viviendo una especie de existencia tapada sin interés ni por la gente ni por sus vidas. Esto es injusto. Pues los beneficios dispensados al África por el cristianismo han sido incalculables, y su expulsión dejaría un desierto. Pero un prejuicio semejante parece como un preludio de acción drástica.

Es de una importancia principalísima la construcción rápida de la obra legionaria en este continente, dándoles a todos sus miembros una mirada amplia y entusiasta, incluyendo la Peregrinatio. Para esto tenemos poco tiempo. Con todo tenemos por cierto bastante tiempo para arrojar las semillas. Y como lo nota el Evangelio, el sembrador arroja estas semillas por todos lados. Algunas caen en suelo fértil, otras en terreno rocoso, y otras entre zarzas. Y está prometido que a pesar de las pérdidas habrá un crecimiento poderoso y una gran cosecha.