El pequeño gran mundo del estudio
Por Alexis Morgan Noriega, legionario en Trujillo, Perú
¡Buenos días! Inicio este artículo saludándote aunque tarde. Vayan por ello mis sinceras felicitaciones y fervientes deseos de que cada día con la gracia de Dios avancéis más por el camino de la santidad. ¡Adelante amigos! Que el mundo os quiere santos.
En los artículos pasados expresaba la necesidad que tiene el mundo de jóvenes diferentes y valientes, que atraídos por la voz del Evangelio, se decidan a practicar, todos los criterios aprendidos. En uno de estos escritos te alentaba a que deberías de buscar tu felicidad en el dar, siempre: en la familia, en el trabajo, en el estudio o en tu tiempo libre. Y lo hacía porque creo que este y no otro es el verdadero camino a tu Felicidad.
Hoy deseo ir un poco más lejos. Y sin seguir tomando los puntos a la ligera, quiero para provecho de ambos centrarme en un punto concreto, inmerso en tus circunstancias, que exige de tu persona la mayor dedicación.
Si somos un poco más reflexivos es lógico que nos demos cuenta que nuestra vida está entretejida de pequeños actos. Y el tipo de actos que tu y yo realizamos no nos diferencian de los demás. Sin embargo, hay algo en el cual somos y debemos ser diferentes. Me estoy refiriendo
a la manera como hacemos las cosas ordinarias de cada día. Me explicare: ¿Eres cristiano?. Si lo afirmas debes estar de acuerdo conmigo en que tu vida debe ser cristiana. Y es que tu fe te exige ser consecuente en todo con las enseñanzas de Cristo. Y así llegamos a una consecuencia práctica e importante: QUE CADA UNO DE LOS ACTOS PEQUEÑOS DE TU VIDA DEBEN SER REALIZADOS A LA MANERA CRISTIANA.
Aceptemos que no somos aun esos Hombres o Cristianos que la Sociedad y la Iglesia necesitan. Tan gran ideal demanda de cada uno un trabajo de forja. Un hombre autentico o un Santo no se improvisan sino que se forjan tras una larga y tenaz preparación. Tú y yo necesitamos forjarnos. ¿Cómo?... Para forjarte no hace falta que te dediques a actividades raras o te busques lugares y circunstancias especiales. Te aseguro que te encuentras metido en el mejor de los talleres sin saberlo o sin aprovechar lo al máximo. EL ESTUDIO ¡Qué gran taller!.
El estudio sacará de ti un hombre muy completo y te capacitará para realizar un servicio muy grande a la Sociedad. Y esa es tu vocación y tu misión. Todo esto con una condición. Que te lances de lleno ¡Todo lo que da tu capacidad y tu tiempo! Tu lema: ¡RENDIR AL MÁXIMO!.
Esa es la manera cristiana.
Y si esta es tu consigna, deberás de poner el mayor interés y empeño en todas las asignaturas aun aquellas que ves menos practicas. Dile no a la reacción natural de desechar aquellas materias que consideras "poco importantes". Cada uno de estos cursos desarrollan y clarifican tu mente; y la preparan y capacitan para comprender, asimilar y edificar con solidez futuras materias.
El estudio forja además tu voluntad tanto mas cuanto menos estés pendiente de sí ahora tienes ganas, de si ese tema te gusta... Supera eso y lánzate, y hasta en lo más difícil llegarás a disfrutar y lo más importante a forjarte. Fiel a un horario, a un plan de trabajo; deberás decir no a la tele, amigos, cine, ganas... porque el que estudia a la manera cristiana necesita horas, muchas horas.
Es que se trata de llegar a ser muy competente, de estar muy bien preparado para servir mejor a la sociedad. El día de mañana ocuparás un puesto clave en la sociedad y no me agradaría que por no haberle dado importancia al estudiar en estos momentos, te desempeñes mal perjudicando a aquellos a quienes dices amar.
Así que si no le pones cariño a tus estudios no creo en tus palabras de cambiar el mundo, de luchar por el desvalido.
Empieza por allí y comprobarás que cada hora de estudio al máximo se convierte en una hora de amor a Dios ya tu prójimo.
Te prevengo que a tu firme determinación se te presentaran dificultades. Salvo tu natural inclinación a la pereza, las demás provienen del ambiente: que el profesor no es competente o no exige, que los compañeros son vagos, que los textos son poco claros o demasiado extensos, que en la casa no puedo estudiar,... etc.
En cada circunstancia has de encontrar la reacción más limpia. Limpia de la suciedad de tus pasiones y de la influencia de un ambiente enrarecido. En esto, como en todo,
si quieres ser un hombre, necesitarás muchas veces el valor de ser "diferente" a los demás.
Deseo de todo corazón que tú y yo nos enfrasquemos en el pequeño mundo del estudio. Que se hace todo menos estudiar. Es más fácil hablar o criticar, pero estudiar al máximo eso es otra cosa. Necesitamos de un joven valiente decidido a renovar el mundo del estudio demostrando como un cristiano estudia y se prepara para servir mejor a Dios y su prójimo. Me despido dejándote algunas palabras del Papa Juan Pablo II para que las medites:
"Con una juventud estudiosa, trabajadora, esforzada y responsable, la sociedad y la Iglesia pueden mirar, con fundada confianza, hacia un futuro mejor".