EVANGELIZACIÓN
Por el Siervo de Dios Frank Duff, fundador de la Legión de María

"La tarea delicada, difícil e impopular de revelar que Cristo es el salvador del mundo" (Papa Paulo VI)

La conversión es la piedra de toque de nuestra Catolicidad. La actitud de muchísimos católicos sobre el particular es inquietante hasta el punto de obligarnos a plantear la pregunta de si realmente tienen la fe católica. En la mayor parte de la Iglesia, la conversión ha sido desconectada exactamente igual y con la misma deliberación con que se desconectaría la electricidad. Pero la acción de la conversión no es asunto de conveniencia. Es en el sistema católico lo que es el corazón en el orden físico. El trabajar para convertir a los demás es fundamental y esencial a la vida de la Iglesia. Fue el tema de la última instrucción que Nuestro Señor dio a la naciente Iglesia.

Por eso tenemos que ser muy claros con relación a lo que es la fe. Un programa de ir a Misa, o incluso de decir Misa, no prueba excesivamente la presencia de la fe verdadera, como lo demuestran millones de ejemplos hoy.

Cualquiera que sea la concepción que del Catolicismo puedan tener aquellos que no trabajan por la conversión de los demás, su política se ha impuesto por ahora en la Iglesia. El hecho es que la Legión de Maria es una de las pocas organizaciones de la Iglesia, que decididamente trabaja en este momento por la conversión. Ha clavado esta bandera en lo más alto de su mástil. Ha avivado en sus miembros el apremiante deseo de ir a convertir. Ha hecho que el mandato de Cristo resuene en sus corazones.

Considerar la vieja opinión protestante sobre la Biblia, que sostenía que el Espíritu Santo se la interpretaba al lector sincero. Esta regla de fe fue conservada a pesar del hecho de que producía no sólo mil religiones, sino un conjunto de creencias diferentes en cada individuo. Que esto pudiera ocurrir es muestra palpable de lo desconcertante que es la inteligencia.

Evidentemente la verdad divina debe ser clara y estar fuera de interpretaciones contradictorias, y de materias accesorias. Debe destacarse hasta el punto de que uno que busca, se ve a forzado a pensar: ¡Tengo que investigar esto! No puede ser un producto caprichoso como los Mormones; o los Testigos de Jehová, o los Adventistas del Séptimo Día o los Pentecostales. Debe ser una religión y no un mero evangelio social; pero al mismo tiempo debe ejercer un efecto revolucionario y purificador en la sociedad. Y, sin dejar de atraer a los intelectuales, debe tener también atractivo para que el ignorante se sienta como en su casa. Debe ir a todos los tiempos, al niño igual que al hombre.

Luego debe ser católica, es decir, universal, estar en todas partes. Debe ajustarse al texto de la Escritura sobre la ciudad colocada sobre el monte que es visible a todo el mundo.

Esta Iglesia Católica es la institución que los falsos ecumenistas y otros parecidos en su desprecio la reducirían al rango de una más entre las otras. Es crimen grande, pues así se la degradaría de maestra a discípula y por lo tanto se la privaría de las credenciales para enseñar a las naciones. En tales circunstancias produce especial alegría encontrar a la Legión como especial abanderada de la Iglesia sin ninguna duda en sus dispersas huestes sobre su categoría divina y única, desempeñando un importante papel en su extensión. Ser parte de la Iglesia de esta manera es ciertamente ser un privilegiado.

Poseemos un tesoro, pero es para compartirlo. Las oportunidades que tenemos de ofrecerlo a los que están fuera de la Iglesia son pasajeras. Debemos presentarlo con eficacia. Tenemos una posibilidad instantánea de influir en las almas. Debemos sacar el máximo partido posible. 

Por consiguiente, presentad a la Iglesia de forma que resplandezca como Cristo, pues es Cristo. En esa breve oportunidad nuestra tenemos que ir directos a lo esencial de la Iglesia. Explicad que por el bautismo se establece una unión tal entre Cristo y el alma que viven una especie de vida en común con participación de misión y de bienes. El Cuerpo Místico de Cristo, que se constituye con Cristo y los creyentes, es la Iglesia Católica. La Madre dé Cristo es igualmente su madre. Ella, que desempeñó un papel importante en la Redención, continúa desempeñando un papel análogo en la salvación de cada hombre. El Papa es la cabeza visible de ese Cuerpo; a través de él la voz de Cristo habla con autoridad, infaliblemente. Ese Cuerpo, vuelve a actualizar la vida de Cristo desde la cuna hasta el sepulcro. Está lleno del Espíritu Santo y su alimento es la Eucaristía. Los otros sacramentos nos admiten el perdón de los pecados, nos unen en matrimonio, nos preparan a morir y nos dan la función del sacerdocio. La Misa es el Calvario en medio de nosotros, es el medio divino que nos permite estar presentes al sacrificio de Cristo. Con esta incorporación a Cristo y con su ayuda en el camino la Iglesia debe procurar extender su vida a todos los hombres.

Quizá la fórmula más sencilla que podemos proponer para salvaguardar nuestro apostolado es que Dios quiera servirse de nosotros en la medida en que se lo permitamos, es decir, en la medida en que nos apropiamos de su gloria. Nuestra acción es necesaria en su orden, así como los cables que conducen la energía eléctrica. No obstante es Dios quien da la gracia.

Aquí interviene también la acción de María. Podríamos decir que su función providencial es protegernos de ese orgullo corrosivo. Su misión especial es aplastar la cabeza de la serpiente, lo que podríamos llamar con otras palabras el triunfo sobre el orgullo, el superpecado de la humanidad. A pesar de su grandeza, María no se engrandeció. Entendió su verdadero lugar. Mediante una unión consciente con Ella nos ponemos en nuestro propio puesto y nos ayuda a conservarlo.

Creo que el problema de la conversión del mundo se reduce finalmente a este aspecto de motivos y pureza de intención. Si se ha podido enseñar fácilmente a los legionarios su verdadero lugar en el plan de Dios y movilizarlos para cumplirlo, entonces se puede enseñar a toda la humanidad igualmente y movilizarla. Porque la Legión es tipo de la humanidad.