La fe es la
sutil cadena que nos ata a lo infinito, la voz de una profunda vida interior
Por el Siervo de Dios Frank Duff
www.legiondemaria.org
1.
La fe es la exigencia central del cristiano; es la base de nuestra religión. De
ahí que la oración de la Legión sea una petición de fe; y con mucha razón,
porque la fe es el resorte principal de toda obra legionaria, la que depende
frecuentemente de un brevísimo contacto, y solamente la fe es capaz de hacer
saltar la chispa y encender la fe católica.
2. ¿Qué es la fe? Esencialmente es un don de Dios. No es asunto de lógica ni
instrucción. El Arzobispo Williams decía: "se la acepta, no se la aprende".
Parece que se esquiva al método. Dios la da donde quiere y la sujeta a una ley
que no podemos definida. Podemos ver algunas de sus condiciones: Dios la otorga,
ordinariamente por el Bautismo y por herencia, o sea, de padres a hijos. Esto
parece introducir un canal biológico de la fe independientemente de la conducta,
las cualidades, el conocimiento y aún la elección de parte del recipiendario. Es
concedida a través de padres indignos, incrédulos, mientras es, rehusado a
multitudes que parecen ser buenas.
3. Hay malvados que se agarran a ella en el umbral de la puerta. Personas que
han gastado sus vidas luchando por el ateísmo se han hecho católicos. Asimismo
dirigentes comunistas de varios países han acabado por ser fervientes católicos.
Prnazini, el multimatón y el odiado de Dios, se comportó en el patíbulo en una
forma que convenciera a la Florecita (1) que él había aceptado
la fe. En cambio, muchos que han simpatizado con la Iglesia católica en todos
sus aspectos y deseaban realmente creer, no obtuvieron aquel don. Otros, también
son dechados de mundana perfección pero parecen estar desposeídos de todo
sentido o instinto sobrenatural. Es razonable suponer que en ellos hay una
incapacidad para Dios.
4. Aún más, hay todo un aspecto que parece ser puramente accidental. Un
misionero va a un nuevo territorio, visita al jefe y le gana para la fe. El jefe
ve que su pueblo se vuelva por entero a la fuente bautismal y nace así un pueblo
cristiano.
5. O un misionero naufraga en una playa; predica ahí a la gente y los enrola en
la Iglesia. Y el lugar al que iba destinado queda sin él y sin cristianismo.
6. O uno de nosotros hace un contacto en la calle que fructifica en un aumento
de miembros de la Iglesia. Conozco a personas que se han convertido a la primera
palabra hablada a ellas.
7. ¿Es que todas estas cosas representan el puro juego de lo casual respecto a
la posesión de la fe? Pero esto sería absurdo. Debe mirarse la cuestión desde el
aspecto de la naturaleza real de Dios, el Incomprensible, el Omnipotente, que
reconcilia los opuestos aparentes y combina un millón de imposibilidades en cada
actuación suya. Al pensar en Dios, no deberíamos perturbamos por problemas que
hasta una computadora podría resolver. Dios hace una cosa; por lo mismo es
razonable y perfecta. La palabra "imposible" no debería decirse en tratándose de
Dios. Esto es valedero absolutamente en todo. Nada está fuera de su dulce
providencia. Esto se aplica en lo grande y lo pequeño, y nuestro acto de fe debe
comenzar con la convicción de que el designio de Dios lo atraviesa todo.
8. Viene al caso el verso aquel: "Por falta de un clavo se perdió la herradura;
por falta de un caballo se perdió la batalla". ¡Y por haberse perdido la batalla
un país se gana o se pierde para la fe! Se levanta una horrible tormenta; la
Armada es destruida y se salva Inglaterra. Juan Sobiesky hace su acto de fe y
una Europa postrada es preservada del mahometismo.
9. Ahora veamos el otro extremo opuesto de la providencia. Alguien sale de
excursión y reza por un buen día. Llueve, el día queda arruinado. ¿Fue acaso
desoída la oración? No, eso sería imposible, porque Dios dice: "Pidan y
recibirán". Por lo mismo ese rezo debe recibir. Viene la protesta: "Yo pedí un
buen día y no lo conseguí". Que espere verlo plenamente en otro mundo. Entonces
admitirá que consiguió lo que pidió y que Dios es justísimo con su palabra.
10. Pudiera traer una serie gigantesca de casasen que las personas se
convirtieron en un visitante de algo fortuito, probándose el carácter divino del
procedimiento con una vida eminente de esas personas en la Iglesia.
11. Alfonso de Ratisbona se convirtió instantáneamente en una visita a una
Iglesia. Janet Erskine (mencionada en el Manual) se convirtió en unas "Cuarenta
horas" (2) en un segundo. Nuestra primera hermana interna de la
Regina Coeli se convirtió durante una Misa en el Oratorio de Brompton.
12. La fe es lo que la teología hace bien en llamarla: un don. No es un don
irracional. Está basado en una cualidad que Dios ve en un alma. Se la concede
conforme a un sistema de reglas muy propias de El. Estas pueden ser que no
concuerden con nuestras maneras de buen obrar, lo que ha motivado que se oigan
conceptos de que Dios es arbitrario, o cruel o irrazonable. Después porque no se
logra ver la razón, no faltan quienes llegan a decir que si nuestra fe se basa
sobre cosas sin explicación debe ser algo absurdo. Un raciocinio semejante da
risa por infantil, porque lo primero que deberíamos afirmar es que Dios y sus
caminos no caen bajo nuestro análisis. Nosotros sólo podemos razonar dentro de
ciertos límites, y en muchísimos casos ayudados por la religión.
13. El hecho es que Dios es infinito y no podemos ni siquiera remotamente
imaginamos lo que esto significa. El sostiene a las cosas en su existencia por
un acto de su voluntad y mantiene constantemente todas las leyes que gobiernan
al hombre y a la naturaleza.
14. Puede ser que personas de pensamiento profundo imaginen captar un destello
de la infinitud de Dios. Pero esto sería una contradicción en los términos. Es
imposible que lo logren. Aquí se aplicaría mi vieja comparación del mono
midiendo al hombre. Nosotros comprendemos de Dios mucho menos de lo que el mono
pudiera penetrar en nuestras operaciones, intelectuales. Podemos llegar a lo más
encumbrado sin que por eso hayamos logrado acercamos a las fronteras de lo
infinito.
15. ¿Cuántas hojas, hay en el mundo? Dios no solamente las sostiene a cada una
de ellas en su existencia sino que las conoce a cada una en una medida mucho más
grande que una madre conoce a su hijo. El conoce cada vena de cada hoja y toda
característica microscópica de cada hoja. El conoce esto no como nosotros
pudiéramos diferenciar entre las cosas menores mediante etiquetas numeradas,
sino mediante un discernimiento y apreciación íntimos. La Escritura dice: "tiene
Él contados todos los cabellos de nuestra cabeza". Nótese que la palabra
"contados" es inadecuada por la siguiente razón: porque cada cabello es para él
una obra de arte a parte, y, lo que he venido diciendo de cabellos y hojas se
aplica a cualquiera otra cosa de la creación. Y así pudiera yo avanzar sin
ningún peligro de confusión, diciendo que cada protón, electrón, neutrón de cada
átomo es en cierta manera su hijo, bien conocido o parecido, con un encargo para
algo.
16. Aunque todo esto es abrumador, sin embargo no lo es sino en la categoría de
lo que nosotros podremos vislumbrar, algo como una multimagnificación de los
poderes del hombre. Porque en cierto sentido se puede decir que el hombre es
capaz para recordado todo e identificarlo todo, pero considerando a todos los
hombres juntos e incluyendo inventos mecánicos. Hasta cierto punto podemos
condensar en un acto de imaginación toda esa capacidad reunida en un solo hombre
que -aunque estupendamente inmenso, siguiera siendo finito; y con todo
permanecería infinitamente distante de la capacidad de Dios.
17. Por más vuelo que demos al pensamiento no podremos nunca imaginar los grados
de perfección y poder de Dios. Las vidas de todos los hombres y de todos los
ángeles de todos los tiempos están en sus manos en minúsculo detalle, como parte
de un plan infinito. Ponerse a pensar en esto nos lleva a un momento en que la
misma imaginación se paraliza. Pensamientos así no quedan malgastados, porque
representan para nosotros un ejercicio piadoso. Con la Escritura exclamamos: "Oh
Dios, ilumina nuestra oscuridad". (Salmo 17). No obstante, nuestros
acercamientos a Dios deben ser siempre realistas y profundamente humildes.
Porque la vida real de Dios solamente comienza en donde se acaba nuestro pensar.
18. El puente que cubre ese abismo infinito entre El y nosotros es la fe. La fe
no solamente establece una relación con Dios mediante cierto conocimiento sino
también una relación de poder. Si en un contacto hay fe quiere decir que el
Espíritu Santo esta trabajando. Tenemos una parte en Dios. El nos eleva a la
inmensidad, no de una comprensión plena de Dios, sino de un asentimiento a El
sin reservas.
19. ¿Cuál es la composición de la fe? La fe no es algo que debamos ejercitarlo
poco o nada, como lo enseñaron Lutero y Calvino. La fe requiere ciertas
circunstancias cooperadoras. El germen de la fe privada de estas circunstancias
experimenta las mismas consecuencias que la semilla de la parábola evangélica al
caer en tierra inhóspita. Dentro de esta categoría se halla nuestra conducta, la
que debe corresponder en cierta medida a la grandeza del don.
20. Pues se hace necesaria una cierta dosis de conocimiento. La fe requiere un
objeto en que creer. Pero teniendo en cuenta que no se trata de una dependencia
total del conocimiento ni que la riqueza de la fe dependa del grado del
conocimiento. El saber no es fe; es una de sus condiciones, coadyuvantes. Es un
grave error de este tiempo equiparar la fe y el intelectualismo, de tal manera
que la religión es casi considerada como asunto de conocimiento. Categóricamente
no es eso. Gran número de nuestros intelectuales católicos, de hoy dan la
impresión de una falta de fe.
21. ¿Qué cantidad de conocimiento es necesario en una conversión a la fe?
Propiamente la Iglesia al recibir a un convertido no exige más conocimiento que
el de los principales misterios, y a veces aún menos.
22. Hay casos en los que el saber aparece totalmente excluido. Leemos que cinco
mil espectadores se convirtieron cuando los leones rehusaron tocar a San Genaro
y sus compañeros. Conversiones semejantes se han repetido a menudo en los
primeros anales de la Iglesia. Por ejemplo, San Adaucto, el desconocido
legionario romano que se adhirió a la procesión de los que eran llevados al
martirio, por haber quedado inmensamente impresionado por su conducta; o aquel
otro soldado romano que conmovido por una visión de ángeles se sumó a los
treinta y nueve que iban a morir.
23. Ellos tenían poco saber pero fue suficiente para indicarles la verdadera fe.
Su fe particularmente pura y heroica descansaba sobre una simple creencia en
Jesucristo, la que implícitamente contenía todas las enseñanzas aún no
conocidas. Toca a los legionarios estar alerta a este último tipo de fe; que
cree casi a primera vista todo, pero debe ser luego adoctrinada.
24. He aquí algunos casos de mi experiencia. Un muchacho judío de unos doce años
fue llevado por sus compañeros, católicos a una Bendición eucarística. Sintió
una conmoción que en el centro de su ser creció hasta hacerse fe en el
catolicismo. Esta persistió en él. Tan pronto como entró en mayoría de edad
entró a la Iglesia y a la Legión. Al contarme su historia en su partida de
Irlanda, me mencionaba que sus dos sobrinas, de ocho y diez años, habían caído
recientemente en unas "Cuarenta Horas" y después dijeron a su madre con gran
simplicidad que quisieran hacerse católicas cuando grandes. ¿Que vamos a pensar
de esto? ¡Una mera noción infantil! Quizás no. Sería interesante conocer la
historia posterior de esto.
25. Otro caso es el de una familia judía que huyó de Rusia, padre, madre, una
pequeñita. Peregrinaron por Europa quedándose algún tiempo en diferentes
ciudades y luego trasladándose. En uno de estos lugares la pequeña se hizo amiga
de unas niñas católicas. Estaba a la vista que era una judía. Esto afligió a sus
amiguitas católicas quienes le dijeron que la hacía falta creer en Jesús. Ella
accedió a creer y las pequeñas la llevaron a la pila del pueblo y la bautizaron.
Ella se guardó bastante de ponerles al tanto de este acontecimiento a sus
padres. Reflexiónese en esto y se verá que se trata aquí de una circunstancia
grandemente importante. Siguió adelante la peregrinación de la familia. Durante
ella murieron los padres. La chica llegó a Inglaterra y luego a Irlanda ya
señorita. Aquí la Legión trabó contacto con ella sabiéndola judía y la llevó a
un Retiro. Las charlas le hicieren revivir el recuerdo de su bautismo y de ello
habló con el sacerdote. El resultado fue la instrucción y la recepción en la
Iglesia. En estas circunstancias debemos ver el bautismo original que le
administraron las niñas aquellas no como un accidente sino como un acto
determinado por el Espíritu Santo.
26. Yo creo que de una manera o de otra hay un punto central: la Fe que es
completamente simple y que se reduce a un conocimiento elemental. Permanece
dominante como una fortaleza en medio de cualquier conocimiento que llegue a
adquirirse, y todo depende de esa fortaleza. En las cosas de aquellos individuos
de gran saber que han dejado la Iglesia, esa fortaleza se ha derrumbado aunque
el conocimiento circundante haya quedado intacto. Aquella fortaleza es una
realidad sobrenatural; el conocimiento es una cosa natural. El centro puede
permanecer firme sin más saber. Y a menudo permanece intacto a pesar nuestro,
por así decirlo.
27. Hay otra extraña circunstancia en la fe. Yo diría que no importa lo que se
haga para confirmar a una persona en la fe. Dios siempre deja una abertura por
la cual puede escapar el creyente que no quiere creer. Parecería que nada de lo
que se halla como suplemento natural puede obstruir ésta abertura. La persona
cuya fe esencial ha venido a agrietarse no se moverá por una serie de pruebas
por adecuadas que fueran. El gran escritor francés Zola, que fue ateo, fue a
Lourdes a investigarlo. Dios aceptó el reto y obró dos milagros de primera clase
ante sus ojos. La respuesta trágica de Zola fue: "Lo estoy viendo pero no creo".
No penetraron en el alma de Zola.
28. En cuanto a las cosas de Dios, la gente profesa una pobreza de pensamiento
que no lo tiene en asuntos mundanales. ¡Qué pensamiento más barato se asoma a
través de ojos ciegos! Las maravillas científicas, del día con cuanta facilidad
se las engullen. Pero cuánto escepticismo despliegan en los asuntos del
espíritu. Qué pueriles son los argumentos que rigen y forman las opiniones de la
gente. He aquí algunos de ellos.
29. Jesús no puede estar en dos lugares al mismo tiempo. Por lo mismo la
Eucaristía es un absurdo.
30. Dios no puede ser visto ni tocado. Luego no existe.
31. Dios e infierno son claramente dos ideas irreconciliables. Por lo mismo uno
de los dos no existe.
32. Los católicos creen que las almas son salvadas por la Misa. Pero la Misa es
vendida por dinero. Luego la salvación es solamente un asunto de dinero.
33. ¿Es que no han visto ustedes que el destino de un alma se hace depender de
gestos supersticiosos tales como el uso de medallas?
34. La resurrección del cuerpo es a las claras imposible; ¿cómo podría un cuerpo
original volver a ser armado después de haberse reducido a polvo y ser luego
desmenuzado por la naturaleza mediante sus infinitas mutaciones? ¡Cuéntenle esta
oblación a Dios, que puede desenredar todo pensamiento humano, y verán lo
indigesta que es!
35. Y recordarán las afirmaciones muy serias que se hicieron en tiempo de los
primeros astronautas rusos, cuando estos dijeron que habían acabado con la idea
de la existencia de los ángeles; no habían encontrado ninguno en su vuelo.
36. Y así continúa la superficial letanía, mostrando en cada afirmación la poca
idea que de Dios tiene el objetante. No pasan estas gentes de considerarle a
Dios más que como un hombre de gran magnificencia.
37. Quizás en este rato cuando debo volver a lo que probablemente es el
argumento más razonable y posiblemente el mas mortal contra la Iglesia y contra
toda verdadera religión. Consiste en afirmar que la religión no es otra cosa que
asunto de herencia. Sería bueno examinar esto a la luz de todo lo que hemos
venido diciendo de Dios.
38. El señor Quintín Hogg, hablando, recientemente, dijo que si su padre hubiera
sido católico, también él lo hubiera sido, probablemente un católico bien
convencido. Esta afirmación puramente humana de las cosas no podía menos de
encontrar un eco en muchas mentes, y a la verdad habrá creado dudas respecto al
valor de la fe. La conclusión sería que la fe solo es asunto de educación y que
se basa en el nacimiento. Muchas personas habrán quedado convencidas de ello y
habrán adoptado una actitud cínica frente a la diferencia entre las religiones.
Yo he oído este argumento de Quintín Hogg tan a menudo que he llegado a concluir
que es el más efectivo de los argumentos contra la Iglesia. Reduciendo al
catolicismo actual a pura herencia o cualquier dimensión accidental, se le ha
dado un golpe fatal en las mentes de aquellos cuya valoración de Dios y sus
caminos no va más allá del nivel humano.
39. Estas personas no reflexionan nunca que cuando Dios se pone a crear un alma
posee también el poder menor de hacerla nacer dónde y en qué circunstancias le
parezca. Si entre las almas que va a traer al mundo El ve algunas que las cree
dignas de recibir el don de la fe, dispone generalmente hablando de dos medios
de operación. El uno, procediendo completamente por el método de la conversión,
o sea permitiendo que las personas nazcan sin religión o en religiones locales,
para luego proveerlas de canales de conversión. Pero para este proceso tan
complicado se requiere exceso de maquinaria, para interesar primero y luego
instruir a cada uno por separado, quedando la Iglesia sin que hacer alguno.
40. El otro, según nuestra vista humana, sería una forma más fácil para Dios el
proceder normalmente haciendo nacer a esas almas escogidas en medio de las
comunidades católicas, donde luego pueden ser atendidas con medidas masivas.
41. Pero entonces ¿por qué además del método masivo se permite Dios el de la
conversión? Volviendo a hablar en lenguaje humano, Dios tiene que proceder así
porque de otra manera la posesión de la fe estaría sujeta siempre a una
operación de herencia. Por lo tanto, y en una escala lo más grande posible, el
principio de conversión debe seguir poniéndose en juego. Otra razón para esto es
la necesidad de que sean visibles los ejemplos y medios de conversión. De lo
contrario nadie quema convertirse. Se llegaría a sostener por principio que para
ser católico hay que nacer católico.
42. En esta forma equilibrada, Dios como solo El puede hacerlo, la realización
de estos diferentes sistema de otorgamiento de su don a las almas.
43. Hay un ingrediente más que tiene que entrar en la fe: es la intervención de
María. Este a veces no se muestra desde el principio, pero siempre está presente
por divina exigencia, precisamente por haber sido Ella por su fe la primera en
recibir al Salvador para darlo luego a todos los hombres. Formado en estas
ideas, el legionario participa en la prerrogativa de María de comunicar el
divino magnetismo a las almas.
1 "La Florecita" se refiere a Santa Teresita de Liseux, Doctora
de la Iglesia.
2 "Cuarenta horas", al parecer una forma de Retiro o Jornadas de
reflexión espiritual.