La Reina de México y Emperadora de América
Nuestra Señora de Guadalupe
Por el Siervo de Dios Frank Duff, fundador de
la Legión de María
Reconocemos la especial ayuda que nos ha prestado el libro titulado "Inmaculata" ampliamente compilado por el Dr. Charles Wahlig y publicado por los franciscanos de Kenosha, Wis., U.S.A.
Posiblemente, debido al crecimiento de las ideas materialistas y a la consiguiente preocupación de fortalecer la propia fe, hay un anhelo de apoyos visibles de esa fe. Se da crédito con entusiasmo a supuestas apariciones, y las muchedumbres se apresuran a proclamarlas antes de que la Iglesia haya tenido tiempo de emitir un juicio sobre ellas, y aun cuando se haya pronunciado en contra de ellas. Apariciones auténticas, como Lourdes o Fátima, son relegadas a un segundo plano. por otras que se proclaman a sí mismas auténticas, como las de Garabandal o Palmar. Los devotos de estas -últimas las propagan casi con ferocidad, como si la fe católica estuviera vitalmente ligada a ellas. Y esto en contra de la recomendación de la Iglesia de que deberíamos esperar a ver.
Lo que es realmente desconcertante es la indiferencia mostrada por esos devotos hacia las apariciones reconocidas como auténticas. Al parecer, el elemento especial que se requiere tiene que ser la novedad. La novedad está por encima de la autenticidad. No obstante, no voy a tratar ese tema. Mis observaciones han sido de mera introducción al estudio de un santuario que, aunque está consiguiendo una atención creciente en América, es poco conocido en otras partes del mundo. Los artículos sobre él son pocos. No se cruza el Atlántico en peregrinación hacia él, aunque la marcha en sentido contrario hacia Lourdes es inmensa. A pesar de todo, es algo que representa una de las mayores intervenciones sobrenaturales de todos los tiempos. Me refiero a Nuestra Señora de Guadalupe de México.
¿En qué sentido fue algo realmente histórico? Pues bien, supuso la entrada de Nuestra Señora en la historia de México de una forma importantísima, hasta el punto de alterar todos los aspectos de la vida del país. Convirtió a México, de un golpe, del paganismo total al cristianismo total, de la división a la unidad, del odio al amor. Como fenómeno, merece un lugar junto a acontecimientos tan importantes como la conversión de Constantino, que sacó al cristianismo de las catacumbas y lo convirtió en la mayor fuerza de la tierra. Seguramente entonces la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe debería recibir más atención de la que recibe. De este tema voy a hablar.
Comienzo ambientando el dramático acontecimiento. El descubridor oficial de América es Cristóbal Colón, natural de Génova. El despertó el interés del rey de España, que le proporcionó los barcos y los hombres. El viaje duró 71 días. Desembarcó en San Salvador, en las Bahamas, el 12 de octubre de 1492. Tenía entonces 40 años.
Cuando estos valientes exploradores desembarcaron de sus tres navíos, de los cuales la nave capitana se llamaba con toda propiedad Santa María, su forma instintiva de proceder fue organizar una procesión encabezada por un sacerdote franciscano que llevaba un crucifijo. Desfilaron por la playa arenosa; luego plantaron el crucifijo en la arena y todos cantaron el Te Deum.
Esta toma de posesión del Nuevo Mundo en nombre de Dios debió ser un espectáculo profundamente conmovedor. Se puede decir que ha servido de modelo a las colonizaciones españolas. Se entremezclaban motivos profanos y piadosos. Se dijo que viajaban al servicio de Dios y también para hacerse ricos.
Pero es cierto que otros precedieron a Colón en aquel continente. La cronología americana atribuye a Erico el Rojo; noruego, el haber viajado al sur de Groenlandia en 982, y a Leil Eriksen, también noruego, haber llegado a Nueva Inglaterra en 1001. Incluso parecería totalmente cierto que San Brendan el Navegante se adelantó a todos ellos unos 450 años, tocando primero Terranova, luego, como Colón, desembarcando en una de las Islas Bahamas, y después continuando a lo que hoy es Miami.
Además, las tradiciones de México hablan de un hombre de inmensa estatura que llegó del Atlántico hacia el año 700 d. de J.C. y que predicó a los Toltecas, que eran los predecesores de los Aztecas, lo que, al parecer, habría sido el cristianismo. Dijo que se llamaba Chuchulain y que venía de la Isla de Santos y Eruditos. Los restos de estas enseñanzas sobrevivieron durante mucho tiempo entre la gente y posteriormente se demostró que fueron un gran factor en la rápida aceptación del cristianismo.
Voy a exponer ya el preludio inmediato a la intervención de Nuestra Señora. En 1519 Cortés, el conquistador español, desembarcaba en México con una pequeña fuerza, y para 1521 había conquistado totalmente el país. Encontró allí una auténtica civilización. La población era de unos 8 millones, dc tipo alto, gobernados por un emperador, con una detallada organización, que comprendía 38 estados y un sistema de tribunales de justicia.
Cortés reconoció su grandeza, los trató como a nación y los integró en el Sacro Imperio Romano como un socio igual bajo el Emperador Carlos V. Pero su religión era una horrible forma de paganismo basado en la idea del sacrificio humano. Se halla consignado que en los grandes días de fiesta del Imperio Azteca hasta 25.000 personas eran ofrecidas anualmente a los dioses.
La conquista del país fue acompañada de la brutalidad normal de la guerra. Esta se acentuó después de la marcha de Cortés y produjo un odio feroz hacia los conquistadores. Esto fue en contra del elemento positivo de la colonización española, que aspiraba a la educación, desarrollo y cristianización de los pueblos nativos. Esta característica se manifestó en el establecimiento del Consejo de Indias para salvaguardar las leyes dictadas por el Emperador Carlos V. Nada semejante a esto hicieron otras naciones colonizadoras europeas las cuales redujeron a los pueblos prácticamente a la esclavitud.
Una característica especial de la colonización española fue el esfuerzo por convertir al pueblo al catolicismo. Se llevaban sacerdotes en gran número para esa finalidad, y el resultado fue la evangelización de los países. Pero al principio esto resultó casi imposible en México por el resentimiento de la gente. En los diez años posteriores a la conquista se habían conseguido pocas conversiones, y en el momento del acontecimiento que voy a describir se dice que estaba á, punto de lanzarse una rebelión general para exterminar a los españoles. Y habría que admitir que en aquella época los aztecas eran muy capaces de matar a todo europeo que hubiese en su suelo.
Fue una coyuntura crítica, un momento de tensión suma en que algo tenía que romperse. El destino de México y quizás de España estaba en el platillo de la balanza. El problema quedó totalmente zanjado con la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe. Esto es lo que ocurrió.
Habían pasado 39 años desde que Colón desembarcara. El 9 de diciembre de 1531, fecha entonces de la fiesta de la Inmaculada Concepción, un devoto indio cristiano llamado Juan de Diego, de 57 años de edad, iba a misa. El y su esposa habían sido bautizados por el primer grupo de misioneros. Su esposa no vivió mucho después. Era un hombre educado, de la clase media, y era dueño de una gran propiedad, En una colina de Tepeyac, a pocas millas de la Ciudad de México, se encontró con una hermosa señora, que se dirigió a él en su propia lengua con un acento agradable y típico de la gente educada. Se identificó a él como "Santa María, siempre Virgen, Madre del Dios Verdadero". Con total sencillez él reconoció y escuchó el encargo que le dio: "Vete al obispo de México y dile que quiero que se construya un templo aquí en mi honor".
Sin dudarlo, fue a casa del obispo Juan de Zumárraga, franciscano, consiguió que le recibiera y le entregó su mensaje. Uno puede imaginar cómo fue recibido dicho mensaje, pero no debe sacarse una conclusión equivocada. El obispo era un hombre erudito y santo, pero los relatos de apariciones deben ser examinados críticamente.
Así, pues, Juan volvió a la colina para ver a la señora, a la que encontró esperándole. Le informó de cómo había sido recibido y le pidió que nombrase a un mensajero más digno de crédito que él.
La señora le volvió a enviar a repetir su mensaje. No hace falta decir que fue considerado como un pelmazo y despachado por el obispo, que le dijo que la señora debería venir ella misma o, si no, dar una señal para probar quién era.
De nuevo estaba ella esperándole y Juan repitió lo que el obispo le había dicho. La contestación de la señora fue que tenía que ir a lo alto de la colina a recoger las flores que encontrase creciendo allí y llevarlas al obispo. Subió a la cumbre, que era no solamente rocosa y árida, sino que estaba también helada entonces. Vio una gran abundancia de rosas exquisitas, que recogió y llevó a la señora. Ella las puso bien en su tilma o manto con sus propias manos. Luego él fue al obispo y con dificultad logró ser recibido. Encontró a otros dos hombres con el obispo.
Abrió su manto y las rosas milagrosas cayeron al suelo. Pero pareció que no hicieron ninguna impresión en el obispo, que se arrojó de rodillas ante el manto vacío que Juan tenía ahora abierto. Tenía razón para su asombro y actitud de reverencia, pues en el manto estaba impresa la imagen de la señora como Juan la había visto en la Colina de Tepeyac.
El obispo había pedido una señal y se le había dado una. Era suficiente. El obispo ordenó que se construyera una capilla al pie de la colina de Tepeyac para acoger el cuadro milagroso. Esta capilla, hecha de adobe, cuadrada, de 15 pies de lado, fue construida en 14 días por indios y españoles, que trabajaron juntos con una unidad que acababa de nacer. Entretanto, el cuadro fue guardado en la propia capilla del obispo y después en la iglesia.
Durante su solemne traslado a la nueva capilla un indio fue casualmente atravesado por una flecha y murió. Su cuerpo fue llevado ante el cuadro e inmediatamente volvió a la vida. Fue uno de los que posteriormente consagraron su vida a ayudar a Juan Diego a explicar el cuadro y a enseñar el catecismo.
En 1533 una capilla más amplia sustituyó a la anterior, y tres años más tarde una aún más grande a la segunda. En 1709 fue consagrado el gran Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. En 1754 el Papa Benedicto XIV daba la aprobación formal del cuadro. Con relación al acontecimiento que el cuadro conmemoraba el Papa citaba el salmo 147: "A ninguna otra nación se le ha hecho semejante favor".
El obispo Zumárraga no tenía duda sobre cómo debería utilizarse el milagro. Desde el primer momento se dio cuenta de la providencial misión de Juan Diego y de su preparación para cumplirla. Le encomendó el santuario. Se añadió una habitación más a la pared del lado este de la capilla para que sirviese como modesta vivienda de Juan, y allí pasó el resto de su vida. Su casa y propiedad las dio a su tío.
El relato del asombroso hecho comenzó a extenderse por el país, y los indios vinieron en número creciente a ver la imagen y a oír el relato. Desde la mañana hasta la noche, Juan repetía los detalles y explicaba la fe católica. En esta tarea gigantesca le ayudaron otros conversos. Los resultados estuvieron de acuerdo con la maravilla realizada. En siete años toda la población de México, ocho millones, se bautizó. El nubarrón de la rebelión quedó disipado de un golpe. La comprensión y unidad entre indios y españoles ocupó el lugar del odio insano, y México puso sus pies en el camino que conducía a su nacionalidad plena.
Ahora voy a detallar algunas extraordinarias circunstancias que constituyen una prueba indudable de la autenticidad del cuadro. El manto que Juan llevaba y en el que se imprimió la imagen estaba hecho de lo que se llama fibra de ayate. Solamente las clases altas llevaban vestidos de algodón. El ayate se hacia de un vegetal llamado maguey. El manto de Juan era de dos piezas cosidas con un cordón flexible. Su color era blanco y sobre esta sustancia áspera sin elaborar se imprimió el sagrado cuadro en colores brillantes. A pesar del paso de 450 años, éstos permanecen vivos aunque durante los primeros 116 años no fue protegido por ningún cristal. No, ciertamente la pintura superaba la capacidad de cualquier artista de México de entonces, dejando de lado además el hecho de que habría sido imposible pintar sobre aquella superficie.
Por supuesto que, como es propio de nuestro estilo de hombres, la autenticidad del cuadro había de ser puesta en tela de juicio, igual que en el caso de la Sábana Santa. Así, pues, se sugirió posteriormente que la pintura era obra de algún célebre artista del viejo mundo. Los que esto sugirieron no presentaron la más mínima prueba; ni siquiera un nombre fue mencionado. Hay que observar que el cuadro no tiene firma, tal como siempre ponen los artistas en sus obras. La tendencia a dudar es mayor que la tendencia a creer. Creo que es S. Jerónimo el que dice que la Sangre de Nuestro Señor apenas se había borrado del monte Calvario cuando los críticos comenzaron a poner en duda su humanidad y su muerte.
Pero tenemos mucho más que esta prueba negativa. El ayate, siendo como es una sustancia vegetal, se pudre. Este proceso puede ser rápido, según el grado de su uso. Si no se usa, la sustancia puede durar quizá 25 años. Pero, en este caso, después de casi 450 años, la sustancia no se ha corrompido, permanece fuerte como era al principio, y el cuadro no se ha deteriorado en lo más mínimo. Todavía más: Los expertos insisten en que sería imposible pintar un cuadro de ese estilo sobre una superficie semejante. La pintura simplemente no agarraría. Más aún, el examen moderno al microscopio no muestra ningún rastro de pintura o de uso de pincel. La imagen es de naturaleza fotográfica; una fotografía ha quedado impresa allí sin usar ni pintura, ni pincel, ni cámara fotográfica. Y esto tiene lugar siglos antes de que el arte de la fotografía fuese des cubierto.
Esta tendencia humana a dudar no cesó en su empeño. Cada descubrimiento científico posterior se dirigió hacia el cuadro por si había la posibilidad de sacar a relucir algunas inconsecuencias. En primer lugar, se le sometió al microscopio y luego a sus ultra poderosos aumentos. Se le hizo soportar cada uno de los nuevos rayos o procesos químicos. Mas cada uno de los exigentes exámenes, en vez de descubrir un engaño, sólo suministraban una nueva prueba de autenticidad.
Esta recentísima investigación ha revelado lo que es quizás el rasgo más asombroso de todos. El examen de los ojos de la imagen a través de un microscopio muestran claramente el reflejo, en cada uno de ellos, de varias personas en una habitación. Estos reflejos son tan fieles y tan naturales como lo serian en unos ojos normales, que tienen la misma curvatura y demás características.
Es como si Nuestra Señora estuviese de pie en la habitación y sin intervenir ningún aparato fuese fotografiada en el manto, reflejando sus ojos con naturalidad la escena que hay ante ella. Aparecen así tres personas, una de ellas es positivamente identificada Como Juan Diego. Las otras serían dos de los siguientes: El Obispo Zumárraga, Juan González o Don Sebastián y Fuenleal, que acababa de ser nombrado Administrador General de México.
Esto suscita otro problema, que puede ser de una importancia suma. Si este aspecto fotográfico corresponde realmente a los ojos de la imagen que hay en el manto, ¿por qué había de limitarse a los ojos? ¿Debe sacarse con certeza la conclusión de que el rostro es parte de la fotografía? Ello significaría que sería la única fotografía que existe de Nuestra Señora. Todos los que han tenido visiones de Nuestra Señora han intentado describir su aspecto externo con palabras, pero ¿hasta dónde podemos llegar así? No lejos, pues las palabras sólo transmiten una idea. Una fotografía es otra cosa, especialmente si ha sido tomada por el Cielo.
He aquí otro aspecto de esa "fotografía". Los observadores críticos dicen que representa a Nuestra Señora no como india, sino como perteneciente al Oriente Medio; o, dicho en otras palabras, como judía, que es lo que ella era.
Una de las circunstancias importantes relacionadas con el cuadro ha sido su conservación a pesar de la explosión de una potente bomba de relojería oculta en un ramo de flores y colocada ante el cuadro en los primeros años de este siglo. Esto fue preparado por los perseguidores de la religión, quienes veían la grandeza del poder que la devoción al cuadro les oponía. La bomba explotó con un efecto realmente destructor produciendo grandes daños en la basílica. El cuadro, incluido su marco y cristal, permaneció indemne a pesar de que un pesado crucifijo de hierro que estaba delante sobre el altar quedó totalmente retorcido y desfigurado. Así el atentado se volvió contra sus perpetradores, pues la grandeza de este milagro sirvió para incrementar la devoción que aquellos malvados habían intentado destruir.
Hay otra lección significativa que aprender de esta epopeya de la conversión original de México. Fue iniciada y fomentada por Nuestra Señora, pero la presentación de la fe fue hecha por Juan y el pequeño grupo de indios que le ayudaron. Nuestra Señora se sirvió de ellos porque conocían la lengua y porque los indios no tenían ningún recelo de ellos; pertenecían al pueblo ellos también. Uno de ellos fue el indio muerto y devuelto a la vida durante la instalación del cuadro en la nueva capilla. Tenía un motivo perentorio para devolver aquella vida a Nuestra Señora hablando a su pueblo sobre ella y su divino Hijo. Quizás los otros que le ayudaron habían sido igualmente convencidos a través de grandes favores. Sea lo que fuere de ellos, la conversión de México en siete años dependió de aquel grupo de apóstoles de Tepeyac, que incansablemente explicaron el relato cristiano a las muchedumbres que se agolpaban diariamente de todas las partes de México. Venían, veían, escuchaban y quedaban conquistados por Jesús y María. Luego iban a los sacerdotes para ser recibidos en la Iglesia, que hasta entonces habían odiado.
¿No vemos en esa proeza apostólica de éxito único la misma esencia de la idea de la Legión, la movilización bajo los auspicios de María de la gente normal en el trabajo de evangelización? Es el principio de la levadura que nos propuso nada menos que Nuestro Salvador, la cual puede ser empleada para impregnar toda la masa.
Es un hecho asombroso que solamente a un lugar del mundo van más peregrinos que a Guadalupe. ¿Cuál es? ¿Lourdes? ¿Fátima? Ninguno de ellos. Es Roma. Sólo al centro de la cristiandad acuden anualmente más peregrinos que a Guadalupe.
Cuando se considera el carácter inmediato y total de la conversión que aquella aparición llevó a cabo, uno no puede menos de anhelar que alguna de las grandes zonas de necesidad espiritual de hoy se convirtiese en el centro de un acontecimiento semejante, pongamos por un caso un país como China, donde viven mas de un millón de personas sencillas y dignas. Si se produjese un portento como el de Guadalupe, reaccionarían como los aztecas, y obligarían a millones a entrar en la Iglesia.
¿Hay algún método por el que podamos hacer que Nuestra Señora realice una visita semejante? Seria su deseo maternal. Debe haber algo que falla del lado humano. China no es solamente la mayor comunidad de la tierra, sino que está expuesta también a la propaganda atea y es un peligro posible para el mundo. Por eso repito la pregunta: ¿Qué podemos hacer para llevar a Nuestra Señora a China?