La Religión de los Protestantes
Por el Siervo de Dios Frank Duff, fundador de la Legión de María 

Protestantes, volved a la casa paterna antes que el abismo os trague. Un abismo donde vida, verdad y alegría han desaparecido.

Frank Duff antes que fundara la Legión de María...Si se preguntara a los Protestantes de dónde han tomado su Religión, su indudable respuesta sería que le han tomado de la Biblia. Pero al hablar así están en un error. Han tomado su religión principalmente de las salas de clase, del mismo modo que nosotros lo hacemos. Nosotros con lógica la tomamos de tal procedencia, porque nuestras aulas son la voz de la Iglesia. Ellos sin lógica.

En esas aulas nuestras, desde el comienzo de nuestra educación, recibimos la enseñanza oficial de la Iglesia y firmemente mantenemos que la Iglesia está divinamente autorizada para trasmitimos ese material.

Los Protestantes que reciben educación religiosa están en sus salas de clase, tal como nosotros, a una edad temprana. Allí se les habla mucho de cristianismo auténtico. Entonces ellos toman la Biblia y están convencidos de que en ella encuentran ese auténtico cristianismo. Pero de hecho no lo reciben de la Biblia. Eso queda probado por la simple razón de que si personas ignorantes de la enseñanza cristiana tradicional, leen la Biblia no sacan ninguno de los conocimientos que los Protestantes encuentran allí.

Hay que notar que la Biblia se compone no sólo del Nuevo Testamento sino también del Antiguo. Ambos libros son difíciles y en gran medida contradictorios. Pues necesariamente se da el caso de que el uno ha sido sobrepasado por el otro.

Si es esta la situación en que nos encontramos, ante una colección de documentos verdaderamente difíciles, con ese principio de aparente contradicción en ellos, es inevitable, que quien proceda a interpretarlos por si mismo, esto es, quien quiera que se separe de la Iglesia ha puesto sus pies en el camino de la confusión aunque piense estar seguro.

La misma Biblia da testimonio de ese efecto: "ante todo sabe que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada" (Epístola II de S. Pedro, 1, 20) e insiste que todas las escrituras contienen cosas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inseguros las interpretan torcidamente para su propia perdición (Epístola II S. Pedro, III, 16).

LA IGLESIA ORTODOXA Y LOS CONCILIOS

Retrocedamos en la Historia hasta el caso anterior de una salida en masa de la Iglesia. La Iglesia Oriental, vulgarmente llamada Iglesia Ortodoxa, puede decirse que se alejó de nuestra unidad hacia el año 1054. Esa desgracia se originó en varias disputas. El principal tema sobre el que versaba la discusión fue la obediencia al Papa, pero no quisieron repudiar la Doctrina Católica. El problema radicaba en encontrar una fórmula mediante la cual pudiesen quedar al mismo tiempo, libres del papado y mantenerse, como ellos deseaban, fundados en una roca sólida. La fórmula que encontraron fue la de recibir toda la Doctrina Cristiana definida por los Concilios Ecuménicos. Esta era una plausible regla de fe, porque en ese tiempo parecía que todas las grandes controversias habían sido resueltas. Supongo que la posición de entonces era igual a la de ahora. Nosotros estaríamos inclinados a pensar que todo está aclarado, a excepción quizá de una o dos cosas, como la mediación de María, que tiene que ser definida. ¡Pero todo lo demás está solucionado!

Reflexionando sobre estas líneas, los orientales argumentan: si nosotros nos mantenemos dentro de los grandes Concilios, estamos salvados. Pero al razonar así, se mueven dentro del desastre. Porque, en lugar de tener casi todo definido, hicieron brotar desde entonces lo que podría llamarse una explosión de herejías. Los puntos delicados que quedaron para el futuro fueron no menos numerosos que los del pasado. Los Ortodoxos no tuvieron un modo efectivo de habérselas con las nuevas herejías. Cuando apareció el Protestantismo, éste acusó a los Ortodoxos de contradicción, al decir que aceptaban sólo lo definido por los más grandes Concilios, mientras al mismo tiempo, de hecho, creían en doctrinas tales como la Inmaculada Concepción y la Asunción de Nuestra Señora, ninguna de las cuales había sido definida, las que en realidad han sido proclamadas solamente en nuestros tiempos. Esa lógica golpeó a la Iglesia Ortodoxa con tal fuerza, que la hizo tambalear. El resultado fue que gradualmente abandonó la creencia de esas dos grandes doctrinas, como en otras, a pesar de haber sido su conspicua proclamadora y defensora desde el principio. De modo que la fórmula que ellos consideraban segura sólo les sirvió de lazo para su propio daño.

PROTESTANTISMO Y LA BIBLIA

El Protestantismo, a su vez, quiso para sí una roca sobre la cual, mientras se separaba del Papado, pudiera descansar seguro. Sus fundadores pensaron que en la Biblia tenían una regla de fe suficientemente firme para servir de base permitiéndoles sin embargo, la libertad que ellos querían. Con las enseñanzas Católicas aún frescas en sus mentes, miraban a la Biblia y veían en ella conforme a su pensamiento, la mayor parte de esas enseñanzas. Pero allí fue donde se equivocaron porque el hecho es que ningún documento, sea la Biblia o cualquier otro, puede suministrar la fe completa. Sólo la voz viviente de la Iglesia puede solucionar los problemas que vuelven a presentarse, y ni aún la Iglesia misma puede prever todo por escrito para el futuro. Con aparente precisión ella define un asunto, sin embargo, más tarde se le presenta el mismo con un nuevo aspecto y nuevamente demanda atención. Nada, fuera de la continua autoridad viviente, puede intervenir con capacidad extraordinariamente humana para encontrar defectos y acabar con nuevos errores. Para encarar el fenómeno del Protestantismo, es un imperativo partir de la base de que la mayoría de ellos son sinceros. Porque, si ellos no lo fueran, ¿Para qué entrar en discusión lógica acerca del Protestantismo? Discutir sobre este asunto sería perder el tiempo.

Los Protestantes originales quisieron romper con Roma. Pero ellos se dieron perfecta cuenta de que debía existir un pilar de la verdad alrededor del cual el pueblo pueda reunirse. Ellos pensaron que la Biblia podía servir de tal pilar. Desde su punto de vista separatista esto parecía ideal. Tenía la autoridad de la palabra de Dios, y a sus ojos ella expresaba la enseñanza Cristiana tradicional. De modo que su fórmula fue hacer de la Biblia la sola regla de fe. Incidentalmente pasaron por alto una circunstancia muy importante, a saber la de que la Biblia apenas acababa de ponerse al alcance del pueblo. Esto se realizó gracias al descubrimiento de la imprenta en el año de 1,442, lo cual significa que durante 1,400 años la Biblia no había sido asequible a la multitud. Pero aún en el caso de haberlo sido, la multitud no hubiera podido leerla, porque la generalidad del pueblo, en esos tiempos, era analfabeta a causa de la falta absoluta de material impreso. Sin embargo, no parece que los reformadores dieron mucha o ninguna importancia a ese hecho vital, no obstante que, de acuerdo a su propia teoría, eso significaba que la cristiandad desde el principio hasta entonces habla estado sin una regla práctica de fe.

De todos modos la fórmula no era valedera. Desde el primer momento se mostró la incongruencia de la Biblia como única regla de fe. Los reformadores mismos discutieron radicalmente sobre asuntos fundamentales. El proceso de resquebrajamiento y división comenzó, y les ha llevado a la situación que nosotros vemos ahora. Esta seria una clara paráfrasis de su doctrina de interpretación privada individual: "Que cada protestante es su propia iglesia". Cada uno determina su propia religión. Cada uno toma las Escrituras, influenciado por esa tendencia ya mencionada de leer en ellas su educación de la infancia. Entonces por un inevitable proceso de adaptación y evolución, resulta algo que es diferente en cada uno, como lo es un hombre de otro. El resultado es que fuera de la Iglesia no hay nada que genuinamente pueda llamarse una religión.

Convertidos recientes sugieren que en Gran Bretaña sólo dos millones de no-católicos asisten al Servicio Divino los domingos.

Se asegura que hay un millar de sectas en Estados Unidos de Norte América, cada una de las cuales afirma que tomó su doctrina de la Biblia. Sin embargo aún dentro de las sectas hay diferencias fundamentales.

No paran allí las cosas. Es propio del error tomar impulso y multiplicar sus formas para complicarse a sí mismo, ya hemos demostrado cómo la Iglesia Ortodoxa se vio obligada, por su propia fórmula Insuficiente, a abandonar doctrinas que ella había profesado desde el principio. El mismo proceso inexorable se ha realizado en el Protestantismo. Como anota Karl Adam: "Gran parte del pensamiento de Lutero fue simplemente Católico. Quienes eliminaron aquellos elementos católicos de su mensaje fueron los teólogos Luteranos de fines del siglo dieciséis y del diecisiete".

TESTIGOS DE JEHOVA

Muchas son actualmente las doctrinas fantásticas promulgadas por las diferentes sectas, sin embargo para todas y cada una de ellas, se cita la Sagrada Escritura como su origen y su justificación. La doctrina de la "libre interpretación" ha terminado por producir hijos monstruos.

En este orden últimamente, ha sucedido algo que es realmente abominable. Esto es, la aparición de los Testigos de Jehová. Ellos representan una manifestación espantosa. Han repudiado ver4ades fundamentales, como las de la Trinidad, la Encarnación, la Divinidad de Cristo, todos los Sacramentos, excepto el bautismo, el cual, de paso, debe realizarse por inmersión. Todo esto nos parecería ser un naufragio total del Cristianismo, pero ellos no lo ven así. Ellos insisten en que su mezcolanza es tomada fielmente de la Biblia. Con esta afirmación nosotros obtenemos algo de importancia capital. Cuando examinamos el problema desde dentro, yo insisto en que no tomemos la fácil salida de decir que son una pandilla de tergiversadores o simplones. Es indudable que, como en todas las colectividades humanas, incluyéndonos a nosotros mismos, tienen algunos con esas fallas. Pero debemos, no menos que en el caso de los Protestantes, creer que son en su mayoría sinceros. Si usted entrevista a muchos de ellos, notará que en conclusión se impone.

Es cierto que ellos están haciendo un impacto destructor sobre el Protestantismo. Casi todos los que promueven las extrañas creencias de ese credo son convertidos de las sectas ordinarias de los protestantes. Al dejar esas sectas para hacerse Testigos de Jehová, están convencidos de que han dado un dinámico paso hacia arriba.

Es importante anotar esta posición: Ellos son sinceros. Son inteligentes. Están buscando la verdad. Ellos toman la Biblia en la absoluta confianza de que van a encontrar en ella la verdad. Sin embargo, el resultado es ese extraordinario programa de negación de todo lo que nosotros consideramos como cristianismo esencial.

Los Testigos de Jehová son un desafío para todo aquel que valora al cristianismo, un llamamiento a pensar y a reflexionar. Para ellos representa la llegada a lo horroroso, fatal madurez de un principio erróneo. Ahora pasemos de aquellas gentes a los anglicanos, quienes, de todas las ramas del Protestantismo, están más cerca de nosotros guardando la mayor parte de nuestras doctrinas. Algunos de ellos las admiten todas excepto al Papado. De modo que aquí está el un extremo de la escala y los Testigos de Jehová son el otro extremo. El polo norte y el polo sur no pueden estar más apartados. Sin embargo, cada uno declara que ha tomado su religión de las Escrituras. No sólo ese polo norte y ese polo sur, sino todas las innumerables sombrías y contradictorias sectas de doctrina que se hallan entre los dos están seguros de creer que la han encontrado en la Biblia. Lo que prueba que la Biblia como los grandes Concilios -y de hecho mucho más que éstos- es ineficaz para sustituir la roca de Pedro.

Jamás las Escrituras fueron divinamente intentadas para ser un Catecismo sino un relato de las cosas hechas y dichas, como nos informa San Lucas en las primeras líneas de su Evangelio.

Hay, por supuesto, a través del Nuevo Testamento una gran cantidad de doctrinas promulgadas de un modo esquemático y exactamente es esta manera de esbozo lo que ocasiona la dificultad. Resulta que en las Escrituras se forma una especie de espejo para nuestras propias mentes reflejando los credos que nosotros sostenemos. Los católicos, los protestantes y los Testigos de Jehová, todos piensan que allí han encontrado sus propios credos.

UN VALIOSO EXPERIMENTO


Hace muchos años se hizo en China un experimento muy valioso. Este provino del deseo de descubrir qué impresión hablan hecho las Escrituras en las mentes que no habían tenido un conocimiento previo del Cristianismo. Tomemos -se dijo- un pagano muy inteligente sin ningún antecedente del Cristianismo. Démosle el Nuevo Testamento para que lo estudie y diga qué hizo de él.

El experimento seleccionó un intelectual sobresaliente, un hombre de relevantes dotes. Como he dicho, él no conocía nada del cristianismo, aquello era un territorio desconocido para él. El concienzudamente llenó la encuesta que le hablan hecho, estudió el libro con extremo cuidado y al fin dio su veredicto. El dijo: "¿Qué es todo esto?" ¿Quién es este Jesucristo? ¿Qué pasa con él?. Yo no puedo poner prólogo ni epílogo a este libro".

Este es un episodio inmensamente importante. Que su comentario no sea tan superficial, como éste: "Yo no entiendo a este hombre, porque puedo ver fácilmente el significado del Nuevo Testamento". Por supuesto que usted lo puede, porque tiene el secreto de todo el asunto. Todo su conocimiento está de acuerdo con lo que hay allí. Lo que usted sabe -o sea- lo que la Iglesia le ha enseñado es la clave para entender todo lo que hay en la Biblia por eso el libro tiene sentido para usted.

¿Pero qué pasa si usted está privado -y en la medida que usted esté privado- de esa iluminación que procede de la Iglesia? La respuesta está contenida en aquel experimento chino. Aquella muestra altamente intelectual de la raza humana no pudo sacar nada en limpio del Nuevo Testamento, el cual, sin embargo, es la parte más sencilla de la Biblia.

Tanto como el Protestante piensa que ha recibido su doctrina de la Biblia, de la misma manera se imagina que está obedeciendo las prescripciones bíblicas. De hecho no hace eso. ¿Qué sucede con las regulaciones del Antiguo Testamento? El Antiguo Testamento es en duración la parte más grande de la Biblia, y también la más grande en cantidad. Mire a través de sus páginas y vea la clase de órdenes y regulaciones de que está lleno. Ejemplo: lea la minuta detallada respecto a la comida y al ayuno. Entre los platos severamente prohibidos a los judíos estaba la liebre y el chancho. Si los protestantes modernos observaran esa regla, ella interferiría mucho su régimen alimenticio.

GUARDAR EL SABBATH

Existe la cuestión de guardar el día de Sabbath. ¿Por qué los Protestantes guardan el domingo? Las reglas del Sabbath eran drásticas. Ellas no permitían ninguna clase de trabajo. Ellas no permitían encender el fuego. Uno no podía ni aún juntar la leña para quemar ese día. Uno no debía ni siquiera cocinar. La comida del Sabbath tenía que ser preparada el día anterior, y había aún la regulación de que no se debía coger una pulga en día Sabbath. ¡A no ser que molestara mucho! No se debía andar más de seis estadios. Cada siete años no se podía ni sembrar ni cuidar los viñedos. Lo que crecía por sí mismo tampoco debía cosecharse o recogerse. Estas cosas estaban establecidas con seguridad.

Los Libros del Levítico y Deuteronomio conservan mucha legislación precisa de ese género, todo lo cual no cumplen los protestantes ni nosotros tampoco. Nosotros lógicamente, por el permiso e instrucción de la Iglesia. ¿Pero quién les permite a los Protestantes? El hecho por supuesto, es que ellos tomaron de la Iglesia las dispensas juntamente con la parte de catolicismo que retuvieron al tiempo de la reforma. Pero ya que ellos han repudiado la autoridad de la Iglesia Católica, ¿Qué derecho tienen de beneficiarse de aquellas cosas? Ellos por lógica están obligados a observar lo que está escrito en el Antiguo Testamento, cuando usted les interroga sobre estos puntos dan como explicación que la antigua Ley ha sido anulada. Bien, entonces, ¿Qué partes de la antigua Ley? Nuestro Señor mismo dijo que La ha venido a perfeccionar la Ley y no a destruirla. La afirmación le ellos de que la antigua Ley ha sido abrogada ¿En qué medida se refiere a los 10 Mandamientos? No fueron éstos incluidos en la parte abrogada?

Como una justificación del descuido de observar ese Código relativo a la alimentación, ellos citan particularmente ese texto de los Hechos de los Apóstoles, Capítulo 10, Versículo 15, que se refiere a la célebre visión del lienzo bajado del cielo, y la voz que dice a San Pedro que nada de lo que ha sido purificado debe ser considerado impuro. Los Protestantes interpretan esto como la anulación de todo el Código que se refiere a animales impuros, sin embargo, lo que se revelaba en ese momento era el llamamiento de los gentiles, y S. Pedro lo entendió en ese sentido figurado.

Los Protestantes también señalan la Epístola de S. Pedro a los Colosenses, Capítulo II, Vers. 10. Como justificación de la alteración del Sabbath y el abandono de las severas reglas concernientes a él. Quiero citar ese texto para ustedes: "Que nadie, pues, os condene por razones le comida, de bebida, de fiestas, de novilunios, o de Sabbaths".

Si esa es la justificación a que apelan, ella puede llevarlos, en verdad, muy lejos. Por ejemplo no podría decirse que ella anula la obligación de guardar como sagrado el día de descanso o Sabbath y que ella permite comer y beber cualquier cantidad hasta el más escandaloso exceso. Claramente ella no podría significar lo segundo ni el repudio del Sabbath, más aún, el mismo escritor S. Pablo en su Epístola a los Hebreos (Cap. 4to.) es terminante en cuanto a la obligación de observar el día de descanso y cuidadosamente repite las palabras Divinas de tal modo que sugiera la existencia del completo rigor judaico en la materia.

Actualmente se sostiene que el texto que prohíbe juzgar a alguien en relación a la comida y bebida y Sabbaths, se refiere al hecho de que uno ya no está obligado por el antiguo ritual que regulaba esas cosas, sino, en su lugar, por el nuevo orden establecido por la Iglesia.

Eso es muy sencillo para nosotros. Pero, ¿Qué persona, que no tenga otra autoridad a quien apelar, podría interpretar estos textos diferentemente? Un texto donde San Pablo parece que insiste del modo más severo sobre una rígida y judaica observancia del Sabbath y otro texto, donde él aparece levantando todas las restricciones sobre el comer y beber y la observancia del Sabbath: los Protestantes en su estudio de la Biblia no ven estas contradicciones. Tienen su manera respetable de comportarse y mantener el Sabbath en la forma que han creado. Para todo lo que ellos creen y quieren hacer, encontrarán un texto para justificarlo. La Iglesia nos dice exactamente lo que tenemos que hacer en aquellos casos de regulaciones aparentemente contradictorias, pero ¿quién les enseña a los Protestantes? Ellos toman de lo que ha sido enseñado por tradición y dan la interpretación que les parece correcta. Esta es una actitud sincera, pero puede conducir a cualquier parte, y ella ha guiado a toda clase de cosas, hasta a los testigos de Jehová.

Tiempo atrás en "Maria Legionis" yo me arriesgué a afirmar que a la inteligencia abandonada a sí misma sin guía, cada texto de la Escritura es capaz de rendirle cincuenta diferentes significados, cincuenta, por supuesto, es un término general, pero indudablemente el número de posibilidades es grande, como lo han probado las variaciones protestantes. Si la Iglesia Católica no es tomada en cuenta, se puede sacar de la Biblia todo lo que se quiere.

ETHEL Y SUS RAREZAS

Hace algunos años en el "Evening Herald" hubo una serie algo humorística acerca de una persona imaginaria llamada Ethel y sus extravagancias. Ella era una sirvienta y no de la mejor clase. En el curso de la narración aparecía como ladrona, desobediente, desaseada, desatenta, perezosa, atrevida, mentirosa y dada a quebrar las cosas. Ella emigró a Inglaterra y su supuesta ex-patrona interpretó su partida hacia aquella tierra como "venganza de Irlanda por lo de Cromwell". Si podemos hacer una aplicación de esa broma a cosas serias podríamos decir que los Testigos de Jehová son un castigo de Dios a la reforma. Los Testigos de Jehová son como testigos de Dios, en lo que toca a las fatales consecuencias de no oír a la Iglesia. Los Testigos de Jehová son la confusión de aquellos que proclaman que la Biblia es la única maestra y que ella enseña con claridad, porque los Testigos de Jehová son el ariete contra el principio de la interpretación privada porque ellos la hacen ridícula. Ellos presentan al protestantismo tomado en su lógica conclusión. Ellos representan el fin del camino, el abismo que se aproxima, esto es, si los Testigos de Jehová no son ellos mismos el abismo.

Protestantes, volved a la casa paterna antes que el abismo os trague.

Un abismo donde vida, verdad y alegría han desaparecido.