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LA
LEGION DE MARIA Y LA VIDA SACERDOTAL
P.
Francis J. Ripley
Prólogo;
Proemio
a la Primera edición;
I
La santidad del Sacerdote, modelo para el legionario;
La
Legión, una obra de la Gracia a la que todos son llamados;
Espíritu
característico de la Legión;
Devoción
legionaria; El
Sacerdote y el Praesidium;
Santidad
del apostolado legionario;
Alocución,
Amor
consciente de la Legión a María;
Unión
del Sacerdote y del Legionario;
Alcance,
medida y medios de dicha unión;
Interés
prático del Sacerdote;
Multiplicidad
de la persona del Sacerdote;
Las
virtudes de María hacen santos a los legionarios;
Todo
un pueblo organizado para Dios;
Ad
Jesum per Mariam;
II;
Servicio
sacerdotal; Fe,
valor, prudencia;...
Página
2.
Este folleto
abarca 43 hojas
PROLOGO
En la Historia de la Iglesia, el Espíritu Santo hace circular periódicamente corrientes de gracia que la impregnan y le dan nueva vida. La Legión de María es un Golf Stream de esta especie. Basta observar sus orígenes, su asombroso desarrollo a través de los cinco continentes y de más de un millar de diócesis, su admirable y, sobrenatural cosecha, para poder afirmar: digitus Dei est hic, el dedo de Dios está aquí. Es imprescindible canalizar esta corriente de gracia, y ¿Quién mejor que el sacerdote para lograrlo? Su colaboración es tan indispensable como su preparación, y dicha colaboración habrá de tender por entero a la consecuencia del mayor numero posible de beneficios del instrumento sobrenatural que la Santísima Virgen ha puesto entre manos. El P. Ripley ha manejado este instrumento con mano maestra: tiene el derecho -el deber- de dirigirse a sus compañeros, los sacerdotes, para decirles: Si scires donum Mariae, si conocieses el regalo de Maria. Por mi parte puedo afirmar, después de haber observado su labor en mi propio país y en otros próximos, que la Legión de Maria constituye una gracia especialísima para impulsar a la iglesia en su labor misionera. No existe nada automático en esta gracia; está a nuestra disposición, pero es preciso saber y querer utilizarla. Con el autor de estas páginas, ruego a los sacerdotes que no fijen su atención en las apariencias ni en la parte externa, sino que abran su espíritu al mensaje del Manual y a sus instrucciones, y que sean enteramente fieles a él y a sus cotidianas aplicaciones. Ojala que los sacerdotes lleguen a descifrar ese "secreto de María" cual es la Legión de María, ese secreto dinámico y apostólico, y que entreguen a él en un cien por cien.
Muchas gracias al P. Ripley por su testimonio y por estas páginas en las que pueden encontrarse un profundo amor a María y a la iglesia y la rica experiencia de su propia vida pastoral.
L. J. SUENENS,
Cardenal Primado de Bélgica.
PROEMIO A LA PRIMERA EDICION
La Legión de María de Escocia agradece cordialmente al P. Francis J. Ripley su autorización para llevar a la imprenta y poner en circulación su discurso a los Directores Espirituales del Comitium de Liverpool
Es imposible valorar en su justa medida la influencia que sobre la salud espiritual y sobre la eficacia apostólica de cada Praesidium de la Legión de María ejercen el interés y el celo luminoso del sacerdote que se consagra a las tareas de Director Espiritual. De él esperan los legionarios instrucción y formación dentro del espíritu de la Iglesia, bajo su dirección deben tratar de capacitarse, y de su celo obtendrán sus inspiraciones.
Recomiendo respetuosamente a todos los Directores Espirituales de la Legión en Escocia la piadosa meditación de las palabras del P. Ripley.
Jumes Black, V. G.
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LA LEGION DE MARIA Y LA VIDA SACERDOTAL
I
La santidad del Sacerdote, modelo para el legionario
En su Manual oficial, la Legión de María dedica dos páginas y media al estudio de los deberes de sus Directores Espirituales. Nuestro comentario habrá de girar en torno de esas páginas, si queremos abordar el tema sin desviarnos del espíritu que ha hecho de la Legión uno de los más importantes movimientos apostólicos de la Iglesia.
La primera frase alcanza ya la médula misma del asunto: "Puesto que la Legión gradúa la eficacia de su actuación únicamente según las cualidades espirituales desarrolladas en sus miembros y comunicadas por ellos a sus obras, es evidente que el Director Espiritual del Praesidium, a quien toca principalmente infundir dichas cualidades en los socios, es el alma del Praesidium." Se establece, ante todo, que la finalidad primordial de la Legión es la santificación dc sus miembros. Luego, se subraya que, precisamente en cuanto a este fin fundamental, depende ella del sacerdote de una manera especial. La Legión caminará hacia el éxito o hacia el fracaso, según el nivel de santidad de quienes a ella pertenecen; ellos, a su vez, triunfarán o fracasarán en la consecuencia del objetivo primario de su integración en la Legión, según el nivel de santidad, devoción y eficacia de su Director Espiritual. De aquí que el primer requisito rara un sacerdote legionario sea una vida santa. Naturalmente que ya se halla obligado a ponerla en práctica por el hecho de haber sido llamado a las Ordenes Sagradas, pero su incorporación a la Legión como Director Espiritual habrá de servirle de nuevo incentivo para cultivar la ciencia de los santos. Ni unos grandes conocimientos, ni siquiera un celo o un entusiasmo naturales pueden llegar a suplir las deficiencias de santidad personal en un director de conciencias.
La Legión espera del sacerdote que llegue a ser "el principio vital de su vida espiritual. Tanto, en fin, de-pende de él, que el Papa Pío Xl llega a decirle aplicándole las palabras del Salmista: Mi suerte está en tus manos. ¡Qué dolor si quedara frustrada tan gran confianza como se pone en él, aunque no fuera más que en un solo caso! ¡Qué lástima sería ver a un grupo de operarios, deseosos de trabajar lo mejor que pudieran por Dios, por María y las almas, andar desorientados como rebaño sin pastor! ¿Qué diría el Pastor Supremo de un Director Espiritual negligente, de aquel que debiera ser el alma de la Asociación, el inspirador de toda buena iniciativa, la fuente del celo?"
La Legión, una obra de la Gracia a la que todos son llamados
En su hermoso libro "The Age and Mary"; el P. Michael O'Carrol hace una observación profunda al escribir: "La Legión de María fundamenta sus actividades en la atrevida hipótesis de que, al ser todo lo bueno realizado por la Gracia Divina, es absurda la confianza excesiva en los dones naturales. No desdeña esas cualidades, pero está plenamente convencida de que su ausencia puede ser un pretexto para una demora indefinida. Los hombres caen casi siempre en la tentación de procurarse un equipo humano totalmente adecuado para llevar a cabo una labor divina. Muchas realizaciones de importancia para la Iglesia se verían aplazadas indefinidamente si tal idea llegara a ser corriente y definitiva. Se trata de una opinión que, analizada hasta sus últimas consecuencias, encierra ciertos matices de Pelagianismo. Las grandes hazañas del Cristianismo han sido llevadas a cabo en tiempos pretéritos por hombres que, a juicio de todo el mundo, parecían completamente ineptos para las mismas. La ley continúa todavía vigente. No es sino la expresión de la paradoja fundamental del Evangelio: "Sin Mí, nada podéis hacer"; "Todo lo puedo en Aquél que me conforta." Dios no precisa de nadie. EI es el solo independiente, supremo, libre. Para sus designios, puede servirse de uno o de todos. La actitud de su instrumento será siempre la misma: "Aquél que es Todopoderoso ha hecho grandes cosas en mi." Mientras muchos cristianos se contentan con creerlo, quienes se hallan al frente de la Legión han tenido el acierto y la valentía de llevarlo a la práctica."
El sacerdote de la Legión debe poseer la plena convicción de que se ha comprometido en una labor de gracia. Por ejemplo, en la selección de sus legionarios sufrirá una grave equivocación si se fija más bien en las aptitudes naturales que en las sobrenaturales de los posibles candidatos. Ha demostrado la experiencia que los resultados más fecundos en relación con las almas han sido a menudo conseguidos en la Legión por aquellos individuos que desde el punto de vista de la naturaleza o del mundo eran los más incapacitados. Podríamos presentar numerosos ejemplos acerca de esto, especialmente en relación con los mensajeros de la Legión, pero será suficiente uno, acaecido dentro de nuestras fronteras. Se trata del caso de una anciana legionaria que consiguió volver a la práctica de sus deberes a muchas, a muchísimas almas. Rara era la asamblea semanal en que no tuviese que dar cuenta de una conquista sensacional. Al sacerdote que visitaba su distrito se le hacia presente constantemente su magnífica labor de apostolado. Juzgándola desde un punto de vista humano, era con mucho la menos dotada de todos los miembros del Praesidium. Tenía más de 70 años, era torpe de lengua, sabía apenas leer y escribir y no-poseía ningún atractivo físico que la recomendara. En el Praesidium había otras mujeres con títulos académicos y excelentes cualidades naturales; no obstante, ninguna de ellas podía equipararse en eficacia apostólica con su hermana mayor. Cuando, en cierta ocasión, le preguntó el sacerdote en qué residía el secreto de sus éxitos -él ya sabía de antemano que se trataba de una legionaria ejemplar y de una católica muy fervorosa que por ningún motivo dejaba de recibir diariamente la Comunión- ella contestó: "Se debe, estoy plenamente convencida, a la hora que todas las noches dedico a la oración." Investigaciones posteriores llevaron a la increíble comprobación de que esta hora de oración tenía lugar todos los días de la una a las dos de la madrugada. Pero lo extraordinario del caso es que, como la misma legionaria afirmó, había tomado esa costumbre solamente cuando llegó a convencerse de la absoluta necesidad de la oración en la conquista de las almas.
La Legión de María es, ni más ni menos, una máquina de hacer santos -y el sacerdote es la pieza maestra de la máquina. No hay duda de que el mundo actual necesita urgentísimamente de la santidad; o, dicho en otras palabras, del espíritu de Jesucristo. La sublime vocación de la Legión radica en la formación de las almas dentro de ese espíritu. El espíritu de la Legión es el de María misma; ¿y qué diferencia puede existir entre el espíritu de María y el de su Hijo? De ahí que el sacerdote legionario está llamado a realizar la sublime tarea de formar a las almas en la santidad. Con ello contribuye al apostolado seglar mucho más de lo que podría hacer con su dedicación a otras actividades. Está prestando un servicio vital a la Iglesia y al mundo.
¿Qué labor podía tener más cercana a sus aspiraciones en el día de su ordenación sacerdotal? En una parroquia en la que haya mucho que hacer, existen muchas llamadas solicitando nuestras energías y nuestro tiempo. Nos vemos obligados con frecuencia a entregarnos a muchas actividades para las que no tenemos preparación especial. Al ser sacerdotes al cargo de almas, hemos 'de trabajar en medio de ellas tal como son, inmersos en sus circunstancias y problemas mundanos. Es, sin embargo, de gran trascendencia, que el sacerdote haga mentalmente una clasificación acerca de los muchos modos de que podría trabajar por las almas, ordenándolos según su importancia. ¿No considerará como una de sus más ardientes aspiraciones el formar en la santidad a un grupo selecto de sus feligreses? Hay Sacerdotes -buenos y celosos, por lo demás- que aseguran que no les queda tiempo para dirigir a la Legión, por estar totalmente entregados a las diversas actividades sociales de sus parroquias. Sería un día aciago para la Iglesia aquél en que esa mentalidad llegara a ser universal. El tiempo dedicado a la sincera tentativa de formar a las almas en la santidad producirá en definitiva mayores dividendos que el gastado en la organización de bailes, clubs y equipos de carreras o de fútbol.
Todos los católicos reciben una invitación para el ejercicio del apostolado y a todos se les concede la gracia necesaria para responder a esa invitación. El Papa Pío XlI, en su encíclica sobre el Cuerpo Místico, dice que los fieles en su totalidad están obligados a trabajar enérgica y constantemente en favor del engrandecimiento y de la edificación de la Iglesia. Si Se llama a todos, si todos reciben la gracia suficiente, a todos debe dárseles una oportunidad. De ahí que el sacerdote ha de poner sumo cuidado en no excluir de la Legión, aplicando su criterio personal respecto a la aptitud, a quienes pudieran tener un puesto en ella. El Manual nos pone explícitamente alerta contra unas exigencias demasiado severas para los recién ingresados; insiste asimismo en que se abran las puertas de la Legión a todos los católicos que practiquen una vida piadosa, que Se encuentren animados por el espíritu de la Legión o que, al menos, ansíen alimentar en sí mismos dicho espíritu. y que estén decididos a cumplir todos y cada uno de los deberes que la Legión exige de sus asociados. En las páginas del Manual se lee lo siguiente: "Se corre mucho peligro al hacer exigencias demasiado severas. Por supuesto, el tenor de vida de los legionarios veteranos será más alto que el del común, y desde luego, hay que tener esto presente al considerar la admisión de socios reclutas. Sería injusto exigir a uno de éstos lo que sólo han conseguido otros después de varios años en la Legión... Si alguien no sirve, no tardará en volverse atrás quejoso de la labor que le impone la Legión. No cabe otro proceder más eficaz para conservar la Legión en su integridad. ¿Quién ha oído jamás que el alistamiento para un ejército se abandonó por temor de que sentara plaza algún inepto?"
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Espíritu característico de la Legión
El sacerdote no tiene tan sólo la obligación de formar en la santidad a sus legionarios: ha de formarlos asimismo en una santidad peculiar. Del mismo modo que cada una de los centenares de Ordenes Religiosas de la iglesia posee un espíritu característico, la Legión tiene también el suyo. Pocos errores de más funestos resultados podría cometer el sacerdote que el de considerar a la Legión como "una asociación más". Se trata de un gran movimiento, con un espíritu peculiar. Exige de sus Directores Espirituales la formación de sus miembros en ese espíritu. El sacerdote que asume el cargo de Director Espiritual y que, sin embargo, se opone a infundir en sus legionarios esa formación según el espíritu del movimiento, carga su conciencia con una grave responsabilidad.
¿Cómo estará en condiciones de formar a sus miembros en el espíritu de la Legión, si no llega a comprender la esencia de ese espíritu? ¿Y cómo llegará a comprenderla si no hace suyo cl contenido del Manual de la Legión? Por muchas críticas que quisiéramos lanzar contra el Manual, hemos de tener siempre presente que ha constituido el manantial del espíritu que encerró el secreto de la maravillosa expansión y del fructífero y casi milagroso apostolado de la Legión. No existe, pues, ningún argumento favorable al Director Espiritual que ofreciera resistencia a familiarizarse con el contenido del Manual; con toda caridad, sería conveniente aconsejarle que abandonase su cargo en el Praesidium, porque, aun en el supuesto de que pueda estar formando a sus miembros en la santidad, ésta difícilmente puede constituir esa formación característica de la Legión que todos se obligaron a aceptar al incorporarse al movimiento. Por otro lado, el sistema de la Legión ha demostrado su capacidad de conseguir espléndidos resultados de extraordinaria santidad; constituye, pues, para el sacerdote un sistema con toda clase de garantías. Para un Director Espiritual, el dejarlo de lado para sustituirlo por no programa personal, es equivalente a hacer traición a la confianza que los legionarios han depositado en él. Como representante de la Jerarquía, tiene el estricto deber de encauzar a los asociados por el espíritu característico del movimiento; no ponerlo en práctica deliberadamente o adiestrarles en otro espíritu es obrar en contra de su mandato oficial, y difícilmente tendrá como resultado una efusión de gracia.
Muchos sacerdotes es que han obtenido resultados notables de sus Praesidia, han utilizado el Manual en sus meditaciones y lecturas espirituales. Contiene muchos fragmentos de rara belleza y un gran número de textos tomados de la literatura clásica espiritual. Cuanto mas se forme un sacerdote en la piedad dentro del espíritu de la Legión -del espíritu de María- tanto mayor será su capacidad para comunicar ese espíritu a los miembros de su Praesidium.
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Devoción legionaria
El elemento más importante de la santidad legionaria es el elemento mariano.
El fin primordial es llevar a María al mundo como medio infalible de conquistar el mundo para Jesús. Por consiguiente, "la ardorosa devoción legionaria hacia María, plasmada en meditaciones serias y celosas prácticas, es depositada en cada uno de sus miembros como solemne fideicomiso para con la Legión. Debe considerarse siempre como parte esencial de los deberes legionarios, ocupando el primer lugar entre las obligaciones de los asociados". De aquí que, por naturaleza, la primera labor de un Director Espiritual ha de ser ineludiblemente el comprender con claridad meridiana qué se entiende por "devoción legionaria hacia María". Dicho en una sola frase, quiere decir que hemos de honrar a María en el grado que corresponde a su sublime posición en los planes de Dios, como el canal de la gracia para los hombres. El mismo Manual dedica muchas páginas a la discusión de este asunto; todo Director Espiritual sincero ha de hacer suyas sus ideas, si quiere estar en condiciones de comunicar su espíritu entre quienes aspira a dirigir.
Existen, además, en el Manual otras secciones particularmente bellas que exponen con claridad y precisión otros rasgos del espíritu de la Legión. Un estudio de su índice nos demuestra la gran amplitud de estas secciones. La Sagrada Eucaristía, el Cuerpo Místico, la Paternidad de Dios, las almas del Purgatorio, el sentido del sufrimiento -son tan sólo unas pocas de las materias tratadas con extensión. El sacerdote celoso encontrará también enseñanzas prácticas de gran valor en todas las virtudes básicas de la vida espiritual. Constituye para él un deber y un privilegio el exponer todas estas ideas a los miembros de su Praesidium y el comprobar que la obligación legionaria de los mismos de trabajar se lleva a cabo dentro del espíritu de sus enseñanzas.
El Sacerdote y el Praesidium
El Manual continúa: "El Director Espiritual asistirá a las juntas del Praesidium, y cooperará con el Presidente y demás Oficiales en que se cumplan las prescripciones del reglamento y se haga funcionar la Legión según el espíritu y la letra de las mismas. Se opondrá a cualquier abuso, y apoyará toda autoridad legionaria legítimamente constituida." Nos llegan, de vez en cuando, rumores en el sentido de que los legionarios cometen indiscreciones y, a veces, hasta errores. El Manual da ya la respuesta conveniente a la objeción, pero no podemos dejar de observar que basta con que los Directores Espirituales observen lo preceptuado por el Manual, para que los errores sean escasos. Muchos sacerdotes creen que han cumplido con su deber asistiendo a las sesiones durante los diez minutos que dedican en dirigirles la palabra. Esa conducta está lejos del espíritu del Manual, el cual habla del sacerdote asistiendo a las asambleas, tomando parte en la resolución de sus asuntos e incorporándose al ajetreo de sus múltiples discusiones. Se deduce, pues, implícitamente, que el sacerdote debe hallarse presente en toda la sesión. Además, ¿cómo podrá un sacerdote comprobar que la labor se lleva a la práctica dentro de las normas específicas, cómo podrá ejercitar a sus legionarios dentro de la técnica del apostolado, si no está allí escuchando los informes y familiarizándose con los proyectos a realizar? Cada uno de los temas tratados en una sesión de la Legión es un paso adelante hacía la formación de sus miembros en el espíritu del movimiento; se santifican, no por haber escuchado la charla del sacerdote, sino por llevar a cabo continuamente un trabajo de apostolado dentro de un espíritu peculiar. Es indispensable la presencia del sacerdote a lo largo de toda la sesión, si queremos que tenga éxito este método de formación. El Manual agrega que el sacerdote "hará hincapié en una fidelidad a toda prueba (hasta en los menores detalles) al cumplimiento del deber, como fundamento esencial de toda obra grande": le sería totalmente imposible al sacerdote conseguir todo eso, sin su asistencia en el Praesidium durante toda la reunión.
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Santidad del apostolado legionario
Hemos indicado ya que la santidad individual constituye el primer objetivo de la Legión y que es tarea propia del sacerdote el que la Legión vaya tras la consecución de la santidad. El Manual subraya después que "la Legión procura el fomento de esa santidad de una manera específica, dándole el carácter de apostolado y poniéndola al rojo vivo para que logre difundirse por sí sola". Ello constituye una labor fundamental del Director Espiritual. Es tarea suya fomentar no tan sólo la santidad, sino una santidad apostólica, y no tan sólo una santidad apostólica, sino que, además, ha de ser genuinamente legionaria. También en esto recibirá una ayuda maravillosa del estudio de aquellos capítulos del Manual -y son muchos- relacionados con el espíritu del apostolado de la Legión. La norma más luminosa está contenida en el párrafo tercero de la Instrucción Permanente, en la que se establece que "los deberes dentro de la Legión exigen de cada legionario la realización de una labor legionaria sustancial y activa; con espíritu de fe y en un unión con María de tal modo que en aquellos en cuyo favor se labora y en cada uno de los compañeros se vea una vez más la Persona de Nuestro Señor servida por María, su Madre". Además, el apostolado de la Legión ha de ser definido, dirigido a todos los hombres, enraizado en una santidad personal, continuo, libre de toda preocupación social y racial, ajeno a las luchas políticas, emprendedor, caballeresco, personal e íntimo devoto, perseverante, intrépido, y así sucesivamente.
Para formar a sus legionarios de tal suerte que se hallen en condiciones de poner en práctica su apostolado con todas la cualidades dichas, el Director Espiritual, dice el Manual nuevamente, mirará su Praesidium "como miraría un maestro de novicios a sus súbditos... Las dotes espirituales de los socios se desarrollarán casi siempre hasta donde exija el Director Espiritual: de modo que no tenga éste reparo en hacer un llamamiento aun a la virtud suprema, o en proponer en aquellos, obras cuya ejecución pide cualidades heroicas.
Esta última cita nos lleva de la mano a subrayar uno de los principales flacos que hemos podido comprobar en la Legión. Los sacerdotes temen en exigir en demasía a sus legionarios de hecho son muchos los casos en que sus exigencias son absolutamente nulas. Consideran el Praesidium como un pasatiempo más y se dan por satisfechos con dejar que sus miembros vagabundeen un par de tardes a la semana en torno de la iglesia, o, en otras ocasiones, con que desperdicien sus energías dedicados a un trabajo que no reviste carácter apostólico o sustancial. Hemos de insistir una vez más en que los legionarios conquistan la santidad precisamente por miedo de su apostolado; el Director Espiritual llegara a cumplir adecuadamente la misión que le ha confiado la Iglesia, si logra convencerse de que tan sólo ese apostolado es el legionario, en el más exacto sentido de la palabra.
Alocución
La alocución es naturalmente, una parte valiosa de la labor del sacerdote con respecto a la Legión, pero seria erróneo considerarla como la más esencial. De hecho, parece que fue agregada al plan primitivo de la Legión con posterioridad. El trabajo fundamental del sacerdote radica a lo largo de toda la sesión; la alocución le brinda una oportunidad que puede favorecer esa labor primordial. Considerar la Alocución como tarea de máxima importancia, seria cometer un error tan grave como el de un maestro de novicios que viviera totalmente alejado de ellos excepto en el momento de darles semanalmente una conferencia espiritual.
En relación con la alocución es preciso tener presentes las siguientes normas: Primera, debe ser breve -bastan cinco o seis minutos; segundo, sería conveniente que revistiera la forma de comentario sobre el Manual; tercero, debería tender a familiarizar a los miembros con cada uno de los puntos del Manual y no perderse en generalidades; cuarto, ha de tener como fin el desarrollo de todas las posibilidades del Praesdium y de cada uno de sus miembros. En realidad, la alocución ha de ser una exposición verbal y sistemática del texto del Manual semana tras semana y año tras año, hasta lograr que los legionarios conozcan a fondo todas y cada una de las ideas en él contenidas. Por lo tanto, el Director Espiritual que se sirve de la alocución como de un ensayo del sermón del domingo próximo, o que se limita a hacer comentario sobre ciertos aspectos generales de la vida espiritual, o que pasa el tiempo con explicaciones de un modo general sobre la temporada litúrgica correspondiente o sobre la festividad próxima, no puedo estar convencido de que cumple en las condiciones debidas esa parte importante de su labor. El Manual le sale al paso con estas palabras: "Entre un Praesidium, donde la Allocutio se hace con esmero, y otro, donde se hace de cualquier manera, habrá la misma diferencia que entre un ejército bien formado y otro falto de toda formación seria.
Es de interés observar que la regla insiste en que el hecho de que la lectura espiritual se haga a base del Manual, y de que los miembros lo repasen todas las semanas, no dispensa al Director Espiritual de la obligación de comentarlo en sus charlas. Por el contrario, la experiencia ha demostrado su absoluta necesidad, principalmente tratándose do miembros que no han llegado a adquirir hábitos de estudio.
Los Directores Espirituales se quejan con frecuencia de que tropiezan con dificultades al tratar de seleccionar asuntos para sus alocuciones. las normas del Manual sirven asimismo para resolver este problema; no se trata de que el sacerdote elabore un discurso de altos vuelos, destinado a impresionar a sus legionarios, sino de exponerles en sencillos términos el contenido de su Manual. Podrá repetirse hasta la saciedad; es susceptible en absoluto de una explicación sencilla, y puede dar base a comentarios muy amplios. No hay, por consiguiente, un plan que ofrezca mayores garantías que el empleo del Manual. Pero, en la práctica, lo más conveniente sería seleccionar primero aquellos pasajes que encierran mayor trascendencia para los miembros, por ejemplo, organización de la Legión, desarrollo de una sesión del Praesidium, y orientaciones básicas del apostolado legionario. De este modo los legionarios irían recibiendo por medio de las alocuciones una profunda instrucción dentro del espíritu legionario, incluyendo, como es natural. una enseñanza acerca de las virtudes que deben cultivar. Otro sistema, seguido por muchos Directores Espirituales, consiste en tomar del índice del Manual un tema y redactar la alocución con las múltiples referencias allí sugeridas. Por ejemplo, dado el título general "Espíritu de la Legión", se nos brindan los títulos siguientes, cada uno de ellos con variadas referencias: Alegría, amor, armonía, bondad y afabilidad, deber y disciplina, espíritu emprendedor, energía y perseverancia, fe, hermandad, humildad, obediencia, orden y método, piedad y oración, respeto, sacrificio, sin desanimarse, sin envidia, sin respeto humano, unidad, valentía y heroísmo. Tenemos, pues, 21 argumentos para la alocución. Del mismo modo, bajo el epígrafe general "Apostolado de la Legión", pueden derivarse asimismo otros 21 temas; bajo el de "María", 28; bajo el de "Salvaguardia de la Legión", también 21, de tal manera que tan sólo bajo estos cuatro temas principales, el índice del Manual provee a las alocuciones del Director Espiritual material para dos años, aproximadamente. La exposición de las alocuciones exige preparación, pero ésta queda reducida a la mínima expresión utilizando el Manual.
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Amor consciente de la Legión a María
"El deber fundamental de un Director Espiritual de la Legión de María -dice el Manual- será infundir en los legionarios, súbditos suyos, un conocimiento esclarecido y un amor intensísimo hacia la Madre de Dios, y en particular, hacia aquellos privilegios de María que más gusta de venerar la Legión." No es preciso hacer notar que la alocución será para el sacerdote como un medio muy útil para la exposición cíe esta norma. El Manual habla de amor "intensísimo" hacia Nuestra Señora. Eso implica un conocimiento especial de Ella y de sus privilegios. Por consiguiente, el sacerdote legionario ha de hacer lo posible para llegar a ser algo así como un especialista en teología mariana, aunque sólo sea con el propósito de transmitir sus conocimientos a los legionarios y de que se obtenga corno resultado un amor cada vez más intenso de ellos hacia la Santísima Virgen.
Al hablar de este deber fundamental del sacerdote legionario, el Manual subraya que debe darse una orientación especial a los miembros de Praesidium en relación con "aquellos privilegios de Maria, que más gusta de venerar la Legión". Dichos privilegios son la intervención de Maria como Mediadora de todas las gracias, su Inmaculada Concepción y su Maternidad Divina. Con el fin de que pueda realizar cumplidamente su labor de Director Espiritual, el sacerdote de la Legión habrá de hacer un estudio especial de estas tres prerrogativas de Nuestra Señora, hasta tal punto que los legionarios estén convencidos de que sus conocimientos no constituyen una adquisición ordinaria o natural, sino que son la consecuencia de un ardiente deseo de conocer con la mayor intimidad posible a la Madre de su alma, para que ese conocimiento de la Virgen pueda ser el punto de partida del más vivo de los amores.
Unión del Sacerdote y del legionario
El Manual continúa: "Como miembros del Praesidium, tomará parte el Director Espiritual en el manejo de los negocios y en las discusiones del mismo, y será, según la necesidad lo pida, maestro, consejero y gula, siguiendo las normas del Papa San Pío X. Si el apostolado seglar consiste en la participación de los seglares en el apostolado de la Jerarquía, el sacerdote, como representante de la Jerarquía, debe ser considerado como la palabra definitiva en las discusiones que sobre los métodos a seguir puedan presentarse. La Legión detesta en absoluto cualesquiera divergencias entre el clero y el elemento seglar. Lo ideal sería estrechar la unión del sacerdote y del pueblo de tal suerte que todos juntos llegaran a formar un ejército adiestrado para la propagación del Reino de Cristo. Los sacerdotes constituyen los altos mandatos del ejército, y los seglares deben hallarse dispuestos a aceptar sus orientaciones, sus enseñanzas y sus consejos.
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Alcance, medida y medios de dicha unión
No obstante, la Legión aconseja a sus sacerdotes que no se hagan cargo de las responsabilidad de la Presidencia del Praesidium. Por lo común, el sacerdote posee un conocimiento más amplio de la vida que la mayoría de sus legionarios; su preparación le prestigia con otras cualidades especiales; su carácter sacerdotal le concede una categoría peculiar, y, por ello, existe el peligro de que, casi sin darse cuenta, se ponga al frente cíe la dirección de todo el negociado en las sesiones del Praesidium. Constituiría todo ello un error sumamente grave; éste sería suficiente para dar muerte al Praesidium. Como indica el Manual, las sesiones quedarían reducidas a un diálogo entre el sacerdote y el legionario interesado, del que se verían excluidos el Presidente y los restantes oficiales. De este modo el Praesidium se vería privado de tres condiciones indispensables para su existencia -su fuerza atractiva, su poder educativo y su venero de salud. "Un Praesidium semejante sería incapaz de desarrollar su labor por la ausencia del Director Espiritual, y correría el peligro de desaparecer en caso de su marcha." En resumen, su función en las asambleas habrá de limitarse a los casos que sea imprescindible hacer notar su presencia para cumplimentar adecuadamente su papel de "maestro de novicios", esto es, cuando le obligue a intervenir su deber de disciplinar y orientar a los legionarios, y, asimismo, cuando sea necesaria su colaboración en la exposición de alguna idea que ayude a resolver ciertos problemas planteados a lo largo de las sesiones. Bien pronto le irá enseñando la experiencia cuál surá el justo medio entre un excesivo control verbal y un silencio demasiado acusado.
El Manual explica con las palabras siguientes la posición del Director Espiritual: "En lo que atañe a cuestiones religiosas o morales propuestas en las juntas del Praesidium tendrá el Director Espiritual siempre la última palabra y además, el derecho de suspender todas las gestiones del Praesidium hasta obtener el fallo definitivo del cura párroco o del Ordinario. Por carácter propio, el Director Espiritual es un oficial de dicho consejo y deberá ostentar la autoridad que le corresponde dentro de la Legión. "Estas palabras se refieren ante todo, naturalmente, a la Dirección Espiritual de los altos organismos de gobierno de la Legión, pero bosquejan igualmente las funciones del Director Espiritual dentro del Praesidium.
Otra advertencia que hace el Manual es la siguiente:
"El Director Espiritual se hallará libre de toda responsabilidad personal en cuestiones económicas planteadas por deudas no aconsejadas por él."
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Interés Práctico del Sacerdote
Se sugiere que el Director Espiritual incluya su nombre en el registro de los miembros pretorianos de la Legión. Con este acto, el sacerdote no asume otra obligación que la de recitar diariamente todas las preces de la Legión, pero el conocimiento de que su Director Espiritual es un miembro pretoriano, servirá de gran estímulo para los seglares de un Praesidium. La calidad de miembro del Pretorio significa la incorporación al sistema legionario de un proceso de preces. Ello constituye un gran factor para la espiritualización de los miembros. Para el sacerdote, el mero hecho de correrse la noticia de que desea ingresar en el Pretorio, constituye la más hermosa de las propagandas para este grado superior de miembros activos, nivel que debe hacerse lo posible para que sea alcanzado por un número cada vez mayor de legionarios. Pocos actos serán de tanto efecto para convencer a los seglares del interés del Sacerdote por su labor.
Al suscitarse el terna del interés del sacerdote, sería muy alentador para los legionarios si vieran al suyo asistir a las asambleas de los organismos superiores -Senatus, Comitinin o Curia- aunque sólo fuera de una manera esporádica. Todos los demás oficiales tienen la asistencia a estas reuniones como una obligación fundamental y, aunque comprenden que el sacerdote, continuamente ocupado y abrumado de trabajo, no siempre tiene tiempo disponible para asistir, tienen, no obstante, un interés especial en verle presente durante la reunión que el consejo celebra para dar cuenta de las actividades del Praesidium a fin de año. Sería superfluo el agregar que la presencia de un crecido número de sacerdotes en estas asambleas sería motivo de gran satisfacción para los oficiales seglares, sobre los que recae la responsabilidad de la prosperidad de la Legión en la diócesis, y al propio tiempo constituiría una colaboración muy alentadora para el Director Espiritual del cuerpo del gobierno, el cual, con demasiada frecuencia, es el único representante del clero en la reunión.
En aquellos casos en que le es imposible al sacerdote asistir a la asamblea mensual del consejo con respecto al cual su Praesidium es responsable, constituiría una demostración de interés por su parte si les manifestara su deseo de recibir una relación exacta de cuantas actividades se realicen en el seno del consejo, de los proyectos acordados en él, de las relaciones de otros Praesidia, de los actos de la Legión que han de tener lugar y del desarrollo de la misma por todo el mundo.
Multiplicidad de la persona del Sacerdote
El Manual, en sus páginas finales, estudia las funciones del Director Espiritual desde un punto de vista diferente: "Los legionarios han de saber que, cumpliendo con sus obligaciones como tales, son las manos, los pies, los oídos, los ojos y la boca de su Director Espiritual. Uno de los principales fines de la Legión sería convencer de su responsabilidad a cada legionario en este particular, y adiestrarle para que cumpla con ella honrosamente." Sería casi imposible expresar con menos palabras a la vez que con titas exactitud las funciones de relación que deben existir entre el sacerdote y sus legionarios. Ha de infundirles la idea de que deben ser sus manos, sus pies, sus oídos, ojos y boca pero ante todo, deben ser las manos, pies, oídos, ojos y boca de María y de Cristo.
Las virtudes de María hacen santos a los legionarios
Hacer santos; he ahí la función del Director Espiritual de la Legión. El sistema de la organización ha demostrado que se halla magníficamente planteado para alcanzar esa finalidad. Es imposible que alguien forme parte de la Legión que lleve a la práctica las orientaciones del Manual y que sumerja su vida entera en esa corriente espiritual, sin poner en práctica todas las virtudes de la vida espiritual y crecer así en santidad. El continuo esfuerzo de ver a Cristo en cada uno de nuestros prójimos es la expresión del constante ejercicio de la fe; la firme convicción del legionario de que depende en absoluto de la Gracia para realizar actos buenos, es la expresión de un ejercicio constante de la esperanza; la vida entera del legionario constituye un ininterrumpido despliegue de actos de caridad; la sumisión al reglamento es indicio de obediencia; ponerse en contacto con el prójimo viendo en él al mismo Cristo, es una manifestación de humildad. Son éstas las virtudes que de un modo especial se cultivan en la Legión. Pero ésta se vería gravemente obstaculizada si le faltase la cooperación cordial y espontánea del sacerdote.
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Todo un pueblo organizado para Dios
Después de haber pesado todo lo dicho en una balanza, podemos observar que es muy poco lo que se exige del sacerdote y que, en recompensa, son inmensas sus satisfacciones. En pago de la hora y media dedicada a la sesión legionaria y del tiempo que emplea en el estudio del Manual y en la preparación de sus alocuciones, el sacerdote podrá contar con un grupo de personas que trabajan por su santificación personal, haciendo cada una de ellas cuanto está a su alcance para llegar a ser otra María en este mundo. Estas "otras Marías" están dispuestas a prestarle su colaboración en todas las obras de apostolado (a excepción naturalmente, de las que el Manual prohíbe expresamente, es a saber, la distribución de socorros materiales y las Colectas regulares de dinero). Ellas multiplican la presencia del sacerdote entre sus fieles. Siguiendo sus instrucciones, fundarán cofradías, organizarán retiros, reclutarán adoradores nocturnos del Sagrado Corazón, propagarán la cruzada de asistencia diaria a la Santa Misa y de la Comunión frecuente buscaran la colaboración de las almas piadosas como socios auxiliares, aleccionarán a los conversos, vigilarán a los niños mientras sus madres asisten a Misa, se pondrán en contacto con los no católicos para procurar su conversión, organizarán encuestas, etc., etc. Con gran dificultad podría proponerse a un sacerdote una labor, a excepción de los deberes propios de su estado que pudiera prestarle tantos beneficios a cambio de un esfuerzo tan relativamente pequeño. En resumen, se ha demostrado hasta la saciedad que la presencia de una Legión bien organizada en una parroquia puede crear en ella un espíritu completamente nuevo. Citando una vez más las palabras del Manual: "Es un hecho incontrovertible que la Legión posee el poder de lograr que los seglares se sientan interesados por su religión y de infundir un ardiente idealismo, entre cuantos se hallan dentro de su radio de acción, con tanta eficacia que arden en deseos de trabajar en favor de toda la humanidad y de amarla... Con ello se consigue que cada uno de sus asociados se halle dispuesto a prestar el servicio que se le asigne, que se ponga en práctica grandes sacrificios, que se alcancen las metas del heroísmo y que sus actos no sean flor de un día. La Legión abre sus puertas a un espíritu caballeresco, y con la magia de su idealismo invita a todos los hombres a caminar agrupados en pos de las altas empresas de Dios." Por su medio, todo un pueblo puede elevarse desde el nivel de la negligencia o de la rutina al de una cooperación entusiasta como miembros de la iglesia. ¡Si el sacerdote se contentase con pensar tan sólo en lo que esto podría significar para su parroquia! Esta no se limitaría ya a pertenecer a la Iglesia de un modo pasivo, sino a convertirse en una fuerza capaz de lanzar sus impulsos, ya de un modo directo, ya a través de la Comunión de los Santos, hasta los ínfimos confines de la Tierra y hasta los ignorados senderos del más allá. "¡Qué ideal!", prosigue el Manual, "-¡un pueblo entero organizado para Dios! Y, sin embargo, no se trata de un idealismo inasequible. Es algo que puede llevarse a la práctica muy fácilmente en el mundo actual- si no nos empeñamos en mantener los ojos cerrados y si no nos cruzarnos de brazos."
He ahí el programa que la Legión propone a sus asociados. La conquista de esa meta está condicionada por las cualidades espirituales de sus miembros, y éstas, a su vez, dependen del sacerdote, principio motor de su espiritualidad. ¿Podría existir en alguna parte un sacerdote que se negara de un modo deliberado a prestar lo mejor de su cooperación a tal movimiento? Por lo tanto, qué hermosa vocación la de aquellos sacerdotes que, por un beneficio de la gracia de Dios, gozan de la privilegiada posición de Directores Espirituales, interesados de lleno y entregados con todas sus energías a la causa de la Legión para propagarla entre sus compañeros sacerdotes, con el fin de que todos se propongan conquistar almas que lleguen a ser otras Marías, empapadas de su espíritu, guiadas por su vigilancia maternal siempre trabajando y orando por el establecimiento del glorioso reinado de su Hijo.
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Ad Jesum per Mariam
Ningún sacerdote, con verdadera experiencia de la Legión, negará que su labor como Director Espiritual le ha producido a sí mismo inmensos beneficios espirituales. El trabajo de guiar a otros por los senderos de la santificación, siempre constituye una prueba del desarrollo del amor de Dios en la propia alma de uno; ejercitar a otros en el apostolado produce un aumento del celo en relación con las almas; el formar a otros en el espíritu de María es siempre causa de una cimentación mas profunda de la propia devoción hacia Ella. En una palabra, el estudio y la concienzuda aplicación del sistema total de la Legión de María irá acercando al sacerdote hacia el gran ideal soñado por él mientras estuvo arrodillado ante el obispo cii la mañana de su ordenación sacerdotal.
II
La Legión de María acaba de cumplir cuarenta y un anos. Ha llegado a constituir no tan sólo un hecho aceptado en el seno de la Iglesia, sino una sociedad profundamente apreciada. Sería imposible valorar lo que la Iglesia debe a la oración y al apostolado de sus centenares de miles de miembros, ya activos, ya auxiliares.
Todo sacerdote debe aspirar a ser en su vida diaria, en su pensar y en sus miras lo que es en virtud de su ordenación, otro Cristo. ¿Qué colaboración hallará en la Legión para alcanzar ese ideal?
Pone en manos del sacerdote un ideal práctico y de trabajo -un plan que funcionará, más bien que un mero esquema sobre el papel. Su finalidad primaria es la santificación de sus miembros -esto es, ha sido creada primordialmente y por encima de todo para hacer santos a sus miembros. La experiencia a lo ancho de todo el mundo, ha demostrado que este programa es bueno, práctico y eficaz. Ha conseguido alcanzar la meta que se le señaló. Un sacerdote no puede operar con él sin beneficiarse de él. Llegará a santificarse a sí mismo por medio de la santificación de los demás. No puede recomendar sinceramente a los seglares la realización de aquello para lo que no se halla preparado en el grado conveniente al estado sacerdotal. No le será posible perseverar, semana tras semana, en la exposición práctica de un sistema y de un modo de vida como la Legión, sin crecer en su espíritu. Una sincera dedicación a la Legión y una escrupulosa fidelidad a sus normas siempre dan por resultado un firme caminar hacia la semejanza sacerdotal con Cristo.
Servicio sacerdotal
Nos servimos del Manual, citando aquí y acullá palabras textuales, llamando la atención sobre este punto, haciendo mi comentario sobre aquel otro, con el propósito de captar el espíritu de la Legión tal como Se patentiza en esas páginas y de aplicarlo al trabajo y a la vida de un buen sacerdote. Casi todo lo que sigue es una cita del Manual.
En la página 4 hay una declaración general: El espíritu de la Legión de María es el de María misma. Y de manera particular anhela la Legión imitar su profunda humildad, su perfecta sumisión, su dulzura angelical, su continua oración, su absoluta mortificación, su inmaculada pureza, su heroica paciencia, su celestial sabiduría, su amor a Dios intrépido y sacrificado; pero, sobre todo, su fe: esa virtud que en Ella, y solamente en Ella, llegó hasta su más alto grado, a una sublimidad sin par. Animada la Legión con esta fe y este amor de María, no hay empresa por ardua que sea que le arrede; ni se queja ella de imposibles, porque cree que todo lo puede." Sustituí la palabra Legión por la de "Sacerdote" y tendréis un ideal que cualquier sacerdote estaría orgulloso cíe alcanzar.
Cuanto se dice después en el Manual sobre el servicio legionario, puede aplicarse perfectamente al servicio de un sacerdote. La vida del sacerdote debe ser "un sacrificio viviente, santo, grato para Dios y en desacuerdo con este mundo" (Rom. 12, 1- 2). Debe aspirar a emular la total oblación de sí mismo de Cristo crucificado.
Un sacerdote no debe "esquivar el trabajo y la fatiga" (2 Cor. 11, 27). habrá de ponerse en contacto con muchos que preferirían permanecer alejados de toda buena influencia y que le recibirán con patente desagrado. Tendrá que sufrir miradas cargadas de odio, insultos, desaires, ridículos, críticas, cansancio, fracasos, ingratitudes, suciedad y miseria; habrá de prescindir de su solaz y cargarse con las molestias inherentes al cuidado de almas.
Un sacerdote ha de "avanzar en el amor como Cristo nos amó y se entregó a Sí mismo por nosotros" (Eph. 5, 2) Debe estar convencido de que "el secreto del éxito feliz en el trato con los demás está en establecer contacto personal con ellos, en un contacto de amor y simpatía mutua", y de que "toda obra, para ser realmente fructífera, debe radicar en cierta disposición del alma a darse espontánea y totalmente a los demás". El sacerdote que se fija como meta "hasta este punto me sacrificaré, más no", nunca se redimirá de la trivialidad. Pero si se halla dispuesto al sacrificio personal completo, obtendrá resultados insospechados.
El sacerdote ha de "llegar hasta el fin de la carrera" (2 Tim. 4, 7). La llamada al sacerdocio de Cristo es para un servicio sin límites ni reservas. Su un sacerdote no pone sus miras en la perfección, será incapaz de perseverar en su celo y en su apostolado. Obtendrá unos resultados muy pobres si no está en posesión de una invencible voluntad de ganar la batalla de las almas valiosísimas si recuerda que se halla asistido por la gracia omnipotente de Dios. El verdadero espíritu sacerdotal quiere decir perseverancia, una obstinada negativa al desánimo, un combate contra el desaliento superándolo valerosamente, una victoria sobre las dificultades y sobre la monotonía. Ninguna tarea es excesivamente grande ni pequeña para un sacerdote de verdad. Concede a cada una la misma atención minuciosa, idéntica e ilimitada paciencia y el mismo e inflexible valor. Se halla siempre trabajando por las almas, olvidado de sí mismo, permaneciendo constantemente junto a la cruz del prójimo hasta que la obra se haya consumado.
Como la Legión, la vida sacerdotal está cimentada sobre una profunda fe en Dios y sobre el amor que El tiene a cada uno de sus hijos. El está mucho más interesado que nosotros en el éxito de nuestra labor. Si nosotros vamos en busca de una conversión. El la ansia infinitamente más. Si nosotros deseamos ser santos, su deseo sobrepasa al nuestro en un millón de veces. La piedra básica de la actividad de un sacerdote debe estribar en este conocimiento de la cooperación de Dios, en la santificación propia y en el trabajo pastoral. Si un sacerdote posee fe suficiente, Dios se servirá de él para conquistar el mundo.
Prescindiendo por el momento de la importante materia de la devoción a María, podemos ver en palabras, citadas casi literalmente del Manual, cómo coinciden el espíritu de la Legión y el de un sacerdote digno. Por ejemplo, en otra página leemos: "El trabajo no es sino otra forma de oración y deben aplicársele las normas de la oración. Ningún trabajo tendrá una larga vida sin este armazón espiritual." Si una tarea es fácil, llegará a ser monótona; si es ardua, corre el riesgo de ser abandonada. En ambos casos, es la oración la que nos brinda el indispensable armazón espiritual. Tengan presente los sacerdotes legionarios que "cuanto más parecido con la cruz tenga un trabajo, en tanto mayor grado habrá de ser apreciado".
El sacerdote puede aplicarse a sí mismo el siguiente consejo: "Todo cuanto de noble, de sacrificio personal, de caballeresco y de valeroso encierra el carácter de soldado ha de encontrarse en su expresión más elevada en un auténtico legionario de María."
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Fe, valor, prudencia
El Manual insiste en la necesidad de la fe. Casi todas sus palabras pueden aplicarse con mayor razón todavía a la vida del sacerdote. He aquí un párrafo: "¿Qué esfuerzo hará el sacerdote para salvar un alma? Indudablemente que el esfuerzo será supremo -aún con peligro de perder su vida. Hay que evangelizar las grandes áreas irreligiosas con una decisión no inferior a la desplegada en los lejanos territorios misionales... es indispensable la movilización de una gran fe si se pretende remover montañas de maldad." Todo sacerdote puede hacer suyas las palabras de la oración legionaria: "Concédeme una fe viva que, animada por la caridad, nos habilite para hacer todas nuestras acciones por puro autor a Ti, y a verte y servirte en nuestro prójimo; una fe firme e inconmovible como una roca, por la cual estenios tranquilos y seguros en las cruces, afanes y desengaños de la vida, una fe valerosa que nos inspire comenzar y llevar a cabo sin vacilaciones grandes empresas por Dios y por la salvación de las almas; una fe que sea Columna de Fuego dc nuestra Legión, que hasta el fin nos lleve unidos que encienda en todas partes el fuego del Amor de Dios que ilumine a aquellos que están en oscuridad y sombra de muerte, que inflame a los tibios, que resucite a los muertos por el pecado; y que guíe nuestros pasos por el camino de la paz.
Todos nosotros podríamos beneficiamos de la meditación sobre el ideal dcl valor propuesto a los legionarios. ¿No nos sentirnos intimados por chanzas, abusos, críticas o mofas? ¿Experimentamos alegría al ser considerados dignos de "sufrir desprecio por el nombre de Jesús?" (Acts. 5, 41). El respeto humano puede ser causa de que nuestra labor en favor de las almas se vea reducida a la trivialidad. Son pocas las parroquias en las que se establezca siquiera una vez al año un servicio de orientación profundamente cordial y bien organizado para conversos. ¿Es consecuencia del respeto humano o de carencia de intrepidez sacerdotal? Como observa el Manual, se nos presenta bajo formas diversas: "prudencia comunitaria", "respeto hacia la opinión de los demás", "falta de confianza en el éxito de una empresa", "falta de un guía", y, añadimos nosotros, una preocupación excesiva por nuestras propias cosas". Todo ello produce como resultado la inacción y la pérdida de almas.
En el Manual se lee: "Las empresas triviales ocasionan una reacción desfavorable sobre el espíritu de los legionarios. En principio, debe encomendarse a todo Praesidium la práctica de algún trabajo que pueda calificarse como heroico." Esto es también válido para los sacerdotes. EI valor y el heroísmo deben caminar por delante de la precaución y de la timidez. Se citan las palabras del Cardenal Pie: "Cuando la prudencia quiere estar en todas partes, el valor no aparece por ninguna. Veréis que a este paso vamos a morir por un exceso de prudencia."
Un sacerdote ha de poseer lo que el Manual denomina "la vigilancia del soldado en campaña". Debe repetirse a sí mismo ante toda dificultad: "¡La lucha continúa!" Este pensamiento habrá de mantenerle en el trabajo aun cuando los demás quisieran abandonarlo. Todo acto de heroísmo encierra un efecto electrizante y contribuye a la conquista de cotas beneficiosas para todos.
Por lo que respecta a la labor de conversión, hemos de hacer nuestro el pensamiento del Manual: "Es preciso llevar la fe al conocimiento de todos cuantos viven fuera de la Iglesia. Las timideces, los respetos humanos y las dificultades de todo género han de ser arrolladas por el ansia suprema de repartir el tesoro de nuestra santa fe entre aquellos que no lo poseen. Es menester predicar el Evangelio a toda criatura humana."
Síguense algunas sabias observaciones acerca del lugar y naturaleza de la prudencia. Esta consiste, naturalmente, en la selección de los medios adecuados para un fin. Cuando el fin es sobrenatural, los medios han de ser sobrenaturales. En su selección hemos de tener presente que el que se entrega sinceramente a una labor por Dios tiene a su disposición nada menos que la omnipotencia divina. "Todo lo puedo en Aquél que me conforta" (Fil. 4, 13).
Hasta la incorporación al Manual del espíritu de la Legión romana puede sernos aplicada a nosotros, los sacerdotes: tratase del espíritu "de sumisión a la autoridad; conciencia del deber a toda prueba; perseverancia ante los obstáculos; resistencia en las privaciones; lealtad a la Causa hasta en los más insignificantes pormenores del deber".
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