XVIII

Orden de la junta del praesidium



1. La disposición de la junta ha de ser siempre uniforme, Pág. 119.
2. Puntualmente, a la hora señalada, Pág. 120.
3. Se inicia la junta, Pág. 121.
4. A continuación se rezan cinco decenas del rosario, Pág. 121.
5. Después del rosario sigue inmediatamente la lectura espiritual, Pág. 122.
6. Se lee el acta de la reunión anterior, Pág. 123.
7. Las Ordenanzas fijas, Pág. 124.
8. Estado de cuentas del tesorero, Pág. 124.
9. Informe de los socios, Pág. 125.
10. Se recita la Catena Legionis, Pág. 128.
11. La allocutio, Pág. 129.
12. Terminada la allocutio, Pág. 130.
13. La colecta secreta, Pág. 130.
14. Conclusión de la junta, Pág. 131.


     1. La disposición de la junta ha de ser siempre uniforme. Los socios estarán sentados alrededor de una mesa, en un extremo de la cual se habrá colocado sobre un paño blanco, lo suficientemente grande, un pequeño altar. El altar consistirá en una imagen de la Inmaculada de la Medalla Milagrosa -en la actitud de Dispensadora de las Gracias-, de unos 60 centímetros de altura, colocada entre dos floreros y dos candeleros con velas encendidas. Delante de la imagen, y un poco a la derecha, se pondrá el vexillum, descrito en el capítulo 27.
     En este Manual se hallarán láminas con la disposición del altar y del vexillum (verlas al final del Manual).
     Puesto que se trata de representar a la Reina en medio de sus soldados, el altar no debe estar separado de la mesa de la junta, ni fuera del círculo que forman los socios reunidos.
     El amor de hijos para con nuestra Madre celestial requiere que todo el altar y las flores sean de la mejor calidad. Los candeleros y floreros serán, a ser posible, de plata: no es un gasto que haya de repetirse, y quizá pueda obtenerse gradas a algún bienhechor. Uno de los legionarios tomará como un honor el guardar, tanto el vexillum como los floreros y los candeleros, limpios, resplandecientes y provistos de flores y velas costeadas por el praesidium. Si resulta del todo imposible obtener flores naturales, se permite utilizar flores artificiales, pero con hojas de alguna planta, para que esté presente la naturaleza viva.
     En aquellos climas donde sea preciso proteger del viento la llama, se podría poner alrededor de la parte superior de las velas una especie de lamparilla o un pequeño globo de cristal transparente.
     En el paño se podrán bordar las palabras "Legio Mariae", pero no el nombre del praesidium: importa hacer destacar los puntos de unidad, no los de distinción.

    
"Efectivamente, la mediación de María está íntimamente unida a su maternidad y posee un carácter específicamente materno, que la distingue del de las demás criaturas que, de un modo diverso y siempre subordinado, participan de la única mediación de Cristo, siendo también la suya una mediación compartida. En efecto, jamás podrá compararse criatura alguna con el Verbo encarnado y Redentor", al mismo tiempo "la única mediación del redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas diversas clases de cooperación, compartida de la única fuente"; y así "la bondad de Dios se difunde de distintas maneras sobre las criaturas" (RMat, 38).
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     2. Puntualmente, a la hora señalada, estarán los socios en sus puestos y se dará comienzo a la junta. Empezar a la hora en punto es cosa muy necesaria para el buen funcionamiento del praesidium. Para ello, los oficiales tienen el deber de llegar un poco antes: lo suficiente para tener listo el altar y el local de la junta.
     Ninguna junta de praesidium comenzará jamás sin tener previamente un programa escrito de los asuntos que se van a tratar; este programa se llamará "cartilla de trabajo". Estará preparada la cartilla antes de cada junta, y de ella se servirá el presidente para dirigir ordenadamente la junta. En la cartilla quedarán consignadas, con todo detalle, las diversas obras que el praesidium esté efectuando, y frente a cada trabajo pondrá los nombres de los socios encargados del mismo. No es necesario que se siga siempre, en todas las juntas, el mismo orden de materias; pero sí hay que citar a todos los socios que aparezcan en la lista, pidiendo a cada uno un informe, aunque estén trabajando en grupos de dos o más.
     Antes de la conclusión de la junta hay que asegurarse de que a cada socio se le asigne algún trabajo para la semana entrante.
     El presidente debe tener un libro encuadernado donde preparará la cartilla de cada semana.

    
"El idealismo, por fervoroso y absorbente que sea, nunca ha de legitimar un sentimentalismo vago y poco práctico. Como hemos indicado ya, el genio de San Ignacio se basaba en saber explotar con diligencia y método las energías espirituales. El vapor es inútil, y hasta molesto, mientras no tengamos un émbolo y un pistón con que emplearlo. ¡Cuánto desperdicio de fervor espiritual, sin el examen particular y sin encauzarlo a aplicaciones prácticas! Unos cuantos litros de gasolina mal aprovechada son capaces de hacer estallar un auto; bien aprovechada, esa misma gasolina hará subir el auto hasta la cima de un monte" (Mons. Alfredo O'Rahilly, Vida del Padre Guillermo Doyle).
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     3. Se inicia la junta rezando la invocación y la oración al Espíritu Santo, fuente de esa Gracia, de esa Vida, de ese Amor, del que nos gozamos en considerar a María como el acueducto.

    
"Desde que concibió en su seno al Hijo de Dios, María estuvo dotada -por decirlo así- de cierta autoridad y jurisdicción sobre todo proceder temporal del Espíritu Santo, de tal suerte que no hay gracia alguna recibida de Dios por la criatura, que no sea por mediación de Ella... Todos los dones y las virtudes y las gracias de este Espíritu las administra Ella a quienes quiere, cuando quiere, y en la medida y forma que Ella quiere" (San Bernardino, Sermón sobre la Natividad).
[Nota: la parte final de la cita precedente se encuentra también casi con idénticas palabras, en los escritos de San Alberto Magno (Biblia Mariana, Liber Esther, 1), que vivió 200 años antes de San Bernardino].
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     4. A continuación se rezan cinco misterios del rosario, iniciando el director espiritual el primero, tercero y quinto, y los demás socios el segundo y cuarto. Todos rezarán en voz alta, pues es una oración pública, y lo harán con la misma gravedad y respeto que si, en lugar de su efigie, estuviera la Reina allí mismo en persona.
     Puesto que el rosario desempeña -como norma y como recomendación- un papel tan importante en la vida de los legionarios, exhortamos a todos encarecidamente a que se inscriban en la cofradía del santísimo rosario (véase apéndice 7).
     El Papa Pablo VI insiste en que se conserve el rosario. Es pura oración. Su contenido es bíblico. Es un resumen de la historia de la salvación, y muestra a María en las principales etapas de esa historia.

    
"Entre las diversas maneras de rezar no hay otra más excelente que el rosario. Concentra en sí todo el culto que se debe a María. Es el remedio para todos nuestros males, la raíz de todas nuestras bendiciones" (León XIII).
     "De todas las oraciones, el rosario es la más bella y la más rica en gracias; es, entre todas ellas, la más grata a María, la Virgen Santísima. Por consiguiente, amad el rosario y rezadlo cada día con devoción. Este es el testamento que os dejo para que, por él, os acordéis de mí" (San Pío X).
     "Para los cristianos, el primero de los libros es el Evangelio, y el rosario es un compendio del Evangelio" (Lacordaire).
     "Es imposible que no se oigan las oraciones de muchos, si esas numerosas oraciones no forman más que una sola oración" (Santo Tomás de Aquino, In Matt., XVIII).
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     5. Después del rosario sigue inmediatamente la lectura espiritual. La hará el director espiritual, o, en su ausencia, el presidente. La duración de la lectura no pasará de unos cinco minutos. La selección de la lectura es libre, pero se recomienda encarecidamente que se lea el Manual, por lo menos durante los primeros años de existencia del praesidium, a fin de que los socios se familiaricen con el contenido de este Manual, y para estimularlos a hacer de él un estudio serio.
     Es costumbre que, al concluir la lectura, los socios hagan todos juntos la señal de la cruz.

    
"María es digna de bendición por el hecho de haber sido para Jesús madre según la carne ("¡Dichoso el seno que te llevó y los pechos que te criaron!"), pero también y sobre todo porque ya en el instante de la anunciación ha acogido la palabra de Dios, porque ha creído, porque fue obediente a Dios, porque "guardaba" la palabra y "la conservaba cuidadosamente en su corazón" (cf Lc. 1, 38.45; 2, 19.51) y la cumplía totalmente en su vida. Podemos afirmar, por lo tanto, que el elogio pronunciado por Jesús no se contrapone, a pesar de las apariencias, al formulado por la mujer desconocida, sino que viene a coincidir con ella en la persona de esta madre-virgen, que se ha llamado solamente "esclava del Señor" (Lc. 1, 38)".
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     6. Se lee el acta de la junta anterior, y, si la aprueban los presentes, la firma el presidente. El acta tendrá una extensión media, es decir, no ha de ser demasiado extensa ni demasiado breve. Las actas irán debidamente numeradas.
     La importancia del acta aparece subrayada al tratar de los deberes del secretario. Aquí conviene advertir que, por ser el acta el primer asunto de que se trata en la junta ordinaria, ocupa digámoslo así una posición estratégica, pues tanto el contenido de la misma como el modo de leerla ejercen sobre todas las cuestiones posteriores una influencia decisiva, que puede ser saludable o funesta.
     Las actas bien hechas tienen la fuerza del buen ejemplo, y las actas mal hechas la del mal ejemplo. Y aunque estén bien redactadas, si no se leen como es debido, podemos calificarlas de mal hechas. También aquí el ejemplo influye hasta tal punto en la atención y en el modo de informar de los socios que, muchas veces, de la calidad de las actas dependerá el éxito feliz o el fracaso de la junta, la cual, a su vez, marcará la pauta al trabajo exterior.
     El secretario tendrá todo esto muy presente durante la labor callada de redacción de las actas, y el praesidium, mirando por su propio bien, las escuchará con atención para darles o no el visto bueno.

    
"Sería ciertamente gran vergüenza si en este punto se cumpliesen las palabras de Cristo: Los que pertenecen a este mundo son más sagaces que los que pertenecen a la luz (Lc. 16, 8). Fijémonos, ¡con qué diligencia miran por sus intereses, cuántas veces sacan el balance de sus cuentas, qué precisión ponen en escribirlas, cómo lamentan sus pérdidas y se las componen para resarcirse de ellas!" (Papa San Pío X).
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     7. Las ordenanzas fijas. Las damos a continuación, y deben figurar en la cartilla de trabajo -o en otra parte, pero siempre de modo que no se pasen por alto, llegado el momento de leerlas-, para que, en la primera junta de cada mes, las lea en voz alta el presidente, inmediatamente después de firmar el acta:

Ordenanzas fijas

"El deber legionario exige de cada socio:
Primero: la asistencia puntual y regular a la junta semanal del praesidium donde se presentará en voz clara un informe suficiente sobre el trabajo realizado;
Segundo: el rezo diario de la catena;
Tercero: la ejecución de un trabajo legionario activo y sólido, hecho con espíritu de fe y en unión con María, en forma tal que, en las personas por quienes trabaja y en sus propios compañeros, María vea y sirva de nuevo a la Persona de nuestro Señor;
Cuarto: absoluto respeto por el carácter confidencial de muchos asuntos tratados en la junta o conocidos en el ejercicio del trabajo legionario".

     "Por mediación mía, María desea amar a Jesús en los corazones de todos aquellos que logre yo encender en amor con mis trabajos apostólicos y con mi oración perseverante. Si me identifico enteramente con Él, Ella me inundará de sus gracias y de su amor tan copiosamente, que vendré a ser como un caudaloso río desbordándose para inundar a otras almas. Mediante mi proceder, María podrá amar a Jesús y llenarle de gozo, sirviéndose, no sólo de este corazón mío, sino también de todos los corazones que están unidos con él" (De Jaegher, La virtud de la confianza).
     Esta cita no forma parte de las ordenanzas.
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     8. Estado de cuentas del tesorero. El tesorero presentara el estado de cuentas de la semana transcurrida, dando a conocer los ingresos y gastos del praesidium, y el saldo total.

    
"A veces se pierden las almas por falta de dinero, es decir, por falta de participación más completa en el apostolado" (Mellet, C.S.Sp.).
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     9. Informes de los socios. Mientras estén entregando sus informes, los miembros permanecerán sentados; los darán de viva voz, pero podrán servirse de apuntes.
     El praesidium no considerará la no ejecución del deber legionario como un asunto sin trascendencia. Si los socios no han podido realmente llevar a cabo la labor señalada, deben, si es posible, dar alguna explicación. Si no se explica la causa, el no informar crea la impresión de que ha habido abandono, y se convierte en mal ejemplo para los demás socios.
     Por otra parte, si los legionarios trabajan con seriedad, pocas veces surgirá la necesidad de excusarse; y felizmente, porque, en un ambiente de excusas, todo celo y toda disciplina languidecen y perecen.
     El informe no ha de dirigirse sólo al presidente. Debe tenerse en cuenta este proceso mental: cuando una persona se dirige a otra individualmente, automáticamente adapta la voz a la distancia precisa, nada más. Esto significaría que las palabras dirigidas al presidente serían oídas con dificultad por las personas más alejadas.
     El informe -y todo comentario sobre el mismo- debe hacerse en un tono de voz que llegue a toda la sala. Un informe, aunque sea fiel y completo, que no pueda ser oído por muchos de los presentes, es peor que si no se diera, por el efecto deprimente que causa en la junta. Hablar en voz baja no es -como algunos imaginan- señal de modestia, ni de modales finos. ¿Quién más humilde y dulce que María? Y, sin embargo, nadie se la puede figurar hablando entre dientes o de modo que no pudiese ser oída, ni siquiera por los que estuvieran cerca de Ella. ¡Legionarios, imitad a vuestra Reina en esto como en todo lo demás!
     Los presidentes no permitirán que los informes se den en voz tan baja que no puedan oírse sin esfuerzo. Y ellos mismos serán los primeros en evitar esa falta: puede decirse que el presidente da el tono a los demás miembros de la junta; éstos hablarán por lo común más bajo que él. De manera que, si él habla sólo en tono de conversación o a media voz, los demás contestarán con un murmullo, creyendo que, si elevan la voz más que el presidente, estarán gritando; y, por consiguiente, van a dar al extremo opuesto. Insistan los socios en que les hable el presidente en voz sonora y vibrante; y el director espiritual anime a todos a hacer lo mismo.
     El informe es, a su manera, de tanta importancia para la junta como las oraciones. Se completan mutuamente. Ambos elementos son necesarios a la junta del praesidium.
     El informe acopla el trabajo al praesidium. Y por eso tiene que retratar claramente las actividades del socio -en cierto sentido, tan claramente como las escenas en una película de cine-, de tal forma que los demás socios puedan participar mentalmente en dicho trabajo, juzgarlo, comentarlo y aprender de él. Mas, para conseguir esto, el informe tiene que presentar lo que se ha acometido y llevado a feliz término, y con qué espíritu; el tiempo empleado; los métodos usados; lo que no ha logrado, y las personas que no han correspondido.
     La junta debe ser alegre y animada. Esto requiere que los informes sean, además de instructivos, interesantes. Imposible creer que el praesidium goce de buena salud si la junta resulta aburrida y lánguida; si esto sucede, ahuyentará a los miembros jóvenes.
     Hay ciertos géneros de trabajo tan llenos de variedad que es fácil hacer sobre ellos un informe bueno; pero hay otros que no ofrecen las mismas posibilidades: en éstos, conviene recordar cualquier detalle que se destaque por lo extraordinario, a fin de mencionarlo en el informe.
     El informe no ha de ser demasiado extenso ni demasiado breve; sobre todo, no ha de reducirse a frases hechas. Cualquiera de estos defectos demuestra que el miembro no cumple con su deber, y prueba también que los demás socios están cooperando a su negligencia. Esto contradice al concepto que tiene la Legión de la supervisión del trabajo. El praesidium no puede supervisar de una obra si no se informa de ella plenamente.
     Generalmente es tan dificultoso el trabajo de la Legión, que los socios, si no se ven estimulados en la junta por un examen detallado de sus esfuerzos, fácilmente se echarán atrás. Y eso no puede ser. Están en la Legión para hacer todo el bien posible; y no sería extraño que, donde la naturaleza levanta más el grito, allí precisamente hubiera más necesidad de su actuación. Para vencer esas debilidades existe la disciplina de la Legión, y para impulsar al socio a que termine lo comenzado; y la disciplina se ejerce principalmente por medio de la junta. Pero, silos informes no dan más que vagas indicaciones de lo que el legionario está haciendo, igualmente vago será el dominio ejercido por el praesidium sobre las actividades del socio. No le estimulará. No le resguardará. Se verá desprovisto del interés y la orientación del praesidium, y el socio no puede prescindir de cosas de tan vital importancia. La disciplina legionaria pierde influencia sobre él, con funestos resultados para todos.
     No se olvide que el socio que no cumple bien con este deber de los informes puede arrastrar a otros con la fuerza de su mal ejemplo. Y el que deseaba con ansias servir a la Legión, ahora le está haciendo un daño muy grande.
     Ningún legionario debería contentarse con dar un buen informe. Debería apuntar más alto, y tratar con toda seriedad de añadir al perfecto cumplimiento de su trabajo un informe modelo, que presentará al praesidium para ejemplo y muestra de cómo se trabaja y cómo se informa legionariamente. Según dice Edmundo Burke, "el ejemplo es la escuela de la humanidad, y los hombres no aprenderán en ninguna otra". Si esto es verdad, un solo miembro es capaz de elevar un praesidium entero hasta la cima de su eficacia; porque el informe, aunque no sea toda la junta, es como su centro nervioso, y puede hacer vibrar por simpatía a todos los demás elementos del praesidium, para beneficio o daño del mismo.
     Más arriba hemos recordado a nuestra Señora como una inspiración del informe en uno de sus aspectos; pero nuestras reflexiones sobre Ella nos pueden ayudar en todos los demás detalles del informe. Esto es cierto: nadie que se esfuerce por hacer el informe como se imagina que lo haría Ella, presentará un informe que adolezca de cualquier defecto.

    
"Ciertos cristianos apenas ven en María más que una criatura de incomparable pureza y gracia, la mujer más tierna y amable que jamás existió. Estas personas corren el riesgo de no tener para con Ella sino una devoción sentimental, o -si son de carácter enérgico- de sentirse poco atraídos hacia Fila. Nunca han reparado en que esta Virgen, con ser tan tierna y Madre tan cariñosa, es igualmente la Mujer Fuerte, la más intrépida de todas: ningún varón la igualó jamás en fortaleza de carácter" (Neubert, María en el dogma).
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     10. Se recita la Catena Legionis. La rezarán todos los socios de pie, a una hora determinada. La experiencia aconseja como la más adecuada a mitad entre la firma del acta y el cierre de la sesión; es decir, aproximadamente una hora después de empezar la junta, que de ordinario dura hora y media. Véase capítulo 22 Oraciones de la Legión.
     Todos a coro recitan la antífona; en el Magníficat el director espiritual -o, en su ausencia, el presidente- alterna con los demás socios; y, por último, dicho director espiritual -o el presidente- recita la oración, él solo.
     La señal de la cruz no se hace antes de la catena, sino con el primer verso del Magníficat. Tampoco se hace después de la oración final de la catena, por dar paso inmediatamente a la allocutio.
     Nada hay tan hermoso en la Legión como este rezo en común de la catena. Tanto si el praesidium se ve inundado de gozo o sumido en la tristeza, o si va penosamente por caminos duros o monótonos, la catena viene como un aura celeste, cargada de las fragancias de Aquella que es la Azucena y la Rosa, refrescando y regocijando de manera maravillosa; y no son solamente unas bellas palabras. ¡Bien lo sabe todo legionario!

    
"Si pongo particular énfasis en el Magníficat, es porque veo en él lo que tal vez no se suele ver: un documento de excepcional importancia con relación a la maternidad espiritual de María. La Virgen santísima, identificada -como sabemos- con Cristo desde el instante de la Encarnación, se declara la representante de todo el género humano, íntimamente asociada con todas las generaciones, y con el destino de todos aquellos que son verdaderamente hijos suyos. Este cántico, salido de sus propios labios, es el canto de su maternidad espiritual" (Bernard, O.P., El misterio de María).
     "El Magníficat es la oración por excelencia de María, el cántico de los tiempos mesiánicos, en el que se junta la voz del antiguo y del nuevo Israel. Como parece sugerir San Ireneo, es en el cántico de María en el que se oyó una vez más el regocijo de Abrahán (cf Jn. 8, 56), quien predijo al Mesías, y allí sonó en anticipación mesiánica la fe de la Iglesia... Y de hecho el himno de María se ha extendido a lo largo y a lo ancho, y ha llegado a ser oración de toda la Iglesia, en todas las edades" (MCul ,18).
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     11. La allocutio (*). Los socios vuelven a sentarse, y el director espiritual les dirige una breve plática, a modo de comentario. A no ser que las circunstancias sean extraordinarias y requieran otra cosa, esa breve plática versará sobre el Manual, como glosa del mismo, a fin de que, poco a poco, los legionarios lo vayan asimilando en todos sus detalles. La allocutio se tendrá en gran aprecio, porque es un factor decisivo en la formación de los socios. Los responsables de dicha formación cometen contra la Legión y contra sus miembros una injusticia, si no procuran un rendimiento máximo.
     Ahora bien: silos socios han de desplegar todas sus energías hasta su máxima capacidad, ante todo deben conocer a fondo la organización destinada a emplear esas energías; y esto no se logrará sólo por medio del estudio del Manual: se necesita, además, el comentario que proporciona la allocutio. No puede el uno sustituir al otro: ambos son complementarios. Algunos legionarios creerán haber estudiado a conciencia el Manual con haberlo leído atentamente sólo dos o tres veces. Ni diez ni veinte repasos darán a conocer la Legión cual es en si, y tal como ella misma quiere ser conocida. No se conseguirá más que a fuerza de explicaciones y comentarios verbales, semana tras semana, año tras año, hasta familiarizarse con todas las ideas contenidas en el Manual.
     En ausencia del director espiritual, dicho comentario estará a cargo del presidente o de otro miembro designado por éste. Pero repitámoslo con insistencia: la sola lectura del Manual o de otro documento no puede hacer las veces de allocutio.
     La allocutio no debe pasar de unos cinco o seis minutos.
     Entre un praesidium, donde la allocutio se hace con esmero, y otro donde se hace de cualquier manera, habrá la misma diferencia que entre un ejército bien formado y otro falto de toda formación seria.

    
"Hace ya mucho tiempo que tengo el presentimiento de que, como el mundo se va empeorando por momentos, y Dios -por decirlo así- no sigue ya Dueño de los corazones de los hombres, está Él buscando con ahínco y con grandes ansias que los pocos que aún se mantienen fieles hagan algo de valor en su servicio. Tal vez, nuestro Señor no podrá juntar en tomo de su estandarte un ejército numeroso, pero quiere que, al menos, cada uno de los pocos sea un héroe, entregado a Él en cuerpo y alma. Si nosotros pudiéramos incorporarnos a ese círculo mágico de almas generosas, yo creo que no se nos escatimaría ninguna gracia para llevar adelante la obra más querida del Divino Corazón: nuestra santificación personal" (Mons. Alfredo O'Rahilly, Vida del Padre Guillermo Doyle).
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     12. Terminada la allocutio, hacen todos la señal de la cruz, y después continúan los informes y demás asuntos de la junta.

    
"Es un hecho histórico que el lenguaje de nuestra Señora era el lenguaje de una mujer extraordinariamente refinada. Su inclinación natural la habría hecho fácilmente poetisa. Cada vez que hablaba salían las palabras con un ritmo verdaderamente poético. Su fraseología era el lenguaje pintoresco de un artista en palabras" (Lord, Nuestra Señora en el mundo moderno).
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     13. La colecta secreta. Después de la allocutio, se pasará inmediatamente la bolsa para la colecta secreta, contribuyendo cada cual según su posibilidad. El fin de esta colecta es sufragar los diversos gastos del praesidium y mandar el superávit a la curia y consejos superiores, para sostenimiento de los mismos. Reiteramos que estos consejos no tienen para desempeñar sus funciones administrativas otros medios de subsistencia que los suministrados por los praesidia (véase el capítulo 35 Fondos).
     La colecta no debe interrumpir las gestiones de la junta. Vaya pasando la bolsa de uno a otro sin llamar la atención y, aunque no se deposite nada, introduzcan todos la mano.
     Para estos donativos de los socios dispóngase de una bolsa decente: un guante o una bolsita de papel no es lo propio.
     La razón por la que se hace la colecta secretamente, es que en el praesidium no debe haber la menor distinción entre socios adinerados o económicamente débiles. Respétese, pues, este carácter secreto de la colecta, y no diga uno a otro con cuánto ha contribuido. Por otra parte, todos deben darse cuenta de que no sólo el praesidium, sino la Legión entera dependen para su funcionamiento de la contribución de cada individuo. Por eso, no se considere este asunto como de pura fórmula. La obligación de contribuir no se cumple dando una suma tan pequeña que para el mismo socio no signifique casi nada. El hecho es que se le está concediendo el privilegio de participar en la misión general de la Legión. Sobre esta base es donde tiene que actuar la conciencia de la responsabilidad y la generosidad.
     Lo único secreto en esta colecta es la contribución individual. La suma total puede ser anunciada al praesidium; y, por supuesto, debe ser anotada debidamente en las cuentas, para dar después razón de ella.

    
"Cuando Jesús elogia la limosna de la viuda que da no de su abundancia, sino de su indigencia (Lc 21, 3-4), sospechamos que está pensando en María, su Madre" (Orsini, Historia de la Santísima Virgen).
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     14. Conclusión de la junta. Tramitados todos los asuntos -incluso el asignar trabajo a cada socio y la inscripción de los nombres en el registro de asistencia-, termina la junta con las oraciones finales de la Legión y la bendición del sacerdote.
     La junta no debe durar más de una hora y media a partir de la hora señalada para su comienzo.

    
Yo os aseguro que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mí nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mt 18, 19-20).
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(*) La allocutio era el discurso del general romano a sus legionarios en forma de arenga.

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