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Reflexionando para Vivir
Mons. Mario Teixeira Gurgel, SDS
www.legiondemaria.org

 


1.- Invocación al Espíritu Santo
Ven Espíritu Santo (Tessera)

2.- Rezar el Ave María.

3.- Leer fragmento del Manual elegido y los tres puntos de reflexión sobre el mismo, pausadamente.

Si... el legionario no contribuye por su parte sino tacañamente, quedándose corto en responder a las exigencias razonables de su Reina, entonces María se ve con las manos atadas para dar a medida de su corazón. (Manual Cap. 6.4 Pág. 35)

a) Nuestra Señora tiene el derecho de esperar de nosotros todo lo que podamos hacer.
Si nos alistamos en las filas de su Legión, es de suponer que lo hayamos hecho con la conciencia de nuestra responsabilidad. Lo mínimo que se puede esperar de nosotros, soldados de María es que seamos fieles al compromiso asumido: "Tomo mi puesto en las filas de la Legión y me atrevo a prometer ser fiel en mi servicio". (Promesa Legionaria) que nos posibilite "comenzar y llevar a cabo sin vacilación, grandes empresas por tu gloria y por la salvación de las almas". (Oración Final de la Tessera).

Después dialogar con Jesús y María, y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "[Dios mío], los hombres te consultan sobre lo que quieren oír, pero no siempre quieren oír lo que tú les respondes. Y el buen siervo tuyo es aquél que no se empeña en oírte decir lo que a él le gustaría, sino que está sinceramente dispuesto a oír lo que tú le digas" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar?

 

b) Nuestra contribución entre tanto, a veces es mezquina.
No colocamos en la ejecución de nuestro trabajo todo el celo que deberíamos tener. Con razón dijo Jesús: "Los hijos de este mundo son más astutos en su trato con los demás que los hijos de la luz" (Lc 16,8). Cuanto empeño emplean los hombres de negocios para enriquecerse. Por el dinero no conocen el cansancio, son cuidadosos en estudiar los medios más apropiados para asegurar mayor lucro, llegando hasta poner en peligro su salud y su vida cuando se trata de incrementar su capital. Como sería diferente si estuviésemos en nuestro trabajo para ganar almas a Dios, o al menos el mismo empeño que ellos tienen para ganar bienes pasajeros.

Después dialogar con Jesús y María, y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "[Dios mío], los hombres te consultan sobre lo que quieren oír, pero no siempre quieren oír lo que tú les respondes. Y el buen siervo tuyo es aquél que no se empeña en oírte decir lo que a él le gustaría, sino que está sinceramente dispuesto a oír lo que tú le digas" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar?

 

c) Consecuencia
La consecuencia de esa falta de generosidad es que María también queda impedida de distribuir las gracias con la abundancia que desearía. Su participación no puede sustituir lo que nos compete dar. Y eso tiene graves consecuencias en el desarrollo del Reino de Dios.

Después dialogar con Jesús y María, y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "[Dios mío], los hombres te consultan sobre lo que quieren oír, pero no siempre quieren oír lo que tú les respondes. Y el buen siervo tuyo es aquél que no se empeña en oírte decir lo que a él le gustaría, sino que está sinceramente dispuesto a oír lo que tú le digas" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar?

 

4.- Rezar el Padre Nuestro.

5.- Oración final.
Señor, concédenos a cuantos servimos bajo el estandarte de María, la plenitud de fe en ti y confianza en Ella, a las que se ha concedido la conquista del mundo. Concédenos una fe viva, que, animada por la caridad, nos habilite para hacer todas nuestras acciones por puro amor a Ti, y a verte y servirte en nuestro prójimo; una fe firme e inconmovible como una roca, por la cual estemos tranquilos y seguros en las cruces, afanes y desengaños de la vida; una fe valerosa, que nos inspire comenzar y llevar a cabo sin vacilación, grandes empresas por tu gloria y por la salvación de las almas; una fe que sea la Columna de Fuego de nuestra Legión, que hasta el fin nos lleve unidos, que encienda en todas partes el fuego de tu amor, que ilumine a aquellos que están en oscuridad y sombra de muerte, que inflame a los tibios, que resucite a los muertos por el pecado; y que guíe nuestros pasos por el Camino de la Paz, para que, terminada la lucha de la vida, nuestra Legión se reúna sin pérdida alguna en el reino de tu amor y gloria. Amén.