MARIA, LA MADRE DE JESUS EN KENIA
Una mujer, misionera en Africa
En Africa, donde llegó en 1936, Edel tuvo que habérselas con los pueblos más diversos, las costumbres más opuestas. Fue hacia ellos con el corazón de María; es decir, con el corazón de madre, ampliamente acogedor para todos sus hijos; con una sonrisa más elocuente que los dialectos que ignoraba y con su fe que allanó montañas de prejuicios.
A los africanos, ver a una mujer emprender tal obra, les debió parecer no sólo extraño sino absurdo. Pero en cuanto se puso en contacto con ellos, no sólo desapareció el prejuicio, sino que éste fue reemplazado por la estima y la admiración. Pronto pudieron darse cuenta que esta europea era distinta de las demás. Por de pronto les testimoniaba un interés profundo y activo. Hablaba y reía con ellos, visiblemente feliz de hallarse en su compañía, sin ese aire de superioridad al que les tenían acostumbrados los demás europeos.
"Me acuerdo perfectamente el día que la vi por primera vez en Kilema en 1937. Su amabilidad, unida a su gran sencillez y por encima de todo ello, su alegría, conquistaron los corazones de todos. En Kilema tuvimos la impresión de que se trataba de una hija queridísima de la Santísima Virgen, una verdadera santa de incógnito", escribe un cualificado testigo.
En la isla Mauricio, el 9 de mayo de 1940, el arzobispo, 20 directores espirituales y casi 300 miembros activos se consagran a Nuestra Señora. Mons. Leen alienta ardientemente a los legionarios:
"Vuestras visitas (las visitas a hogares) son de una eficacia especial cuando las hacéis con espíritu de fe; estad seguros de vuestro éxito; si vais en compañía de la Santísima Virgen, tienen entonces un valor casi infalible".
Había llegado a la isla el 22 de enero, el 28 tenía su primer
praesidium, y el 9 de mayo ya vemos cuántos tenía alrededor.
El 28 de agosto se despedía de la isla, la revista la Vie Catholique decía:
"Todos los reunidos fueron presa de la más dulce emoción y uno de los asistentes insinuó al salir Verdaderamente la Santísima Virgen ha estado entre nosotros".
En verdad que Edel estaba haciendo presente a María -hacía presente la humildad de María con aquella su sencillez-, la entrega total de María la hacia presente con su entrega al servicio del Señor: "Tratemos de darnos totalmente, sin pensar en el esfuerzo, para gastarnos en el servicio de Cristo" -hacia presente la valentía perseverante de Maria, olvidándose de si misma y siguiendo, sin ningún titubeo, hasta el fin.
"Edel -escribe un sacerdote de Nairobi- se comportaba siempre perfectamente natural y perfectamente sobrenatural. Su humildad me impresionaba tanto como su ánimo. Mons. Leen dijo que había observado esto atentamente, como todo el mundo, creo yo. El bien que hacía emanaba en gran parte de su irradiación personal Ejercía gran influencia con sólo su presencia. Tengo la impresión de que expandía algo de perfume celeste de la Virgen Santísima".
"Renunciemos a nuestras miras humanas, escribe ella misma, para adoptar el punto de vista de Maria, a fin de dejarnos conducir en todas las cosas por su espíritu. Adoptemos su modo de ver, sus pensamientos en todo. No dejemos que en nosotros se insinúen nuestras inclinaciones naturales".
Ya muy enferma, el 11 de mayo sigue la misma sucesión de crisis, invariablemente dominadas por la sonrisa. En los intérvalos en que recobra el aliento, se indina a los visitantes y les habla de la Legión y del porvenir religioso en Africa. La muerte puede rozarla con sus alas; pero no se inmuta.
¿No ha encomendado de una vez para siempre su alma a la Santísima Virgen? ¿No ha implorado una y mil veces "ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte"?
En el instante en que "ahora" y "esta hora" coinciden, ¿no corresponde a María contestar a la llamada y envolverla en su ternura maternal?
Está viviendo lo que había escrito anteriormente: Con respecto a María, adoptar la actitud de un niño hacia su madre. Confianza total.
En resumen, pocos años pasó en Africa, de 1936 al 1943, allí se dio de lleno al servicio del Reino, hizo presente a María llevando al conocimiento de Jesús a muchos de aquellos hermanos. Enseñó, con el ejemplo y la palabra, cómo acercarse al Señor, cómo conocerle bien y cómo vivir su vida. Edel no construyó santuarios, pero hizo que bajo la bóveda del cielo se alabase, se dieran gracias y se presentaran súplicas al Padre de todos. Había evangelizado llevando la alegre esperanza de la que nos habla san Pablo.
La Santísima Virgen Maria había llevado la Buena Nueva por múltiples lugares y allí ya se sabe amar a Dios, gracias a los desvelos y celo de aquella enviada que la Madre envió, y tan admirablemente la encarnó.
Desde el cielo, la Venerable Edel Quinn nos está señalando un camino. Todos los que aman a Maria tienen que recordar su ejemplo y hacer
"algo" para que llegue el Reino de Cristo, reino de justicia, de verdad y amor.
Alguien dirá: Pero, es que ella era una santa, y yo no lo soy. Pues bien, fíjate que cosas: Ella era como nosotros, ella se hizo santa paso a paso; se fue perfeccionando como el que sube a una montaña, no lo hizo de un salto sino que fue subiendo con esfuerzo. La fuerza no nos faltará:
"Yo estaré con vosotros..." "Adelante... con mi gracia te basta".
P. Isidro de Roba Martín, S. M.