MEDITACION: Las bodas de Caná
Vicente Enrique Taracón, Obispo de Solsona
Las bodas de Caná
"Y de allí a tres días se celebraron unas bodas en Caná de Galilea: y estaba allí la Madre de Jesús. Y fue también convidado Jesús y sus discípulos a las bodas. Y llegando a faltar vino, la Madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Y Jesús la dijo: Mujer, ¿qué nos va a ti y a mi? Aún no es llegada mi hora. Dijo la Madre de El a los que servían: Haced cuanto Él os dijere.
Y allí había seis vasijas de piedra, conforme a la purificación de los judíos, y cabían en cada una dos o tres cántaros. Y Jesús les dijo: llenad las vasijas de agua. Y las llenaron hasta el borde. Y Jesús les dijo: Sacad ahora, y llevad al maestresala. Y lo llevaron. Y luego que gustó el maestresala el agua hecha vino, y no sabía de dónde era, aunque los que servían lo sabían, porque habían sacado el agua, llamó al esposo el maestresala y le dijo: todo hombre sirve primero el buen vino: y después que han bebido bien, entonces da el que no es tan bueno: mas tú guardaste el buen vino hasta ahora. Este fue el primer milagro que hizo Jesús en Caná de Galilea: y manifestó su gloria, y creyeron en El sus discípulos." (S. Jn. 2, 1-12)
Habían pasado tres días desde el testimonio de San Juan. Jesús es invitado con su Madre y sus discípulos a una boda. Jesús no rehúsa la invitación. Acude con sus discípulos a día. Jesús por intercesión de su Madre, hace allí el primer milagro: Convierte en vino el agua de las vasijas. La conducta de Jesús debe ser, también en esta ocasión, modelo para tu conducta.
Vives en sociedad. Tienes relaciones sociales. Te ves obligado muchas veces a asistir a reuniones, a convites, a bodas. Tu condición de apóstol no te prohíbe asistir a ellas. No te prohíbe la expansión. No te impide la asistencia a fiestas familiares. A reuniones de amigos. Jesús, invitado a las bodas, asiste a ellas. Como El, puedes asistir también tú.
Pero no olvides nunca que eres apóstol. No olvides que llevas la insignia de juventud. No olvides que has de ser siempre modelo y ejemplar. Tu condición de apóstol, no te prohíbe divertirte. Compartir la alegría de los demás. Si te impide que te excedas: en el comer, en la bebida. Si te impide que seas grosero en tus chistes, en tus conversaciones. Muchos creen que en los convites, todo está permitido: las conversaciones ligeras; los chistes escabrosos... Tú, joven, debes mantener la dignidad en tus conversaciones, en tu porte, en tu conducta toda. puedes ser alegre, divertido. Puedes reír y aún procurar que los demás rían.
Pero sin recurrir a medios que desdigan de tu condición de apóstol. Sin subrayar con tu sonrisa el proceder menos digno de los demás.
Jesús asiste a las bodas. Santifica con su presencia la fundación de la familia. Quiso darnos a conocer la santidad del matrimonio.
El matrimonio es un sacramento. Un gran sacramento, como le llama San Pablo.
Tú eres apóstol. Puedes ser apóstol formando un hogar. Constituyendo una familia. Si Dios te llama por ese camino, harás muy bien, joven, casándote. "Es preferible casarse, que quemarse" dice San Pablo.
Si te casas, imita el ejemplo de los esposos de Caná. Ellos buscaron la compañía de Jesús. La compañía de su Madre: "Estaba la Madre de Jesús allí... fue llamado Jesús." Si te casas, procura que asista Jesús a tu matrimonio. Que presida tu hogar. Que bendiga tu boda.
¿ Te has fijado en la conducta de la mayoría de los jóvenes, en asunto de tanta importancia? No reflexionan. No se rigen por móviles sobrenaturales. Para elegir novio o novia se fijan mucho en la hermosura, en la riqueza, en la posición social. Apenas si tienen en cuenta la honradez y la virtud. Para muchos es el matrimonio como un contrato comercial. Quieren unir tierras a tierras, riquezas a riquezas, blasones a blasones. No se preocupan de la unión de las almas, De la intimidad de los corazones. Jesús no puede asistir a esas bodas. No puede presidir estos matrimonios así preparados .. . ¡ Cuántos disgustos después! ¡ Qué vacío en las almas! ¡ Qué terrible la soledad de dos en compañía!
El matrimonio cristiano tiene sus leyes. Tiene sus obligaciones. Obligaciones mutuas entre los esposos. Obligaciones de los padres para con sus hijos. La mayoría de nuestros jóvenes, desconocen estas leyes. Ignoran estas obligaciones. La mayoría de los esposos las conculcan continuamente. Por eso Jesús no asiste a muchas de nuestras bodas. Por eso no bendice muchas de nuestras familias.
Los esposos se deben fidelidad, amor, ayuda mutua. Los esposos deben cumplir el fin primordial del matrimonio, que es la procreación de los hijos. Y someterse en ello a la voluntad de Dios. Los padres tienen la obligación de educar a sus hijos. De educarlos para la Patria. De educarlos para Dios...
Muchos de nuestros jóvenes, no conocen estas obligaciones. No tienen firmeza de voluntad para cumplirlas. Jesús no puede asistir a estas bodas. No puede bendecir estos matrimonios.
Joven, si quieres casarte, reflexiona seriamente. Mira el matrimonio con ojos cristianos. No te fijes demasiado, al elegir a tu futuro esposo(a), en la hermosura del cuerpo que pronto se marchita. Fíjate más bien en la hermosura del alma que nunca Se aja. Prepárate bien para recibir el Sacramento. Lee la Encíclica del Papa sobre el matrimonio cristiano. Cumple fielmente después tus obligaciones de esposo; tus obligaciones de padre de familia. El Señor apoyará tu flaqueza. Jesús asistirá entonces a tu boda. Bendecirá tu hogar. Jesús repetirá, si hace falta el milagro de Caná.
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