MEDITACION: La austeridad
Vicente Enrique Taracón, Obispo de Solsona
La austeridad
"¿Qué salisteis a ver en el desierto... ? ¿Un hombre vestido de ropas delicadas?" (Mat. 2, 7-8)
Otro rasgo de la personalidad del Bautista. Otra característica del verdadero apóstol que tú debes imitar.
1. La que más destaca sin duda en la figura del Precursor, es la extremada austeridad de su vida. La descripción que de ella nos hace el Evangelista no puede ser más realista y expresiva: "Traía un vestido de pelos de camello y una correa de cuero a la cintura y su comida eran langostas y miel silvestre".
Y Jesús elogia ese proceder del Bautista. Y lo señala como un distintivo del verdadero apóstol...
Es verdad que el apóstol no es un anacoreta. No ha de vivir en el desierto como Juan. No ha de imitar esos detalles al pie de la letra, más propios de aquellos a los que el Señor llama por caminos extraordinarios. Muchos santos han seguido el ejemplo del Bautista. Pero estos santos no tenían una misión propia de apostolado.
El mismo Jesús llevó una vida distinta a la de Juan. Y Jesús es el modelo y el Maestro de los apóstoles...
Por eso hay que entender esas palabras de Cristo y ese gesto de Juan. El debe servirnos, sin duda, de orientación para nosotros, pero entendiéndolo en su verdadero significado...
La conducta de Juan nos habla de austeridad. Y la austeridad es una virtud necesaria para el apóstol. Austeridad en el vestir, austeridad en la conducta, austeridad en toda la vida...
El apóstol ha de vivir en sociedad. Ha de actuar con la gente. Ha de acomodarse a sus usos y costumbres para no llamar la atención.
Pero hay dos tipos de vestidos y de conductas; hay vestidos y procederes mundanos. En ellos se llaman afeminados; en ellas, frívolos. Vestidos que, aun prescindiendo de lo que puedan tener de inmorales, no cuadran a personas serias. Indican ligereza, sensualidad. Estos vestidos no son propios de un apóstol. Porque ellos suponen una preocupación excesiva por las cosas del mundo. Un afán desmedido de llamar la atención. Un joven afeminado repele desde el primer momento. Nadie concibe a un apóstol debajo de aquel traje y bajo aquella presentación tan poco seria: Una joven mundana previene en contra. Nadie tomará en serio una amonestación que pronuncien unos labios excesivamente pintados o que diga una joven vestida según el figurín más extravagante. Todo esto quizá no sea pecado. Pero es poco serio. Y en un apóstol puede ser hasta escandaloso.
Hay también vestidos modestos, serios. Pueden ser elegantes, pero no son afeminados ni frívolos. Estos cuadran más bien con la seriedad del apostolado.
Algunos no quieren tener en cuenta estos detalles. No quieren darles importancia. Les cuesta sacrificar su vanidad. Las jóvenes tienen miedo a parecer cursis. Los jóvenes no quieren ser paletos. Y quieren compaginar el apostolado con estos vestidos y con estas apariencias tan poco dignas...
Para éstos encierran una amonestación grave estas palabras de Cristo. El apóstol ha de ser "homo Dei", hombre de Dios. Y debe parecerlo también. Estos vestidos afeminados y frívolos no son propios de un hombre de Dios. Estos estarían bien para los mundanos: "Los que visten ropas delicadas y viven en delicias, en casas de reyes están". Pero para los apóstoles, no.
Si hay algo en tus vestidos o en tu conducta que sea impropio de un apóstol, rectifica, joven. Imita el ejemplo de austeridad que te da el Precursor...
2. La austeridad ha de manifestarse también en los gustos, en las aficiones, en las costumbres. Los vestidos no son más que la manifestación de un sentimiento y de un carácter, mejor, de un ambiente de vida.
Hay vidas superficiales como hay vidas serias. Como consecuencia de ello hay hombres superficiales como los hay serios.
El tono de vida de nuestra juventud está expresado magníficamente con esta palabra: superficialidad. Los jóvenes superficiales no toman la vida en serio. Divertirse, gozar, hacer el tonto, he aquí el plan de gran parte de nuestra juventud. Las cosas más serias las toman con una ligereza que asusta.
Hacen incluso apostolado por sport, como quien va a jugar una partida de tenis. Y éste, como comprenderás, no puede ser el plan de un apóstol.
Sin llegar a este extremo -no quiero creer que haya ningún apóstol con este espíritu-, puede haber muchos que estén inficionados por este virus. El ambiente influye en nosotros casi sin que nos demos cuenta. Y este ambiente de superficialidad en que vive nuestra juventud puede malograr los mejores valores.
Por eso conviene que reflexiones seriamente sobre estas palabras de Cristo. Y que te esfuerces por dar-le un tono serio, digno, austero, a tu vida.
Hay diversiones, espectáculos, costumbres que fomentan esta superficialidad. Quizá no sean pecado en si mismas. Pero hacen un daño positivo a las almas juveniles. Tú tienes la obligación de apartarte de ellas para mantener la dignidad de tu vida cristiana y de tu vida de apóstol.
No quiero que seas huraño, raro, excéntrico. No es necesario que por sistema te apartes de toda diversión y de toda manifestación de alegría. No quiero tampoco que des a tu vida un tono de seriedad que no cuadra a tus años juveniles. El joven es alegre. Y hasta un poco ligero por temperamento. Y no quiero que quites espontaneidad a tu vida. Los jóvenes excesivamente serios, están descentrados de su ambiente. No podrá mantener contacto íntimo con sus compañeros de edad, de profesión, de estudios. La seriedad seria también un estorbo para tu apostolado. Pero entre uno y otro extremo, hay un ancho campo en el que puede deslizarse tu vida...
Puedes ser alegre, bromista, hasta un poquitín ligero, si quieres. Pero... sin ninguna concesión a esas diversiones y a esas costumbres que malograrían tu carácter e inutilizarían tu apostolado. La austeridad se ha de manifestar también en tus gustos, en tus aficiones, en tus costumbres.
3. La austeridad se ha de manifestar finalmente en toda tu vida. La vida muelle y regalada fomenta la sensualidad, inutiliza para el apostolado, forma espíritus mezquinos y ramplones. No es propia para un apóstol. San Juan te da ejemplo de austeridad también en este aspecto.
No habrás de imitar al pie de la letra la conducta de Juan. Ni en tu alimentación, ni en el tono de tu vida. Pero habrás de imitar y seguir su espíritu.
No es propio de los apóstoles el refinamiento excesivo en el comer. Hay muchos que no sueñan más que en una mesa bien repleta y con manjares delicados. "Quorum Deus venter est", dice el Apóstol con frase gráfica. Para éstos no hay más Dios que su estómago. Esta conducta, como comprenderás, es impropia de un apóstol. El apóstol come para vivir; no para disfrutar comiendo. La austeridad te enseña a ser sobrio en tu comida...
Muchos se rodean de comodidades excesivas. Apartan de su vida todo aquello que pueda reportarle, alguna molestia. La vida muelle y regalada forma voluntades débiles. En ella no se puede adquirir la fortaleza necesaria al apóstol.
Reflexiona, joven, sobre estas palabras de Cristo. ¿Eres austero en tus vestidos..., en tu conducta..., en tus costumbres..., en toda tu vida?
Rectifica todo detalle que pueda desfigurar tu condición de Apóstol según el Corazón de Cristo.
La mortificación, La mortificación interior. Mortificación del entendimiento, La mortificación interior. Mortificación de la voluntad, La mortificación exterior, El respeto humano, Vocación frustrada, Las bodas de Caná, La intercesión de María, La austeridad, apostolado del ejemplo, apostolado de la palabra