MEDITACION: El respeto humano
Vicente Enrique Taracón, Obispo de Solsona
El respeto humano
"Vino Juan, que ni comía, ni bebía, y dicen: Demonio tiene. Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: He aquí un hombre glotón, bebedor de vino, amigo de publicanos y pecadores". (Mat. 11, 18-19)
Jesucristo pone en evidencia la sinrazón de la conducta de los judíos y la inconsistencia de sus murmuraciones. Con estas palabras te da una lección hermosa que conviene tengas en cuenta para no dejarte arrastrar por el criterio del mundo.
I. El "vano honor mundano" es el peor enemigo de la juventud. La gloria te seduce. El aplauso de los hombres te fascina. Quieres ser conocido, estimado, honrado, aplaudido. No te basta el convencimiento de tu propio valer. Mientras el aplauso popular no lo haya refrendado, no estás satisfecho. Esta ambición, muy humana, es uno de los escollos más graves en los que naufraga tu piedad, joven.
El mundo retrocede al paganismo. Lo ha dicho el Papa. Criterios paganos, costumbres paganas, espectáculos paganos. El paganismo es el polo opuesto al sobrenaturalismo cristiano. Y fíjate cómo en nuestros días todo es demasiado natural y demasiado humano. Las cosas se miran y se juzgan exclusivamente de tejas abajo. Para lo sobrenatural, la sonrisa desdeñosa. A lo más, la tolerancia fría.
Y como tú aprecias y buscas la estimación de los demás, tienes miedo de aparecer en contradicción con el criterio del mundo. No te atreves a llevar aquella vida de austeridad que tu conciencia te dicta, por miedo a las murmuraciones de tus amigos. Temes enfrentarte con aquella moda inmoral, para que no te llamen cursi. Quieres compaginar tu vida de piedad con ciertas prácticas mundanas, para que no te digan exagerado. Y haces al mundo concesiones que tu conciencia repugna, por miedo al qué dirán... Para cuántos jóvenes es el respeto humano, el miedo al qué dirán o a la sonrisa burlona, escollo en que naufraga piedad y hasta su misma fe.
Observa tu vida, joven. Mira si hay algo en ella que sea concesión indebida a este fantasma del respeto humano. Y date cuenta de que esto supone una cobardía que no cuadra con tu carácter juvenil, ardiente y decidido. No preguntes el parecer del mundo, sino el de tu propia conciencia. Sigue el rumbo que ella te fije, sin dejarte arrastrar por el vano honor mundano. El valor se manifiesta mejor en la resistencia que en la rendición sin condiciones. No te rindas a tu enemigo. Resiste con fortaleza, apoyado en tus convicciones y en el cumplimiento de tu propio deber, aunque el mundo te murmure.
2. Al fin y al cabo, ¿ qué valor tiene el juicio de los hombres? ¿ Qué significa su aprecio y su estima?
Jesús te enseña a juzgar certeramente de la falsedad de este fantasma que te hace temblar. La conducta de los fariseos del tiempo de Jesús es también la conducta de nuestros modernos fariseos. De los que son del mundo, aunque quieran presumir de cristianos. De los que censuran tu conducta porque manifiesta su cobardía.
Los fariseos criticaban la conducta de Juan el Bautista; les parecía exagerada. Criticaban también a Jesucristo porque su vida les parecía demasiado sencilla, demasiado normal. Creen que es impropio de un enviado de Dios. Ellos no quieren seguir la doctrina que Juan anuncia y que Jesucristo predica y quieren justificar su posición. La austeridad de Juan es un pretexto para tildarle de exagerado. La conducta de Jesús es un pretexto para dudar de su misión y de su santidad.
Así proceden nuestros modernos fariseos. A ellos les molesta la conducta de los verdaderos cristianos, porque es una acusación contra su conducta y contra su vida pagana. Quieren salvar las apariencias y por eso no se atreven a criticar la doctrina en si misma. Ellos también son cristianos; al menos, así lo dicen. Y censuran a las personas que la practican. Y las censuran, buscando pretextos fútiles para justificar su posición. Si eres modesto, te dirán cursi. Si eres austero, te llamarán exagerado. Si eres amable, te dirán cobarde. Es inútil que pretendas complacerles. No lo conseguirás mientras no te pases a su campo. Mientras no hagas de la religión un accidente sin importancia en tu vida. Mientras no compagines las exigencias de Dios con las exigencias del mundo. Y esto no te es licito, joven. Esto tiene los caracteres de una verdadera traición. De una rendición sin condiciones.
Muchas veces te dejas impresionar por los comentarios que hacen algunos jóvenes sobre la vida de muchos cristianos y apóstoles. Y aun habrás llegado a creer que sería conveniente ceder un poco para evitar murmuraciones y censuras. Esas concesiones serian completamente inútiles. Al mundo le molesta la verdad y la virtud. Mientras tú quieras mantener esa verdad y practicar esa virtud, merecerás sus censuras. Si cedes en algo, te atacarán por otra parte. Y después dirán que eres un cobarde. Los fariseos censuraron a Juan y censuraban a Jesucristo. Los modernos fariseos te censurarán también, cualquiera que sea el matiz de tu vida cristiana.
3. Cuántas defecciones se han producido por prestar atención a las murmuraciones de los seguidores del mundo. Te han hecho creer que para ser hombre has de seguir su criterio, has de vivir en su ambiente, has de acompañarles en sus diversiones, has de compartir sus excesos. Te han repetido que para ser cristiano y apóstol no hace falta ser exagerado. Que se puede ser cristiano, buen cristiano, viviendo como ellos.
Esto es una equivocación. Juan no cambió el rumbo de su vida por las murmuraciones de los fariseos. Jesús no rectificó ni un ápice su conducta, aunque se escandalizaran por ella.
Tú no debes agradar a los hombres, sino a Dios. No debes prestar atención a lo que ellos te digan, sino a lo que tu conciencia te dicte. Tú debes vivir la integridad de tu vida cristiana, la perfección de tu vida de apóstol, aunque te murmuren por ello. Antes que de ti, murmuraron del mismo Cristo. En El se cebó la murmuración, la maledicencia, la calumnia. ¿ Será mucho que también le alcancen al discípulo algunas salpicaduras del lodo que quisieron arrojar sobre el Maestro?
Sigue tu camino sin fijarte en lo que digan de ti. Cumple tu deber aunque tus amigos pretendan ridiculizar tu conducta. Sé hombre consecuente con tus convicciones y con tus creencias. Así serás más hombre, más cristiano, más apóstol. Así imitarás a Jesús.
La mortificación, La mortificación interior. Mortificación del entendimiento, La mortificación interior. Mortificación de la voluntad, La mortificación exterior, El respeto humano, Vocación frustrada, Las bodas de Caná, La intercesión de María, La austeridad, apostolado del ejemplo, apostolado de la palabra