MEDITACION: Vocación frustrada

Vicente Enrique Taracón, Obispo de Solsona

Vocación frustrada


Estaba Jesús en los confines de Judea enseñando al pueblo. Un joven distinguido se abre paso entre la multitud. Llega junto a Jesús. Se, arrodilla a sus pies. "Maestro bueno -le dice -, ¿qué debo yo hacer para conseguir la vida eterna Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los Mandamientos: No cometer adulterio; No matar; No hurtar; No decir falso testimonio; No hacer mal a nadie; Honrar padre y madre.
"A esto respondió él y le dijo: Maestro, todas esas cosas las he observado desde mi mocedad. Y Jesús mirándole de hito en hito, mostró quedar prendado de él y le dijo: Una cosa te falta aún: anda, vende cuanto tienes y dálo a los pobres, y ven después y sígueme. A esta propuesta entristecido el joven fuése muy afligido, pues tenía muchos bienes.
Y echando Jesús una ojeada alrededor de sí dijo a sus discípulos: ¡Oh cuán difícilmente entrarán los acaudalados en el reino de Dios!"

En esta escena del Evangelio puedes ver, joven el proceso de una vocación frustrada por falta de correspondencia... Este joven vivía honradamente.
La vocación. -Guardaba los Mandamientos. Oiría alguna vez a Jesús. Escucharía de sus divinos labios alguna de aquellas hermosas parábolas que Jesús proponía a la gente. Y un ansia de mayor perfección se apoderaría de su alma. La voz de Jesús halló eco en su corazón. Por eso le busca. Se echa a sus pies. Su corazón le dice que allí puede encontrar la verdad. La satisfacción de aquel deseo que le anima y que lo expresa con aquellas palabras, ¿qué debo yo hacer?...
El corazón de Jesús se conmovería seguramente ante aquella actitud. Guarda los Mandamientos, le dice, indicándole el camino ordinario, la vocación general que el Señor da a todos los hombres para que se salven... El joven no queda satisfecho. El notaba el impulso de Dios que le pedía más perfección, más entrega... Este joven tenía vocación. Vocación al sacerdocio. Al apostolado. Parecía dispuesto a seguirla... Jesús le mira con amor... Ven. Sígueme, le dice, serás mí apóstol. Sacerdote de mi Iglesia. Jesús le manifiesta claramente su voluntad. Pero le indica al propio tiempo el camino estrecho del apostolado: el sacrificio... Si quieres seguirme es necesario que lo dejes todo por mí... Anda, vende todo cuanto tienes y dálo a los pobres...

Falta de generosidad.-Una lucha terrible se entablaba en el corazón del joven. Jesús le llama. Le elige para que sea su apóstol. Su conciencia le impulsa a seguir el llamamiento de Jesús. A aceptar el sacrificio que su vocación le impone... Pero su corazón está pegado a los bienes materiales. Siente dejar las comodidades. Los placeres y el bienestar que sus riquezas le proporcionan. Le asusta la pobreza. Cobarde, vuelve la vista atrás. No se encuentra con fuerzas para aceptar el sacrificio que su vocación le exige... "Entristecido el joven fuése muy afligido"... Le faltó la generosidad. Correspondencia a la vocación de Jesús...

¡ Cuántas veces se repite en la historia el caso de ese joven!...
El Señor deja oír su voz en las almas. A una la llama para la vida religiosa. A la otra para el apostolado. A otra le exige una mayor perfección... Muchas sienten ese impulso que les anima a seguir un determinado camino... Pero ¡ cuántos se asustan a la vista del sacrificio que su vocación les exige! Su corazón está pegado a las comodidades, a su propia voluntad, a aquellas diversiones incompatibles con su vocación... Desfallecen ante el sacrificio. Cobardes, vuelven la vista atrás.

A ti te ha llamado para que seas apóstol en la Legión de María. Te exige quizá dentro de la obra una mayor entrega. Un mayor sacrificio. Te llama quizá para que seas directivo, propagandista. Te exige para ello algo más que a los otros... ¿ Volverás tú también la vista atrás como el joven del Evangelio? ¿ Te faltará generosidad para aceptar el sacrificio que Jesús te impone?...
Joven, sé generoso con Jesús. Como los Apóstoles que dejando sus redes siguieron a Cristo. Haz también tú el sacrificio que tu vocación te exija. Jesús te lo recompensará largamente. Nunca se deja ganar en generosidad.

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