FRANK DUFF


MARÍA TRIUNFARÁ




EDITORIAL VERBO DIVINO
ESTELLA (Navarra) ESPAÑA

Versión española por Martín de Zabala, Pbro. Y Miss Reina Kelly. El original inglés está publicado bajo el título "Mary shall reign"



Nihil obstat: P. Antonio Roweda, SVD, Censor. Imprimatur: Lic. Juan Ollo, Vicario General, Pamplona, 19 de Julio 1963. Registro NA 79-63, Depósito Legal NA 354-1963 Editorial Verbo Divino, Estella 1963.
Impreso en España


PRÓLOGO


Desde que leí las pruebas de esta segunda serie de artículos escritos por Frank Duff he andado buscando un adjetivo adecuado para describir el volumen que forman. Dinámico es el único; porque tal es ciertamente el libro. Vivo, vigoroso, intenso y vehemente en ciertos lugares. Es el grito de alerta, señal de concentración y de ataque, arrancado al pecho de un hombre profundamente espiritual, de lejana visión, más allá del horizonte de los más de nosotros. Los lectores que penetren sus profundidades lo hallarán chocante, terrible y hasta revolucionario. Palparán la preocupación del autor porque tantos que aparentemente aman a Dios, no se lanzan a procurar que los demás le amen; compartirán su ansiedad porque la apatía de los católicos no significa una negación de la gracia del apostolado; sentirán su propio dolor al ver el poco esfuerzo que se hace para movilizar las multitudes católicas, encender a los fervorosos, aguijonear a los satisfechos, recobrar a los lapsos, y convertir a los extraviados.

Se considera generalmente al Sr. Duff como el fundador de la Legión. Con razón, a mi modo de ver, sostiene el Sr. Duff que el no lo fundó, sino que bajo la Providencia de Dios, fue su Santa Madre la que implantó la Legión de María en la Iglesia. Ciertamente el Sr. Duff ha sido el principal guía espiritual de la Legión durante estos 40 últimos años. Él la ha visto crecer y desarrollarse como uno de los más alentadores fenómenos de la historia de la Iglesia. Sería difícil hallar un movimiento apostólico seglar que haya sido tan universal, eficaz, comprensivo, fructífero y numeroso como el de la Legión con sus muchedumbres de miembros activos y auxiliares. Cada uno de los capítulos que se suceden en la obra encierra el espíritu que ha inflamado la Legión. Pronto advertirá el lector que muchos de ellos sirvieron originalmente de material para charlas en actos legionarios; otros aparecieron como artículos de "Maria Legionis", la revista legionaria, o en otras publicaciones; alguno es el prefacio de un libro. Dentro de este ambiente hay que comprender las alusiones al Manual de la Legión, las Ordenanzas Fijas, y los diversos trabajos.

Estos capítulos tratan cantidad de temas. Unos son doctrinales, por ejemplo, los referentes al Cuerpo Místico, los Judíos, la Nueva Eva, la Madre de Dios, los Cielos; otros son sencillas meditaciones sobre la Escritura; tales como "El Nuevo Testamento", "Navidad", y "Los Magos"; otros son apologéticos en todo o en parte, como el dedicado a Cafarnaún; algunos son de tema práctico-pastoral; así, por ejemplo, "El sacerdote debe tener miembros", (posiblemente uno de los mejores ensayos jamás publicados sobre el apostolado de los seglares), "La Legión de María para los hombres", "Debemos derramarnos sobre las almas de los demás", "Ni despilfarro ni penuria" y "El Espíritu de la visita a los hogares". Por todos ellos discurre el tema escogido para título de la obra: "MARÍA TRIUNFARÁ". Pocos escritores modernos han conseguido irradiar su devoción a María, Madre de Dios, en la medida de Frank Duff. Esta devoción es él mismo, su vida, su mismo ser. Se trata de una devoción firmemente doctrinal, documentada de manera impresionante, perfectamente comprensible y tiernamente humana.

El mensaje de este libro es esencial, si la Iglesia va a cumplir el divino encargo de predicar el Evangelio a toda criatura. Los principios que explica el Sr. Duff son algo más que dignos de ser conocidos; son cardinales, fundamentales, indispensables. No sólo valen para la Legión de María sino para toda forma de trabajo apostólico. Muchas obras apostólicas han fracasado por no haberlos seguido. Todos cuantos aman la Iglesia y padecen por su crecimiento, agradecerán estas penetrantes páginas. Leerán una y otra vez el libro y no cesarán de recomendarlo.

Francis J. Ripley

Domingo de Septuagésima de 1961.