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Toda obra, para ser realmente fructífera, debe radicar en cierta disposición del alma a
darse espontánea y totalmente a los demás. Sin ella, el servicio legionario carece de vida. (Manual P. 10)
a) Trabajo y entrega:
El trabajo legionario no puede identificarse como cualquier actividad, ni así mismo como actividad de tipo evidentemente filantrópico. Cualquier motivación puramente humana, en búsqueda de un interés o de cualquier compensación, sería enteramente extraña y conduciría al total fracaso.
Sólo una razón la justifica, le da sentido y asegura el éxito: Ser respuesta al amor insondable de Cristo que por nosotros se entregó y, como consecuencia, una demostración de amor al prójimo en quien vemos la persona de Cristo a quien servimos en el hermano necesitado: "Todo lo que hicisteis al menor de mis hermanos, fue a Mí que me lo hicisteis" (Mt 25,40). El trabajo es, pues, un acto de amor que supone la negación de sí mismo y la entrega a Cristo, a través del hermano.
Cuando nos quejamos del peso que el trabajo incluye, cuando nos desanimamos porque aparentemente no vemos los resultados, cuando lo realizamos displicentemente sólo como cumplimiento de una obligación, es señal de que le falta la motivación fundamental y su elemento esencial: "la entrega".
Después dialogar
con Jesús y María y preguntarse:
¿Qué es lo que Dios me esta diciendo?
¿Qué es lo que Dios esta deseando de mí?
¿Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" - (Confesiones)
¿Qué resoluciones debo tomar?
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