El Servicio legionario tiene que ser un perpetuo ¡Adelante!, cerrándose total y obstinadamente a todo desaliento; inconmovible como una roca en momentos de crisis, y constante en todo tiempo; deseoso del éxito, pero humilde en su logro y desasido de él. (Manual P. 12)

a) Es natural que sintamos miedo y desánimo
- Cuántas veces Jesús tuvo que dar ánimo y valor a sus discípulos: "No tengáis miedo" (Mt 10,26; 10,28; 10,31; Lc 12,7; 12,32; 24,36; Mc 6,50; Jn 6,20). Bastaría aquí recordar el miedo y desánimo de los apóstoles cuando se vieron solos en la barca, en medio de la tempestad. Hasta el propio Jesús sintió el desánimo al constatar que, a pesar de los prodigios por Él realizados faltaba la fe, tanto en el pueblo como en sus discípulos. Él exclamó: "¡Oh gente incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo tendré que estar con vosotros? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos?" (Mt 17,17; Lc 9,41 ; Mc 9,18).
- En cuanto al mismo Jesús, recordemos que en la agonía del Huerto de los Olivos, Él sintió el verdadero pavor (Mt 26,37; Mc 14,33).
El único remedio en esos momentos es la paciencia, como recomendara Jesús: "Por la paciencia salvaréis vuestras almas" (Lc 21,19). Es la oración confiada en Aquella por quien trabajamos. Aunque no "sintamos" el entusiasmo, debemos permanecer firmes como una roca, convencidos de que Jesús y María están en nuestra barca.

Después dialogar con Jesús y María y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me esta diciendo?

¿Qué es lo que Dios esta deseando de mí?

¿Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar? 

Continuar. . .