Cuanto le ofrezcamos a Ella, llega a Dios íntegro y seguro. Es más: nuestra ofrenda, al pasar por manos de María, no sólo no sufre mengua, sino que aumenta su valor. María no es una simple mensajera, ha sido constituida por Dios como elemento vital en la economía de su gracia; de suerte que su intervención le procura a Él una gloria mayor, y, a nosotros, más copiosas gracias. (Manual P. 14-15)

a) Todo lo que damos a Marta, lo damos a Dios
Pues todo su ser - como criatura excelsa y Madre del Hijo de Dios - es glorificación de Dios. Cuando alabamos una pintura o admiramos una escultura, de hecho, estamos exaltando al artista que las creó. Lo mismo sucede con María. Glorificarla es glorificar a Dios, y, a través de ella y de modo más perfecto aún, invocar a su Creador e Hijo.

Después dialogar con Jesús y María y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me esta diciendo?

¿Qué es lo que Dios esta deseando de mí?

¿Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar? 

Continuar. . .