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Somos verdaderos hijos de María, luego hemos de portarnos como
tales: como hijos pequeños, dependientes de Ella en todo. A Ella debemos acudir para que nos alimente, nos guíe, nos instruya, cure nuestras dolencias, nos consuele en nuestros pesares, nos aconseje en nuestras dudas, y nos conduzca al buen camino cuando nos extraviemos, a fin de que, entregados totalmente a su cuidado, crezcamos en la semejanza de nuestro Hermano Mayor, Jesús, y compartamos con Él su misión de combatir el pecado y vencerlo. (Manual P. 17)
a) Depender enteramente de María
Ya que fue a través de María que recibimos la vida de gracia, es en completa dependencia de Ella que esta vida se debe desenvolver. Es, por eso, enteramente comprensible que procuremos en Ella refugio seguro, a semejanza de Jesús que dependió de sus cuidados en Belén, en la huida a Egipto, en los años que pasó en la humilde casa de Nazaret. Constantemente debemos pedirle que nos:
- Alimente con el Don del Espíritu Santo.
- Guíe en la vida espiritual y en los trabajos apostólicos.
- Instruya en el conocimiento de la Palabra de Dios.
- Cure de nuestras miserias.
- Consuele en nuestros sufrimientos.
- Aconseje en nuestras dudas.
- Llame cuando nos extraviamos de la senda del Evangelio.
Después dialogar
con Jesús y María y preguntarse:
¿Qué es lo que Dios me esta diciendo?
¿Qué es lo que Dios esta deseando de mí?
¿Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" - (Confesiones)
¿Qué resoluciones debo tomar?
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