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El espíritu de la Legión de María es el de María misma. Y de manera particular anhela la Legión imitar su profunda humildad,... su continua oración,... su amor a Dios intrépido y sacrificado; pero, sobre todo, su fe... Animada la Legión con esta fe y este amor de María, no hay empresa, por ardua que sea, que le arredre; ni se queja ella de imposibles, porque cree que todo lo puede (Imitación de Cristo, lib. III cap. 3,5). (Manual P. 6)

a) María modelo:
La Legión desea que los legionarios sean "copias vivientes de María" (Manual P. 24). Ella es, de hecho el modelo para todos los que desean ser semejantes a su divino Hijo. Como afirma el Concilio Vaticano II: "María resplandece para todo la comunidad de los elegidos como ejemplo de virtudes" (LG 65). Por eso, nuestra devoción a Ella no debe consistir apenas en honrarla é invocarla, sino sobre todo en imitarla. Y el n.67 del mismo documento, advierte que la verdadera devoción a María, consiste "en la imitación de sus virtudes"

Después dialogar con Jesús y María y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

(Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" - Confesiones)

¿Qué decisiones debo tomar? 

Continuar. . .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

b) Algunas virtudes más importantes:
. La profunda humildad: en la hora de su suprema glorificación, su respuesta es el reconocimiento de ser nada y su entera sumisión a Dios: "He aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38). Los Santos Padres ven en esa actitud de María, la contraposición a la soberbia y desobediencia de los primeros padres que sucumbieron a la tentación del demonio: "Seréis como dioses" (Gén 3, 5).
Después de la exclamación de Isabel: "¿Cómo he merecido yo que venga a mí la Madre de mí Señor?" (Lc 1, 43) María canta en el Magníficat": "Dios mira la humildad de su sierva" (Lc 1, 48).
Después de los acontecimientos referidos a la infancia de Jesús, María no aparece más en el Evangelio, a no ser en las Bodas de Caná, cuando auxilia a los novios pobres y, a los pies de la cruz, como Madre de un condenado.
. La dedicación continua a la oración: María vivió en la más completa intimidad con su Divino Hijo, es por eso, que toda su vida fue una continúa oración. Es sintomático que los Hechos de los Apóstoles revelen que, en el Cenáculo la primera comunidad vivía en oración "con María la Madre de Jesús" (He 1, 14).
. El amor valeroso y sacrificado a Dios: El amor de María a Dios no era apenas afectivo, sino extremadamente efectivo. Toda su vida fue llena de renuncias hasta culminar con la valerosa aceptación de la dolorosa muerte de su Hijo en la cruz. Por eso, el Concilio Vaticano II dice que Ella, "con espíritu materno se asocio a su sacrificio, consistiendo amorosamente en la inmolación de la víctima que Ella misma había engendrado" (LG 58).

Después dialogar con Jesús y María y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

(Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" - Confesiones)

¿Qué decisiones debo tomar? 

Continuar. . .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

c) Sobre todo su fe
Ella no puede comprender la acción del Espíritu Santo. Lo acepta en la fe. En Belén, nada hace translucir la debilidad escondida en aquel niño acostado en la preservar o en aquel joven que ayudaba a José en la carpintería de Nazaret. Sin embargo, Ella es la única que, a pesar de todo, cree y ve en Jesús el Mesías prometido por Dios. Y sobre todo, en aquel Jesús, que muere en el madero, abandonado por todos. Sin embargo Ella cree. Las otras mujeres van al sepulcro para embalsamar el cuerpo de Jesús, señal de que no creían en la resurrección. María no va con atlas porque sabe que Él va a resucitar.
Con razón Santa Isabel la saluda: "Bienaventurada tú, porque creíste" (Lc 1, 45). Como en María, nuestra fe no puede ser apenas una aceptación de las verdades reveladas. Es preciso tener el coraje de vivir de acuerdo con la fe. Santiago nos recuerda que la fe sin las obras es muerta (Stgo 2, 17)

Después dialogar con Jesús y María y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

(Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" - Confesiones)

¿Qué decisiones debo tomar? 

Continuar. . .