En su Magníficat dice María que Dios hizo en Ella alarde del poder de su Brazo, es decir: usó con Ella de toda su omnipotencia. Y da la razón: su humildad. Ésta fue la que atrajo la mirada de Dios sobre María, y la que le hizo descender a la tierra para acabar con el mundo viejo e inaugurar otro nuevo. (Manual P. 26)

a) El viejo mundo
Viejo tiene aquí no apenas un sentido cronológico, o sea, el mundo antes de la venida de Cristo, sino mucho más, un juicio de calidad, pues ese viejo mundo aún persiste. O sea, un mundo que tiene en sí el germen de la muerte. El pecado de Adán, deshaciendo la amistad del hombre con Dios, lanzó al mundo en un huracán de miseria moral y material que hasta hoy atormenta a la humanidad. La sangre de Abel, asesinado por su propio hermano Caín, es el símbolo de la violencia que hace de la historia humana, una interminable historia de crímenes, de irrespeto a la persona humana, de injusticia, de bajezas y de locuras. Hay una verdadera cultura a la muerte, que vuelve al mundo cada vez más deshumanizado. Y se instaló en la mente y en el corazón del hombre un dualismo que lo perturba. De un lado, el ansia de una liberación; de otro, la conciencia de que ningún ser humano sería capaz de realizarla. (Cf GS 37)

Después dialogar con Jesús y María y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me esta diciendo?

¿Qué es lo que Dios esta deseando de mí?

¿Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar? 

Continuar. . .