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El talón de la Virgen humilde quebranta la serpiente del mal en sus múltiples cabezas:
La vana exaltación - el buscarse a sí mismo - la propia suficiencia- la presunción - el amor propio - la propia satisfacción - el buscar los propios intereses - la propia voluntad. (Manual P. 28-29)
Otras manifestaciones de orgullo que deben ser aplastadas en nuestro corazón:
a) El amor propio
Cómo es de difícil, vencer el amor propio, especialmente cuando sentimos alguna falta de consideración o de desprecio, o cuando sufrimos una ofensa. Dentro de nosotros se enciende el fuego de la revuelta, el mismo que aun cuando no lo mostremos externamente, guardamos la herida de una magulladura que es difícil de curar.
Olvidamos que el perdón de las ofensas no es apenas un bello concepto del
Evangelio. Es uno de los más serios mandamientos y condiciones para recibir el perdón de
Dios. "Pero si ustedes no perdonan a los demás, tampoco el Padre les perdonará a ustedes" (Mt 6,15). Es bueno en esos momentos, releer la parábola del siervo cruel, que perdonado, no supo perdonar (Mt 18,21-35). Lo peor es que hay personas, hasta piadosas, que hallan natural no perdonar y, durante años, alimentan sentimientos de aversión (odio camuflado) y continúan en ese estado, participando de la Eucaristía olvidados de lo que dice Jesús: "Por eso, si tú estás para presentar tu ofrenda en el altar, y te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí mismo tu ofrenda ante el altar, y vete antes a hacer las paces con tu hermano". (Mt 5,23-24)
Después dialogar
con Jesús y María y preguntarse:
¿Qué es lo que Dios me esta diciendo?
¿Qué es lo que Dios esta deseando de mí?
¿Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" - (Confesiones)
¿Qué resoluciones debo tomar?
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