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Dios se deleita en obrar sobre la
nada; sobre los abismos de la nada levanta Él las creaciones de su poder. Debemos estar llenos de celo por la gloria de Dios, y, al mismo tiempo, convencidos de nuestra incapacidad para promoverla. Hundámonos en el abismo de nuestra nada y cobijémonos a la sombra abismal de nuestra bajeza; y esperemos tranquilos hasta que el Todopoderoso tenga a bien tomar nuestros esfuerzos como instrumento de su gloria. Si lo hace, será por medios muy distintos a los que hubiéramos imaginado naturalmente. (Grou, El interior de Jesús y María). (Manual P. 29, nota)
a) Dios gusta de trabajar con la nada
San Pablo escribe: "lo que es nada, para reducir a la nada lo que es. Y así ningún mortal podrá alabarse a sí mismo ante Dios" (1 Cor 1,28-29). Basta recorrer la historia de la salvación para constatar eso. Escoge a Moisés para convencer a tos israelitas a salir de Egipto, a pesar de que Moisés había dicho: "Mira, Señor que yo nunca he tenido facilidad para hablar, y no me ha ido mejor desde que hablas a tu servidor: mi boca y mi lengua no me obedecen" (Ex 4,10). Escoge a Jeremías para profeta, a pesar de que él había afirmado: "Ay, Señor, Yavé, ¡cómo podría hablar yo, que soy un muchacho" (Jer 1,6) Llama a Pedro, luego que éste había exclamado: "Señor, apártate de mí que soy un hombre pecador" (Lc 5,8). Y como a él, a todos los demás apóstoles, inclusive al publicano Mateo (Mt 9,9)
Después dialogar
con Jesús y María y preguntarse:
¿Qué es lo que Dios me esta diciendo?
¿Qué es lo que Dios esta deseando de mí?
¿Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" - (Confesiones)
¿Qué resoluciones debo tomar?
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