Nuestra devoción a María tiene que mirar todas las caras de su personalidad y misión, y tratar de reproducirlas; y no debe preocuparnos especialmente lo que no es lo más importante. Por ejemplo, es muy hermoso y útil mirarla como nuestro dulcísimo modelo, cuyas virtudes hemos de copiar; pero esto, y nada más, seria una devoción parcial, y hasta mezquina. Tampoco basta rezarle, por muchas oraciones que pronunciemos, ni conocer y agradecer gozosamente los innumerables y maravillosos modos con que las Tres Divinas Personas la han adornado, edificando sobre Ella su Proyecto, y haciéndola fiel reflejo de sus propios atributos divinos. Tenemos que tributar a María todos estos homenajes, porque los merece; pero todo eso no es sino una parte del todo. Nuestra unión con Ella es lo único que hará a nuestra devoción lo que debe ser. Y esta unión significa necesariamente comunión de vida con Ella. Y la vida de Ella no consiste principalmente en ser objeto de nuestra admiración, sino en comunicamos la gracia. (Manual P. 30)

Y cual es la verdadera devoción a María.

a) Considerarla modelo de todas las virtudes es buena, pero tal devoción sería incompleta
Pues no tendría en cuenta la diferencia que existe entre María y los demás santos que nos son presentados como modelos. Es que únicamente Ella estuvo desde toda la eternidad en el pensamiento de Dios, juntamente con la decisión de que el Hijo de Dios se haría uno de nosotros. Por eso el Concilio Vaticano II la llama: "Ejemplo de la iglesia en el orden de la Fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo" (LG 63)

Después dialogar con Jesús y María y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me esta diciendo?

¿Qué es lo que Dios esta deseando de mí?

¿Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar? 

Continuar. . .