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"¡Recibir tanto, tanto, y devolver tan poco! ¡Ay, éste es mi martirio!" Santa Teresa de Ávila (Manual P. 8)

a) Recibir tanto
Todo lo que somos y todo lo que tenemos, es don de Dios. Cuando miramos a la naturaleza con todas sus riquezas y todo su esplendor, debemos recordar que todo eso fue creado por causa nuestra. He aquí que le doy todo la hierba de cimiento... y todo árbol que da fruto y todos los animales de la tierra" (Gén 1, 29-30)
Es nuestro propio ser, cuerpo y alma, sensibilidad, inteligencia y voluntad, todos los momentos de nuestra vida y todas las oportunidades que nos son ofrecidas: todo es regalo del Creador.
Aún más: "Dios tanto amó al Mundo que entregó a su Hijo Unigénito para que todo el que en Él crea, no perezca sino tenga la vida eterna" (Jn 3, 16). Mayor don que la Creación, fue la Encarnación y la Redención por las cuales nos tomamos hijos adoptivos de Dios. "Considerad con que amor nos amó el Padre para que seamos llamados de Dios. Y de hecho lo somos" (Jn 3, 1)

Después dialogar con Jesús y María y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

(Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" - Confesiones)

¿Qué decisiones debo tomar? 

Continuar. . .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

b) Devolver tan poco
Propiamente nada podemos dar a Dios, pues todo le pertenece. San Pablo lo afirma escribiendo a los Corintios "Todo es vuestro, más vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios" (1Cor 3,22). Solo hay una cosa que le podemos dar: nuestro amor libre y total. Es lo que nos prescribe en el primer mandamiento: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón" (Deut 6, 5; Mt 22, 37; Mc 12, 30; Lc 10, 27).
Pero ese amor solo será verdadero si fuese total y comprobado por la vida.

Después dialogar con Jesús y María y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

(Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" - Confesiones)

¿Qué decisiones debo tomar? 

Continuar. . .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

c) El martirio de no amar
Aunque sea tan evidente que debemos amar a Dios, por encima de todo y con todo nuestro corazón, la experiencia nos nuestra que la consecución de este ideal no es fácil y exigirá un esfuerzo constante y una guerra sin tregua contra el egoísmo que vive en cada corazón.
Esa constatación es un verdadero "martirio" para las almas que sinceramente tienden a la santidad. Y las constriñe a un esfuerzo continuo de perfeccionamiento, como San Pablo lo afirma: "El amor de Cristo nos constriñe" (2Cor 5, 14).

Después dialogar con Jesús y María y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me está diciendo?

¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?

(Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" - Confesiones)

¿Qué decisiones debo tomar? 

Continuar. . .