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Acentuamos esto porque a veces, al advertir a ciertos praesidia y socios de que no parecían esforzarse bastante en cumplir los deberes ordinarios de la Legión o la obligación de extenderla. (Manual P. 33)
a) El primer perjudicado por la preferencia por trabajos más fáciles
Como por la falta de esfuerzo en la realización de la actividad indicada por el
Praesidium o en el reclutamiento, es el propio legionario. Cuando eso sucede, es manifestación de una enfermedad tan peligrosa como engañadora: la tibieza. La persona no es mala, más también no es fervorosa: es apática; y al respecto tiene el Apocalipsis una frase bastante dura: "Porque eres tibio y no frío o caliente, voy a vomitarte de mi boca" (Apoc 3,16).
Las consecuencias de un estado de tibieza no combatido son graves para la vida espiritual y apostólica: el legionario se acostumbra a esa situación, lo que embota su conciencia, impide su progreso y lo predispone para vergonzosas caídas y hasta para dejar la Legión.
Después dialogar
con Jesús y María y preguntarse:
¿Qué es lo que Dios me esta diciendo?
¿Qué es lo que Dios esta deseando de mí?
¿Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" - (Confesiones)
¿Qué resoluciones debo tomar?
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