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No debe rehuir "trabajos y fatigas" (2 Cor. 11, 27)
Aunque el católico celoso tiene que estar dispuesto siempre -en una u otra parte del mundo- a enfrentarse a instrumentos de tortura y muerte -como lo prueban hechos recientes-, el servicio legionario tiene, por lo común, un campo de acción menos brillante. Así y todo, no escasearán las ocasiones de practicar el
heroísmo; callado, si se quiere, pero no por eso menos verdadero. (Manual P. 8)
a) El heroísmo sangriento:
Muchas veces se piensa que el martirio de tantos cristianos que dieran la vida por la fe es cosa de un pasado lejano que todos admiramos, más qué poco o nada nos dice al respecto. No es así.
Nunca faltarán mártires en la Historia de la Iglesia. Y nuestro tiempo no es la excepción. La advertencia de Jesús: "Muchos de vosotros serán matados y seréis de todos odiados por causa de mi nombre" (Lc 21, 16-17), vale para todos los tiempos y en todos los lugares.
Es bueno, con relación al martirio, observar dos cosas.
No nos preocupamos por no sentir en el presente, el valor de dar la vida por el Evangelio, si fuésemos fieles día a día, Dios en el momento oportuno, nos dará la fuerza que necesitamos. Jesús nos asegura la victoria: "Confiad, yo vencí al mundo" (Jn 16, 33)
El martirio es de gran utilidad para la Iglesia. Como decía Tertuliano: "La sangre de los mártires es semilla de cristianos". Dios, a veces, permite persecuciones sangrientas para sacudir la flojera de los fieles.
Después dialogar
con Jesús y María y preguntarse:
¿Qué es lo que Dios me está diciendo?
¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?
(Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" -
Confesiones)
¿Qué decisiones debo tomar?
Continuar. . .
b)
El martirio pacífico:
Hay un martirio del que ningún cristiano podrá huir es el que Santa Teresita llamaba el
"martirio de las aguijoneadas". El se manifiesta de varias llamadas: Algunas veces es una enfermedad dolorosa y persistente, o la convivencia con una persona de carácter difícil o aún un defecto personal, contra el cual luchamos, más parece que nunca conseguiremos vencer. San Pablo parece referirse a una situación semejante cuando se queja "de una espina en la carne" de cuya liberación pidió tres veces al Señor. (Cf. 2Cor 12, 7).
Más ordinariamente son las incomprensiones, las críticas y las burlas. San Pablo afirma:
"Todos los que procuran vivir piadosamente sufrirán persecuciones".
(2Tim 3, 12). No es preciso ser muy observador. El simple hecho de vivir de acuerdo con el Evangelio desagradará al mundo y ocasionará la oposición. No olvidemos lo que dice Jesús: "Felices seréis cuando os insulten y persigan y, por mi causa, mientan diciendo contra vosotros todo mal. Alegráis y muéstralo, porque grande será la recompensa" (Mt 5, 11; Lc 6, 22-23). Y San Pedro: "Felices seréis vosotros, si por el nombre de Cristo fuesen insultados, porque el Espíritu de la gloria, que es el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros" (1 Pe 4, 14).
Debemos permanecer preocupados, eso sí cuando nadie se nos oponga, porque probablemente no están sintiendo en nosotros la representación del Evangelio. Es lo que dice Jesús:
"Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros" (Lc 6, 26)
Después dialogar
con Jesús y María y preguntarse:
¿Qué es lo que Dios me está diciendo?
¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?
(Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" -
Confesiones)
¿Qué decisiones debo tomar?
Continuar. . .
c)
Lo que importa es que no olvidemos la palabra de Jesús:
"Por la paciencia salvaréis vuestras vidas" (Lc 21, 19). Y podamos algún día decir como San Pablo:
"Combatí un buen combate, culminé mi carrera, guardé la fe. Ya me está preparada la corona de la justicia que, en aquel día, me entregará el justo juez" (2Tim 4, 7-8).
Después dialogar
con Jesús y María y preguntarse:
¿Qué es lo que Dios me está diciendo?
¿Qué es lo que Dios está deseando de mí?
(Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" -
Confesiones)
¿Qué decisiones debo tomar?
Continuar. . .
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