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Él se la ha asociado tan íntimamente, la ha hecho tan una con Él, la anima hasta tal punto con Él mismo, que se puede afirmar que el Espíritu Santo es como el alma de María. No es Ella un simple instrumento o cauce de Su actividad; es su Colaboradora inteligente, consciente; y de tal modo que, cuando obra Ella, quien realmente obra es Él; y, si uno se cierra a la intervención de Ella, se está cerrando a la acción de Él. (Manual P. 45)
a) La acción del Espíritu Santo
La acción del Espíritu Santo en María, para formar en Ella el cuerpo de Jesús y realizar la unión íntima de la naturaleza divina con la naturaleza humana en la única persona del Verbo - misterio que nosotros llamamos "encarnación"
- es tal orden que nunca podremos explicarlo. La mente humana jamás podrá vislumbrar lo que se esconde en estas palabras del Evangelio: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el niño santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios" (Lc 1,35). Después de aquella unión, que hace de las personas divinas Padre, Hijo y Espíritu Santo - un solo Dios, esa unión del Espíritu Santo con María es la más íntima. Es de tal orden que podríamos decir que
el Espíritu Santo es el alma de María.
Después dialogar
con Jesús y María y preguntarse:
¿Qué es lo que Dios me esta diciendo?
¿Qué es lo que Dios esta deseando de mí?
¿Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" - (Confesiones)
¿Qué resoluciones debo tomar?
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