Al participar en la celebración de la Palabra, nuestra Señora es nuestro modelo porque es "la Virgen atenta que recibe la Palabra de Dios con fe, que en su caso fue la puerta que le abrió el sendero hacia su maternidad divina" (MCul, 17). (Manual P. 49)

a) El valor de la Palabra de Dios
En la Constitución sobre la Revelación divina afirma el Concilio Vaticano II: "La Iglesia siempre veneró las divinas Escrituras como el propio Cuerpo del Señor, ya que principalmente en la Sagrada Liturgia, sin cesar toma de la mesa tanto la Palabra de Dios como el cuerpo de Cristo, pan de la vida, y los distribuye a los fieles" (DV 21). Y, hablando sobre el misterio de la Eucaristía, desea que "los fieles sean instruidos por la Palabra de Dios y saciados por la mesa del Cuerpo del Señor" (SC 48). Frecuentemente habla de la "doble mesa, de la Palabra de Dios y de la Eucaristía" (DV 21 y 26; SC 48; AG 6,3; PO 18; PC 6), porque, citando a San Agustín, "ignorar las Escrituras es ignorara Jesucristo" (DV 25). Y es el propio Jesús que afirma: "Las palabras que les he dicho, son espíritu y vida". (Jn 6,63). De allí la importancia de una participación muy activa en la liturgia de la Palabra en la celebración eucarística. Ella es indispensable no solo para la propia vida espiritual del legionario, sino para su trabajo apostólico.

Después dialogar con Jesús y María y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me esta diciendo?

¿Qué es lo que Dios esta deseando de mí?

¿Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar? 

Continuar. . .