Nuestro Señor Jesucristo no empezó su tarea de redención sin el consentimiento de María, solemnemente requerida y libremente otorgada. Del mismo modo que no la finalizó en el Calvario sin su presencia y consentimiento. (Manual P. 49)

a) María tuvo una participación única en la obra de la Redención
Dios no la forzó a aceptar su propuesta sino esperó su decisión libre y consciente. En sus manos colocó el futuro de la humanidad entera. De su "sí" dependió la salvación de todos nosotros. Eso, al mismo tiempo que nos debe llevar a una gran gratitud con María, puede ayudarnos a reflexionar cuánto, guardando las proporciones, puede depender de nuestro "sí" a Dios, la salvación de nuestros hermanos.
Solo en la eternidad comprenderemos como, por nuestra respuesta a Dios, cooperamos en la salvación de los demás. Nuestra respuesta a Dios, que nos pide un sacrificio, nunca es una cosa enteramente personal. Tiene reflejos en la vida de la comunidad. Imaginemos cual hubiera sido el curso de la historia si un Francisco de Asís o una Madre Teresa de Calcuta, hubiesen dado una respuesta negativa a Dios.

Después dialogar con Jesús y María y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me esta diciendo?

¿Qué es lo que Dios esta deseando de mí?

¿Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar? 

Continuar. . .