Bajo esa corteza de depravación, cuyo mero esbozo hace estremecer se esconde una fe que en algunos momentos buenos suspira por la virtud. Y si en esos momentos hubiera alguien que ayudara, animara y hablara de cosas mejores, infundiendo la esperanza de que para todo hay remedio, se podría llevar al sacerdote y a los sacramentos aun a la perso­na más depravada. Recibidos los sacramentos, se produce una transformación que nunca se borrará por completo. (Manual P. 369)

a) La corteza de depravación que nos horroriza
No es preciso estar muy atento para ver la depravación que se manifiesta claramente por todas partes. Siempre hubo antros de pecado en toda la historia de la humanidad. Lo que más nos impresionan en nuestros días es que nadie procura esconderlos. Están por todas partes y lo que es peor gran parte de cristianos, lo hallan enteramente normal.
La persona que vive su fe y se esfuerza por huir del mal, siente necesariamente una mezcla de horror y miedo ante esta situación, y, casi instintivamente, siente la voluntad de huir de tales personas y tales ambientes.
Le viene entonces a la mente, lo que Jesús dice en la visita a Zaqueo: "El Hijo del hombre vino para salvar lo que estaba perdido" (Lc 19,10)

Después dialogar con Jesús y María y preguntarse:

¿Qué es lo que Dios me esta diciendo?

¿Qué es lo que Dios esta deseando de mí?

¿Aquí es importante recordar lo que dice San Agustín "Vuestro siervo más fiel, Señor, es aquel que se dispone a desear antes, lo que oye de Vos, que lo que el mismo desea oír" - (Confesiones)

¿Qué resoluciones debo tomar? 

Continuar. . .