"Tres días perdidos"
Por el Siervo de
Dios Frank Duff, fundador de la Legión de María
La pérdida de tres días de Nuestro Señor es un tópico poco considerado, ya que su conducta en este acontecimiento está obscurecido de misterio.
Todo judío se sabía obligado, a ser posible a ir a Jerusalén tres veces al año para las ceremonias establecidas. Estas eran la Pascua que corresponde a nuestra Pascua, la fiesta de las Semanas que corresponde a nuestro Pentecostés, y la fiesta de los Tabernáculos. San José habrá asistido a todas estas tres. Las mujeres no estaban obligadas a asistir a todas pero es lo más probable que María solía acompañarle a la Pascua llevando consigo a Nuestro Señor.
A los doce años un chico llegaba a ser hijo de la ley, sujeto a sus más pequeñas prescripciones y obligado a sufrir las penas impuestas en caso de infringir algún mandato. De modo que más que ser llevado, Jesús habría ido por si mismo a Jerusalén pues estaba en los doce años. En realidad, este peregrino era diferente a cualquier otro. Sujeto a la ley, era al mismo tiempo el Señor de la ley.
Las gentes de cada lugar viajaban juntas reuniéndose para ello en caravanas. La distancia de Nazaret a Jerusalén era de 89 millas, representando una marcha de cinco días. Había una costumbre para este viaje. Esta comprendía al canto de alguno de los salmos que tuviera cierta referencia con Jerusalén. Con el paso
de cada milla iba tomando cuerpo una intensa expectación, llegando a alturas
de emoción y fervor en las cercanías de la Ciudad Santa. Difícilmente podemos ahora imaginarnos esto, cuando el mundo puede ser recorrido en cuarenta horas (pronto en veinte) y cuando los hombres lo tienen visto todo ya en forma real ya en la pantalla. Los hombres y las mujeres caminaban en secciones separadas y muy probablemente, aunque no había una regla especial al respecto, la gente joven avanzaba junta.
Jerusalén en el tiempo pascual era un espectáculo incomparable. Muchos judíos venían del extranjero. Un inmenso concurso de gente como cíe dos millones y medio llenaba la ciudad. El tiempo que allí se empleaba era de siete días, y el procedimiento para cada día era minuciosamente elaborado.
La ceremonia final a lo que todo lo demás se encaminaba era la Fiesta de Pascua la comida de la Pascua- El cordero del sacrificio era inmolado y luego comido con este ceremonial: todos estaban de pie como quien ya mismo sale del camino, con un bastón en la mano, tal como lo habían hecho los Israelitas al dejar Egipto. Cada parte de la ceremonia estaba llena de simbolismo, de profecía y de sugestión en orden a indicar al futuro Redentor. El cordero, proféticamente atado a dos piezas de madera en forma de cruz, era inmolado y comido preparado con hierbas amargas y una salsa colorada conforme a la antigua tradición. ¡Con qué dolorosa intensidad habría Jesús seguido el detalle de aquel ritual sangriento! Por cuanto todo esto le concernía y le significaba.
Los peregrinos comían el pan ácimo y luego al acabarse los últimos aleluyas, salían de camino de regreso a sus hogares. Nuevamente caminaban en compañías separadas, precisamente saliendo de la ciudad por diferentes puertas. Esto nos hace comprender cómo José y María no tuvieron la oportunidad de encontrarse sino hasta el primer alto de la noche. La Sagrada Familia habrá pasado con sus parientes durante esos siete días y celebrado con ellos la Pascua.
Es cierto que María y José debieron estar seguros de que Jesús estaba en el grupo final del viaje de regreso. Después de ser encontrado pudo haber ido ya con su Madre ya con los hombres ya con los jóvenes galileos. Era costumbre hacer la primera parada en El Birch, un lugar a diez millas de Jerusalén. Esta jornada representaría un camino de medio día, por que la Pascua tenía lugar en la parte temprana del día, después de lo cual se ponían en marcha.
En ese alto se encontraron María y José. Después de asombrarse de que el Niño no estaba con ninguno de los dos, les conmovió el terrible descubrimiento de que se había perdido. Su angustia fue extrema. Ha de recordarse que por mucho tiempo vivieron en temor respeto a Él. Jesús era un refugiado, perseguido por la policía. El terror de María y José se alivió cuando se encontraron en Egipto. Al volver después de la muerte de Herodes, hallaron al hijo Arquelao en el trono. Este era un tirano inmisericorde hecho en el molde de su padre. Por eso temieron vivir en Judea y se establecieron en Galilea donde Antipas otro hijo de Herodes, era quién gobernaba. Este era más benigno, pero no como para perdonarles nada en caso de descubrirles. De modo que sus mentes estaban enteramente cogidas de temores.
Pero ahora desaparece. ¿Fue acaso identificado y apresado? Espías había por todas partes y se investigaba todo lo que tenía apariencia de extraordinario. ¿No descubriría alguien que era en Jerusalén donde debía hacerse la masacre de los Inocentes de once años? Indudablemente este pensamiento le tenía corno paralizado el corazón de María y José.
Es imposible creer que se resignaran a esperar hasta la mañana siguiente. De modo que tomaron el camino de vuelta, un camino ya solitario, esperando contra toda esperanza que si le encontrarían. Ellos no podían creer que la acción de Jesús fuera voluntaria, y su agonía se concentra en el pensamiento aquel de Arquelao. La oscuridad de la noche era como la luna comparada con las emociones de María. Ella misma que era claridad era ahora oscuridad, sin saber que mismo estaba haciendo Dios con Ella. Al llegar a Jerusalén, debieron haber ido de inmediato a sus parientes y amigos para ver si Jesús estaba con ellos o para tener de ellos alguna noticia sobre Él. Por supuesto nadie le dijo nada. Entonces procedieron durante el día a mirar por toda esquina de la ciudad preguntando desesperados si no vería alguien al Niño. Una y otra vez estarían repitiendo la descripción de Él. Podemos tratar de imaginarnos la forma cómo estas dos personas tan amantes hacían el retrato de Él.
En las relaciones dadas por los visionarios vemos cómo María y José se encontraron con personas que afirmaban haber visto un niño así y hasta hablado con Él ¿Pero quién podría estar seguro de esta afirmación? Estos mismos visionarios dicen que el estado de María y José durante estos días era extremo, peor que el de la muerte, de modo que sólo por milagro no se murieron.
También, se ha dicho que este tiempo, que es conmemorado por el Tercer Dolor de Nuestra Señora, fue la causa de un sufrimiento tal para Jesús mismo que propiamente le fue más duro que todas las demás penas de su vida, por la razón de estar causando extrema agonía a sus amados padres.
La tortura de María en este dolor fue más horrible como es de imaginarse que lo que sufrió en el Calvario porque en el Calvario, en medio de su tremendo tormento, estaba ella de testigo de la Redención, y así lo sabía también que el sexto y séptimo dolor, referentes al Descendimiento y a la Sepultura de Jesús, Ella sabia que se había consumado la Redención, lo que venía a representar una mitigación de su inexpresable pena. Además sabía que pronto volvería a ver a su hijo amado.
Pero aquí en la búsqueda de los tres días no se da ningún consuelo ni destello de esperanza. Ella está sin Él y no sabe dónde está ni como está. Ha quedado abandonada en total oscuridad. Se ha dicho que ni José ni María tomaron alimento alguno durante todo este tiempo.
Pero así como llegaron a su fin los tres días de la tumba con la Resurrección, así también estos tres días tremendos terminaron en el hallazgo de Jesús. Al principio del tercer día fueron al templo adonde ya habían ido muchas veces en la creencia de que no había otro lugar que pudiera atraer a Jesús. En ese lugar hay una sala espaciosa, como lo refiere San Pablo, donde los intérpretes de la ley se sentaban y respondían a preguntas. Era una especie de Academia donde organizaban discusiones.
Y ahora, por razón de la profundidad de esta materia, he de olvidar mis propias palabras y recurrir más bien al sagrado texto mismo. Es el segundo capítulo de San Lucas, que en sus 52 versículos aglomera poderosas circunstancias: El Nacimiento de Nuestro Señor, la Circuncisión, la Presentación en el Templo, la Huída a Egipto, y la Pérdida de los tres días.
"Al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su búsqueda. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas: todos los que le oían, quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba. Al verlo, se quedaron pasmados, y le dijo su madre: Hijo, por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados- Él le contestó: Por qué me buscabais? No sabías que yo debía estar en la casa de mi Padre? Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. (San Lucas 2, 45-50).
¿Por qué se ausentó así Jesús a costa del sufrimiento de José, de María y de sí mismo?
Que ellos no hayan comprendido lo que Jesús les dijo es una cosa que admira. Algunos, incluso los protestantes, consideran la respuesta de Nuestro Señor a sus padres como un reproche. Y cosa extraña aún, el escritor católico francés, Daniel-Rops, describe sus palabras como crueles y duras. No se puede aceptar semejantes opiniones. Quienes hablan así no entienden a Jesús y no aprecian a María Porque ¿cómo podía Jesús hablar duramente a su Madre, a quién veía toda agobiada de pena? Esto hubiera querido decir que daba un fino ejemplo de desobediencia al Cuarto Mandamiento. Estas primeras palabras de Jesús en este sentido habrían sido una increíble inauguración del cristianismo.
María había ya hecho por Jesús mucho más que cualquiera otra madre hace por su hijo. Y en esa forma de total amor y sacrificio continuó. Ella era la criatura más noble del mundo. Ella era, como la describe uno de los poetas protestantes, "El orgullo solitario de la pobre naturaleza inficionada". Ella era la única completamente limpia que haya producido la humanidad, la única con quien Dios haya cumplido sus designios. De modo que no podía darse cosa más extraña si Jesús hubiera rebajado en esta forma a su Madre delante de los hombres. Porque el hecho vital di9no de notarse es que las Escrituras registran sus palabras para ser leídas por todas las generaciones. Por lo mismo podemos descartar con indignación esa equivocada opinión de que Jesús actuaba duramente para con Ella.
El segundo punto es el hecho de que María y José no entendieron lo que Él les habló. Los santos y los doctores discuten mucho sobre esto, hallando difícil creer que la mente iluminada de María, la mente de la Inmaculada Concepción, no haya entendido. Yo no se por que llegaron a confundirse en este asunto. La iluminación de su inmensa inteligencia procede de Dios, y en la medida en que Él lo quiere. Todo en Ella era vasto. Pero también con límites. Ella no era infinita. Naturalmente debe haber en Dios cosas recónditas que no pueden ser escudriñadas ni por María, y nosotros podemos creer que la perdida de tres días fue una de estas, Él por qué es otra cosa.
Es de notarse que San Lucas recibió de María este acontecimiento. Ninguna otra persona tuvo conocimiento de él. San José había ya muerto. Es más que probable que San Lucas lo describió con las palabras propias de María. Su temor de corregir lo que Ella dijo habría sido grande, para no dar colorido diferente a la descripción. Uno no se atrevería a alterar la revelación de un santo. Se ve pues lo imposible que debió ser cambiar con palabras propias las que la Madre de Dios las pronunció para narrar tan inescrutable episodio.
¡Qué grande es este misterio! ¿En todo el Evangelio hay una página tan llena de misteriosidad como ésta? Sería blasfemo pensar que la separación de Jesús de María y José fuera tina travesura de niño. Tampoco podría decirse que se trataba de un colmo de crueldad poniendo en peligro con tal dolor la vida misma de sus padres. De modo que sencillamente debernos apartarnos de semejantes Opiniones humanas y buscar una razón que se ajustara dignamente al poderoso drama de la Redención. Apliquémonos a ello por un momento.
Incuestionablemente esta evasión de Jesús de las dos personas más amadas por Él era una parte de la esencia de su Mesianidad, al igual que la Presentación, la Agonía en el Huerto y otras manifestaciones, y con la misma plenitud de sentido. Quizás si leyéramos las Escrituras con suficiente discernimiento, hallaríamos que este acontecimiento da cumplimiento a una profecía.
No solo podemos sino debernos tratar reverentemente de sacar significaciones de tan extraordinario asunto. En primer lugar debe haber tenido una conexión con la venida de Nuestro Señor a la humanidad bajo la ley indicada en el texto.
En segundo lugar ¿no puede verse en el episodio una conformidad de Jesús con la condición del cordero pascual en el tiempo anterior a su sacrificio? Y no se diga que nos estamos extremando y, viendo lo que no hay. En las cosas divinas no discernimos sino parte del significado. Vemos como a través de un cristal oscuro.
El cordero, como dice la ley, era apartado de su madre cuatro días antes del tiempo de su sacrificio y era guardado en la casa durante este tiempo. Al cuarto día era sacrificado. En el caso del Cordero de Dios el cuarto día, el día de su inmolación en el Calvario, dista aún veinte años. Pero en la mente de Dios el tiempo de preparación, y el día del sacrificio no son sino una sola cosa, una acción conectada.
Esto pudiera proporcionarnos una posible explicación de los tres días de separación de Jesús de su madre. El que esto fuera demasiado profundo fuera precisamente la verdad es otra cosa.
Uno de los problemas más intrigantes de este misterio es la manera como Jesús pasó este tiempo durante esos días. La Escritura no nos dice nada al respecto, fuera del sencillo relato citado arriba. Pero las "revelaciones" de los visionarios en este asunto son copiosas. Se entiende que estas comunicaciones particulares suscitan mucho interés para leerlas y meditarlas. Nos dan alimento para el pensamiento y muchas de ellas son verdaderas, pero no estamos obligados a aceptarlas. Nos dicen ellos que Jesús anduvo mendigando el pan, lo que es posible, porque de otra manera no podía sustentarse. Que iba en busca de los enfermos y desolados para rendirles toda clases de servicios y por la noche dormía sobre la tierra junto a los muros de las casas. Dicen también que oraba largamente en el templo. Este debió ser verdad, porque los corderos pascuales destinados al sacrificio eran guardados en los pastos del Templo. ¿Por que no iba a actuar en igual forma el gran Cordero Pascual? No era Él quien iba a asemejarse a ellos, porque más bien eran ellos los que le representaban a Él.
Sin temor a equivocarme pienso que Jesús asistía al sacrificio diario del Templo porque un día El mismo sería el cumplimiento de los sacrificios. El que la futura Víctima estuviese allí junto a las víctimas que la prefiguraban debió haberlas dado ese día una eficacia especial en el sacrificio.
Seguramente debió haber visitado Jesús uno por uno, dentro y al rededor de Jerusalén, los lugares que figurarían más tarde en su Pasión, tales como el huerto de Getsemaní, el Pretorio donde sería condenado a muerte, el Calvario, el Cenáculo en que comería su última pascua de la tierra, y donde seria instituida la Eucaristía, donde descendería el Espíritu Santo y tendría lugar el primer Concilio Vaticano de la Iglesia Católica. ¿No es verdad que también habrá ido al escenario de su futura Resurrección y Ascensión?
Fue hallado en el Templo hablando con los profesores de la ley y haciéndoles preguntas. Un escritor hermosamente se imagina así: "Allí estuvo Él con la dignidad de aurora de la juventud y con la hermosura de sol de la infancia. Allí estuvo en el Templo donde cada piedra, cada pilar, cada adorno le simbolizaban a Él y a la mujer que le llevó en su seno. Él era la verificación de todo ello".
¿Estaría Él en esas discusiones durante los dos días anteriores?
Se dice que en tercer día estuvieron ellos deliberando acerca del Mesías, cuyo tiempo estaba cerca según las profecías de modo que el asunto estaba interesando a las mentes de los hombres.
Los visionarios han dicho también que aquellos doctores en sus argumentos se estaban inclinando a la idea de un Mesías triunfante, de un Libertador nacional y que Jesús mediante preguntas y comentarios altamente inteligentes mostraba cl sentido real de las profecías e indicaba un Mesías sufriente y un orden espiritual como contenido del Programa divino.
Al contemplar las acciones de Nuestro Señor durante esos tres días, no debemos considerarlo portándose como un adulto. En la Presentación fue reconocido como infante, y se sometió completamente a ser ofrecido por su Madre. Ningún portento brotó de Él. Lo portentoso vino de Simeón y Ana que asistieron al acontecimiento. La misma idea debería asistirnos en esta Pérdida de tres días. No iba Jesús a traspasar su condición natural. En sus contactos con Jerusalén, como los que hemos considerado -debió haberse portado como muchacho, listo, prematuramente bueno e inteligente, pero siempre muchacho. Podemos estar seguros que no se excedió en forma notable -en las discusiones del Templo y que no hizo nada como para despertar sospechas de que Él fuera el Mesías.
Lo más probable es que San Lucas, como ya lo hemos notado, reproduce literalmente la descripción que le hiciera la Santísima Virgen. Lo que parece indicar que durante el tiempo de Jesús en la tierra no le explicó nunca a su Madre la esencia de este episodio, haciendo así más hondo este misterio. Si le hubiera explicado, ¿no lo hubiera dicho María a San Lucas para que lo supiéramos todos? Pero prefirió dejárnoslo como un secreto para inquirirlo con amor.
Este apartamiento no fue un simple gesto de independencia en Jesús. Porque inmediatamente el Evangelio nos asegura que bajó con María y José a Nazaret y les estuvo sujeto. Después la inspirada narración añade con mucho sentido:
"Su Madre guardaba todas estas cosas cuidadosamente en su corazón", que es la manera de expresarse la Escritura para decirnos que María las iba reuniendo para una futura transmisión a los escritores de los Evangelios.
Es significativo que el Nuevo Testamento termine los relatos de la Presentación y de la Pérdida de los tres días con las palabras: "bajaron a Nazaret y Él les estuvo sujeto".
El paso del profundo abismo de estar sin Jesús a su hallazgo fue la causa de una felicidad tan grande para María que se la ha puesto entre sus cinco gozos más colmados, llamados los Misterios gozosos de María.